ATRAVESAR UNA GOTA CON UNA AGUJA:
CORPORALIDAD Y POESÍA. ENTREVISTA A IRIA FARIÑAS
Iria Fariñas (Madrid, 1996) es escritora y artista performativa. Ha publicado los poemarios La nieve brota en cautiverio (Valparaíso, 2024), Ruido de cicatriz (inLimbo, 2022) y Atravesar una gota con una aguja (2025), así como el libro de relatos Ahí donde el riesgo late (Piedras Azules, 2025). Además, ha obtenido el Premio Incendiario de Poesía (2022), el Premio de Literatura Breve Villa de Mislata (2023) y el Premio Energheia de relato (2024). Hoy conversamos con la autora a propósito de Atravesar una gota con una aguja, libro que se adentra en la fragilidad del cuerpo, con un lirismo conscientemente punzante que desafía nuestra forma de leer poesía.
¿Cuál fue el origen de Atravesar una gota con una aguja? ¿Cómo experimentaste su proceso creativo?
Los primeros poemas de Atravesar una gota con una aguja aparecieron a finales de 2019 y el resto surgió durante el confinamiento. Casi nunca escribo desde una idea predeterminada, sino que escribo y después, al revisar, entiendo o creo entender de qué estaba hablando. Fue un proceso, por un lado, gozoso, ya que la escritura fluida y constante siempre me resulta un acto satisfactorio. Escribo, en primer lugar, porque me gusta, porque me divierte. Por otro lado, fue un proceso intenso en el que di forma a los efectos de una serie de sucesos traumáticos del pasado. Escribo, también, porque la vida cobra más sentido. O, como dice Chantal Maillard: escribo para que el agua envenenada pueda beberse.
En el prólogo que preside el libro escribe Carla Nyman: “Atravesar una gota con una aguja no es solo una precisión imposible, sino también la imagen de quien escribe poesía: quien intenta detener la huida de lo fugaz, encontrar un cuerpo en lo informe”. ¿Es tu poesía un territorio de fragilidad y quimera de lo imposible?
Me interesan especialmente las poéticas del extrañamiento, de lo oscuro, de lo difuso. Aquellas que comprenden el conocimiento como un misterio. Y, en cuanto nos adentramos en esos territorios, todo se pone en duda. Es, desde luego, una exposición a la fragilidad propia y ajena. Como mínimo, un tambaleo. Creo que solo desde esa suerte de temblor se puede rozar la imposibilidad del mundo que creamos y que, una vez ahí, lo imposible despliega sus múltiples cualidades imaginativas.
Tu poesía se ha asimilado con el cuerpo; las letras con los huesos; la piel con el sonido. ¿Por qué esta corporalidad y fiebre casi somática en tu obra?
Me cuesta mucho pensar sin el cuerpo. Para mí, razón y sensibilidad son indisolubles. Un hilo mental que parta del mismo concepto en la misma persona variará en función de sus condiciones, dolores, tensiones, temperatura, relación con el entorno, necesidades fisiológicas. No habito este cuerpo, sino que soy este cuerpo. Por tanto, mi escritura a menudo está atravesada por lo sensitivo. Además, por el tema del que habla este libro en concreto, la conciencia corporal y las reacciones físicas eran centrales.
Además de poeta eres artista performativa, siempre atenta a la ebullición de formas artísticas que desafían nuevas formas de mirar, que son audaces y rompen moldes. ¿Cómo se retroalimentan estas facetas en tu creación?
Aunque me nutro siempre del lenguaje y el lenguaje sostiene casi todo lo que hago (tenga más o menos protagonismo en la pieza), considero que las diferentes disciplinas artísticas ofrecen horizontes de posibilidad distintos, dando margen a explorar las mismas realidades con la mirada transformada por las reglas propias a la disciplina en sí. Así que, cuando decido tirar de un hilo y hacerlo en forma de poema escrito o de planteamiento escénico o de performance o de instalación, ese mismo hilo me llevará a lugares nuevos en cada ocasión. Diría que es una apuesta continua por el asombro. Cambio de medio para seguir planteándome las mismas preguntas y no conformarme con la respuesta.
