Joe Montesinos Illesca nació en Lima. Cursó estudios de literatura y psicología en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Publicó los poemarios Guardián de acantilados (Pájaros en los Cables Editores, 2010), Aguas oscuras del sueño (Cascahuesos Editores, 2013), Herbarium (2016) y Estirpe de erizo (Alastor Editores, 2025). Poemas y cuentos suyos se han publicado en revistas literarias peruanas e hispanoamericanas. Dirige Editorial Bisonte, entre otros proyectos de carácter oculto. Prepara un libro de cuentos.
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Ceremonia de la noche
Me arrastro con los destellos de las calles, junto a animales voraces en los escombros de la ciudad. Tan estéril subo por los cables pelados y sus acordes asfixiantes. Transo con las marañas la suciedad arcaica donde el rocío es polvo de hornear. Puedo ver allí la luz de los callejones de fósforos, la avenida de los aullidos y del amor como una herida abierta, chorreante y febril. La palabra me salva de aquel puente rodeado de centinelas suicidas, de mi salto al encuentro de las lechuzas. Caigo con la misma melancolía de las botellas vacías y la música de las piedras en los barrancos. Los perros me dan de comer las carnosidades que dejó la noche, la palabra del noctámbulo se asemeja a un cuchillo guardado, a los túneles que parecen tragarme. Y qué importa si no me quieren hablar los humanos, si sus residuos blancos como huevos recién abiertos se disecan en mi piel. Debo despertar a los muros, aprender del barro, salvaguardar a los murciélagos, aspirar las plantas antes del alba. Continuaré escondido cuando crezca el cuerno en la piedra como un árbol de esqueletos hambrientos, el sol con iguanas suponiendo el tiempo circular. Cavaré un mundo subterráneo para mis pequeñas bestias y guardaré esperma para el día del juicio.
Hogar de cementerio
Espera que esa puerta horizontal se abra
al festín de los sepultureros
y no intentes salir, aunque estés magullado
engullido por la salamandra.
Siembra tus jorobas en esta tierra del óxido
y no esperes la salvación por las aguas subterráneas.
Construye una nueva casa de murmullos
porque es tuya esta simbología de aspavientos
los lobeznos dedos que salen de las grietas.
Ya no te desangres en los albores
porque los cerros tienen manantial suficiente.
Ruge esta vez y cava el hoyo.
Descose las cabezas de los capuchinos, sus túnicas
de castidad soterrada, descubre tu nombre
repetido en las lápidas, en el humo cautivo del palo santo.
Y cierra el hoyo, oh, animal del exterminio y la luz
que te alumbra en llama, ahora en soga alzada.
¿Y por qué la sombra crece si tú eres la carnada
si los fantasmas agoreros ya afilan las lampas
y cuelgan desnudos de las campanas
si lloras con los gatos y en tus ojos las tumbas danzan
si solamente hay de noche un canto?
Retorno a la laguna
–
Si caigo al agua, por favor,
déjenme ahogarme, quédense con mi sombrero
déjenme peinar a las sirenas y silbar con los delfines
recuérdenme en el fuego si llego a abrir los ojos
recen a las nubes y envíenme cartas al agua
Déjenme algo de tierra y ahogarme en el tintero
porque he huido del lobo y de los sueños
y del cuarto húngaro encantado
hacia la isla de los sonámbulos
Recuérdenme en cada molusco a la hora del cebiche
déjenme bailar con los pescadores cuando nazca el sol
en mi resplandeciente herida
Abrácenme y coman de mis ojos.
A la música
Sepa usted, mi serpiente luminosa,
que yo también soy un cromo viviente
de un padre cielo jorobado
y de madre escalera quintaesencia,
porque en mis cáusticos meridianos
todo el pétalo de otoño
se me ha quedado en estirpe de erizo
como un resuello de Beethoven.
–
Sepa usted, mi mujer colmena,
que este rinoceronte pirómano y de corbata
también sabe reír a puro tambor,
porque he crecido despatarrado
entre toneles de furtivos brebajes
y sonidos palúdicos guitarrescos,
saxofones chocolates con buen viento
y en el corazón un clavado discóbolo
de acordes trotamundos.
–
Porque esta sombra que me has iluminado
ha descubierto su melodía con un beso
y ha cantado una bala
de amor clarinete en mis oídos.
–
Salud de jazz sin lejano New Orleáns,
salud de sonidos ovíparos por eso,
mi pequeña fogata castaña,
salud hasta la luna y su sonrisa con anteojos.
Movimiento cerúleo
Yo seré a tu lado un siniestro bello azul
pez prismático de silencios
a tu lado una bala despacio que cuelgue de tu cuello
como un nenúfar de piel
A tu lado un guardián de ojos
de acantilados
y un príncipe de mendigos calvos
A tu incendio leña patinando hasta tu dá
gorgojeo en hojas-piedras de mi biografía malavida
Seguramente tu costado husmeará las
y las semillas no regresarán al árbol de
a tu lado un cinturón de castidad me atrapar(á)
azulado me quedaré en estatua.




