Nota preliminar
Este poema titulado Cristal y fechado en 2023, fue un poema que Ariel Miller me compartió vía WhatsApp. Nuestra amistad la convocó la poesía. Me atreví a hacer un ejercicio de traducción de Forough Farrokhzad. Alí Calderón me conectó con él –con ese entusiasmo con el que Alí suele juntar a la gente para hacer cosas–. íbamos a traducir a dos manos, una escuela para mí.
La cantidad de idiomas y conocimiento de Ariel era sorprendente en alguien de su edad. Entre mis desvelos y los juegos de horarios entre Caracas y Berlín, se estableció un diálogo para compartir lecturas en diferentes idiomas, compartir nuestros inéditos, recomendarnos autores. Se quedan tantos proyectos en puerta, varias cosas que ya habíamos conversado.
Al día de hoy desconozco si este poema sea inédito. En una de nuestras últimas pláticas, hablamos del libro que estaba editando, Estancias psiquiátricas. Cristal rondaba en el universo de ese poemario. Sé que le gustaba mucho la portada de su libro –me envió la maqueta–, estaba encantado con la ilustración de lobos acechando una presa, haciendo alegoría a los terrores de la mente. Qué ganas de haber recibido tu libro, como habíamos quedado.
Mis condolencias a sus seres más cercanos.
Zorian Ramírez Espinoza
Cristal
(abril, 2023)
Como una carrera que no lleva a ningún sitio;
como una carrera, cuya meta se cruza con los pies atados a la noche y las venas enardecidas por el piquete de un mínimo clavo:
anochece, y al abrir los ojos: la noche aún no ha comenzado,
el día fluye por el corazón, vencido como sangre que se vuelve polvo,
la tos le sigue con la vibración de los sentidos:
los calambres claustrofóbicos fracturan los huesos contra la pared,
el sabor a plomo en la garganta: aumenta.
Las treinta mil punzadas en los tímpanos se dan abasto
en tanto que los ojos, temblando, andan a la caza del misterio detrás del suicidio:
más no importa: te arremete con estupor ante la cama:
hoy no dormirás; mañana, como ayer,
tampoco: jamás dormirás:
cansado con la furia de un titán invisible
que se masturba quince veces al día sin saber por qué,
se imagina incontables hombres sin rostro desbastando al amor de su vida
y exclama, mudo, estático: –¡Sigan! ¡Sigan!
Y, ya cansado grita,
mas no lo suficiente como para cobijarse y hundirse un poco más en su desdén: naufragar en el tramo entre la jeringa y el lavabo:
el espacio es minúsculo y siempre habrá una vena más
para agasajar con una lujuria tan vista que ha perdido su filo,
bautizada desde el comienzo con la mugre de quien reconoce su fracaso:
¡hete aquí, erección crepuscular: la mierda de tus dioses!
Pero al final:
al final de la carrera,
en aquel final:
allí lo habrás perdido todo.
No podrás aceptarlo jamás.
Sí, eres tú, el hombre que se antepuso al sol
y le brindó una sombra al sauce
con las cortinas cerradas:
–noche equivalente–:
viendo todos los reflejos de tus ojos
en el espejo de la diosa de la noche:
–fiera que rompiste–:
Encontraste la daga
y golpeaste al hijo de Venus
con una manopla de oro rosa
tras haberse presentado ante tus ojos con la imposibilidad de seguir trepando el suelo
o seguir amando lo que representa un cadáver intransigente:
un hombre al borde del precipicio, al borde de haber cometido
un homicidio impersonal frente a su propio reflejo:
seguirás recorriendo tu camino desde la cama
hasta la puerta de salida
cuando te asomes al interior de tus ojos y veas el espejo:
llegarás al destino: al destino gris:
al silencioso destino gris
del cual tu padre te contó:
¿Qué esperas?
¿Qué hay más allá de la almohada?
¿Qué yace más allá de tu propio desprecio?
¿Es acaso el Juicio, las miradas petrificadas
o el desgaste más virginal?
El lodo se cuaja al son de tus pies, arqueados sobre tus propios hombros:
tan solo así,
cuando ya no importa si el sendero es breve o largo,
cuando se extiende
sobre TODO
como un horizonte vertical,
que dormita antes que tus pupilas al despertar al lado de tus restos,
con los pies de antes, con las huellas de antes:
en el tiempo en que recordaste besar el suelo antes de pretender
ir a la cama o suicidarte por quinta vez en un año
tras haber abierto los ojos, tras haberte preguntado
si acaso te restaban pasos para llegar hasta la cama,
y respondiste que
sí.
El final llegó como llegó la intimidad de la araña
en la esquina de la habitación:
besaste tu reflejo y supiste que la culpa algo había entrañado
en aquel instante:
deseos demasiado recalcitrantes,
mas
tú
sigue haciendo lo que haces,
lo haces muy, muy bien,
que no te turbe haber
caído.
Ariel Miller (1994-2026) fue un poeta y traductor mexicano. Tradujo poesía del persa, árabe, inglés, portugués, sánscrito, hebreo, kurdo, alemán, italiano y polaco para revistas como Opción, Círculo de Poesía y Elipsis. Entre sus trabajos más destacados se encuentra la traducción de la poesía reunida del autor iraní Sohrab Sepehrí, publicada bajo el título Los ocho libros: poesía reunida (2021). Asimismo, es autor del poema en prosa El sitio de la autoconstitución del Yo en el monte Qaf de la lengua, o la pérdida de Abu Hamid ibn Abu Bakr Ibrahim en el Mar del Perfumero, incluido en Atlas de ciudades invisibles (2025), publicado por la Editorial Heredad.
Estancias psiquiátricas, publicado por la Editorial Heredad, este año 2026 constituye su último libro publicado.



