8
El puerto que aún existe y donde (el ángel) abre las alas1
A cien años del nacimiento de Blanca Varela
Claudia Posadas2
—¡Pero Octavio, si ese puerto existe! —dijo la poeta.
—Él sonrió, “siempre atento a las insinuaciones de la poesía en el habla diaria”, como ha referido Adolfo Castañón1 respecto de ese momento y dijo: —Ese es el título, Blanca, ya lo tenemos.
Esta fue la réplica de Octavio Paz a la propuesta de su amiga Blanca Varela para titular su primer libro de poesía. Ella quería llamarlo Puerto Supe, evocando aquella localidad marítima de la costa central del Perú donde pasó luminosos veranos con Celia (primera esposa de José María Arguedas) y su hermana Alicia Bustamante, Arguedas mismo y el pintor Fernando de Szyszlo, su cónyuge y padre de sus dos hijos, Lorenzo y Vicente; sin embargo, aceptó la propuesta de Paz y el volumen, que fue editado en México por la Universidad Veracruzana bajo la recomendación del poeta y con su prólogo, se publicó como Ese puerto existe (1959).2
Para la crítica contemporánea dicho volumen es emblemático en cuanto es posible observar, en este contexto, lo que podría ocurrir con la escritura realizada por mujeres que, en primera instancia, hayan sido apuntaladas por figuras masculinas de gran peso en el canon, ya que si bien su obra pudiera ser mayormente conocida, las nociones que se hayan marcado en torno a sus trabajos difícilmente permitirían otras perspectivas críticas. Por ejemplo, este prólogo, aunque señala claves fundamentales para el análisis de esta poesía, también implica “una pauta de interpretación fuerte, un camino marcado para las exegesis posteriores, una ruta muchas veces difícil de desmarcar”,3 de acuerdo con las poetas y especialistas peruanas Mariela Dreyfus y Rocío Silva-Santisteban.
Sin embargo, conforme se ha desarrollado la reflexión en torno a esta obra, se ha abierto un escenario para el diálogo y para el señalamiento de rumbos que actualizan, amplían y marcan otras concepciones de lectura de una poesía de suma complejidad, como la de Varela.
Al mismo tiempo, este libro también es relevante porque si acaso no pudo ser titulado “Puerto Supe”, sí lo fue el haber nombrado de dicha manera el poema que lo abre, texto que cada vez cobra mayor importancia, ya que en él se observan, aunque latentes, muchos de los cauces y desembocaduras de la obra de esta poeta, pero sobre todo respira la voz interior de esta poesía, una conciencia en diálogo con los extraños velos de la realidad, el misterio de la existencia, el dios indolente y silencioso, la finitud y el ser destruido por el tiempo.
En el contexto de los primeros 100 años de nacimiento de Blanca Varela es preciso asombrarse por la pureza viva y murmurante del cielo más verdadero de su poesía, que nos habla desde su esplendor centenario.
CARTA DE NAVEGACIÓN POR EL PUERTO
Blanca Varela es una de las voces hispanoamericanas del Sxx más singulares y privilegiadas ya que cultivó una voz extremadamente profunda y personal que postuló una poética de exactitud y economía verbal cargada de significados en tensión, en el contexto de las grandes manifestaciones de lenguaje, en la primera mitad del siglo XX, de una poesía latinoamericana en plena transfiguración y asimilación vanguardista. Como dice Adolfo Castañón, la estela de una poesía mayormente sobria, producto de la conciencia estética de una posguerra europea, no se reflejaba todavía en el ideario poético latinoamericano: “La austeridad, la aridez, la pobreza y la desnudez que marcan la tarea poética de Montale, Ungaretti, Auden o Char tardarán en llegar al continente hispanoamericano.4 De ahí que, en este contexto, destaca la sobriedad poética de Varela, ya que “no abundan los poetas hispanoamericanos que han sabido alcanzar en la desnudez una plenitud, en la severidad seminal, riqueza...”.5
Proveniente de una familia de escritores y humanistas, tuvo una formación amplia que la llevó a ser una de las primeras mujeres en ingresar, a la edad de 16 años, a la Universidad de San Marcos en 1943 para estudiar letras y educación. Allí conoció a Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson y a quien sería uno de sus principales maestros y amigos, Sebastián Salazar Bondy quien le presentó a de Szyszlo, le proporcionó diversas lecturas y la acercó a Emilio Adolfo Westphalen, a José María Arguedas y a la peña Pancho Fierro, una tertulia de artistas e intelectuales dirigida por las hermanas Bustamante. Con ellas conoció a César Moro y Martín Adán. Es decir, convivió con las más importantes conciencias creadoras de su tiempo y espacio, con quienes conformaría la llamada Generación del 50.
