Nuevxs Poetxs Españolxs: Estefanía Cabello

Comenzamos a leer poetxs españolxs nacidos en los años 90. Cada década, cada lustro, es necesario renovar el conocimiento que tenemos de cada tradición nacional. Para conocer las nuevas voces y observar su tratamiento de los temas, sus obsesiones y urgencias, leemos nueva poesía española. Leemos algunos textos de Estefanía Cabello. Además de poeta, es profesora universitaria. Ha merecido distinciones como el Premio Valencia de Poesía en Castellano, el Premio Carmen Conde de Poesía o el Premio Gloria Fuertes.

 

 

 

 

Estefanía Cabello es​​ Doctora​​ cum laude​​ en Literatura Española con mención internacional por la Universidad de Córdoba. Es docente en el máster de Escritura Creativa y coordinadora académica en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).​​ Ha realizado estancias en universidades como el Queen's University (Belfast), la universidad de Exeter y la Universidad de Oxford, donde fue alumna invitada.​​ Publicó​​ los libros de poesía​​ 13 segundos para escapar​​ (ed. Torremozas, premio Gloria Fuertes),​​ La teoría de los autómatas​​ (ed. Hiperión, Premio Valencia de poesía en castellano),​​ El cielo roto de Shanghái​​ (ed. Bartleby) y​​ Muchacha con mirlo en las manos​​ (Torremozas, Premio Carmen Conde de poesía). Además, es la autora de un libro de cuentos que ha publicado Cántico en 2023,​​ Quienes llegaron, becado por la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales para su creación. Además de los ensayos monográficos​​ Las puertas entornadas: herencia y recepción de Pablo García Baena​​ (Cántico, 2023) y​​ Poesía sin nombre: 15 poéticas posibles​​ (Fundación Universitaria Española, 2025). Además, por su trabajo como académica, ha recibido varios premios nacionales e internacionales.

 

 

 

 

 

 

 

 

Escribo

desde el lugar abierto a la intemperie.

Son visibles los estragos

de la fuerza del mar sobre las rocas de la costa.

Sobre estas rocas tomo conciencia:

rozo con mis yemas allí donde alguna vez

fui besada.

 

Muchacha con mirlo en las manos

 

 

 

 

 

 

 

Muchacha con mirlo en las manos

 

Porque puedo

pájaro poesía estrecharte entre mí

sin temor

conjuro tus misterios

alabo la dicha de tu nombre

construido en el tiempo. Y me pregunto:

¿quién te habrá hecho tan similar?

Mientras me voy deshojando

de destinos, paisajes,

como un libro te sostengo entre las manos

y digo:​​ hágase una vez

estas palabras, pero mejor,

hazlas en mí libres,

este verbo que sea mi carne

—y me levanto dichosa—.

Sin temor

escojo hoy

todo lo que te inaugura.

Todo este amor está hecho de ti.

No he sido avara

si ante ti me he conjurado.

Reniego de todo

lo que me concediste por principio.

Reniego de lo casual:

cada fragmento de mi memoria

una vez sé que alimentó tu cuerpo.

 

Me encojo frente a ti.

Te encoges frente a mí.

Tiemblas.

Te estás acercando a mis ojos.

 

Muchacha con mirlo en las manos

 

 

 

 

 

 

 

Espero que el otoño sepa lo que se hace con tus besos

 

Me senté a tu lado en mi sillón imaginario

y los afluentes de todos los ríos de Castilla

se divertían a lo lejos en nuestra ausencia.

 

Pesaba el silencio en el silencio,

los temas irascentes encendidos

en la conversación que nunca mantendremos.

 

Ya no,

Ya no te veré

La deuda es grande

en el camino que nos separa

hacia la ilusión de un sur donde tú no caminas.

 

La tristeza es el nombre del poema, jamás tu nombre.

 

Espero que el otoño sepa lo que se hace con tus besos.

 

El cielo roto de Shanghái

 

 

 

 

 

 

 

Miguel Hernández en el cementerio inglés de Sant James

(Montjoie-Saint-Martin, Bretagne)

 

Esto que ves aquí es una flor,

dice, sujetando

la muerte entre sus dedos.

 

Observa el lugar que mereces,

esta espalda quebrada en el tiempo:

a ti, y no a otra, han sido concedidos

los ojos del espectador.

 

A lo lejos intuyes el mar,

afilas la expresión.

Pide el castigo

si alguna vez te olvidaste de la luz.

Sobre la piedra blanca

queda escrito,

los cuerpos descansan

solo en un lugar conocido por Dios.

La panorámica entera no se atreve a intervenir.

La juventud es el puñado de cruces blancas:

¿cómo puedo, ahora, hablar de la belleza?

 

Arriba, arriba, el trozo de alimento

se balancea en el pico del ave.

 

Concédeme su gracia.

Abajo, una brizna de hierba

se encoge bajo el peso de mi nombre.

¿Te quedarás conmigo, os quedaréis?

Dónde estás. Quiero llorar junto a ti y

no me hallo,

y me encuentra a mí la interrogación:

somos lo que el tiempo le resta el tiempo.

¿Estoy hecha yo también de ti?

 

El vuelo del olvido no va a merecerte.

Todo es cuestión de fe.

Y empiezas:

Bendice la palabra que usas

que sea con dulce nombre todo tu adiós.

Haz de ella una pluma.

Luego, haz brotar la imagen de la raíz.

Vuelve de nuevo sobre el pájaro.

Cuenta de nuevo los nervios de la flor.

 

La imagen ahora está echando a volar.

 

Al menos, la fortuna

nos creó

en todo este amor.

 

Muchacha con mirlo en las manos

 

 

 

 

 

 

 

***

 

Juan Domingo Aguilar / Juan Herrero Diéguez

 

 

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