La naturaleza abismal en Corazón de agua
Soriana Durán nos entrega el poemario Corazón de agua, abriendo con epígrafes puntualísimos para lo que se viene: de Florentino y el diablo unos versos de recia pesadumbre por la soledad inminente; y de Mary Shelley, estas aladas palabras que quisiera copiar: “Tengo en mí un amor que apenas puedes imaginar y una ira que no podrías creer. Si no puedo satisfacer a uno, me entregaré al otro”.
Corazón de agua va de esto: una amorosa rabia por la humanidad y por el espejo que de ella se obliga ver la poeta en sí misma. La muerte, el desamor, la madre y el padre ‒y en ellos la infancia añorada cual paraíso perdido‒ son motivos recurrentes del libro. Atravesados transversalmente por la naturaleza como sustrato vital y verbal.
La voz recurre a imágenes basadas en evocaciones de animales y plantas, elaboradas con vigorosa soltura y, a la vez, con una aguda delicadeza en la eficiencia del sentido. Uno de los poemas advierte: Me he convertido en montaña / para no sentir nada que no sea / viento, lluvia, sol / para mantenerme estoica / ante la adversidad de la naturaleza humana / Me he hecho piedra / tierra / grama /pretendiendo que mis órganos / sean reemplazados por raíces varias / Porque de esa forma puedo / sepultar mi corazón / en toneladas de vida silvestre.
La naturaleza opera como una fuerza metafísica estructural, la fuerza raíz de una psique que tiende a escapar de sí, mirándose muy dentro, como la mirada de Pizarnik que pulveriza la rosa. También la naturaleza es cuerpo, una fuerza deseante que se revitaliza en la mención de tigres, cocodrilos, peces, escarabajos, caballos, cisnes, abejas, migraciones de aves, gatos salvajes, hormigas, gusanos.
Decía que la voz “tiende a escapar de sí”, y no me refiero con ello a un diagnóstico, sino a una pulsión de movimiento espiral interno que detecto en la lectura del poemario, circularmente, de principio a fin, como un canto completo, abierto y cerrado para tal fin. La poeta abre con los versos: Me prohibí escribir poemas para nadie / que no fuera yo misma / O mi madre. Más adelante nos dice: Quiero despertar de madrugada / tener ocho años / en el sierra de mi papá.
La madre y el padre son depositarios de una nostalgia que empuja hacia adelante, y quizá “adelante” no signifique más que abismo y tristeza. Lo sabe y dice bien la voz poética, pero tiene fuertes fundamentos, una infancia resguardada a pesar de silencios y oquedades que deja entrever. El tiempo es en suma la palanca de tal movimiento. En otro poema reza: Y se va noviembre / Y me quedo sola / Y se oculta el sol / Y se moja la acera / Y se ensucia mi abrigo / Y se me queda la tarjeta / Y no atiendo las llamadas / Y se acaba el año / Otro año / Otra ilusión de vida / Otra muerte postergada / Otra forma de autoengaño.
La alusión directa del tiempo: “noviembre” y su marcaje de la cercanía del fin y la renovación necesaria y obligante, nos retrotrae a T.S. Eliot en un verso de su famoso poema La tierra baldía : “Abril es el mes más cruel”. Eliot, como Durán, increpa del tiempo el movimiento imparable del deceso y el crecimiento, allí la imagen de Natura, la naturaleza como la gran contenedora performática de este empuje temporal de cesantías y nuevos comienzos.
En Corazón de agua se palpa esta angustia existencial, pero el trabajo verbal que lo logra conjuga la imagen metafórica y el uso de símbolos con una cadencia cuasi narrativa. Y es que nuestra autora también es narradora y cronista, y esto, si bien puede revelar engranajes de su forma escritural, no resta fuerza poética a sus versos, al contrario, suma giros e incluso asideros claros para la lectura.
Corazón de agua es un libro que asume la herida como forma de conocimiento. La infancia, la naturaleza y el tiempo funcionan como tensión constante entre memoria y pérdida. Soriana Durán construye una voz honesta, consciente de su propia fragilidad, capaz de convertir la rabia en materia poética y el desarraigo en raíz. El resultado es un poemario sólido que confirma su presencia en el panorama actual de la poesía venezolana.
Selección poética de Corazón de agua
Me prohibí escribir poemas para nadie
que no fuera yo misma
O mi madre
La experiencia me ha mostrado que
mis palabras son
lo más simple y a la vez
lo más caro que poseo
son pedazos de mí
que no debería dar
porque me deshago de a montones
a cambio de vergüenza eterna
Lo material ha de desaparecer
en algún instante
como los cuerpos de la gente cuando se muere
y todo aquello que tenga
fecha de vencimiento,
y si pudiera daría
muchas cosas
todas las cosas
todos los caprichos
de la gente que me importa
pero son solo mis palabras
las que duelen y quiebran
cuando se las doy a alguien más
que no sea yo
Puedo soportar que se me arrebate
lo que se halle en mis posesiones
Pero que te lleves
lo que escribí
aunque yo te lo haya dado
me atormentará hasta la muerte
Dejaría de mirarte si eso significara
el fin de tus libertades
No estaría más
si mi presencia mutara
a una sombra penosa
Animal enfermo que debe sacrificarse
antes de que se extienda la rabia
No puedo explicar el origen de la devoción
que te tengo
porque no encuentro explicación a nada en este mundo
Si la hallara no te la diría
Esta solo pertenece
a las versiones fallecidas de mi querer
Espero mates esta versión también
Quiero partir limpia
hacia el primer amor que se me atraviese
o bien
exterminar lo último que queda
de mi corazón de agua
Una mujer no puede con
tanta rabia
Tiene que sacarla
de alguna manera
Corre y llora con rabia
piensa con rabia
Es una mujer violenta
más peligrosa
que la noche
Soriana Durán (Puerto La Cruz, Venezuela, 1998). Escritora, actriz y docente en UNEARTE, periodista en la revista La Inventadera. Su obra, que abarca narrativa, poesía y crónica, ha sido premiada en concursos como el de Literatura Juvenil Erótica (El Perro y la Rana, 2021) y Dando voz a las historias silenciadas (2024). Su poesía figura en antologías como la 8va. edición del Concurso Nacional de poesía Joven Rafael Cadenas, antología de poesía Diversa y el dossier de poesía joven venezolana Si el río abriese los ojos: Antología de la continuidad, publicado en la revista mexicana Círculo de Poesía y la muestra de literatura venezolana La casa necesita ambas manos de la revista Tierra Adentro.
Corazón de agua publicado en la colección de poesía El alba ya no pudo negarme de la Fundación Editorial Tuqueque es su primer libro.
Giordana García Sojo. Editora, poeta y gestora cultural. Estudió Letras en la Universidad de Los Andes (ULA) y Antropología Social y Derechos Culturales en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Dirigió la Editorial "El perro y la rana" del Ministerio de la Cultura. Actualmente se dedica al diseño y desarrollo de proyectos editoriales a través de Nila Ediciones. Ha publicado los poemarios Bajo el rezo animal (Ediciones Solar, 2022), Diarios de flote (Dogma editorial, 2025) y Dinero y otros problemas (La Chifurnia, 2025).