En 1949, junto con de Szyszlo, emprendió el iniciático viaje a un París de posguerra, donde conocieron a Cortázar, Fuentes y Paz, quien los aproximó a los círculos artísticos de latinoamericanos y españoles radicados en Francia y a figuras como André Bretón, cuyo pensamiento fue primordial para la poeta. También, en una estancia posterior (1953), Varela conoció a Sartre y a Simone de Beauvoir. Sobre esta efervescencia artística con la que extraordinariamente coincidieron, de Szyszlo ha dicho: “Lo cierto es que cuando yo estaba en París todos los monstruos estaban vivos: Picasso, Matisse, Gide, Camus, Sartre, y a William Faulkner me lo encontraba por la calle, Giacometti...”.6
Justo en esta estancia parisina es que Varela, en medio de una cultura extraña, acaso en remembranza de lo vivido en Pancho Fierro, que era un espacio de revaloración de lo nacional, afirmó su identidad peruana y comenzó a escribir poesía, pero no una poesía ajena a su origen, sino “poemas que recuperaban los paisajes de Perú, donde quedó mi infancia para siempre”,7 infancia que, para la autora, tiene un significado amplio: “cuando me refiero a mi infancia, me refiero al Perú, a la sociedad peruana”.8
Es precisamente este espíritu que guía la escritura de “Puerto Supe”, que es una contemplación marina, imagen que siempre le fuera muy cercana a la autora y que forma parte del imaginario de muchos de sus poemas. El texto es imprescindible porque en él aflora esta evocación del paisaje natal a manera de una carta de navegación para su poesía entera, como lo señala Varela: “lo escribí recién llegada a París. Lo considero como un poema inicial. Es un poema en el cual me enfrento con un país, con una sociedad, con una situación. Yo era una chica peruana que había llegado (…), buscando conocer cosas. Sentí muy fuerte la indiferencia, es decir, mi identidad se hizo muy insistente.”9
Pero ante todo es fundamental porque como se dijo, en él se delinean los rasgos de su estética, de su manera particular de transgredir la imagen poética y, lo más emblemático, se perfila un tema o referencia que desarrollará a lo largo de su obra que es la “presencia”, la percepción, de una sombra, acaso de una “manifestación” de una/otra realidad, la noche honda, pero siempre dentro del plano de lo visible y tangible, como una forma sutil de cuestionar el mundo fenoménico y como una indagación en busca del significado de la existencia finita y acaso de un dios.
