Poesía española: Javier Lorenzo Candel

Leemos poesía española. Leemos algunos poemas inéditos de Javier Lorenzo Candel (1967). Sus libros más recientes son Anábasis (Editorial Baile del Sol, 2024) y Puntos de Fuga. Nuevas patologías de la vida cotidiana (Chamán Ediciones, 2024).

 

 

 

 

 

Renuncia

 

No quiero despertar, déjame aquí,

diluido en el sueño,

amparado de mí, de la función onírica de horas

donde el dormir es hábito de luz,

manta ante el frío.

 

Y si he de despertar

que sea en la distancia del dolor,

en el nivel más alto del placer,

unido a ti, desatendido

de todo lo demás,

del límite y lo abstracto,

de lo posible, de lo no conquistado,

ungido de ese bálsamo

que cure.

 

Y si sangra la herida, déjame que la sienta

como el río

que hace de la verdad aguas bravías.

Y nadar a la contra

con fuerza suficiente

para salvarnos.

 

 

 

 

 

 

 

Tatuaje

 

Bajo la piel de mi brazo derecho

un tatuaje dice: “Yo sé quién soy”.

 

Pero también quién fui:

El hombre atribulado

y roto a perseguir todos los sueños,

el descendiente de la huida

que lastra permanencias,

el mismo que te amó

como si fueras cúspide del mundo

y desde ti se oteara la luz del horizonte.

Y allí, permanecido, dar fe de nuestras vidas.

 

Porque sé lo que fui, ahora yo sé quién soy:

El aludido entre todos los llantos,

el ejemplo perfecto del abandono,

la sal en la garganta ante un silencio eterno

que dispara el dolor; pero también el parto

después de fecundar las despedidas,

el cordón que se queda colgando

en lo que debería

ser la piel del olvido.

 

He dejado grabado

en mi brazo derecho un “sé quién soy”

para tenerte cerca,

entre todas las muertes,

también en la armonía de lo vivo

cuando tú ya no estás,

para saber de qué hondo ritual

es esta piel de ahora,

en qué palpitación guarda sus límites.

 

Pero qué sabe un hombre de sí mismo,

qué lucidez le asiste, me pregunto.

 

Bajo la piel, un tatuaje dicta: “Yo sé quién soy”

para mostrarme

el camino de vuelta al desconcierto,

el dérmico discurso de la melancolía.

 

 

 

 

 

 

 

Entre las nubes

 

Perseveran los recuerdos de ti.

Se instalan en aceras, en largas avenidas,

en los cafés nocturnos y en los parques,

saltan a recibirme en las esquinas;

pero también asaltan mis contornos,

las manos ya sin tacto que se ofrecen,

las arrugas

que adiestran sus motivos en el tiempo,

la pequeña verruga

que equidista del cuello y de tu espalda

apenas unos dedos,

la quietud y el espacio en donde habito

para desubicarme.

 

Esa tensión de ti

constantemente urdida por todos los recuerdos

persevera, se instala,

adiestra, desubica.

 

Para atacarla, hoy,

intento que el afán de vivirte también cierre los ojos,

y hago, desde lo oscuro,

el elemento estricto en que pensarte.

 

Pero vuelves, como un hilo de sol,

a esa noche salina

para hacerme temblar,

para, inconscientemente, iluminarte

debajo de los párpados.

 

Y ser -luz de noviembre-

un umbral, un recuerdo,

la voluntad blanquísima,

quizá tan solo un claro

entre las nubes.

 

 

 

 

 

 

 

 

Habitaciones

 

Me miras y te miro.

Dos flujos de esperanza inundan,

en corriente, nuestros ojos.

La cama recién hecha, las sábanas planchadas

y el olor de la ropa, su tibieza,

y tu cuerpo

tan abrazado al mío que es, de un juego sin fin,

la contraseña.

Estás porque has llegado

jalonando los miedos, abriendo las compuertas,

asiendo la razón de mi equilibrio.

Yo estoy acrecentándote,

haciéndote de mí lo transparente.

 

Me has mirado y te miro

en tiempos de conquista.

Y son los horizontes

desde lo que gozar tras las ventanas

el final de la tarde,

la tímida expresión de estar para nosotros.

 

En el centro de ti

aquella sensación que hube perdido,

los tiempos de la calma,

mi abandono.

 

En el centro de mí, un lugar para darte. 

 

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