El alba es el leopardo de Juan Sánchez Peláez

Estamos leyendo a los maestros de la poesía venezolana. Volvemos aquí a la poesía de Juan Sánchez Peláez. Estos poemas están incluidos en El alba es el leopardo, antología bilingüe de poemas de Juan Sánchez Peláez, publicado por Nila Ediciones, Dogma Editorial y Nueva York Poetry Press.

 

 

Juan Sánchez Peláez es uno de los grandes maestros de la poesía venezolana actual. Publicado por NILA ediciones junto a DOGMA Editorial y Nueva York Poetry Press,​​ El alba es el leopardo​​ es una magnífica ventana para conocer su obra. Busca tu ejemplar en​​ Círculo de Poesía Libros​​ en Xicoténcatl 270, colonia del Carmen, Coyoacán.

 

 

 

 

 

 

 

Un caballo redondo entra​​ 

a mi casa luego de dar muchas vueltas​​ 

en la pradera

 

un caballo pardote y borracho con​​ 

muchas manchas en la sombra​​ 

y con qué vozarrón, Dios mío.

 

Yo le dije: no vas a lamer mi mano,​​ 

estrella errante de las ánimas.

 

Y esto bastó. No lo vi más. Él​​ 

se había ido. Porque al​​ 

caballo no se le pueden nombrar​​ 

las ánimas ni siquiera lo que dura

un breve, vertiginoso relámpago.

 

De​​ Aire sobre el aire​​ (1989)

 

 

 

 

Me siento sobre la tierra negra​​ 

y en la hierba

humildísima

 

y escribo

con el índice​​ 

y me corrijo

con los codos del espíritu.

 

Hilo mis frases de amor​​ 

a la intemperie

bajo los árboles de muda historia.

 

Celebro los olvidos eternos​​ 

de mi tierra negra y ensimismada.

 

Al fin​​  por fin​​ 

hago este día más límpido.

 

Y un caballo de sol​​ 

que se asoma a lo imposible

como de estrella de mar

fugaz

relincha en todas las ventanas.

 

De​​ Por cuál causa o nostalgia​​ (1981)

 

 

 

 

EL CABALLO

 

El caballo que olisquea mi sombra a ras del suelo apoya su pata delantera entre muchas hojas y abismo. Caballo, fábula de muerte en el viento, mientras la muerte se disipa en blancos páramos. Oh mientras gimo por dentro y río por fuera, el rumor de tu noche negra en mi duermevela a través de luciérnagas.

 

De​​ Rasgos comunes​​ (1975)

 

 

 

 

Cuando regreso del viaje imaginario, me abandono a reír.

Una jauría de lobos acoge con amor mi cervatillo insomne.

Entre aquellos árboles altivos todo el rumor de mi sangre y mi desvelo.

 

No que la carga sea abrumadora, prorrumpo. Ni que forzara​​ 

las puertas con el dedo meñique. Ni que me asustara volver​​ 

aquí, a la penumbra.

 

Cuando regreso del viaje imaginario, vivo y yazgo en el​​ 

puro desierto. En lugar de advenimientos y honores, la​​ 

soledad tañe aún la campana en el bosque.

 

De​​ Lo huidizo y permanente​​ (1969)

 

 

 

 

Lo que no me tiene en cuenta

Lo huidizo y permanente

Se juntan dos cuerpos y el alba es el leopardo.

Mi quebranto

Salta a la faz del juglar;

Si entras o sales

Turba el eco

Una aureola densa;

Si piensas,

Llama en diversas direcciones la tempestad;

Si miras,

Tiembla el fósforo;

Si vivo,

Vivo en la memoria.

Mis piernas desembocan en el callejón sin luz.

Hablo al que fui, ya en mi​​ 

regreso.

Sólo me toco al través​​ 

con el revés​​ 

del ramaje de fuego.

Por ti, mi ausente

Oigo el mar a cinco​​ 

pasos de mi corazón,​​ 

Y la carne es mi corazón​​ 

a quien roza mi antaño.

Si entras o sales,

Vuelve al amor la confidencia del amor.

Dime

Si quiebro con los años​​ 

un arcoíris;

Dime

Si la edad madura es fruto vano;

La mujer agita un saco en el aire enrarecido

Baja a la arena y corre en el océano;

Al amanecer,

Por ti,​​ 

mi ausente,

La crisálida en forma de rosa

Una rosa de agua pura es la tiniebla.