Es, en el caso de este poema, el observar el perdido y ya no tan inocente paisaje de la infancia, desde una conciencia que interpela:
Esta mi infancia en esta costa,
bajo el cielo tan alto,
cielo como ninguno, cielo, sombra veloz,
nubes de espanto,
(…)
Aquí en la costa escalo un negro pozo,
voy de la noche hacia la noche honda,
voy hacia el viento que recorre ciego
pupilas luminosas y vacías,
o habito el interior de un fruto muerto,
(…)
En esta costa soy el que despierta
entre el follaje de alas pardas,
el que ocupa esta rama vacía,
el que no quiere ver la noche…10
OTRO CIELO, FALSO JARDÍN
Varela posee una voz escéptica, irónica y lúcida; no da por sentado ningún orden lo cual, probablemente, tiene que ver con ese temperamento inquisitivo e inconforme que, ha expresado, tiene desde niña. De esta forma, su poesía es un constante cuestionamiento e indagación de lo real y sus fugaces batallas y de la existencia misma a partir de una extrañeza que la poeta despliega ante lo que nos rodea y lo organiza. Como lo ha expresado: “Qué demonios hay detrás de toda esa especie de juego increíble que es la vida, el estar aquí, el pelear por cosas que sabes que son fugaces; sin embargo, hay que denunciar esto, hay que decirlo mientras uno viva. Yo siempre he dicho una cosa que es una especie de contradicción, la eternidad es hoy. Entonces hoy en que estoy todavía viva tengo que decir que todo esto no me convence, que tengo que estar buscándole sentido a las cosas todavía.”11
Un sentido, un misterio, una trama o una oscuridad que observa, que arde, que palpita, que acecha, en la plenitud del día y que es mencionada prácticamente desde su primer libro, en uno de sus poemas más enigmáticos:
El cielo cabalgaba espléndido, arrebolado.
Una mano prolija instalaba pájaros bajo la lluvia fina, pasajera.
Todo sucedía así.
A pesar de la música, de la aparente normalidad, una piedra rodaba; un signo, una invisible
señal ardía sobre la ignorancia del mundo...12
Varela habla justo desde esa extrañeza, desde cierto malestar y desconcierto del escenario del paisaje de este lado del espejo, a partir de su percepción de una-otra realidad, de un orden otro que incluso, podría implicar un tiempo paralelo:
Ella frente al espejo
parece joven y retoca sus labios y mejillas
como si fueran ajenas
mientras su imagen desde otro mundo
sencillamente le sonríe…13
Al respecto, hay una declaración altamente significativa que la poeta expresó en entrevista con el crítico y académico Efraín Kristal (que en paz descanse, y quien realizó ésta, una de las mejores entrevistas con Varela) en torno a un poema germinal incluido, evidentemente, en Ese puerto existe, donde ya encontramos esta órbita circundante: “Hay un poema muy antiguo, ‘No hay cielo sino varios’ y eso viene de alguna lectura que hice sobre los tiempos paralelos, que varias cosas van sucediendo al mismo tiempo, que hay varios tiempos, que no hay uno solo. No sé cómo se le llamaría a eso, quizá ciencia ficción”.14
Hay un lugar lejos de toda la ciudad. No hay un cielo sino varios,
superpuestos, espejeantes, horribles.
¿Qué significará el amanecer para quien no conoce sino la
noche y el sueño que sucede al sueño? 15
El cuestionamiento lleva a la voz poética a dudar de lo real, desde una conciencia de impostura de esa vasta bóveda del día, palpitante de gorjeos, pero testigo de la misteriosa instalación del falso jardín (como ya lo dice desde uno de sus primeros poemas16), del falso escenario, del falso cielo:
Miro hacia arriba y ya está la máquina funcionando.
Un gran ideal o una pequeña intuición van pendiente abajo.
