Poemas inéditos premiados por Fundación Argentina para la Poesía
La forma de Dios
Vos querías un hijo
como una tabla lisa;
una mano transparente, dormida
detrás de un animal sin terminar.
Un hijo para darlo a la materia
vibrante, al mugido lunar
de los equinos; mecerlo
en el lomo de un animal solo
hasta que se vuelva suave.
Para verlo acomodar su fuerza
en las metáforas silvestres,
lo querías, en la madera virgen,
para verlo buscar
en el fondo del aljibe una luz.
Vos querías un hijo sin hacer,
simple carne suspendida,
la mirada aguda
de un niño trabajándose;
un hijo, para lanzarlo a la fragua,
que exista burdo,
intermitente y construya,
ante tus ojos, su espesura.
Un padre es un mundo
Un padre es una arquitectura débil
que se mueve inocente por el mundo.
Todo en él es la tensión
de dos cuerpos sujetados
por las telas blanquísimas de Dios;
un terreno saludable es,
en el que las aves se desnudan
en las flores, y los peces
bajan ordenados
a estrellarse con las rocas.
Un padre ve nacer sus hijos
y obstinado busca:
que se hagan grandes y fuertes,
que prueben el sexo y el alcohol
que caminen impíos con la adarga en la mano
eligiendo las frutas maduras en el campo.
Eras un padre limpio, una maquinaria
construida con dolor y golpes,
pero no encontraste
la claridad en el viento
que te acercase transparente
hasta tus hijos.
Y sufriste
lo que fue necesario,
porque acaso eras un montón apenas
de arena horadando junto al agua
y la sangre los agujeros endebles.
Un padre es una arquitectura débil,
la forma simétrica de la figura
que llegada al mundo se expande
letal hacia el futuro y el pasado.
Del libro El cuerpo dormido (2025)
lo que dura la oscuridad
ingreso al mundo
con la lengua de la noche
abriendo su mano
mansa por mi espalda
no sé cuánto dura
la oscuridad en el temblor
ligero de la infancia
pero se acaba
porque sí se acaba
porque la fuerza del manto
que sostiene la noche
encuentra nada
a qué aferrarse
y aunque resista
después de todo la voluntad
es un segundo y otro
y luego el cansancio
el desmembramiento
la pesadez
yo hablé
una vez sola y dije
—mi grito será
el de un niño muerto—
y nadie dijo nada
las despedidas son una piedra que choca contra todo en el aire
como un animal
templado y suave se fue
el nonato flotando
desbocado lo arrojaron
sin gracia en la penuria
no sé cómo hizo
para estar tanto tiempo
tambaleando entre
dos mundos para caer
liviano en la planicie
de bestias hojaldradas
nadie sabe cómo
atrapado en el sonido
hizo luz y flores en su piel
pacata para orearse
todos los días la noche
hace aliento de plomo
en el corazón de los solos
porque no nació
le pedimos que vuelva
pero está clavado
en el aire condenado
a limpiar
la tierra con sus huesos
cuando los muertos irrumpen en la mente se inquietan
reposaba
en el aire de frente
a una llanura
de luz tersa y piedra
cuando cerró
los ojos el mundo
le cubrió los huesos
con un animal
repleto de vergüenza
reposado en el aire esperaba
que alguien lo busque
y lo reviva
o lo apuñale que alguien
por fin le dé su lenta
calculada redención
sin embargo
nadie lo buscaba
le pesó nada el cuerpo
no le fue difícil
comer su propio
corazón aunque temblaba
Misael Castillo nació en Tostado (Argentina 1993). Es profesor de Lengua y Literatura. Publicó los libros Robarle al cuerpo (2019), El tiempo cuando falta (2021), Germinará (2022), Como el fuego que avanza por la tierra (2023), Gorriones que anidan en las manos (2023), Niño, perfecto luminoso (2024), No hagan ruido en la orilla (2025) y El cuerpo dormido (2025).
En el año 2023 fue uno de los ganadores del premio Poesía Ya (Centro Cultural Kirchner). En el año 2026 obtuvo el 3er premio en el Concurso de Poesía inédita de la Fundación Argentina para la Poesía. Asimismo, en el año 2023 sus poemas fueron expuestos en el Museo del libro y de la Lengua.
Colabora para el suplemento Cultura de la Agencia Paco Urondo. Dirige, junto a Pilar Sanjurjo, la revista y editorial www.espíasrusos.com . Es asesor en la Editorial Tiempo de Parque.




