Claudia Ugarte Valencia es periodista y fotógrafa peruana, licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha participado en proyectos culturales como el Festival Internacional de Cine Lima Independiente y el Festival de Poesía de Lima, y es socia del sello editorial Toé. Su trayectoria incluye periodismo, producción audiovisual, diseño gráfico y comunicación corporativa. Actualmente, es cronista y fotógrafa de viajes, con exposiciones realizadas. Herencia de los cuerpos es su primer poemario.
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cada viaje
carga con la dialéctica
de ser un lobo en la estepa
tratando de formar algo
que al menos nos recuerde
la vida de los niños
y los juegos
creados para no sentirnos solos
solas
cada aterrizaje devuelve la lluvia
que dejé
en aquella pequeña jungla
que es la misma que me llevé
para resucitar
temblores orgásmicos
cada despedida
y su dolor
en cada célula
separada de su todo
cuando las manos se posan
en un nuevo árbol
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amaneceres sin cantos
trinos que no persiguen
el duelo sonoro
y madrugador
de los gallos
solo aullidos
si fuera un ser con alas
tampoco cantaría más
frente a esta ventana
pues sabiendo volar
hace mucho
habría marchado
detrás del verano
a buscar amaneceres
donde mi canto
fuera inevitable reemplazo de estrellas
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otra vez
la maraña de ojos
que buscan en la agonía
un destello
sin prisa
una vez más
te enredas
en un coro de humo
mientras respiras
el ruidoso escenario inmóvil
del ómnibus en movimiento
volteas…
te encuentras
con esa mirada
que se reencuentra
en tus ojos
te reconoces
en esos labios sin luz
no eres tú
pero te contemplas
allí, en medio de una
bulliciosa soledad
que se repite
con exactitud
una mañana
y la siguiente
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vientos
primitivos vientos
transitan esta noche
y la puerta cruje
con uñas cansadas
una ventana golpea
cabezas y hombros
tambores sin pausa
de guerras incógnitas
afuera el cielo se abre
y los ojos observan
otros encuentros no imaginarios
pero dentro de esta celda
los gritos de una encubren
las lágrimas de la otra
“ser hembra es cosa de machos”
sonríen burlonamente las abuelas
la mañana bosqueja siluetas apaciguadas
pero no vencidas
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una casa de barro
espera en el sueño
de infancia ser elevada
desde el centro de la tierra
hacia la profundidad del recuerdo:
ese vaivén cíclico
que me devolverá
una vez y otra
lágrimas antiguas
camino de espiral
lleno de estrellas
trazado por mi padre
con hitos de luz
para ahorrarme los extravíos
otras caricias que nunca llegaron
porque el sentimiento se ahogó
en los ojos de una niña
que había olvidado la manera de jugar
cómo se materna, abuela
cómo se enseña el cariño
cómo se acaricia el cactus sin desaires
pero otro viajero estelar
más antiguo
construyó una tela de araña
solo visible
detrás de los párpados
no para atrapar malezas
sino para salvarse
sabía del dolor
de sus ausencias
y dejó retazos de sí
en los caminos
por eso
–aún–
puedo oír sus cantos
Viaje
vuelo
ojos cansados
hembras
hitos sagrados