Su única misión es conseguir llenar el cielo natural o el falso.17
CUÁL ES CUAL…
Cabe señalar que esta percepción de una “índole otra”, es un tópico que comparte con la argentina Olga Orozco (1920-1999), aunque en Varela “lo invisible” no es la certeza de una “supra realidad”, como sí lo es en Orozco, además de que el tema es desarrollado desde estéticas contrapuestas. Si bien, tomando en cuenta lo señalado por la crítica hegemónica, podría decirse que las autoras caminan por cierta vena surrealista, en Varela ésta se desarrolla a manera de atisbo inquietante, de sutileza incómoda dentro de la realidad, mientras que en Orozco, ésta se desboca en el discurso del inconsciente. En ambas se trata de un eco y acaso de un espíritu de época. De cualquier forma, Varela no es surrealista como tal, sino que comparte con esta estética cierta conexión a partir del vislumbre de “lo otro”, que en la autora, como se dijo, implica un cuestionamiento del mundo que nos circunda: “Paz dice que no soy surrealista en la práctica sino en el estilo. Hay una cosa de rebelión, de crítica de la realidad”.18
Por otro lado, destaca que la poesía de Varela nunca transgrede lo real mientras que la de Orozco sí; es decir, como Olga, Blanca jamás entabla un diálogo con “quienes rondan la niebla” (aludiendo a uno de los poemas más inquietantes de Orozco). Ella sólo enuncia una posibilidad, insertada dentro de lo fenoménico: una sombra, una mutación de la atmósfera, un sueño, un recuerdo:
Cae una hoja
y es como la señal esperada para que vuelvas de la muerte
y cruces con resplandor
mi memoria… 19
Algo mínimo, pero tangible, como una abeja, “el sol, / el aguijón del alba, /el mar que besa las montañas / la claridad total… 20 Acaso la voz poética percibe, desde lejos, estas “realidades”; acaso percibe, desde este lado, al ángel y al fantasma, por cierto, presencias constantes en su obra, pero siempre como destellos: “Soy realista. Me atrevo a mirar y parece que no necesito dioses, aunque me encantaría que existieran. A veces los evoco, llamo, toco piedras como un hechicero cualquiera. Creo que he golpeado esas puertas y nadie me ha respondido. Me conformo con la realidad, la acepto, aunque creo siempre en ese fulgor instantáneo”.21
Blanca Varela es una poeta que se mueve entre ámbitos de la percepción, aunque nunca se despega de lo real.
Es una poeta liminar que ubica sus reflexiones dentro del claroscuro: “Siempre he tenido la sensación de que pasamos de una zona tenebrosa a una especie de iluminación y que, cuando creemos haber hallado un camino, encontramos que en esa luz que aparentemente nos guía hay una profunda oscuridad. Camino y vivo entre esos contrastes porque siempre estoy tratando de encontrar en dónde poner los pies”.22
Limen existencial que por supuesto, es intrínseco a su concepción del arte mismo: “Yo creo que el arte es otra dimensión de la vida. Creo que es una forma de vivir, también. El arte no es soñar, exactamente, sino de vivir en ese lindero que tiene que ver con el sueño y con la imaginación”.23
Aunque, afín a su temperamento inconforme, siempre cuestionando dichos límenes: si el ángel es la sombra y viceversa, si este cielo es el falso o el verdadero, si este día, esta realidad, es la noche y por tanto es el sueño o no, es decir, cuál es cual:
Cuál es la luz
Cuál la sombra…24
Fantasma A MEDIODÍA
En cuanto a su estética, el canon hegemónico ha reiterado la sobriedad de esta palabra. Este aspecto, de acuerdo con Dreyfus y Santiesteban, conforma uno de los ejes de estudio señalados por Paz el cual es necesario matizar, ya que “este rigor poético” como dicen las especialistas y poetas, “no necesariamente se traduce en una contención lírica puesto que Varela a su vez es autora de poemas largos y frondosos”25 escritos, por cierto, prácticamente desde Ese puerto existe.
