“La poesía es carne de tu carne” Elia Quiñones
Elia se levanta, toma el micrófono y dice frente a un centenar de adolescentes que la poesía no tiene que gustarle a todo el mundo. Elia, con su vestido blanco, le dice a un grupo de adultos, el para qué escribir, y aunque no es amante del futbol, en su poema les dice: “el fútbol lo cura todo” Elia viaja en bus desde Pereira a Salento, por la ventana mira las montañas y dice: “Para vosotros esto es normal, pero no sabéis que estáis en el paraíso” Elia Quiñones llegó de Barcelona-España, a Pereira-Colombia. El festival Internacional de poesía Luna de locos la invitó, ella vivió y caminó la ciudad, vivió y regaló su palabra.
Conversar con Elia Quiñones es adentrarse en un universo íntimo donde memoria, palabra y emoción se entrelazan con una naturalidad desarmante. Poeta y psicóloga de formación, Elia no solo escribe desde lo vivido, sino desde lo sentido, lo heredado y lo cuestionado. Hija única de padres inmigrantes andaluces en Cataluña, su padre, un hombre relojero; “una gran persona, una excelentísima persona” dice ella. Su madre, una mujer de Córdoba, del pueblo Peñarroya-Pueblo nuevo. creció en un entorno singular, entre relojes, partituras de Schumann y la mirada férrea —y a veces contradictoria— de una abuela nacida en 1915. Su infancia, marcada un poco por la soledad, el desconcierto ante el mundo escolar y una educación casera rigurosa, deja entrever las capas complejas que hoy componen su voz poética.
Su manera de narrar no busca adornos innecesarios: habla como escribe, desde un lugar sincero, donde conviven la ternura, el humor y la herida. Elia no esquiva las contradicciones que la habitan; las observa con respeto, las transforma en palabras. Su poesía está atravesada por esa relación ambivalente con sus orígenes, por el peso simbólico de su nombre —"Nomen est omen", nos dice—, y por esa conciencia punzante de lo que se hereda, tanto si se desea como si no.
En esta entrevista, más allá de hablar de su obra —como La lógica de los refugios o el próximo poemario que está gestando—, nos acercamos a Elia desde la persona que escribe, no desde el personaje. Su manera de contar, tan orgánica como provocadora, nos invita a pensar en el peso de los legados, en las formas de amar impuestas, y en las pequeñas rebeldías que construyen una vida. Con Elia, no hay pose: hay verdad, incluso cuando duele.
JWH: Ser llamada “Elia” no fue casualidad, era el nombre de su abuela. ¿En el nombre está el destino?
E.Q: Cuando mi madre estaba embarazada, mi abuela Elia se quiso venir desde Córdoba para supervisar mi educación porque ella tenía la frustración de que todos sus hijos habían estudiado pero su hija no, mi abuela había hecho una carrera de hombres, en una época muy difícil, porque eran tiempos de preguerra, de guerra. Mi abuela tenía la frustración de que a mi madre no le gustaba estudiar, entonces pensó que yo no me iba a escapar y cuando mi madre me tuvo, dijo mi padre: "si es niño se llamará Antonio, como yo, como mi padre, como mi abuelo" y mi abuela dijo: "pues si es niña se va a llamar como yo" en realidad fue un reparto de quién es la niña y qué legado seguiría. Pues como fui niña, fui suya. Entonces por eso a mí me gusta mucho el dicho "Nomen est omen" que significa En el nombre está el destino. De hecho, mi abuela siempre quería que yo hiciera una carrera de ciencias porque para ella los listos iban a ciencias y los tontos a letras, no sé qué pensaría de verme siendo poeta, ni siquiera sé qué pensaría de ver que hice psicología.
