Entrevista / Carlos López Degregori
Carlos López Degregori nació en Lima, en 1952. Ha publicado once libros de poesía entre los que se cuentan Las conversiones (1983), Cielo forzado (1988), El amor rudimentario (1991), Aquí descansa nadie (1998), Retratos de un caído resplandor (2002) Una mesa en la espesura del bosque (2010) y La espalda es frontera (2016). Sus poemarios son los capítulos de un único libro titulado Lejos de todas partes 1978 – 2018 que ha escrito a lo largo de cuarenta años y que fue publicado a finales del 2018. Campo de estacas (2014), Herida de mi herida (2015) y 99 púas (2017) son tres antologías de su obra editadas en Colombia, Chile y España respectivamente. El 2019 apareció A mano umbría, un volumen de límites borrosos que reúne memoria, testimonios, poemas en prosa, componentes de ficción, ensayos, y que puede leerse como la contraparte de Lejos de todas partes. Ha participado en numerosos encuentros y festivales de poesía. Sus poemas figuran en numerosas antologías peruanas y latinoamericanas. También ha publicado ensayos.
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1. La enfermedad parece desplazarse de una experiencia biográfica concreta hacia una categoría poética y epistemológica asociada a la alteridad, el misterio y lo indecible. ¿Cómo ha influido esa convivencia temprana con la enfermedad en la construcción de una poética que, más que representar el mundo, parece orientarse hacia aquello que permanece oculto o situado más allá de los límites del conocimiento?
Las primeras experiencias son decisivas. Yo viví entre los 4 y los 14 años al lado de hospitales, no como un enfermo, sino como testigo. De 1956 a 1958 nos fuimos a vivir con mi familia a una casa al lado del Sanatorio Infantil de Collique, pues mi padre era el médico encargado. En esa época Collique era una zona agrícola, casi bucólica, en las afueras de Lima. Yo jugaba con mis hermanos en los jardines y zonas cercanas al sanatorio al que tenía prohibido ingresar. Era un espacio de luz y verdor que rodeaba el recinto que albergaba a los niños enfermos de tuberculosis. En el año 59 me trasladé a otra casa en Arequipa al lado del Hospital General, pues mi padre era el director. La enfermedad y la salud fueron dos fuerzas contrarias en mi experiencia, casi dos universos separados por un muro. Es cierta esa alteridad a la que te refieres y especialmente la existencia de una zona prohibida. La enfermedad es desorden, oscuridad, entropía que yo presentía al otro lado sin conocerla directamente, algo oculto y nebuloso, casi un tabú. Esa es una de las fuerzas que ha marcado la escritura, especialmente en ciertos libros como Cielo forzado o Variaciones Victoria. Pero creo que la enfermedad y lo mórbido no puede generalizarse para todos mis textos.
Hay otra imagen que me parece más certera y abrazadora. Es el collage que abre La espalda es frontera y que para mí es una poética. La imagen muestra la perspectiva interior de una habitación con la puerta abierta al punto de fuga que es el infinito. En la habitación hay un personaje desnudo que se muestra de espaldas y que lleva una piedra, es Sísifo. Él se dirige a la puerta, trata de llegar a ella y trasponerla, pero no se sabe si lo logrará. La imagen encarna una inminencia, una fuerza detenida que puede volcarse en múltiples direcciones, todas ellas desconocidas: un no saber lo que está al otro lado de la puerta y que sin embargo atrae con mucha fuerza.. La habitación es la casa interior, la realidad toda y el personaje es el poema que debe trasponer la puerta, entregarse a lo desconocido y hasta indecible. Esa es la fuerza, creo, que dirige toda mi poesía.
2. A mano umbría parece haber surgido a lo largo de más de dos décadas de escritura, desde sus primeros ensayos de corte analítico hasta textos cada vez más personales donde convergen memoria, poesía, ficción y reflexión. Al definir este libro como la contraparte de su poesía reunida y como un testimonio de lo que significa para usted el hacer poético, ¿cómo fue ese proceso de descubrir la unidad de materiales tan diversos y qué revela esta obra sobre su evolución como escritor y sobre la relación entre vida, memoria y creación literaria?
