Sobre Diarios de flote de Giordana García Sojo. Texto de Zorian Ramírez Espinoza

Zorian Ramírez Espinosa escribe sobre el nuevo libro de la poeta venezolana Giordana García Sojo, Diarios de flote publicado en México por Dogma Editorial. Dirigió la Editorial El perro y la Rana del Ministerio de la Cultura de Venezuela. En 2022 publicó el poemario Bajo el rezo animal (Ediciones Solar).

 

 

 

 

El arrullo, el canto, los secretos desahogos.

 

 

En sus esfuerzos por conocer la historia (...)​​ 

está mutilando la película (...)​​ 

La película corre día y noche. Ten cuidado, sangre, ten cuidado

The favourite game,​​ Leonard Cohen.

 

 

I. Preámbulo.

Quiero dejar algunas palabras de lo que ha sido esta experiencia como lector de​​ Diarios de flote,​​ segundo libro de la poeta, editora y gestora cultural Giordana García Sojo, publicado recientemente en México por Dogma Editorial.​​ 

Diarios de flote​​ se presenta como una escritura híbrida entre lo biográfico y el pensamiento filosófico, todo esto bajo un velo poético. El libro se compone de cuatro partes: Apuntes para una película, Diario materno, Diario de la peste y Breves ensayos para una botella. Dicha estructura es cónsona con la ​​ multiplicidad del Yo.

II. Obsesiones.

“Mi vida transcurre, o mi vida ocurre como singularidad común que se realiza en/ con/ desde otros (...) Se vive en la tesitura de fibras impuras. Somos tantas” apunta la poeta. En esta pluralidad se desglosan los siguientes tópicos de manera obsesiva: la soledad constitutiva del ser que existe porque el otro le da vida al nombrarlo.​​ 

La relación establecida con “el sueño” la ayuda a “no desayunarse los ojos” no destruir el mirar que, en contraposición al ver, nos permite leer la relación entre hechos y sucesos, razón que se justifica finalmente, en la estructura​​ infinitesimal del diario, convirtiéndolo en un artefacto para “desplegar obsesiones”. Al igual que la fotografía o el cine, el diario captura el tiempo, en este caso, a través de las palabras.​​ 

La angustia por el tiempo y su relación con el cuerpo puede apreciarse en varios textos los cuales conforman, en algunos casos, una misma sección del libro donde García Sojo reproduce y expresa —de forma casi exacta— sus inquietudes. En​​ Detox​​ (primer texto del libro) leemos:​​ “Dicen que a medida que nos hacemos viejos volvemos a los instantes más nítidos de la infancia (...) Envejecer no es alegre” luego en​​ La soga​​ afirma: “No puedo y no quiero romantizar el envejecimiento del cuerpo (...) pero todo brillo alberga pudrición”. Observamos esta fijación temática en el texto​​ Anouk Aimée,​​ con el que inicia la segunda parte del libro: “Dicen que a medida que envejecemos recordamos con mayor nitidez la infancia”.

Parece que la vida es pensada como trozos de carne que van cayendo de un cuerpo leproso, el despojo que sufrimos al transitarla, nos regresa a una soledad germinal. Desde allí la escritora sostiene que: “morir es descomponer lo único” me pregunto ¿qué es eso único? Ella responde: “Difuminar la silueta. Abandonar el límite cerrado de un cuerpo”. Esto nos revela que el problema no es el tiempo sino su velocidad, su cualidad de inasible.

​​ La duración de la vida parece compararse con la duración de una película, un​​ reel, un​​ post, con el propósito de saber hasta dónde se extiende el Yo y dónde se extingue, así dar paso al Otro porque “el tiempo cotidiano se ha espesado”.​​ 

III. La esquicia o esquizia.

Podemos apelar a este binomio repetido a lo largo de​​ Diarios de flote​​ entrela ficción y lo real, la realidad física y virtual de un “algo” que se ofrece y creo, es el propio cuerpo de la escritora en cualquiera de sus instancias: simbólico, real o imaginario. En su poema​​ Kokeshi​​ encontramos ese dilema, en este caso,​​ presentado a través del juego sonoro entre las palabras Kyoto-Tokio, dos lugares​​ distintos, dos palabras distintas y ​​ según su orden ​​ pueden convertirse la una en la otra.​​ 

