Cien años de Sydia Candanedo de Zúñiga. Poesía panameña

Sydia Candanedo de Zúñiga está cumpliendo 100 años. Ganó el Premio Nacional de Cuento en el Concurso Ricardo Miró. Su libro más reciente es El sendero de los brezos (poesía, 2012).

 

 

Sydia Candanedo de Zúñiga-​​ (David, Chiriquí, República de Panamá, 11 de febrero de 1926)​​ es​​ poeta, cuentista y ensayista. Realizó estudios de posgrado en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Perú, revalidando su título de profesora de segunda enseñanza.​​ Ha publicado:​​ Una rosada estrella en la vendimia (poesía, 1969);​​ Segundo lugar del Premio Nacional de Poesía en el Concurso Ricardo Miró.;​​ El girasol caminante (poesía,​​ 1975);​​ Memorial de la casa grande (poesía, 1976);​​ Arbolino (1987);​​ Dos poemarios: Sinfonía del agua y De las pequeñas cosas (poesía, 1994);​​ Los papelillos del Dr. Escarria (cuento, 2000). Ganador del Premio Nacional de Cuento en el Concurso Ricardo Miró;​​ Única flor (poesía, 2005);​​ Las flores de mi vendimia (poesía, 2007)​​ y​​ El sendero de los brezos (poesía, 2012).

 

 

 

 

 

 

 

 

Romance del alba

 

Mi libro es un mar de luces
como los ojos del suelo
y en el agua de sus olas
se retrata el pensamiento.
Las hojas y las pestañas
del girasol marinero,
despiertan entre las páginas
numerosos los recuerdos.
Hay olas grandes y chicas
en cada gota de aliento,
cuchillos en las espumas,
gajos, en gajos muy tiernos,
pero además en mi libro
el polen sigue cubriendo
la calva de muchas piedras
a lo largo del sendero.
Así en mi redondo canto
cabalga en mis ojos lleno,
un sollozo de esperanza
orillando los anhelos.

 

 

 

 

 

 

 

Solo miro tu rostro

 

Me ofreciste la sangre que no estaba conmigo,

me brindaste lo claro del ensueño sin luna,

y estremeciste el aire en busca de la imagen

y una marina estrella llevaste a mi celda.

 

Grandezas y ternuras conquistaban la ofrenda

de triste mariposa a fruto bendecido;

hoy por doquiera vives con esperanza inerme

en alas y en horarios y en el aire sencillo.

 

Eres como el espejo de amorosos halagos

y saturas mis pasos de luces y de almíbares

cuando las ansias mueren

y el brazo se derrite.

 

Sólo así te concibo,

hijo de mi memoria,

en el lecho sin nombre de las edades viejas.

 

 

 

 

 

 

 

Liberada en mis sueños, tu sonrisa

 

Los caminos,

los infinitos caminos,

se doblan y se desdoblan

en la eterna tristura del que vive...

 

Si pudiera tomar por la cintura,

ese manojo eléctrico de penas,

esa injusticia diaria de la noche,

esa lenta tristeza del que muere;

desdoblara el camino

y lo doblara

extendiendo sus puntas arrugadas,

para brindar en el abierto espacio,

una mano,

un cántico,

un lucero.

 

 

 

 

 

 

Aquí yace mi canto

 

Iba por el sendero

de cristal y espejismo,

y ante ese torbellino,

mi vista,

mi sentir,

todo se unió.

 

Pensaba en la vida

reflejo de la nada,

y llegué hasta ti

al agua del camino;

secos mis pies,

soleados y quemantes.

 

Rompí el espejo claro

de ese húmedo sendero,

descorrí con mis manos

el celaje marchito,

y así, desvanecida,

me sumergí en la Nada.

 

 

 

 

 

 

 

Verdes serán las ramas de este cielo

 

Tronco de árbol, dulce cuerpo,

estás calando mis venas

como la lluvia en el techo.

 

Trozo de carne caliente

como la tierra asoleada,

muestra el humo,

tu esencia,

en las tardes de relámpago.

 

Te palpo con toda el alma,

mirándote por los valles,

al igual que hace la lluvia

en esa noche invernada.

 

Fuerzas extrañas me inundan

al sentirte tibiamente,

y canto porque te siento

en tus luces y en la savia;

porque me siento en tu vida

como oración sin palabras.

 

 

 

 

 

 

 

Extrañeza de un girasol

 

Cómo es que la lluvia

del cuerpo y del ojo,

no encienda entre las fértiles

manos

la fruta madura

y en gotas y espigas

ablande las almas

cargadas de encono

y soberbia?

 

¡Es lucha que nunca termina!

Tomemos la lluvia

salada del mundo

y ahoguemos en mar de castigos

los gritos, lo inmundo,

lo incruento, la guerra.

 

Es más, hagamos del ojo naciente

el ágora eterna de audiencias.

Es hora...

 

 

 

 

 

 

 

Abierta es la semilla en tu mirada

 

El agua clara brota confundida

en manantial de cantos amorosos

cuando en las redes del oleaje hermoso

en misterios de amor surge la vida.

 

Es mi lucha ferviente, dolorida,

y es mi pecho fecundo, silencioso

y en las ondas de viento rumoroso

nace clara la voz amanecida.

 

Así febril, mi espíritu inocente,

cual cerrado botón en la mañana

se convierte en clavel magnificente

 

y en retazos de alma soberana

torna rojo su verbo reluciente

en amagos de luz por la ventana.

 

 

 

 

 

 

 

 

Aquí yace mi canto

 

Iba por el sendero

de cristal y espejismo,

y ante ese torbellino,

mi vista,

mi sentir,

todo se unió.

 

Pensaba en la vida

reflejo de la nada,

y llegué hasta ti

al agua del camino;

secos mis pies,

soleados y quemantes.

 

Rompí el espejo claro

de ese húmedo sendero,

descorrí con mis manos

el celaje marchito,

y así, desvanecida,

me sumergí en la Nada.

 

 

 

 

 

 

 

Todo el año y un día

 

Mi lirio de fino encaje

va caminando en tu canto

para arrullarte en sus brazos

por tu bondad de mil tardes.

 

Hoy como siempre te adoro,

mi cielo, mi amor, mi encanto,

chispa de fuego en mi mente,

dulzura en noches de nardo.

 

Eres ensueño de lluvia

eres amor en la sangre,

rojos son todos mis frutos

que el ofrezco en navidades.

 

Amor de toda mi vida,

pascua infinita en el alma,

paz en mi tierno capullo

sabiéndote entre mis brazos.

 

 

 

 

 

 

 

Fructífera cosecha entretenida

 

El caimito

deja entre mis labios

el morado grito,

y allá en la quebrada

cuando cae su fruto,

rueda por sus aguas

como un aerolito.

 

Hojas de caimito,

flores de caimito,

leche de caimito,

pero…,

¡qué sabrosa

la pulpa y su dulce,

así son tus labios

sabor a caimito!

 

 

 

 

 

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