Poesía mexicana: Ricardo Venegas

Leemos poesía mexicana. Leemos algunos textos de Ricardo Venegas (1974) incluidos en Nada en un verso me es ajeno, libro ganador del Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura.

 

 

 

 

 

 

Ricardo Venegas​​ (San Luis Potosí, 1973)​​ estudió Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y es Maestro en Literatura Mexicana y Doctor en Literatura Hispanoamericana por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, BUAP. Miembro del Consejo de Asesores Nacional de la Academia Mexicana para la Educación e Investigación en Ciencias, Artes y Humanidades (2015). Su trabajo ha sido incluido en diversas antologías nacionales e internacionales. Publicó el volumen​​ Estrategias del polvo​​ en la editorial argentina Buenos Aires Poetry (2021) y​​ La sed del polvo​​ en la editorial española El Genio Maligno (2022). ​​ Ha sido becario del Centro Mexicano de Escritores, bajo la tutoría de Carlos Montemayor y Alí Chumacero (2003-2004) y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en la categoría Jóvenes Creadores (2005-2006).​​ Textos suyos han aparecido en las revistas​​ Siempre!, Ulrika, Casa Silva y Arquitrave (Colombia), Agulha (Brasil), Cal (España), Siete culebras (Perú), Contratiempo (Estados Unidos), Electrón (Marruecos), Fili d´Aquilone y Sagarana (Italia), La Pájara pinta (España), Los Universitarios (UNAM), Casa del tiempo (UAM), en los periódicos Milenio, El Financiero, Excélsior (en los suplementos El Búho y Arena) y en La Jornada Semanal (suplemento del diario nacional La Jornada). Es autor de “Turba de sonidos”​​ (Ediciones la Rana, 2009), con el cual le fue concedido el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2008 y​​ La sed del polvo​​ (Conaculta/Inba, 2013), antología personal prologada por Evodio Escalante, entre otros. Este 2026 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura por el volumen “Nada en un verso me es ajeno”.​​ 

 
 
 
 
 
 
 
Poética​​ que​​ se​​ evapora

 

 

I

 

Algo del cielo baja,

reloj de arena de tiempos esparcidos,

bajo las nubes se miden las codicias,

dicen​​ que​​ toda​​ vanidad es​​ un puño de​​ tierra.

 

 

Nos​​ dejarán​​ desnudos​​ 

los​​ pastores,​​ 

los que alzaron las manos

y nos dejaron

mirando​​ la​​ escalera​​ al​​ cielo,

 

y nos harán la guerra los espíritus de la materia

 

para calmar sus ansias,​​ 

irán​​ los​​ adversarios​​ del​​ transeúnte​​ 

a​​ sus​​ bóvedas​​ 

a orar por su dinero,

nos​​ darán​​ la​​ razón

porque ya nadie la usa,

con​​ el​​ kilometraje​​ de​​ andanzas​​ incontables​​ 

los veremos,​​ 

sin esos bienes​​ 

que el​​ Estado​​ expropió,

 

sin​​ redactar un​​ testamento,​​ 

con el agrio sentir de haber perdido

aquella​​ casa​​ construida​​ entre​​ las​​ vías​​ 

del​​ tren, entre las filias y las fobias,

con​​ el​​ odio​​ perfecto​​ 

–ya​​ le​​ sacamos​​ brillo-​​ 

con el fracaso de no haber consumado​​ 

el gran poema,

una ilusión que hasta el fin de los tiempos

dijeron,​​ dicen,​​ dirán,

¿qué​​ importa​​ si​​ tenían​​ razón,

 

si​​ todo anhelo sobre​​ la​​ faz del mundo​​ 

 

es un puño de​​ tierra?

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

¿Le has visto el rostro​​ 

al viento?​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

Como huésped paciente esperaremos

para​​ recuperar​​ 

el​​ mundo;​​ 

hay algo superior,

-lo sabes-

lo nombras siempre​​ 

ante el peligro,

o cuando casi mueres,

pero lo niegas​​ 

porque crees que la fe​​ 

se escribe​​ 

con letra muerta,  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

no está de más decir

que vengo​​ 

de un silencio,

y ruego,​​ 

desde mi corazón,​​ 

que​​ venga a​​ cobijarnos​​ 

 

la​​ orfandad​​ de​​ ser​​ mortales.

 

 

 

 

 

 

 

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