 

De​​ Lo huidizo y permanente​​ (1969)

 

 

 

 

Cuando subes a las alturas, te grito al oído:

Estamos mezclados al gran mal de la tierra.

Siempre me siento extraño.

Apenas

Sobrevivo

Al pánico de las noches.

 

Loba dentro de mí, desconocida,

Somos huéspedes en la colina del ensueño,

 

El sitio amado por los pobres;

 

Ellos

Han descendido con la aparición​​ 

Del sol,

 

Hasta humedecerme con muchas rosas,​​ 

 

Y yo he conquistado el ridículo

Con mi ternura,

Escuchando al corazón.

 

De​​ Animal de costumbre​​ (1959)

 

 

 

 

Mi animal de costumbre me observa y me vigila.

Mueve su larga cola. Viene hasta mí​​ 

A una hora imprecisa.

 

Me devora todos los días, a cada segundo.

 

Cuando voy a la oficina, me pregunta:

«¿Por qué trabajas

Justamente

Aquí?»

 

Y yo le respondo, muy bajo, casi al oído:

Por nada, por nada.

Y como soy supersticioso, toco madera

De repente,

Para que desaparezca.

 

Estoy ilógicamente desamparado:

De las rodillas para arriba

A lo largo de esta primavera que se inicia

Mi animal de costumbre me roba el sol​​ 

Y la claridad fugaz de los transeúntes.

 

Yo nunca he sido fiel a la luna ni a la lluvia ni a los guijarros de la playa.

Mi animal de costumbre me toma por las muñecas, me seca las lágrimas.

 

A una hora imprecisa

Baja del cielo.

 

A una hora imprecisa

Sorbe el humo de mi pobre sopa.

 

A una hora imprecisa​​ 

En que expío mi sed

Pasa con jarras de vino.

A una hora imprecisa

Me matará, recogerá mis huesos​​ 

Y ya mis huesos metidos en un gran saco, hará de mí​​ 

Un pequeño barco,

Una diminuta burbuja sobre la playa.

 

Entonces sí

Seré fiel

A la luna

La lluvia

El sol

Y los guijarros de la playa.

 

Entonces

Persistirá un extraño rumor

En torno al árbol y la víctima;

 

Persistirá ...

 

Barriendo para siempre

Las rosas,

Las hojas dúctiles​​ 

Y el viento.

 

De​​ Animal de costumbre​​ (1959)

 

 

 

 

Oídme:

 

Qué barbaridad la de palmotear el caballo flaco.

 

Inquiere lo imprevisto, se demuda y oye caer granizo.

 

Apto en su abandono, estría de ceniza

 

Atisba, hiende la rugosidad o el polvo.

 

Parte con pájaros y soles minúsculos

 

Hasta el camino recto.

 

De​​ Filiación oscura​​ (1966)

 

 

 

 

RETRATO DE LA BELLA DESCONOCIDA

 

En todos los sitios, en todas las playas, estaré esperándote.

Vendrás eternamente altiva

Vendrás, lo sé, sin nostalgia, sin el feroz desencanto de los años

Vendrá el eclipse, la noche polar

Vendrás, te inclinas sobre mis cenizas, sobre las cenizas del tiempo perdido.

En todos los sitios, en todas las playas, eres la reina del universo.

 

¿Qué seré en el porvenir? Serás rico dice la noche irreal.

Bajo esa órbita de fuego caen las rosas manchadas del placer.

Sé que vendrás aunque no existas.

El porvenir: LOBO HELADO CON SU CORPIÑO DE DONCELLA MARÍTIMA.

Me empeño en descifrar este enigma de la infancia.

Mis amigos salen del oscuro firmamento

Mis amigos recluidos en una antigua prisión me hablan

Quiero en vano el corcel del mar, el girasol de tu risa

El demonio me visita en esta madriguera, mis amigos son puros e inermes.

Puedo detenerme como un fantasma, solicitar de mis antepasados que vengan en mi ayuda.

 

Pregunto: ¿Qué será de ti?

Trabajaré bajo el látigo del oro.

Ocultaré la imagen de la noche polar.

 

¿Por qué no llegas, fábula insomne?