JWH: Háblame de tus primeros acercamientos con la escritura
E.Q: Fue a partir de mis dibujos, yo empecé con el piano y en paralelo siempre he dibujado, siempre he hecho mucho carboncillo, lápiz y pastel, dibujaba ilustración fantástica, imitaba las ilustraciones de Luis Royo y Boris Vallejo, entonces hubo una ocasión en la que expuse mis cuadros en el ayuntamiento de Gavá, y cuando me dijeron que tenía la opción de poner los cartelitos con la descripción del cuadro, pensé que ahí tendría que haber un texto, entonces lo que pensé es que la prosa no me era suficiente para poder describir la imagen y ahí fue la primera vez que sentí la necesidad de utilizar otro lenguaje que no fuera el prosaico corriente, para acompañar una obra de arte, sentí que lo necesitaba, pero nunca había escrito, ni nadie de mi familia se relacionaba con la literatura, recuerda que para mi abuela los tontos iban a letras. Entonces yo me puse a practicar la escritura automática, pensar en mis cuadros y a escribir delante de un papel sin orden, ahí fue de verdad cuando yo sentí la necesidad de que tenía que romper el orden, gramatical, sintáctico, y sacar lo que fuera. Yo quería que el texto me hablara de cosas que yo todavía no sé del cuadro, quería escribir sin saber de antemano lo que iba a escribir y ese ha sido el germen de la poesía. Yo veía que el texto hacía retener al espectador frente al cuadro intentando entender qué vinculación había entre esas palabras y esas imágenes. Me fascinó que la palabra tuviera el poder de desconcertar, el poder de sugerir y de multiplicar los significados.
JWH: Tu poesía se mueve entre lo íntimo y lo colectivo, ¿Qué lugar ocupa la memoria personal en tu escritura?
E.Q: Yo creo que mi poesía no se mueve entre lo íntimo y lo colectivo, sino que se mueve entre lo íntimo y lo íntimo. Mi poesía es muy íntima, lo que pasa es que lo íntimo también es colectivo, esa es la cuestión, pero yo no hago una poesía social, ni con ánimo moralizante ni ideológica, no trato temas políticos o vindicaciones varias. No suelo tener ese enfoque, sino que es una poesía íntima. Ahora, ¿Qué lugar ocupa la memoria personal en mi escritura? pues todo, porque siempre me acuerdo del concepto de "memoria poética" de Milán Kundera, este concepto sí que lo trabajo, la memoria poética como ese pozo que dejan las experiencias y que es absolutamente subjetivo y sesgado, o sea, la memoria poética es la más caprichosa de todas las memorias, porque de cada experiencia, qué es lo que va a quedar, pues nunca lo sabes, no lo puedes saber con antelación, a lo mejor hay eventos importantes que no se quedan grabados y detalles, rasgos, colores, olores, que se te quedan y no sabes por qué ha sido eso lo que ha dejado huella, eso es lo que me parece poético, ese gesto que tiene la memoria de quedarse solamente con lo que le interese.
Por ejemplo, mi padre es muchas cosas, evidentemente, pero para mí mi padre son los sombreros, son sus manos, son los pájaros y son los relojes.
JWH: ¿Cómo influye Cataluña —su lengua, su paisaje, sus tensiones— en tu manera de escribir y en tu identidad poética?
E.Q: Te va a sorprender pero Cataluña para mí no significa nada más que un espacio grande lleno de tesoros y de montañas y al que me he ido a refugiar alguna vez, pero para mí, mis espacios poéticos son Gavá y Barcelona, y tiene que ver con la provincia y con la ciudad; yo no me adscribo a un identitarismo catalán, políticamente definido, estándar, no me adscribo a eso para nada, para mí no hay ningún conflicto entre el Catalán y el castellano, pero yo hablo en castellano y mi lengua de expresión es el castellano, aunque considero que el catalán es muy dulce, pero no es el idioma a través del cual yo hago poesía. Mi casa es Barcelona, soy una poeta de Barcelona y Barcelona nunca acaba, siempre otorga sorpresas y ha sido la que me ha puesto un micrófono en la boca y me ha escuchado y en la que he estado 10 años en la radio, Barcelona me ha escuchado: en la universidad, en la radio, en los grupos de poesía, ha sido donde he tenido yo mi altavoz y mi sitio.
JWH: En un mundo cada vez más veloz y digital, ¿Qué papel crees que tiene la poesía para detenernos, mirar y sentir?
