Sensación del hombre sublime. Ensayo de Pablo de Rokha.

Como adelanto del libro en preparación, Ensayos Reunidos, Tomo I (1920-1948) de Pablo de Rokha, edición de Héctor Hernández Montecinos, a publicarse por LOM Ediciones, leemos “Sensación del hombre sublime”. El texto fue publicado originalmente en Dionysos. Revista de Arte y Ciencia (vol.1) en diciembre de 1923.

 

 

 

 

Sensación del hombre sublime

 

 

Nacieron con la vida todos los poetas trascendentales. No tuvo edad, ni origen, ni tiempo, ni espacio el gran poeta. Como un rotundo, como un cuadrado gesto espectacular, se abre sumando la fatal ilusión de los siglos.

¿De dónde emerge?​​ 

Compendia el universo; he ahí por qué la verdad está en sus huesos errantes, aullando; también la mentira.

Tiritan las sucias hilachas de lo humano inquiriendo estos altos, tan altos enigmas; conscientes de que arde la materia en nuestra lengua, las palabras apenas son, apenas, frutos oscuros de un colosal incendio.

Anunciador de terribles cosas, vía de espanto entre el hombre y lo infinito, sensación de lo absoluto, el poeta es​​ aquel​​ en quien la sombra se define, verificado lo extraño, lo absurdo, lo eterno.

¿Qué dicen los cantos máximos,​​ qué dicen?​​ 

Todo y nada. Pero en la cósmica voz del poeta, presente y gigante,​​ todo​​ el universo deviene hacia nosotros. Y en aquella gris canción humilde están los cielos, las tierras, los sucesos, los caminos, los misterios, al alcance de la mano atónita, al alcance de la mano enorme del sedentario y el andariego por la inmensa virtud del hacedor de imágenes.

Oyendo un gran poema no exclaméis: “triste, alegre, simple, congojoso estaba el poeta...”. Decid: [“]¡ved como llora el mundo!, ¡cómo canta el mundo, ¡cómo goza el mundo!, ¡cómo se retuerce el mundo con la cabeza entre las manos![”]

Porque el poeta, sólo el poeta es el mundo, todo el mundo y el corazón del mundo.

Contradictorio es, como la tierra. Evoluciona, actúa, oscila y, sucesión de planos simultáneos, simultáneos e inmóviles, todo está y no está en su actitud. Por eso es contradictorio, por eso es contradictorio. La historia del dolor humano está haciéndose,​​ haciéndose y hecha​​ en cada gesto suyo. Por eso es contradictorio.

Venga el hombre lógico, y, si quiere inquirir el sentido del mundo en los cantos, estudie un canto como un mundo, estudie un canto como un mundo sobre el que están sucediendo las tragedias y la vida práctica.

¿Define LAS COSAS el poeta? No. Él es la definición de las cosas. ¡Apoyáos en sus canciones y estad seguros de que os apoyáis en la materia! ¡Id contentos, humildes, tranquilos, porque bien saben el ciego y el viejo por qué se apoyan en un niño doliente, y van confiados!

Borrachera de símbolos, la poesía; báquica fiesta, trágica fiesta de las adivinanzas y los instintos, balbuceo de dioses perdidos, danza de los espantos siguiendo el hilo inútil de la divinidad.

Atardeciendo, cantan los gallos borrosos del ensueño en los subterráneos del poeta y el poeta recuerda el mundo desde la nebulosa. Procede como dormido, como soñando y nadie estuvo jamás tan despierto como él. Sonámbulo de la vida profunda, anda equilibrándose, equilibrándose encima de los últimos muros, espantando los murciélagos de la tristeza con la tromba ardida de su voz.

Las tonadas del hombre y la materia corren por él, cantando, como el agua por los esteros; es como la trompeta de las cosas, la boca, la lengua de lo oscuro; despreocupado, errando, ajeno al pensamiento y a la lógica, allá en las entrañas de la sub-conciencia, él se crispa, se troncha labrando los mejores himnos, las mejores formas; sin ideas, sin sentido y matemáticas, con la​​ grandiosa matemática de lo coordinado, lo forjado en las fraguas nocturnas que van haciendo el eje de la tierra y el eje de los tiempos en todos los minutos.

Dicen los peluqueros y las prostitutas: “esto es bello, esto es feo, aquello es poesía...”. ¡Miserables! Y todos los eunucos piensan arañándose la negra cicatriz que dejó la cuchilla: “la vida está castrada”.

Cada poeta es un lenguaje, cada poeta un lenguaje. ¿Qué enorme diccionario definirá el lenguaje de todos los poetas, las lenguas amargas, las lenguas perdidas de todos los poetas? El universo.

Cada poeta es un lenguaje. Predican las viejas beatas: “sed equilibrados, serenos, ecuánimes”; así predican las viejas beatas, lavándose con fuego la barriga, Pero es muerte lo estático, es muerte y es mentira: es, además, lo lógico: conocimiento, filosofía, limitación de lo ilimitado, absurdo, verdad parcial, retórica, defensa de impotentes, ladrido de incapaces, cuerdo y manso rebuzno de humilde, agreste y melancólico borrico que pide alfalfa en verso.

La gran tonada es siempre, -oídlo-, es siempre trágica, -Job, Esquilo, Nietzsche-, es siempre incoherente, imprevista, intermitente, caótica, terrible, subterránea; con sapos, culebras, perros y leones mordiendo soles de oro, con hombres vivos y hombres muertos, con rosas dolientes, amarillas y lirios de encaje encima de los estercoleros, con los ruidosos ruidos de la vía pública y los silencios de mundo a mundo de las almas hundidas en lo permanente. La gran tonada es siempre así: anarquista, desorbitada, oscura como el universo; vive como las plantas y las bestias, integralmente; vive y sigue viviendo y continuándose cien, mil años después de muerto el​​ gran poeta, boca de Dionysos.​​ 

Entrad, entrad sumisos, entrad en la catedral maravillosa que es la apariencia, la figura arquitectónica, el fenómeno; entrad, entrad en la obra del poeta y el hálito, el ímpetu adivinatorio que va flotando allí sobre la majestad​​ del verbo, os dirá libremente, os dirá el sentido del poeta, y​​ aun​​ de EL HOMBRE.

Pero, ¡oh! amigos, tened cuidado, mucho cuidado, mucho cuidado con las cosas sagradas o malignas que os hagan guiños, muecas, gestos en la gran selva trágica; además, id desnudos, completamente desnudos; arrojad la ropa usada de los conceptos lo mismo que cuando vais a entrar en los reinos oscuros de la muerte, en las aguas ardidas de la muerte, o como cuando vinisteis al mundo.

El poeta, todo poeta, todo gran poeta nombra, distingue, mira las cosas de la misma manera que las mirara, há[ce] trescientas mil épocas, el primer hombre; todo gran poeta es el primer hombre.

Anudan los filósofos astillas de apariencias, astillas de ilusiones con los hilillos grises del conocimiento intelectual; sólo el poeta coge las cosas íntegras, porque el poeta no fabrica un gorro negro o blanco para encasquetárselo a la eternidad, porque el poeta no fabrica​​ a priori​​ pequeñas cajitas de fósforos en que ir metiendo el universo y la grandeza y la locura y la tristeza del universo, porque el poeta​​ canta​​ con símbolos y no​​ piensa​​ con conceptos, no prejuzga, acepta; y no está situado frente al universo, sobre el universo, [que] está situado en las mismas entrañas del universo.

Sólo el poeta coge las cosas íntegras.​​ 

Y ÉL, es la belleza.

 

 

 

 

 

 

Librería

También puedes leer