Estamos más que ante “una poesía de la brevedad”, ante una poética de contención que apela, en sus silencios y en la selecta trama de sus versos y fuerzas, a la psique del otro en cuya lectura se cumplirá el poema. Ha dicho Varela: “Para mí la poesía, si no es para la conciencia del otro, no me interesa. Muy modestamente es lo que he tratado de hacer. Cada vez afinando más. Porque en lo que no se dice es donde está encerrado todo lo que se querría decir. Tiene más carga emocional el silencio que las palabras mismas. (…) La poesía no termina en mí, sino en el lector”.26
La poesía de Varela es un ejercicio de profunda significación que se construye con los menos elementos y referencias posibles, aún en sus textos de mayor extensión. En ocasiones es muy clara y precisa, aún dentro de la “densidad conceptual”27 que la caracteriza; pero también llega a lo críptico, por lo que hay que dar un gran salto de razón para desplegarla. Como refiere Dreyfus y Santiesteban, Blanca Varela parece decirnos en cada texto que, aludiendo al título de uno de sus poemas28, “nadie sabe mis cosas”, es decir, que sólo la subjetividad de la voz poética, “llena de mí, ascendente y profunda”,29 pudiera estar al corriente de sus asuntos poéticos. Pero precisamente esta “elocuencia silenciosa” es lo que le ha valido su acta de permanencia en el contexto literario tan complejo y vasto que le tocó vivir. De acuerdo con Castañón, estos poemas son “ejercicios materiales para que la palabra no se disipe ni se la lleve el viento de la historia literaria ni se haga humo después de la vanguardia”.30
Por otro lado, Varela es una poeta de imágenes que transgrede la composición “convencional” de esta figura a partir de su estética y preocupaciones. En su trabajo utiliza campos semánticos y referencias en torno al paisaje que podrían ahondar en cierta lírica (la luz del cielo, los pájaros, el viento, el mar, el jardín, la noche, los astros). Sin embargo, como podemos observar en una de sus construcciones más recurrentes, es decir, cuando la voz poética se sitúa bajo el cielo abierto de la existencia (“Ni una hora de paz en este inmenso día. / La luz crudelísima devora su ración”31; bajo el “cielo colosal e inflexible”32 ), la realidad se transfigura e irrumpe el misterio, el límite entre lo que es y lo que no, esa “realidad otra”, esa sombra, nuestras catástrofes de materia mortal. Y es justo ese elemento, ese fantasma de hora sexta (en términos de las horas canónicas), lo que le da la vuelta de tuerca a la imagen:
El agua de tu rostro
en un rincón del jardín,
el más oscuro del verano,
canta como la luna.
Fantasma.
Terrible a mediodía.
A la altura de los lirios
la muerte sonríe…33
MÁSCARAS DEL ÁNGEL
Conforme avanza su trayectoria, sus reflexiones se profundizan y consolidan. Desde el poema que abre su primer libro hasta su último título publicado, El falso teclado,34 podemos observar el devenir de eso otro que circunda su creación, que esencialmente es el diálogo in crescendo del ser consciente de su finitud con el misterio de luz y de umbra por el cual, ante el cual y bajo el cual respira. Como dice la poeta Carmen Ollé, referida por Castañón: “Su poesía nos invita a leer-nos del otro lado del espejo y a celebrar bajo el firmamento de la palabra la danza nupcial con nuestra última sombra”.35
Se trata del diálogo descarnado de la rosa matérica, la “rosa de grasa / que envejece/ en su cielo de carne”36, frente a la realidad y su naturaleza de tiempo, como se dijo, donde identificamos diversos interlocutores o “transfiguraciones”, como Varela los ha llamado: el fantasma, el ángel, la sombra, una oscuridad, la muerte, un dios al que increpa y que no responde, la conciencia, un yo profundo, un amor inmensurable, provenientes de ese ya mencionado “otro lado del espejo” que la poeta busca nombrar y aprehender, de manera más cabal e incluso mimética, en Luz de día,37 tal como se observa en un poema emblemático de dicho libro, “Máscara de algún dios”:
Tal vez ese silencio dice algo,
es una inmensa letra que nos nombra y contiene
en su aire profundo.
Tal vez la muerte detrás de esa sonrisa
sea amor, un gigantesco amor en cuyo centro ardemos.
Tal vez el otro lado existe
y es también la mirada
y todo esto es lo otro
y aquello esto
y somos una forma que cambia con la luz
hasta ser sólo luz, sólo sombra.38
Se trata de las formas que adquieren la luz y la sombra de uno y otro lado al espejearse mutuamente, una figuración simbólica mínima, aunque aprehensible, que en la poesía de Varela predomina en su avatar angélico: “No hay ninguna premeditación en eso. Sucede que eliges porque te inclinas a ciertas cosas; son las corrientes naturales del alma, por decirlo de alguna manera. Además, creo en los ángeles. (…) Creo que uno tiene encuentros con ángeles o que algunos seres humanos tienen la posibilidad de convertirse en ángeles en un determinado momento de su vida. El ángel como alguien que desciende, te toca y se puede ir. Conservar el ser angélico es muy difícil, pero creo que es importante que exista la idea de esos ángeles, aunque sea como modelo de pequeñas transfiguraciones”.39
Son, pues, visitaciones, vislumbres, mínimos fulgores poéticos que podrían dar noticia del misterio que indaga esta poesía:
deje al demonio encerrado
en un cajón
en su pequeño lecho de crespón
afuera el ángel vuela
toca la puerta
espera
(….)