E.Q: Esto es un tema bastante importante y bastante amplio, citando a Kundera, él dice que la velocidad es proporcional al olvido. Lo que yo veo ahora más problemático, es el tema de la creación de contenido, internet no descansa y nosotros estamos enganchados a esa fuente de información permanente, a esos creadores de contenido, contenido como carne, carne que rellena las bolsas de suero invisible como digo yo en mi poemario, carne que rellena el tiempo y por lo tanto es tiempo de vida que nos roban, es tiempo que nosotros nos robamos, un tiempo dedicado al contenido, a la papilla que otros quieren darnos. En ese sentido, ese contenido digital sustituye al contenido propio, entonces la poesía es justo lo contrario, la poesía es carne de tu carne, como se dice en la biblia. El poema es tu sitio, el poema apuntala una vivencia tuya, y esa suma de vivencias es tu biografía y es tu subjetividad y es lo único que vale y que te da valor como persona, que te saca de la depresión y le da una identidad, es el yo. En ese sentido la poesía es fundamental como un ancla, es un arma de resistencia del yo, frente a esos contenidos postizos, los yoes digitales que quieren colonizarnos.
JWH: Miguel Ángel Bastenier, hablando de periodismo, señalaba que está claro que se puede aprender, pero no tan claro que se pudiera enseñar: ¿La poesía se puede enseñar?
E.Q: Yo distingo entre poesía y poema, para mí la poesía está en el mundo y en los ojos de quien tiene la sensibilidad suficiente para darse cuenta de que existe en el mundo, la poesía está allí afuera y está en la mirada del poeta; y luego el poema es una construcción hecha de palabras que es como cazamariposas que lo que pretende es cazar ese instante que es poético. Entonces se puede enseñar a cocer cazamariposas, se puede aprender a utilizar la técnica y yo siempre digo que te pille el poema sabiendo escribir poesía y a eso me he dedicado durante años, a afilar el instrumento para que cuando yo capte una vivencia poética y quiera plasmarla, no sea un parto, que sea algo sencillo que me salga lo más fácil posible. La técnica se puede aprender, perfeccionar, estimular el ejercicio de la construcción de un poema como artefacto verbal que es. Ahora, nadie te puede insuflar verdad, bondad y belleza a tus poemas y nadie te puede forzar a que tú tengas esa sensibilidad y que desees capturar ese instante en ningún soporte.
JWH: Muchas veces se habla de la poesía como un acto de resistencia. ¿Sientes que tu escritura es también una forma de resistencia?
E.Q: Hace un rato he hablado de la poesía como resistencia al contenido digital, frente al contenido artificioso y vacío, viene la poesía con su relleno de algo verdadero, con contenido pero contenido de calidad y contenido verdadero, si me pongo a pensar íntimamente en lo que me sucede a mí, para mí la poesía es una forma de resistencia frente a la prosa de la vida, frente a las obligaciones del día a día y que también nos distraen de nuestra subjetividad y es una resistencia contra la falta de sentido y contra los convencionalismos; o sea, la sociedad es muy normalizadora, y estandarizadora, entonces frente a los discursos estándar, convencionales, ahí está la poesía, la poesía que dice lo que le da la gana. Los españoles somos muy así, muy de normalizar, de minimizar, del conformismo, de tirar con carros y carretas pero que nuestra normalidad no nos la toquen, de resistir en un sentido muy convencional, sin embargo, la poesía lo que hace es pegar un puñetazo en medio de la mesa y decir aquí estoy yo y a mí lo que me importa es esto y no lo otro. La poesía es un acto de resistencia contra los discursos estándar, contra la interpretación estándar de las cosas y contra la prosa de la vida que nos arrastra y no nos deja pensar en nosotros mismos.
***
Infinite Jest
(viaje a la Generación X)
1994
Extiendo los raíles del poema hasta Aberdeen
y retirando el flequillo de Cobain digo:
Espérame
viajo en tren hasta el centro de tu herida
quiero imitar contigo la languidez del sauce
Mira
hay un desorden de versos desaliñados
que corre por el extrarradio de tus ojos
Ves
la tristeza provenía de tus paisajes lentos
del río químico y la niebla industrial
¿es acaso mejor el nirvana oscuro al que te arrojaste?
1995
Extiendo los raíles del poema hasta las manos de Linklater y digo:
Ten
escríbeme aquí cómo era ese tren camino a Viena
del que un americano y una francesa se apearon y
-Antes del amanecer -le prometió la noche
Dime
si cosieron la conversación definitiva
con teléfonos imaginarios
si en la cápsula de música sus miradas coincidieron
Dónde
plaza, café, cementerio
Haz
que los andenes empiecen y acaben
y en el espacio intermedio
puedan amparar la eternidad
Dime
si luego la ciudad pudo ser algo sin ellos.