Al atravesar este libro percibo como las metáforas se permutan, dejando algunas costuras visibles. Siendo estas en algunos casos producto de sueños pesadillescos, tal es el caso de​​ Delicateses: “¿Cuántas noches he soñado con la rata cayendo en la máquina de picar carne?”. Metáfora replanteada en​​ Animación: “De niña sólo quería que me quisieran. Pero un zorro sin ropa se atravesó una noche de regreso con papá. Muerto y destripado lo metió en una bolsa y nos lo hizo comer. Aplaudimos la hazaña con la boca llena”. Dichas imágenes nos proponen lo corpóreo como lenguaje.

El lenguaje de este cuerpo-libro es contradictorio, muchos de sus textos se van​​ desdiciendo en otros, muy ligado a ese verso donde César Vallejo se dice a sí mismo: “César Vallejo, te odio con ternura”. Esto lleva a García Sojo a reconocer que: “Nunca quise ser madre (...) pero quise ser madre con las entrañas, el seso y el corazón. Ahora la ternura me invade y es terrible como todo ángel”.

Es así como nos acercamos a la voz de la madre en crisis: ella sabe —“una madre no puede hacerse sola”—. La madre que ha claudicado a sí misma, reflejo de una mujer huyendo de sí, avanzando para salvarse pues ha rasgado el tiempo y se confronta con la nueva vida emergida de sus entrañas, vida que a partir de ahora debe cuidar.​​ 

La madre también sufre de pesadillas y comete crímenes en ellas, con el propósito de cuidar los sueños de niñas de verdad, nos dice: “Hay crímenes inconfesables, hay castigos inclementes, uno es fiel reflejo del otro” pienso en Sexton y su poema​​ The double image: “Y esa era la cueva del espejo,/ esa doble mujer que se observa/ a sí misma, ​​ como petrificada/ en el tiempo…” poema en el que Sexton le confiesa a su hija: “Te hice para encontrarme”. ¿Acaso esto no resuena con lo expresado por García Sojo? Leemos en​​ Descendencia: “Carne de mi carne. Hija mía, mi igual, trampa de la vida para seguir adelante”.

IV. No hay adultos, solo niños envejecidos.

El libro plantea la paradoja entre la mujer y la niña, la primera atemorizada por el mundo y los otros, la segunda, curiosa, se maravilla y quiere nombrar. Cito un fragmento de​​ Mordisco:​​ 

 

Al contemplar el bicho, mi hija de tres años, sin ninguna sombra de terror, corrió a buscar el libro de​​ Amantes de la naturaleza​​ (...) Mientras, yo seguía ahogada en grititos cobardes. Hoy vi el cuerpo indefenso del animalejo sobre un papel. Mi cuñado lo cazó (...) “al parecer vino a poner huevos” me dijo. Sentí compasión y por supuesto, repulsión. (P.72)

 

Hay un antecedente en la poesía venezolana sobre un encuentro similar, en el libro​​ Principios de contabilidad​​ de Arturo Gutiérrez Plaza encontramos el poema titulado​​ Ernesto​​ donde se cuenta la experiencia del primer encuentro que tiene su hijo con una cucaracha y de cómo este bebé interactúa con ella, lo que lleva al poeta a decir: “Simplemente interrogaba por vez primera al mundo mientras éste, acorralado y temeroso, movía sus antenas”.​​ 

Este es el asombro de los padres y madres hacia sus hijos, el temor fundamental al mundo que antaño se ofrecía como aventura y descubrimiento, pero ahora es amenazante. De esto no estamos enterados cuando somos niños.

Quizás la escritora insiste en sus diarios en crear—ahora que es madre—a la niña que quiso ser. Recordemos ese poema de José Emilio Pacheco titulado​​ Niños y adultos: “Ahora sé por larga experiencia el lugar común:/en realidad no hay adultos,/sólo niños envejecidos”.

