Poesía española: Abel Murcia

Leemos poesía española. Leemos algunos textos del poeta y traductor Abel Murcia (1961). Ha sido director del Instituto Cervantes en Varsovia, Cracovia y Moscú. Ha traducido a poetas polacos de primera línea como Wislawa Szymborska, Tadeusz Rózewicz o Ewa Lipska, entre muchos otros. Con Gerardo Beltrán y Xavier Farré, preparó Poesía a contragolpe. Antología de poesía polaca contemporánea, reunión de 61 poetas polacos contemporáneos. Uno de sus libros recientes es De ires y venires. Antología cronológica, publicado por el festival de poesía Paralelo Cero.

 

 

 

 

 

 

 


hojear un libro

buscar con la mirada 

un rastro en el papel 

un guiño en algún trazo

una señal de tinta

una huella grisácea 

que congele la vista

que capture los ojos 

y a nosotros también 

y nos obligue a recorrer el texto

buscando algún sentido

que oculto e imperceptible

agazapado al acecho

espere ese momento 

de saltarnos al cuello

 

ojear unas páginas

buscando cualquier significado

por confuso que sea 

que consiga explicarnos 

finalmente quién somos

más allá de este tiempo

 

 

 

 

 

 

 

mare nostrum

 

un día te creímos cuna de una vida

que mecían las fábulas a una y otra orilla

de los sueños

 

te hacíamos azul y blanco espuma

y pintábamos de luz

también de noche

tus imágenes en nuestras retinas

 

entre tus playas la arena recordaba

castillos de una infancia

que el tiempo había derribado

 

hoy

mediterráneamente ajenos

nos contemplamos en los ojos opacos

de los cadáveres

que tus aguas ceniza arrojan 

a la costa

 

reos desmadejados de tu paraíso roto

nos condenamos​​ 

a​​ este único​​ infierno

 

 

 

 

 

 

 

 

a miguel​​ Labordeta

dialogando con su retrospectivo existente

y a antonio pérez lasheras

que me adentró en su mundo

 

 

prospectivo inexistente

 

nosotros que nacimos

sin conocer la guerra

como tantas veces nos han dicho

 

hemos sido testigos

de más guerras que nadie

triste récord el nuestro

que no recogerá

ningún libro de masas

apenas un poema

 

las hemos compartido

en comidas y cenas

 

y si la realidad no nos bastaba

el cine acudía velozmente en su ayuda

y materializaba el horror

arrebatándole a la imaginación

todo trabajo

 

en muchas ocasiones

había que recrearse en la tragedia

qué mejor forma

que hacer de la figura de los niños

la imagen de esas guerras

 

esa niña sin nombre

arrancada a la muerte

de entre los cascotes

de la guerra de españa

los niños que nos miran

desde la puerta de entrada al holocausto

la niña vietnamita del napalm

esos niños soldados

de las guerras en áfrica

los niños reclutados

por los jemeres rojos

que juegan a matar

con muertos de verdad

los niños de las calles brasileñas

caídos en la guerra diaria de la vida

el niño kurdo que lejos de reír en una playa

yace muerto en su arena

 

hay veces que el papel

ya no lo aguanta todo

 

kim phuc

alan kurdi

quién recuerda sus nombres

convertida en monumento

de un largo anonimato

su ausencia se abre paso

en la herida del tiempo

dónde acabaron todos​​ 

quién hizo de sus vidas

poco más que únicamente una fotografía

 

cuántos muertos

nos han acompañado

en nuestras vidas

en qué lugar de nuestra memoria

yacen ahora sus cuerpos

 

nosotros que nacimos

el año en que empezó la construcción

del muro de Berlín

podemos

como tantos

de los que nos precedieron

-o llegarán después-

esbozar grandes mapas

de ese pozo sin fondo

que es nuestra condición

 

hasta aquí lo que fue

lo que ha sido

lo que hemos dado en llamar

nuestra vida sin guerras

 

 

 

 

 

 

 

 

éramos niños a la conquista de la noche 

a bordo de dos camas mecidas por las sombras 

en el único océano de una misma infancia 

 

pertrechados con más o menos ropa según 

fuera verano otoño invierno o primavera 

clavábamos la vista en nuestro único cielo 

y nos contábamos historias como los viejos

marinos hacían en los cómics de bruguera 

 

el plafón del techo permanecía grabado 

durante unos instantes al apagar la luz 

en nuestros párpados cerrados y sin más guía 

que aquella falsa estrella disfrazada de luna 

nos adentrábamos ambos en ignotos mundos 

 

pasada la tormenta náufragos de los sueños 

abrazados a la almohada la luz del día nos 

echaba a las costas de esta otra realidad 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vivimos rodeados de fronteras

nos agarran y arrojan contra el día

presos en las costuras de la noche

nos proyectan contra el cristal de la ventana

 

retenidos​​ 

en la superficie inmóvil de las aguas

a un paso​​ 

de la transparencia inasible del aire

 

 

 

 

 

 

 

 

Noviembre llega gris,

de un gris perla apagado.

Y llega silencioso.

A pesar de los gritos en las calles

de quienes como yo

entienden que la vida

es más bien otra cosa.

 

Debería, sin embargo,

decir, tal vez,

que llega mudo

y que se niega

a hablar de su transcurso.

 

Noviembre llega

y se irá como se van los meses,

después de hurgar paciente

en los días y noches

y de dejar vacíos

los cajones del tiempo.

 

Así llega noviembre,

y así se nos va yendo.

 

Y no nos queda más

que un crepitar de hojas.

 

Varsovia, noviembre de 2020

 

 

 

 

 

 

 

día(s) de muertos

 

se nos acabó la mar

¿recuerdas?​​ fue en el​​ bósforo

 

se la bebieron los tiempos

desacompasados de los sueños

los reflejos de las aguas

se despojaron de sus brillos

y vertieron el azogue de la noche

sobre los recuerdos

 

un par de días antes

en las costas de​​ antalya

-para ser más exactos

a treinta y un kilómetros al suroeste-

se dejó sentir un terremoto de 2,7

en la escala de​​ richter.

 

como en las antiguas profecías

un mochuelo abandonó

el abrazo la caricia​​ de la madera de un olivo

vistió los aires de nuevos vuelos

dibujó sus augurios

y se perdió en el occidente

 

en​​ esmirna levantan los cadáveres

de otro terremoto

mayor que el anterior

pocos días después

 

y​​ mientras tanto

en todas mis ciudades

mis fantasmas

acompañan en duelo

por las calles

al muerto que me habita

 

 

 

 

 

 

 

 

gramática interior

 

mis palabras

son la geografía

que me habita

 

el mapa en el que oculto

mentiras verdades

convencimientos certezas

preocupaciones dudas

 

mis verbos

deseos inconfesos

desbocados

 

mis sustantivos

conjuros de existencias

que juegan

a ser no ser

alternativamente

 

mis adjetivos

un intento constante

de aprehender el mundo

 

adverbios

preposiciones

pronombres

cómplices necesarios

 

tierra de nadie

mi silencio

 

 

 

 

 

 

 

• • • — — — • • •

 

unos puntos suspensivos se diría

tres rayas que los separan

de un alarido en suspenso

que llega desde el vacío

para decir que este sitio

este lugar que me forma

tiene hechuras de silencio

la humedad del desconsuelo

 

tres rayas que arrastran mudas

los mismos puntos que abren

suspendidos de la voz

esos otros que las siguen

 

poca tierra y poco mar

para ocultar un destino

que convierte en desterrado

apenas a un vagabundo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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