El libro se estructura en cuatro grandes secciones: “convulsión”, “oscuridad”, “estallido” y “onda expansiva”. ¿Cómo ordenaste los poemas y por qué elegiste esta estructura cuatripartita?
Durante varios años, este libro tuvo un orden que no es el actual. Aquella estructura también era cuatripartita, pero los poemas estaban distribuidos bajo otros criterios. Cuando, tras mucho tiempo con el manuscrito enterrado en una carpeta del ordenador, volví a leerlo con la idea de, quizá, presentarlo a la convocatoria de Urdimbre, vi una clara necesidad de reorganización. No sabría explicar cuál fue la lógica exacta, sino que el orden apareció como quien recuerda una melodía que había olvidado. Y, de esa misma forma, aparecieron las partes: “convulsión”, “oscuridad”, “estallido” y “onda expansiva” responden a esos puntos de quiebre en los que una vida cambia de golpe.
El libro cuestiona los límites del lenguaje poético por la vía de una experimentación lírica casi subversiva, sin signos de puntuación y con juegos en la disposición gráfica. Si bien son técnicas que ya se utilizaron en las vanguardias, ¿de qué manera actualizas estos procedimientos estéticos? ¿Qué importancia confieres a la forma del poema en tu obra?
Aquí existen varias cuestiones. Primero, que para hablar de la fragmentación de la memoria y de la experiencia corporal, el texto pedía fragmentarse a su vez. Segundo, que llevaba tiempo amagando con una utilización del espaciado que no fuera exclusivamente funcional de la versificación y fue en este libro donde por fin lo logré. Tercero, que un uso más visual del texto proporcionaba unas posibilidades corporales (de recitado, de movimiento, de digestión de la palabra) que deseaba explorar. En cuanto a los signos de puntuación, me sentía más cómoda con la ambigüedad ofrecida por su ausencia. Con respecto a la forma, es algo que siempre importa en mi trabajo y los trabajos ajenos que más me fascinan. La estructura, los sistemas de ordenación, las elipsis y todas las decisiones estéticas y conceptuales son caras del lenguaje que aportan significado al propio texto.
Escribes de mujer (como nacemos de mujer, glosando a Adrienne Rich), ¿qué importancia tiene esta perspectiva feminista o de género en tu obra?
Al igual que no puedo pensar sin cuerpo, no puedo escribir sin ser mujer. Mis palabras están atravesadas por mis circunstancias, entre las que se encuentra mi género. Pero es que además mis palabras crecen con las palabras de mis amigas y las de las escritoras, artistas y pensadoras a las que admiro. Y ellas, a su vez, están también atravesadas por sus circunstancias, incluida la de ser mujer. Nuestro género y toda su problemática teje redes entre nosotras y fertiliza nuestras ideas. Soy quien soy por las mujeres que me tendieron una mano (física o metafísica) en alguna ocasión.
¿Qué artistas y, en particular, poetas han influido más en tu tarea creativa y artística? ¿Se nota la voz de estos maestros literarios en tu poesía?
Chantal Maillard, Alejandra Pizarnik, Blanca Varela, Anne Carson, Berta García Faet y César Vallejo me impresionaron muchísimo tanto cuando les leí por primera vez como a lo largo de las siguientes lecturas que hice de sus textos. Creo que siempre se notan las voces que nos impulsan a escribir y/o a que nuestra escritura mute. La escritura es siempre un palimpsesto.
Eres una creadora inquieta y artista polifacética. ¿En qué proyecto estás trabajando ahora?
Ahora estoy trabajando en una instalación en torno a las casas que hemos habitado como espacios fantasmales que nos acompañan y en una novela sobre la búsqueda del hogar (sea lo que sea que signifique eso) en las grandes ciudades.
Si solo pudieras salvar dos poemas de Atravesar una gota con una aguja (al estilo del escrutinio de la biblioteca en el Quijote o de Fahrenheit 451, ¿cuáles elegirías y por qué?
