Revolución del murmullo. Sobre la poesía de Gjekë Marinaj (Albania). Texto de Benjamín Valdivia

Benjamín Valdivia nos descubre el trabajo del poeta albano Gjekë Marinaj (Albania, 1965). Además de ser poeta, enseña teoría literaria en la Universidad Nacional de Uzbekistan. Su famoso poema “Caballos”, publicado en 1990, fue cantado por las masas que derrocaron el régimen dictatorial en Albania en 1991.

 

 

 

 

REVOLUCIÓN DEL MURMULLO: POEMAS DE GJEKË MARINAJ

 

Se ha publicado en enero de 2026, en Madrid, la antología de poemas​​ La V en Revolución, del escritor albano, residente en Estados Unidos, Gjekë Marinaj. El volumen lo publica el Centro Editor, con prefacio de Claudio Rodríguez Fer y epílogo de Frederick Turner.​​ La traducción por Ana Álvarez se basa en la versión en inglés desde el albano, realizada por el propio Marinaj y por Turner:​​ Teach Me How to Whisper. “Horses” and Other Poems​​ (Syracuse University Press, 2023).

Autor distinguido en su país y con amplio alcance en inglés, ahora nos permite incursionar en su escritura trasladada al español. Y en esa incursión, sorprendernos. Porque sus poemas se arraigan en un trasfondo de cultura clásica mundial (Antígona, Vyasa, Dante) y referentes actuales (Madre Teresa, Neruda, Hiroshima), acompañado siempre con notas distintivas de su tierra natal.

Gran ejemplo es el poema que se titulaba “Afrodita” y que ya desde la edición en inglés se permuta por: “Ella puso a Cancún a sus pies”. Allí se asume el tópico del nacimiento de la diosa, pero no en las playas de Chipre, sino de Cancún. El giro turístico de la nueva playa no desmerece y la descripción va siendo, como​​ en la antigüedad, la alteración del orbe natural por gracia de la diosa, aunque ahora con imágenes vanguardistas: al nacer ella, “los delfines cantaron un tono más alto”.​​ Y, además, con alguna frase intemporal como: “las olas dejaron de respirar”. O, diríamos: las olas contuvieron la respiración”.

En sus poemas, Marinaj hace una revisión contemporánea de la abundancia de la tradición y, en dirección opuesta, toma el tema de nuestro tiempo con una perspectiva mítica. Esto es visible en el poema “Purgatorio: una balada​​ obsoleta”. Dedicado a unos amantes “conocidos por el autor”, se fundamenta en la réplica al “pecado” de Paolo y Francesca y valora que para su amor “no se leyeron ninguna historia / de Lancelot y Ginebra”​​ sino que era “ese misterio íntimo entre ellos”. En consecuencia, Dante habría fallado y la condena debió ser a la sociedad y no a los amantes, pues “dicen que la verdad no debe ser castigada”. El cierre del poema presenta el corolario: “Por ellos​​ / Dante debió haber retrasado su Divina Comedia / hasta que añadieran otro círculo al purgatorio.”

Si bien los procedimientos señalados son ciertos, no debemos quedarnos con la idea de que la revisión y crítica cultural es la cifra central de la poesía de Gjekë Marinaj. Más allá de sus referentes textuales, sus textos buscan a cada paso lo que es trascendente. Desde “Autorretrato”, con el que inicia el libro, es clara esa misión: “Cansado de solo mirar desde el papel / me he construido más allá de los límites de mi cuerpo”. Así, ya se trate de una fiesta en familia,​​ la visión del país, las contradicciones del amor, los espíritus o lo invisible, el autor siempre persigue la imagen desde “el laboratorio más avanzado del mar”., en el que ha de encontrar —le dicen— “el genoma de tus poesías, la fórmula que reestructurará / las neuronas de tu cerebro y te liberará”. Ese “genoma de tu poética” que se le ofrece permea toda la longitud del libro y las latitudes de cada​​ unidad, confirmando el estatuto trascendental de todas sus páginas.

Mención aparte, por su dimensión constructiva, tiene el grupo titulado “Las capas perdidas de la piel de Vyasa”, con catorce partes de amplia respiración en sus líneas y con imaginación de progenie derivativa de una línea a la otra y de una sección a la otra. Este abigarrado oleaje es​​ percibible​​ desde su planteamiento: “En el aeródromo de Apsaras sus ojos de medianoche me esperaban”. De allí sigue un viaje iniciático que concluye con​​ el​​ juramento ritual-poético por parte de la voz que lleva la relación de los acontecimientos.​​ El trayecto es la conversión de quien no liga la altura de los vocablos (“mi boca abierta como dos cables sin corriente”) hasta su ascenso​​ al promisorio modo luminoso de hablar (Vishnu “creó y me envió un rayo de energía, ajustado a infrarrojo, pero salpicado con bandas ultravioletas”).

