Poesía mexicana: Diego Montoya

Leemos poesía mexicana actual; leemos una muestra poética del autor mexicano Diego Montoya.

 

 

ATARDECER EN YAUTEPEC

 

Es rosáceo el resplandor que cubre los tinacos de las casas.​​ 

Su brillo sobre los cuerpos de polietileno lisos​​ 

es el mismo el que endiosa a las focas y lubinos en Finisterre:

es el mismo el que dora a las orcas en la Tierra del Fuego.​​ 

Es el sol y el agua lo que está detrás​​ 

y casi nunca no lo percibimos​​ 

no les hablamos hasta que, un día ,​​ 

después de la comida,​​ 

al dar un paseo, por ejemplo, a las cinco de la tarde

se nos presentan

con su dimensión hemisférica​​ 

con su peso de eras​​ 

que es apenas una palma volátil​​ 

una presencia​​ muda​​ sobre estas casas

que se dispersa​​ al dar​​ unos cuantos pasos.

 

 

ORIGEN

 

Se parece a nosotros

incluso a​​ nuestra raza,​​ 

nos dicen. 

Tiene mis apellidos y casi mi nombre  

pero su inesperado grito

(punta plateada, 

rayo que se clava en el oído 

y abre la noche en dos 

y lo hace día),

su indiferencia cuando lo llamamos, 

nos recuerda su origen 

su filiación con el lobo 

que nosotros ya hemos olvidado. 

 

 

 

AVISTAMIENTO A LA CUNA

 

Desde tu abismo de talco y almohadas

desde tu reciente noche

de piedra o mascota

mueves tus lentos astros

observas los rostros fijos​​ 

en tu aleación de sangre en las mejillas

sin comprender las reglas​​ 

que establecen nuestros encuentros.

 

Silenciosa masa con nombre santo

casi cielo

desde tu condición breve,

desde tu vuelo desprotegido

haces de pies y brazos, casa nido y árbol.

 

Desde tu naturaleza de talismán encobijado

los adultos al fin se encuentran.​​ 

 

 

 

DESCONOCIDOS

 

Replegado en tu sueño libélula

sumido en caldos primigenios 

en el reverso de las distinciones 

vecino de la muerte

te hablo: no me conoces

ignoras esta sombra recurrente

que cruza por tu mundo de sombras.

 

Sin conocernos me sostienes: 

nos arrojamos juntos a la mañana

entre balbuceos y llantos que deslavan 

los tenues ramajes de lo que conocemos.

 

 

 

AVISTAMIENTO AL CUARTO

 

Pero entro y el cuarto es una cueva:

la savia duerme compartida

en la afinidad del pelaje. 

 

Somos adormecida raza que da al cultivo​​ 

y​​ hiende el pedernal en la carne blanda. 

 

No lo sospechamos pero​​ 

este amor es el filo y es hambre que reposa.​​ 

 

 

 

CUADERNO

 

Gramáticas perdidas 

cenizas de grafismo

sus viejos dibujos. 

 

 

 

DESEO A LA LUZ DE LA LÁMPARA

 

A la luz de la lámpara maltrecha 

sustituto del fuego 

de la antorcha, del conjuro 

sumido en el fragor de la tambora 

y el estallido de botellas de cerveza,  

sobre banquetas mancilladas, 

Solo pido un deseo: las​​ áureas​​ esquirlas  

de alguna poesía superviviente. 

 

 

 

ESPERAN UNA CLASE

 

El​​ cabello es negro e hirsuto 

indomeñable verano 

floraciones negras. 

No conocen aun la arrasadora 

civilización del peine 

las demandas invernales de la Gran Empresa:​​ 

la derrota que nos​​ aguarda,

irrebatiblemente, 

afuera de las murallas del campus. 

 

 

 

PLATICO CON VIEJA AMIGA EN EL BAR

 

Y decías que el sol​​ 

y el cráter te regalaron un efebo,

un albañil ñero.

Hablabas de amoríos de concreto armado

de traiciones con señoritas de la limpieza

donde cruzan cucarachas el piso pegajoso.

 

Y te digo: amiga, arquitecta poliamorosa

la de piernas de soledad, la marginada de los veinte,

la que carga con las culpas, 

la de acendrada costumbre de arena y bebida

que nunca entendemos

que nunca llegamos a ser otros:

 

Corremos, amiga de callejones y hierba, 

peor suerte que ellas, las que no construyen edificios​​ 

las que andan por sus tuberías y nos cercan cada noche,​​ 

cuando sinceramos deseos o traiciones.

 

Caen dinamitadas las metas 

y en silencio, somos lo mismo,

una caída donde nos suavizamos, 

una lenta demolición donde el orgullo se deslava. 

 

 

 

OFICIO DE MADRE, OFICIO DE PADRE

 

Si preguntan, digo

oficio de Madre, profesora, 

oficio de padre, desconocido 

 

Y, sin embargo, también pienso: 

Madre, una casa 

padre, desbandada sobre la alfombra​​ ríspida del pasto.

 

Madre: grito a metros de distancia 

voz que se abría entre los vapores​​ 

y el trastabilleo de​​ la vajilla.

 

padre: silencio, sombra en el sillón 

más inasible que los haces de luz

que cubrían la sala por la noche. 

 

Madre: una mirada llena 

padre: algún lugar donde nunca estábamos

 

Y, sin embargo, también pienso:​​ 

¿Qué continente era ese, qué nombres de ciudades 

eran esos muros grises, las carreteras sin tierra 

ni pasto, ni pinos? 

 

Madre: florecían macetas

cinco buganvilias nos cubrieron de la lluvia

padre: manos que no sabían de jardines 

grava en medio de la casa que se desvaneció en el aire. 

 

Mi madre, nuestro jardín, 

padre: las manos que quisieron destruirlo 

y no pudieron. 

 

Sin embargo,​​ si preguntan, digo:​​ 

oficio de Madre, profesora, 

oficio de padre, Desconocido

 

 

 

Diego Montoya​​ (Ciudad de México, 1991). Cursó la maestría en Historia del Arte en la​​ UNAM​​ y el Diplomado en Escritura Creativa en el​​ INBA.​​ Escribe poesía y ensayo. Su obra ha sido publicada en revistas como ImágenesRed BawiCuerpescritura y Punto de partida, donde recibió una mención por su trabajo poético en su concurso anual.​​ Se ha desempeñado como curador en el Centro Cultural Tlatelolco y como docente de Historia del Arte.​​ A principios de 2026, fue seleccionado para participar en la residencia internacional Under The Volcano. Actualmente prepara su primer poemario.​​ 

 

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