échame de mi cuerpo
son alas dice
sin sol ni estrellas40
RUMBO AL LIBRO DE BARRO
En Valses y otras confesiones (1972),41 Varela comienza a prescindir de la puntuación y a desarrollar un versículo y una narrativa que, en poemas como “Valses”, conjunta con su estética de contención y con su voz críptica.42 Asimismo, contrapone su memoria y paisaje anímico y de infancia con el mundo moderno. A la par, como una desembocadura natural de su cuestionamiento de la realidad, desarrolla en pleno su crítica al ethos civilizatorio y humano en ese magistral poema que es un diálogo fuera del tiempo con Simone Weil:43
En la mayor parte del mundo
la mitad de los niños se van a la cama hambrientos.
¿Renuncia el ángel a sus plumas, al iris,
a la gravedad y la gracia?
(…)
Los sabios, en quienes depositamos nuestra confianza,
nos traicionan.
(…)
—los niños se van a la cama hambrientos.
—los viejos se van a la muerte hambrientos.
El verbo no alimenta. Las cifras no sacian.
(…)
—el hombre es un extraño animal.
Por otro lado, el cuestionamiento a lo real, al ser y “al otro/ al que apaga la luz, al carnicero”,44 (ese dios que continua sin responder) acendra su escepticismo, quizá preparándose para la dureza de su siguiente libro, Canto Villano (1978),45 que significa el recrudecimiento de su discurso, probablemente evocando sus lecturas malditas: “Me interesa esa actitud maldita de quien está al filo, al borde de un abismo que impreca y dice cosas terribles. Hay tal vez una reminiscencia de eso, ligera, seguramente, en mi poesía”.46
El poema se convierte en un canto “villano”, es decir, proveniente de la “villanía” (como se le conocía al pueblo llano en la edad media). Al respecto, dice la autora: “Es el canto que se hacía fuera de los muros de la ciudad. Es el canto popular, el canto de la villanía, pues. No era el canto culto, que era en latín. Era el canto del pueblo. Yo me quiero identificar con ese ser que no tienen nombre y que canta”.47
Su poesía se establece como el canto abierto, sin disfraces, del pueblo-especie humana-materia, cansado ya de no encontrar un sentido, frente a una realidad que se mira con absoluto descreimiento: “te rendimos dios/ el gran homenaje/ el mayor asombro/ el bostezo”;48 “vieja artífice [refiriéndose a la noche] / ve lo que has hecho de la mentira /otro día,”49. Un canto de villanía entonado frente al ser mismo, un ser al que se le ha atribuido demasiada importancia y que en el fondo, sólo es “el querido animal / (…) cuyos huesos son un recuerdo / (…) jamás tuvo sombra ni lugar”,50 y frente a nuestra verdad última y primera, vista desde su desnudez y su nada:
fatigados comediantes
se retiraron hasta la muerte
y las carpas del circo se abatieron ante el viento
implacable de la realidad cotidiana
y si me preguntan diré que he olvidado todo
que jamás estuve allí…51
Estos versos pertenecen a uno de los poemas más complejos de esta poesía, “Camino a Babel”, que podría indicar una especie de ascendencia de la materia a eso otro circundante, aunque, recelosa como lo es esta voz tanto de lo existente visible como de una ascesis, la poeta devuelve a la forma a su condición mortal.