Creo que salvaría el primer poema (que fue el primero en escribirse y siempre se ha mantenido en la primera página a lo largo de las diferentes configuraciones del libro), “reducción”, porque concentra la esencia del poemario entero y “naranja dulce en el pecho” porque la expande.
***
Dos poemas de Atravesar una gota con una aguja
reducción
elaborar la pequeñez
es una gran tarea:
en contra
acciones diminutas
costillas codos cervicales
a favor
de plegarse de vuelta
hacia el vientre
para ser crujido
pauso el contratiempo
–desaparecer es un acto
de intimidad–
sin espacio ni relojes
si me pliego y me pliego
y me transformo
en el perfil de un hilo
¿aún quedará
el nudo?
naranja dulce en el pecho
me asomo
a los bronquios florecidos de azahar
en un terreno de hielo
¿dónde hay tierra
y dónde vacío?
mejor refugiarme
en mi bosque de leña y naranjas
en su arroyo
y sus riscos
sus senderos apretados
en este nido donde aún puedo murmurar
sin abrir las grietas
bronquios de azahar
introducíos
por esta carretera peligrosa de mi pecho
hacedlo hogar
filtrad luz
mirando al cielo
clavadme astillas
dadme un motivo
para defender el amor
o para inventarlo
al menos
dejad que la fruta
se congele a quince grados
bajo cero
y que yo no me mantenga en la temperatura
donde nada
sucede
donde hasta la muerte
se ralentiza
***
Iria Fariñas (España, 1996) es escritora y artista. Su trabajo indaga en la espera como territorio fértil de acción y en los usos contemporáneos de lo profético, elementos que aplica a temas contenidos dentro de diferentes violencias estructurales. Publica poemarios y libros de relatos, siendo sus últimos títulos “Ahí donde el riesgo late” (ed. Piezas Azules) y “Atravesar una gota con una aguja” (ed. Urdimbre). Otras de sus publicaciones son “La nieve brota en cautiverio” (ed. Valparaíso), “Ruido de cicatriz” (ed. InLimbo) y “Gritar en voz baja” (ed. Entre Ríos). Sus textos también han sido publicados en revistas literarias como Quimera, La gran belleza, Caracol nocturno, Zéjel, Casapaís, Zenda y Ulrica. Ha colaborado con Poscultura, Altavoz Cultural y Contrapunto escribiendo artículos y reseñas. Lleva a cabo las piezas escénicas “gota espejo bisagra” (ganadora de la beca de creación de Alacant a escena en 2023 y seleccionada en los premios WeNow en 2024) y “Reglas para diferenciar un poema del agua” en festivales y ciclos. Figuró en Vudú (3318) Blixen de Angélica Liddell en Condeduque (2024). Ganó el Premio Energheia España con el relato “Nido de aviones” (2024), el Premio de Literatura Breve Vila de Mislata con la plaquette “Formas de quedarse en el borde” (2023) y el Premio Incendiario de Poesía con el poemario “Quién extrajo el hueso” (2022). Ha sido finalista en el LOEWE joven, el Irreconciliables, el Valparaíso, el IASA de microrrelato y el Marpoética. Ha participado en festivales como el Internacional de Poesía de Bucarest (2025), el Eñe (2024), el Vociferio (2025 y 2023), el Marpoética (2024), el Internacional Energehia de Matera (2024 y 2023), el de Poesía Joven de Alcalá (2023), el Alto Palencia Lit Fest (2024) y la Mesa redonda de Poesía Joven y Otras Literaturas (2024). Coordinó el ciclo de lecturas poéticas La sed durante cuatro años, así como la programación del espacio cultural Aracataca de 2022 hasta 2024. Actualmente cursa el cuarto año del grado en Filosofía por la UNED, así como el Curso Fundamental de Oficios Artísticos de la Escuela Sur (CBA de Madrid).
***
Otras entrevistas de Carmen María López
Una conversación con Arturo de Vicente