V. Sueños, distopías o la supuesta claridad del alma.​​ 

Una parte del libro transcurre en la pandemia del covid-19, época en que el mundo y la realidad eran más parecidos a una serie o película. La autora sentencia que en ese momento fuimos espectadores “inmunes y crueles”. Idea contradictoria con el libro porque García Sojo reivindica el acto de la ternura, si bien afirma: “ver es apuntar con un arma”. Lo desdice con una mirada conmovida, la de la​​ mujer que contempla la ciudad desde el encierro pandémico y observa en su ventana a ese “árbol que se va quedando sin hojas”, que espera la muda de piel para el renacimiento. Todo esto me hace pensar en la higiene del cuerpo, ligada al despojo percibido en​​ Diarios de flote.​​ 

La asepsia pandémica nos hizo creer que “parecer limpios nos salvará”, sin embargo, estos diarios, en sus confesiones, nos anuncian esa falla: no hay una vida pulcra, no hay una estructura para los traumas, no puede ensayarse una vida sin error. En tal sentido, este es un libro profundamente humano. Tildar de “error” una escritura tan personal como lo es un diario es un despropósito, incluso si el mismo no fuese más que un pretexto para volcarse a escribir, lo que me parece muy acertado.

 Cuando leí​​ Juguetes, texto donde la autora nos habla de su biblioteca: “según el ángulo o del estado de ánimo con que se la mire, dibuja una cartografía de deseos y traumas que bien pudiera ser parte de una instalación kitsch” lo que nos plantea la importancia de la historia que envuelve a los objetos y no el objeto en sí, es decir, no se trata de pertenencias sino de disposiciones, allí se localiza el tránsito humano. Por tanto, los restos que dan forma a estos textos nos sumergen en una sucesión de incertidumbres, recortes y mutilaciones de ese negativo en el que la película de la vida es revelada.

No se debe condenar la voz al servicio de una estructura, si ella es sincera, debe tener su propia forma. García Sojo en​​ Tenampa​​ escribe: “Canto horrible, pero me encanta cantar. Los arrurruces para mis hijas son prácticas intensas y secretos desahogos”. Esto me recuerda que el propósito no es más que el propio canto, la voz tiene un destinatario, en este caso, sus hijas y los lectores, quienes atestiguamos los secretos desahogos que trazan el camino de sus pensamientos, sus juegos discursivos, donde hija y madre en un sueño han subido al páramo a comer nubes, no vaya a ser que el vértigo de la realidad les tome de sorpresa y no puedan sobrevivir sin las alas ofrecidas por el mundo de las palabras.​​ 

 

 

 

Referencias

  • Anne Sexton, A. M. B. (2024).​​ Anne Sexton Poesía completa. Editorial Lumen.

  • Leonard Cohen, A. P. E. (2009).​​ The favourite game. Edhasa.

  • Pacheco, J. E. (1999).​​ La arena errante.

  • Plaza, A. G. (2000).​​ Principios de contabilidad. Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

  • Sojo, G. G. (2025).​​ Diarios de flote. Dogma editorial.

  • Vallejo, C. (2013).​​ Poemas Humanos. Linkgua Ediciones.

 

 

 

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Giordana García Sojo.​​ es​​ Editora, poeta y gestora cultural. Estudió Letras en la Universidad de Los Andes (ULA) y Antropología Social y Derechos Culturales en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Dirigió la Editorial "El perro y la rana" del Ministerio de la Cultura. Actualmente se dedica al diseño y desarrollo de proyectos editoriales a través de Nila Ediciones. Ha publicado​​ Bajo el rezo animal​​ (Ediciones Solar, 2022) y​​ Diarios de flote​​ (Dogma editorial, 2025).

 

 

 

Zorian Ramírez Espinoza​​ es​​ licenciado en artes mención música por la Universidad Arturo Michelena. Miembro de la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas. Publicó en 2022 su trabajo de grado​​ Las escuelas de contrabajo en Venezuela, reconstrucción evolutiva 1970-2003​​ por CIDES ente adscrito a El Sistema y la plaquette​​ Memoria Derramada​​ con ediciones Petalurgia. Participa en antologías internacionales, escribe poesía, diario y crítica literaria. Cocreador del taller de escritura experimental​​ "El objeto y la memoria".​​ Es uno de los compiladores del dossier de poesía joven venezolana para la revista​​ Círculo de poesía​​ México titulado​​ “Si el río abriese los ojos: Antología de la continuidad”.

 

 

 

 

 

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