En ese orden el poema, más que a Babel, abre camino a Ejercicios materiales (1993)52 donde la voz insiste en poner en vilo nuestra percepción de lo real (noche, día, realidad, sueño: cual es cual): “ver: cerrar los ojos/ abrir los ojos: dormir”53 y posiblemente ya no tiene respuestas por lo que deviene en un reconocimiento (que no aceptación: “soy un animal que no se resigna a morir”54) de la materia perecible y por tanto en una confrontación directa con ese orden otro que ya es nombrado como un dios. Se trata pues, de “ejercicios materiales” de lo matérico para sobrevivir a la conciencia de sí. Baste citar unos fragmentos del poema homónimo al título del libro:
…enfrentarse al matarife
entregar dos orejas
un cuello
cuatro o cinco centímetros de piel
moderadamente usada
un atadillo de nervios
algunas onzas de grasa
una pizca de sangre
(…)
el divino con parsimonia de verdugo
limpia su espada en el lomo del ángel más
próximo
como toda voz interior
la belleza final es cruenta y onerosa…55
Y baste citar la voz maldita en plenitud de sus poderes de palabra y de materia consciente del engaño y la nada, que abierta y sin miramientos, mucho menos temor, enfrenta a ese dios que porfía en su silencio:
tenemos la lengua dura de los devoradores de dios
de ese dios que crece cada noche
con nuestros pelos y uñas
de ese dios aplastable
perecible
digerible…56
ABUELA DE SILENCIO
Y así llegamos a El libro de barro (1993)57 que al lado de Concierto animal (1999)58 y El falso teclado, conforman el último bloque de su producción poética el cual, de acuerdo con las poetas Santiesteban y Dreyfus asume, aunque por supuesto con sus vertientes, la temática y estética vareliana: “nos muestran a una escritora en pleno dominio de sus recursos, (…) en los que podrían considerarse los motivos centrales de su poética a partir de Ejercicios materiales: el cuerpo, como espacio para la gestación (cuerpo materno) y el deterioro; la conciencia respecto a la contingencia del ser y la consecuente imprecación a la divinidad (o a su ausencia); la muerte, incesantemente descrita, enfrentada y hasta engalanada con una actitud despiadadamente lúcida y serenamente resignada a un tiempo.”59
El libro de barro es su volumen más unitario, de acuerdo con la autora y en lo personal, es el más complejo y hermoso, a donde la voz llega a un refinamiento cabal de su ética y estética, a tal grado que, sin prescindir de su discurso, da un vuelco a su poiesis: “Este poemario es distinto a todos los anteriores. Mi poesía estaba haciéndose de una retórica inconsciente”.60
El libro implica una observación-aceptación de los mecanismos de tiempo de ese todo existente que, como ciega maquinaria, sólo degrada a los seres para develar la materia-limo ancestral que genera por igual a hombres y dioses. Esto puede observarse en su esplendor en un versículo que asume la brevedad, la belleza y la concisión de esta obra:
Mirando a los dioses borrarse en el muro y a los hombres sangrar en el libro de barro. Sal en los labios y en los ojos la memoria desollada aproximándose a la ausencia ejemplar. 61
Es decir, hay una concepción de la palabra poética como si fuese el libro atávico de piedra que guarda la memoria de la especie, memoria que se disuelve en el tiempo hasta desaparecer, como el barro es deshecho por el agua. Varela habla sobre el origen de este pensamiento: “Está asociado con esas tabletas de barro de Mesopotamia. Me fascina pensar que toda la memoria puede caer al suelo, romperse y desaparecer. Además, el barro es el adobe primigenio, ancestral del hombre”.62
En Concierto…, la presencia del dolor frente a la pérdida de su hijo menor, Lorenzo de Szyszlo, en un accidente aéreo en 1996, considerado el peor en la historia de la aviación peruana,63 marcan la escritura del libro. El trayecto del ser frente a una realidad puesta en vilo y sobre lo que no tuvo respuestas se va cerrando hasta el vaciamiento:
Felizmente no tengo nada en la cabeza
sino unas pocas ideas equivocadas por cierto
y una memoria sin tiempo ni lugar
nada para poner
nada para dejar
sino huesos, cáscaras vacías