Este libro es lo que se denomina una autopoética, enfrentarse al proceso de la propia creación. Fue publicado el 2019 como la otra cara de Lejos de todas partes que había aparecido el año anterior. Quise estructurar un diario discontinuo — los textos están fechados, pero no siguen un orden cronológico— y una deriva por mi proceso creativo. Esta exploración se canaliza en distintos géneros, formatos y modalidades discursivas. Hay memorias bastante transformadas, poemas, núcleos narrativos y poéticos que buscan testimoniar mi trabajo con el lenguaje. Es un libro que transita por distintos códigos y que incorpora, incluso, imágenes visuales y collages. Es un libro que me parece muy sugerente y que desarrolla lo que es la poesía para mí, además de auscultar mi propio preceso de creación, desde las primeras intuiciones, casi inconscientes, hasta el texto logrado y su ubicación en el libro. Lamentablemente apareció en una edición de menos de 200 ejemplares. Espero que el azar le brinde una reedición.
3. En su obra puede advertirse una tensión entre la construcción de una arquitectura verbal cuidadosamente elaborada y la irrupción de imágenes, cuerpos y experiencias asociadas a lo deforme, lo residual o lo que escapa a las categorías clásicas de belleza. ¿Considera que esta tensión constituye uno de los principios estructuradores de su poética y de qué manera opera en la configuración del poema?
Ya lo he reconocido en alguna oportunidad. Mi poesía recurre a dos figuras poéticas: la imagen, que siento que es indispensable en el poema, y el oxímoron que apunta a esa tensión a la que te refieres. Recuerda que el oxímoron es una figura retórica que integra dos significados contrapuestos. Ambas figuras funcionan en ciertos momentos de la estructura textual y, sobre todo, en la totalidad del poema. Es decir, un texto va edificando una imagen abarcadora o un oxímoron que lo ancla. Allí está la arquitectura verbal muy cuidada y un magma de elementos oscuros, desequilibrados, tensivos.
4. La estructura de Variaciones Victoria establece un diálogo deliberado con las Variaciones Goldberg de Bach, mientras que la presencia persistente del cráneo remite a la tradición del memento mori y las vanitas. ¿Cómo se articulan su poemario con la lógica de la variación, la conciencia de la finitud y el trabajo de la memoria, y de qué manera esa convergencia redefine su comprensión de la escritura poética como forma de resistencia frente al tiempo?
Variaciones Victoria, al igual que A mano umbría, es un libro que se abre a distintos géneros. No hay límites precisos y por eso pueden coexistir perfectamente la reflexión, la memoria, el poema y los elementos visuales. Efectivamente, la estructura del libro viene de las Variaciones Goldberg de Bach —un canon y a partir de allí 32 variaciones—Me gusta pensar que ese libro es una partitura, una composición lingüística y musical que debe ejecutarse en una catedral que ocupa muchos tiempos y espacios. Y, claro, la música es tiempo y ritmo y disonancias. Y todos nosotros somos tiempo que se consume, que al final se desvanecerá.
5. Al presentar Cielo forzado como un libro de la medianoche, de la negatividad y de las formas extremas del sufrimiento, pareciera que la escritura abandona cualquier aspiración de armonía para confrontar aquello que desestabiliza al sujeto. ¿Considera que esta inmersión en lo siniestro responde a una búsqueda estética, ética o epistemológica, y qué lugar ocupa dentro del conjunto de su proyecto poético?
Sí, ese libro es una inmersión en lo siniestro —en el sentido que le dio Freud— y en los sótanos personales y colectivos. El libro fue escrito en los ochenta, en un contexto de violencia, de incertidumbre, de no-futuro. Un mundo de pestes, de censuras. Es casi la escenificación de un apocalipsis personal y peruano. En ese sentido es una propuesta estética y ética. Incluso política. Es un libro que le dio una nueva dimensión a la primera etapa de mi escritura. Se abre con un espesor simbólico, no denotativo, a la realidad peruana de la violencia y la guerra interna de los ochenta. Ese mismo aliento se encuentra en la sección que cierra la primera edición de Lejos de todas partes. La serie de poemas que se titula “Sobre el brillor todavía de”.
6. En Entre dos fronteras, poemas como “Un durazno en las termas” y “Piazza di Spagna” convierten experiencias aparentemente cotidianas —el cuerpo, el viaje, la fotografía, la memoria— en espacios de tránsito donde lo sensorial se entrelaza con una reflexión sobre el tiempo, la identidad y la finitud; en ese sentido, ¿cómo construye sus imágenes poéticas para que, sin perder su intensidad material y perceptiva, funcionen simultáneamente como experiencia sensible, indagación existencial y forma de conocimiento?
