Fundó la revista literaria Gavia de la Universidad Distrital (2005), la cual dirigió y editó. Becaria (Universidad Central) del Diplomado en Creación Literaria (2006). Becaria (IDARTES) del Taller de Novela Ciudad Bogotá (2015). La danza de las moscas (2025, Visum.e.m, México). Mañana será otro día y otros cuentos (2025, Vocalibus, México). Llenando de colores el silencio (2025, Atenea). Después de la nada (2023, Conunhueno, Chile) (2025, Escarabajo). Caen cenizas sobre la ciudad (2021, Conunhueno, Chile). Finalista en la Convocatoria de poesía Nueve editores con la obra Después de la nada (2021). Premio Internacional de Poesía, Rostros para autores con un rostro con las obras Ninguna tierra me habita Y sin embargo soy. Ganó el Concurso de Cuento Estímulos a la Creación Artística (2006) con el libro Parajes inesperados. Ganó el segundo puesto en el Concurso Nacional de cuento El Túnel (2011) con el texto A la deriva. Finalista en el Concurso Nacional de Cuento La Cueva con el texto Mañana será otro día (2012). Fue columnista en el Periódico El Mañana, en México. Actualmente, columnista de un blog en El Tiempo. También ha sido docente de Escritura Creativa en el área de Cultura y mesa de diversidades en la Municipalidad de Valparaíso, Chile.
Bogotá, 20 de agosto de 2020
El fanático el exiliado los campesinos todas las muertes me transitan en este tiempo soy solo eso afuera el mundo se ha hecho rojo es una mosca monstruosa vuela sobre mi cuerpo de cemento una palpitación se oye en la piel de la ciudad que se une a la mía del abismo-estómago de las calles sale un grito torturador en un árbol brotan nidos muertos que se precipitan a un espacio vacío ningún habitante del mundo podrá decir que no ha padecido locura en medio de una tierra infestado de insectos
en el silencio-nada un copetón se balancea en una rama de metal que tiene por hojas almanaques de Bristol derretidos por el sol y desvanecidos por la lluvia
existe una nada que consume lo que va tocando
una nada
Bogotá, 09 de agosto de 2020
Soy mosca rodeada por miles de moscas algo afuera exuda podredumbre la ciudad es cuerpo desconocido donde convergen los gritos de la prostituta el indigente el obrero y la pobreza un murmuro me dice que no estoy sola las palomas copulan en los techos afuera somos repetición de tejas y calles averiadas de las semillas de cemento nace musgo el silencio no existe nunca ha existido un olor a incinerado abarca un paisaje de muertos afuera las cosas desaparecen la inexistencia es lo único que nos precede hasta el silencio ha dejado de ser sonido mientras nos vamos acercando a ser despojos
Bogotá, 26 de agosto de 2020
De mi cabeza salen lenguas
Soy solo cuando hablo con las otras me moran y alejo de mis vísceras las larvas hay un paisaje de cemento que llora mi silencio-grito-aullido vive entre mis sueños y los estados de trance en los que soy otras debajo de las sillas de madera y metal salen enormes dientes de león los desamparados travestis y los que no sueñan se desvelan pensando que sus átomos
se evaporan al ser evocación de exilio
pensamiento
que nadie
piensa y se vuelve
al no ser pensado
n
a
d
a
Bogotá, 06 de agosto de 2020
A mí que tengo ideas repetitivas
Mi pensamiento es una nebulosa de moscas
donde converge la misma idea
en estado larval
Me sumerjo en el paisaje de un edificio que se repite
entre avenidas de nubes que exhalan olor a cadáver
y me hacen creer que vivo al interior de una cloaca
donde brotan rosas y tulipanes como enredaderas
en la que el silencio no existe a menos que sea ruido
Soy estruendo en una estancia donde el grito es lo único
posible
para romper con la mirada fija la misma cavilación
y la palabra que como una ola vuelve
a la orilla del tiempo
Bogotá, 06 de agosto de 2020
A mi insomnio
Aparece ante mí
noche de canto de grillos bajo la cama
la sombra de una cucaracha gigantesca camina por las paredes
como pesadilla viva de las horas
Afuera las ramas de un árbol son golpeadas por un grito-ventarrón
a su vez sacude la ventana
recordándome que pendulo como signo de la muerte
y soy arrastrada por el silencio desgarrador de las horas
ese que acelera el corazón y lo atraviesa
y nos pregunta con la caída de la noche
si el nuevo día tendrá
un sentido
o se desvanecerá como los anteriores
Bogotá, 24 de agosto de 2020
A mi temor de nunca despertar y en el sueño volverme nada
Las noches presagio de nunca más volver a despertar
por la ventana un columpio aparece trae sobre él a una criatura
Me observa a través de ojos que han visto el primer día de la humanidad
La veo burlarse de mí sabe del temor al grito de la oscuridad
a encontrarme con un abismo en el sueño
que no me deje regresar
Afuera hay una perra con sarna presiente a través del aullido
que existen diversas formas de morir
una de ellas es el sueño
como respuesta a la muerte leve que padecemos cada día
En la profundidad del asfalto crecen palomas, copetones y unos pájaros azules
Peces de aguas muertas
A los indigentes
Los olvidados apenas respiran entre cloacas
y el sol hincha y marchita sus rostros
hasta no reconocerse.
Entonces un día olvidan sus nombres
y su más preciado recuerdo.
Son muertos que desconocen sus pasos.
Cuerpos pegados que náufragos
intentan salvarse.
Nadie los oye, son un grito que desaparece
entre las grietas, la noche y los ríos.
Son peces de aguas muertas
que se esconden en su caída.
Única verdad
A los hambrientos
Son tantos y tantos,
sus vidas se dispersan por el mundo como única verdad.
Solo nos queda inventar y rezarle al dios de los pobres.
Arrodillarnos y pedir por aquellos nacidos en tiempos inciertos,
rogarle que desaparezcan los gritos de madrugada,
y decirle que ignoramos cómo los días de esos hombres sean otros.
Que desconocemos de dónde nacen los gemidos,
cómo acallar tanto corazón roto
y que solemos aturdirnos cuando en la mañana
nos volvemos a encontrar con el mismo golpe en el pecho,
con la repetición de destinos imposibles.
Y esas insistentes luchas de ellos por ser otros
cuando se han acostado siendo los mismos.
Los invisibles
Al pueblo
Nadie nos dijo que las puertas están cerradas
y no existimos.
Que ni los gritos nos salvan.
Entonces no somos un nombre sino un número
por nadie recordado.
Que nuestras casas están incendiadas,
nuestras luchas son ilegitimas,
y nos tendemos sobre una mentira.
Sabemos que solo el azar es una respuesta,
un camino para escapar del hambre,
de lo imposible de ser.
Aunque no nos falte el pan en la mesa
seguiremos siendo parias, los intocables.
La inscripción a la pobreza
la llevamos en el rostro, en la palabra
y en el nombre.
Pobreza va más allá de tener o saber,
es la manera como nombramos el mundo,
la insistencia de ser grito desgarrado,
la lejanía a la gracia y la cercanía al sacrificio.
Ángeles caídos
A las prostitutas
Apenas si las miran.
A nadie les importan sus derrotas,
que se laceren en la madrugada
mientras vomitan su nombre frente al espejo.
Que abran las piernas
y un golpe las penetre
y un grito las ahogue.
A nadie le importa
que estos ángeles caídos
sean golpeados hasta sangrar,
que sus plumas sean arrancadas
hasta silenciar lo que murmuraron con los ojos cerrados.




