EL valor
de no sabernos
la sed
replegada en el aire
mírame
beber tus manos
con el temblor de la derrota.
Ya
no quedamos, tan solo
queda ya
la desnudez exacta de los cuerpos en
la unidimensionalidad del viento y la ceniza.
Hemos muerto alguna vez, digo
la muerte es cosa de los vivos, dices
y desciendes azulmente tu voz ligera
por la concavidad de un tiempo
donde el silencio todavía canta nuestros nombres.
El amor
mírame
puede ser el lenguaje de los muertos.
Nos encontramos antes del Principio.
¡Antes… del Antes!
PAUL VALÉRY
PORQUE sí.
Porque
en el principio no era el verbo
sino la fiebre desmembrando
las palabras de la boca
y la fiebre era con nosotros
y la fiebre
era estos cuerpos.
Porque sí
porque tu noche
me busca con la mano alzada
la desnudez del gesto
porque no importa
si la luz nos declina
si las sábanas nos predicen en la sombra
el frío derramado
porque hace tanto miedo que la sangre
se suicida
y solo es vacío en dulce erección
el que articula nuestras pieles
y solo es un futuro jadeante
quien sufre la barbarie de las horas.
Porque sí
porque cuando no haya alas que prosigan
al vuelo insostenible de los pájaros
cuando el silencio nos deshoje
desde una existencia que apenas
nos perdura, mis manos solitarias
llenas de ti recordarán
el idioma de tu carne.
ACERCAS
un cuerpo frío y sudoroso
como si la muerte
a veces también palpitara
como si a veces
la arquitectura del vacío
cimentase
tu contorno
y pudiese ser tu canción
el desafino de un silencio
y no,
aleja esa promesa
de ti que nos desahucia
que no sustituirá
la arcilla de tu cuerpo frío y sudoroso
que palpitas
donde acaso la muerte nos comienza.
ESTABAS más atento
a mí que mis sentidos.
No tenías
ojos
toda tu existencia era
una mirada engendradora
en el ocaso de cualquier esquina.
Hacía falta
la gravedad de un solo gesto,
aguardar la llegada de lo inmóvil
sin forzarlo.
No tenías
miedo
toda tu muerte era una invocación
a la uniformidad de la mirada,
al necesario sacrificio de lo doble.
Hacía falta
desdibujarse
la existencia
en el intento de escrutarnos
faltaba calcinar
tus ojos con mis ojos tuyos
para vernos.
HABLA o calla conmigo, vida mía
en esta danza mitológica
de cuerpos kamikaze. Ven
a navegar tu sangre
hecha beso en exclamación
en mi boca
o a desbocar
el orden de este cuarto sin prudencia.
Sobrevivamos al invierno
a la intemperie
sobre mantas y fríos,
latidos en sudores.
Cánsame de ti para así
volver a desearte, para no olvidar
la placidez del viento incluso en su violencia,
la lujuria del ave en cada nube.
Excluye de mí con tu mano de caricia oscura
la luz innecesaria.
SOBREVIDA
de tu mano
acaricia en mí
restos de ti.
Aún me poso en la impresencia de tu lengua
como un pájaro sin rama
hay
restos
que te completan
en la hendidura de mis ojos
memoria suficiente de tu luz
para que esta sombra de ti
me sobreviva.