Con potencia propia, estos poemas sorprenden al evidenciar que no solo observan la vida, sino que​​ la vivifican, la hacen revelar el nudo del instante contemplado. Y lo hacen sin excederse ni en el tono, ni en la atmósfera, ni en el lenguaje. Pero no hay lasitud y sí, más bien, una paradójica serenidad dinámica, como la fusión del rayo de Vishnu y la enunciación de los acontecimientos terrenales en una sola voz​​ a la vez​​ fuerte y​​ ponderada.​​ Con esas energías no hay debilidad posible.​​ 

A pesar de sus vórtices, estos poemas no son grandilocuentes, sino equilibrados. Su fuerza reside en un continuo apego a la corriente interior del discurrir: decir lo necesario. Con esa fe, Marinaj desenvuelve el secreto de cada asunto y lo expone con cantidades irrefrenables de mesura exacta.​​ La potencia de su voz es​​ la palabra que dice​​ lo dicho desde dentro.​​ En el centro se aprende otra prosodia, otro fluir: “enséñame cómo desatar el murmullo”. En el imperio del lenguaje resuenan las maravillas encontradas.​​ Y en cada breve resonar se abre la posibilidad de una revolución.

 

 

 

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Ella puso Cancún a sus pies

 

Afrodita, la única e inigualable Afrodita,​​ 

envuelta en la seda más fina de la luna​​ 

saltó del regazo de la noche a Cancún.

 

Cuando la blanca arena

la abrazó desde la planta de los pies hasta el pecho,​​ 

los delfines cantaron un tono más alto,

los tiburones se sacaron los dientes unos a otros,​​ 

las olas dejaron de respirar.

 

En el momento en que la avizoraron,​​ 

el cielo se tornó verde campestre,

las orillas adaptaron sus hombros a su figura,​​ 

la tierra se mojó de un sudor fino,

ramos de flores brotaron de su pecho.

 

Su belleza puso a Cancún a sus pies,

las caras pálidas de las olas se sonrojaron color carmesí,​​ 

el horizonte ardía en brasas de fuego,

el sol, ebrio, se quitó sus rayos.

 

Afrodita arrancó la capa de terciopelo azul del mar​​ 

y la colgó girándola para secarla ante sus ojos deslumbrantes,​​ 

luego se despidió de Cancún con pesadumbre

y voló a los brazos tórridos del crepúsculo.

 

 

 

 

 

 

 

 

El laberinto del pensamiento de Tang

 

El supremo de todo y señor del Paraíso

transformó la profecía de las estrellas en montañas.​​ 

Ese día Shinshi fue bautizado en la ciudad de Dios.

 

Con su estilete afilado en el cuero de las estrellas​​ 

grabó las leyes y los apotegmas morales

que enseñaron a la humanidad la importancia del arte atávico.

 

Un tigre y un oso vivían en la misma cueva​​ 

y rezaban y pedían convertirse en humanos.

No sabían que el mundo es un sistema de algoritmos.

 

Debieron adaptarse al olor del ajo

y a desvestir el sol con sus ojos por cien días.

Y el tigre de la rabia rompió sus dientes con su cadena.

 

Solo el oso decoró la cueva con paredes de paciencia​​ 

y después de tres semanas se convirtió en una mujer hecha de números​​ 

sin saber que los números romanos no tenían cero.

 

 

 

 

 

 

 

 

Mi hogaen en Brrut

 

Desde la casa donde nací en Brrut ahora veo manar

memorias de la infancia que salpican mi cara:

ordeñadas de ubres poéticas que solo yo sé dibujar.

En parte tristes, en parte brillantes con antigua gala.

 

Aún esos días fluyen desde mis adentros como pájaros oráculo

de las turbulencias en mis primeros años,

me llaman con una urgencia imperiosa

a ser siempre humano con los humanos.

 

Desde el techo de esa casa despegaron mis primeras fantasías:

ahora, testigo cansado de mi primera campaña, continúa siendo

el castillo donde lucho para defender la poesía

en la larga guerra de la vida; cayendo, levantándome.

 

 

 

 

 

***

 

 

 

Gjekë Marinaj es un poeta albanés, nacionalizado estadounidense. Ha sido nominado al premio Nobel y nombrado embajador cultural de su país. Su​​ famoso poema “Caballos”, publicado en 1990, fue cantado por las masas que derrocaron el régimen dictatorial en Albania en 1991. Además de poesía, ha publicado ensayo, entrevistas y traducciones. Es profesor universitario en Texas, donde dirige Mundus Artium Press, editorial que sustenta una revista del mismo nombre y el premio Babel al diálogo intercultural.​​ 

 

 

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