En mi caso no busco ciertas imágenes calculadas. Ellas llegan y se imponen. Yo me limito a ser la entidad que las transmite y organiza. El resultado es el poema. Creo además que ese libro se abre efectivamente a lo codiano, sin perder ese halo de misterio y realidades imaginarias que está presente en todos mis textos. El libro integra lo cotidiano, al entorno cercano, hasta ata a ciertos hilos muy personales en una dimensión onírica y de vastos territorios imaginarios. Hay también un peculiar impulso narrativo. Por allí están discurriendo los nuevos textos que ahora escribo. Tengo un libro ya cerrado —se titula Transmarinas— y esbozos de otros conjuntos. Estoy viviendo esa fertilidad que a veces llega en el ciclo que poco a poco va cerrando tu existencia. Vamos a ver qué ocurre.
7. Tanto en Después del diluvio como en Línea de flotación aparecen figuras suspendidas entre la desaparición y la permanencia: las palomas arrastradas por el agua, las boyas que emergen y se hunden en la oscuridad. ¿Hasta qué punto esta condición liminar constituye una metáfora de la existencia y de la propia escritura poética?
Cada día que pasa me acerco más a la invisibilidad, al despojamiento, al silencio.
8. En Línea de flotación la pregunta “¿Quién eres?” emerge después de una serie de negaciones y despojamiento. ¿Considera que la poesía no busca responder esa pregunta sino profundizar su misterio?
La poesía que a mí me interesa es la que señala algo que no entendemos. Es como observar a través de un velo tupido o una ventana empañada, no estamos seguros de lo que hay allí: el poema señala algo que nos excede y no entendemos. Soy muchos, soy máscaras, voces diferentes contrapuestas, una entidad en permanente transformación. Ese yo poético plural es la negación del sujeto biográfico Calos López Degregori que siempre ha estado anclado. Si a eso quieres llamarlo “misterio”, está bien mientras no lo entiendas en un sentido metafísico o trascendente. Escribir es descenso, catabasis, recorrer zonas brumosas, espacios de laberintos y sombras
9. La publicación de Lejos de todas partes 1978-2018 permitió revisar cuarenta años de escritura. ¿Qué descubrió sobre su propia obra al verla reunida en un solo volumen?
Descubrí que mis libros recogen un camino de vida. Cada uno de ellos está fechado e incluso en varios de ellos se precisa la edad del sujeto biográfico. Eso no significa que se trate de poesía autoreferencial. Es, como ya lo dije en la pregunta anterior, un sujeto con muchos rostros e identidades que se desplaza en permanente transformación. También se percibe en Lejos de todas partes la insistencia en ciertos temas y un proceso en el que cada libro se nutre del anterior con los cambios necesarios. Siento que con mis poemas he crecido, vivido y madurado, y supongo que continuaré escribiendo mientras pueda.
10. A lo largo de su trayectoria ha alternado entre el poema en verso, la prosa poética y formas híbridas. ¿Qué le han permitido explorar estos desplazamientos formales que quizá no habría alcanzado dentro de una única modalidad de escritura?
Cada texto busca su forma, su modalidad discursiva. Y siempre he explorado esa diversidad. Primero fueron formatos lingüísticos, luego a partir de Retratos de un caído resplandor, elementos visuales que cada vez tienen más importancia para mí. Esa pluralidad de códigos y capacidad de transformación es uno de los dones de mi escritura.
11. Usted recuerda que el último abrazo con Eduardo tuvo lugar tras un conversatorio en casa de Jorge Eslava y afirma que “así se preservará nuestra hermandad”. Con el paso de los años, ¿cómo recuerda hoy esa amistad y qué lugar ocupa Eduardo Chirinos en su vida, en su memoria y en la construcción de su propia trayectoria literaria?
Eduardo Chirinos fue un amigo muy cercano. Lo conocí en el 83 y 84 y siempre permaneció un vinculo entre nosotros que abarcaba lo vital y lo literario. He leído casi todos sus libros y admiro su constancia y capacidad de renovación, Una obra abundante que se abre en múltiples direcciones. La última vez que lo vi compartimos ese conversatorio en casa de Jorge Eslava. Afortunadamente, ha quedado un libro que recoge ese diálogo.
Lima, 18 de julio, 2026
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