 

De​​ Elena y los elementos​​ (1951)

 

 

 

 

 

 

COMENTARIOS A LA OBRA DE JUAN SÁNCHEZ PELÁEZ

 

Su obra ofrece una visión que conjuga la metafísica existencial con una sensualidad de rotunda animalidad. Manifiesta una poética de raigambre mística, religada a la búsqueda de asideros verbales para atajar el asombro ante la naturaleza, esa noción suprema que en la voz de Sánchez Peláez explora y redime la consciencia humana.

Las letras venezolanas estarían heridas sin el genio poético de Sánchez Peláez, singular y profuso de influencias posibles —el surrealismo según la crítica— pero especialmente suscitador de nuevos entusiasmos y asombros.

 

GIRODANA GARCÍA SOJO

 

Juan nos remite en cuerpo y alma a un magisterio ejercido con prudencia y arrojo, un magisterio simbólico y lúcido que se tradujo también, y esto fue lo importante, en estímulo, fraternidad y solidaridad para con los nuevos poetas a lo largo de varias décadas, hasta que Juan se marchó a lomo de su último caballo, el más viejo. ¿Para dónde? Para la tierra que algunos de sus versos lúbricos maldijeron y patearon.

 

JUAN CALZADILLA

 

No es fácil el ejercicio antológico en una obra tan abundante en hallazgos, tan singular y tan redonda en su devenir verbal. En tal sentido,​​ El alba es el leopardo​​ nos propone un convite, un necesario convite, que se valida a sí mismo al hacer circular nuevamente la voz de Juan Sánchez Peláez para ganarle nuevas lectoras y nuevos lectores. De hecho, los poemas aquí seleccionados dan a compartir el inagotable deslumbramiento que genera esta obra impar.

 

GONZALO RAMÍREZ

 

Era un adolescente cuando leí por primera vez un poema de Juan Sánchez Peláez. Se había publicado en el suplemento literario de un conocido diario, se llamaba "Animal de Costumbre" y me impresionó a tal punto que cuando muchos años después conocí a Juan se lo comenté, fuimos interlocutores de largas conversaciones, algunas de ellas telefónicas, y eventuales encuentros cuando iba yo a Caracas.

 

El poema formó parte de uno de mis libros favoritos suyos con el mismo título y éste, junto a​​ Elena y los elementos, siguen siendo para mí insoslayables referencias de la gran poesía que Juan supo elevar hacia el misterio deslumbrante.

 

GUSTAVO PEREIRA

 

Veo la poesía de Juan Sánchez Peláez como una yuxtaposición del verbo a la vida misma, como si en cada movimiento del poema (con una lentitud incandescente) se pudiera reencontrar la primigenia intensidad de las palabras. No hay diferencia entre fondo y superficie, cualesquiera de sus poemas desintegran esas diferencias, con un único fin: coherencia y exactitud; los poemas van mucho más allá, de lo que yo en aquellos años pensaba que era el surrealismo. Se trata de rebasar la catarsis y encarnar el mundo. Hoy, también un animal espera pacientemente por mí, con los ojos abiertos, lo ignoro, estoy en mi oficina y toco madera por si acaso.

 

ADRIÁN ARIAS POMONTTY

 

La poesía de Juan Sánchez Peláez es un legado que contiene la sinrazón de los actos de la vida, dejando al descubierto lo escondido, y al leerlo vivimos un asombro luminoso, lleno de autenticidad y melancolía.

 

LAURA ANTILLANO

 

Cruzar el umbral del primer semestre en la Escuela de Letras con una veintena de años y un ardor bajo la camiseta solamente podía hallar impulso vital en la poesía de Juan Sánchez Peláez. Me fascinó su animal sorbiendo el humo de la pobre sopa, era el mismo que sorbía la mía cuando con el ánimo turbulento sabía que la literatura era por siempre el camino. Con Sánchez Peláez fue la corporeidad del éter.

 

Acá, leyendo sus versos, sonrío ante su presencia de diminuta burbuja sobre la playa. Luego vinieron otros poetas, otras lecturas, otras siluetas, mas sin embargo persiste su elemento.

 

MARÍA ALEJANDRA ROJAS

 

La única vez que me han montado en una patrulla estaba leyendo un libro del poeta Juan Sánchez Peláez. Así que siempre siento que me acompaña frente a los cuerpos policiales...

