Las Desposeídas
(Selección)
de Marcelo Gobbo
VI
Alguien nos dijo: el futuro es
un lanzallamas
que apunta al pasado y
lo devora.
Pero el hoy nos mastica inapetente y
tiritamos
de pena.
Alguien nos dijo también
que hacíamos bien en callar
y encallamos en este páramo
donde nadie nos llama
salvo el espejo.
XVII
No se oye
más
que el silencio:
es el anuncio, el preámbulo,
y en breve todo habrá de sumirse
en su pasmosa y blanca monotonía.
¿Quién no ha vivido así
toda una vida
sobre el diario quehacer,
la mente muda
y el helado deseo?
XXVII
La última luz se inmola en nuestros párpados.
No recordamos ya, ni suponemos
que también perdimos el pasado
porque tal vez
nunca
lo tuvimos.
A veces basta con poseer
la falta
y así vivir
en calma con aquello
que vamos a extraviar.
XXXIX
La noche, sí, es un cuerpo,
un cuerpo negro
que nunca brilla
excepto cuando sangra.
LVII
Bastarían palabras
para alentarnos
a soñar,
eso dicen que dicen
quienes hablan
los sonidos que vuelan:
flotan sobre el sentido
de sus sentidos
hasta hacerse una cosa inasible
que puede rozarse con la lengua.
CANCIÓN PARA UN FINAL
Para que entre la luz, para que brille
el mundo en las pupilas, para que arda
la voz al mediodía, para que oiga
la tierra este latir y broten flores
con aroma a nosotras, para que algo
del sueño o del recuerdo nos abrace,
nos enjugue los llantos, los aullidos,
los golpes, los abusos, las lejanías,
las llagas, los tormentos, las quebraduras,
para que sobre todas y cada una
llueva el sol y nos nutra y acaricie
las risas y los goces y las lágrimas,
para que no nos calle ni una sombra
y aun entre penumbras nos recitemos
sin miedo y sin vergüenza, con regocijo,
para que de los restos de tanto olvido
rescatemos memorias y las palabras
reverberen tañidas por la alegría,
cantemos en el viento y en el agua,
cantemos en el fuego y en la tierra,
poseídas de amor e iluminadas
por la vida que afina nuestras lenguas.
De Luces:
Aún irradia la noche, incandescente.
* * *
Cedo a la fluorescencia de su deseo.
* * *
El sol palpita sobre un titilar de hojas muertas.
Marcelo Gobbo nació en 1966 en Buenos Aires. Es escritor y realizador audiovisual. Ha publicado: Contra la fatiga del arte. Notas sobre cine, literatura y otras yerbas (Ediciones de La Grieta, 2012), Barbarie y civilización (cuentos y relatos, Ediciones El Camarote, 2012), El humo de la noche (poesía, ilustrado por Viviana Errecalde, La Grieta, 2013), Olvido la marcha que tiene música (poesía, en colaboración, La Grieta, 2014), Mini (microficción y poesía en prosa, Vela al viento Ediciones, 2015 y segunda edición 2016), El repliegue (poesía, El suri porfiado, 2015) y Comoe (poesía, en colaboración, La Grieta, 2015). Otros textos de su autoría figuran en antologías de distintas partes del mundo. Obtuvo una veintena de distinciones, siendo la más reciente el Premio Único de la Rama Cuento en los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango 2015 por La última nevada. Vive en San Martín de los Andes, Neuquén, desde 2004.