 

Pero me conmueve mucho que un provinciano detenido y que iba a ser ruleteado por la policía de Caracas, lo único que seguía leyendo y tratando de conocer era la obra del poeta. Incluso le respondí eso a los policías, que lo intimidaban a uno.​​ Animal de costumbre, creo que era la obra. Sánchez Peláez es un poeta de una sensualidad citadina que se celebra y siente como propia. La ciudad es un cuerpo en esos poemas, y quizá era eso lo que estaba buscando y sintiendo cuando desde una patrulla policial, seguía leyendo calmado, cosa que molestaba más a los funcionarios.

 

INTI CLARK

 

Juan Sánchez Peláez era un poeta a tiempo completo. ¿Cómo decirlo? Vivía en un constante estado de exaltación poética, de mirada honda, desentrañando el misterio. Nunca conocí a nadie como él.

 

ANA MARÍA OVIEDO

 

Basta nombrar a Juan Sánchez Peláez para señalarlo como el orfebre del lenguaje poético entre nosotros. Su obra (escasa, pero del tamaño de la perfección formal y profunda) colmó y prolongó con José Antonio Ramos Sucre la modernidad del género en la historia de la poesía venezolana.

 

Su imaginario y su estilo provino del surrealismo chileno, pero supo darle a su ingenio creador una personalidad única, en la que la imagen de lo maravilloso se alió a la vivencia misma (la mujer mítica, la sensualidad de lo vivo inmediato y oculto, la nostalgia de la pureza perdida, la gracia y la soledad del ser) cuyo resultado fue esa creación depurada que hizo de ella no sólo una revelación para la poesía venezolana de su tiempo y más allá de él, sino un deslumbramiento constante cada vez que abrevamos en su lectura por la maestría de su escritura, de un extraño lirismo, y su motivación, de inagotable diversidad.

 

LUIS ALBERTO CRESPO

 

"Cuando subes a las alturas,/ Te grito al oído:/ Estamos mezclados al gran mal de la tierra./ Siempre me siento extraño./ Apenas/ Sobrevivo/ Al pánico de las noches". Estos fueron, me parece, los primeros versos que leí de Sánchez Peláez, comenzando la carrera de Letras. Este primer encuentro fue también una de tantas revelaciones que encontraría en la poesía como camino para transitar por mí misma, de una manera hasta entonces apenas presentida. Cuando pienso en la poesía de Sánchez Peláez puedo hilar algunas palabras: hondura, oscuridad, sangre, memoria, sacralidad, rito. Quizá leopardo, quizá pantera... "Rito", suena de nuevo: ritualizar a través de la palabra para hallar ese borde, ese margen de la vida que es confín y eco, allí donde la vida sólo puede hacerse presente frente a la solemnidad de la muerte. Rito y palabra: única manera de vivir.

 

CRISTINA GÁLVEZ MARTOS

 

Creo que Juan Sánchez Peláez introdujo una expresión vanguardista atemperada con un surrealismo de trópico muy sutil, que cristalizó en un lenguaje de armonizaciones interiores, de cadencias muy finas, muy matizadas de imágenes maravillosas, mágicas, muy acordes con nuestro trópico, nuestra tierra caliente. Le debemos ese gran logro de la sutileza que a la vez es asombrosa, pues nos sorprende por su capacidad de sugerencia, por su osadía expresiva, por su contundencia surreal, onírica, a la vez cargada de humor. Es sencillamente nuestro gran tótem, nuestro poeta emblemático en este sentido.

 

GABRIEL JIMÉNEZ EMÁN

 

Juan Sánchez Peláez es una de las voces totémicas de la poesía latinoamericana. Su obra nos lega múltiples torceduras: las de un espíritu afincado en el desocultamiento del origen y trasiego humano. Es un poeta que supo, con una ramita de mango, escarbar en el barro hasta develar cuál de todas era su filiación oscura. "Humano de manchas" pudo haber dicho sobre sí mismo, pero no lo hizo. Se aguantó. Otra fue en cambio la inflamación de sus onomatopeyas. Otro el "acento de su cabalgadura". Pues ahí, en esa vasta zona del lenguaje, prescribió dominio su alta poesía:​​ Elena y los elementos, ahí reinan. Interrogan por cuál causa o nostalgia se retuerce "la crin de Dios". ⁠Rasgos comunes, ahí reinan. La hinchada musculatura de un Animal de costumbre, ahí reina. Porque Juan Sánchez Peláez conquistó la urgente posibilidad de ser Aire sobre el aire.

 

RADAY OJEDA

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