un montoncito de cenizas y
con suerte algo de polvo…64
Este sumo infortunio implicó un punto de no retorno en la conciencia y en la vida misma de la poeta, quien nunca pudo salir avante. En ese tiempo publicó el que sería, como se dijo, su último libro, El falso teclado. A partir de allí, conforme lo dice la periodista Fiorella Ramírez, en su reportaje en torno a la biografía de Varela realizada por Daniella Paredes, “se retiró del mundo: dejó de caminar, de escribir, de leer, de hablar. Fue un proceso largo y lento en el que su salud se deterioró”, a lo que agrega Vicente de Szyszlo, el hijo de Blanca que le sobrevive, referido por la periodista: “era una constante de ir a Emergencias. Existía degradándose, esa fue la mayor tragedia”.65
Un punto de no retorno que la llevó, en vida, al silencio, acaso porque ya se había dicho todo y ya no habría más que agregar ante la inexplicable ausencia y su contundencia más cruel. Ya lo dijo la poeta argentina Tamara Kamenzsain, en su último libro en vida, Chicas en tiempos suspendidos, en un impactante poema:
Los abuelos de la nada se llamaba un grupo de rock
como diciendo hay nada atrás de las generaciones…
(…)
…Blanca Varela perdió a su hijo en un accidente de avión
y según dijo su nieta cuando fue a recibir
el Premio Reina Sofía en nombre de la abuela
desde que le pasó lo que le pasó Blanca
“ha perdido el don de la palabra sumiéndose en un silencio deliberado que con los años ha llegado a convertirse en una condición fisiológica”.
La abuela de la nada parece haberle cedido la palabra a su nieta
para que sólo diga
que no queda nada por decir.66
MESTER DE VILLANÍA PARA EL ABRIR DE ALAS
En El falso… estamos ante la desembocadura de la poética de la autora. En cuanto a su estética, la extrema brevedad con que está escrito el verso nos recuerda cierta factura del primer libro, aunque, en este volumen, observamos que ha asimilado con maestría sus recursos: la no puntuación y el silencio como conciencia y respiración y la absoluta significación contenida en mínimos vocablos.
En cuanto a la trayectoria, en este volumen se llega a la aceptación plena de la finitud como única actitud ante ese misterio, ante esa trama más allá o, en términos de Varela, ante “la fábrica” que nos arroja a la intemperie (desnudo y bello/ te arrojará la fábrica entre nosotros67), “la máquina de sueños” (esa fuente que nos devora y devuelve, máquina de sueños, la misma imagen sin párpados, sin reposo68), la “vieja artífice”; ante ese dios, “el matarife”, “el carnicero”, “el divino verdugo” que por cierto nunca respondió. La voz poética se entrega y canta, sin resistencia, a ese extraño, oscuro fulgor del otro lado del espejo que la ha acompañado desde su poesía:
para eso estamos
para morir
sobre la mesa silenciosa
que suena69
La poesía de Blanca Varela es el canto hondo, lúcido y descarnado de la villanía humana frente a su materia transitoria y frente a una realidad inaprensible. Como ha dicho la autora al señalar la concepción bajo la que escribió su Canto villano la cual, por cierto, define su poética: “Es el libro del inconsciente, de lo que tú dices cuando no hay nadie, de los gestos que haces frente al espejo. Esas cosas terribles del monstruo que puedes ser”.70 Su poesía es un canto sin concesiones, un canto villano que en esta voz de conciencia contenida se convierte en arte, en oficio: en mester de villanía.
Por tanto, se trata de una poesía de factura honda que continúa interpelándonos, un puerto permanente que sigue irradiando la luz de aquel “Puerto Supe”, puerto germinal que nombra no sólo a un poema sino a toda una poética por lo que es significativo que la Fundación Casa de Cuervos, animada por el destacado arquitecto Vicente de Szyszlo, haya publicado en 2014 una edición de ese primer libro de la autora ya titulado como Puerto Supe, “que fue como ella lo llamó originalmente”, dijo.71
Una poesía que se irradia más allá de ese punto de partida que Paz estableciera, en los múltiples matices de la luz de ese puerto existente de nuestro mar hispanoamericano.
Una trayectoria de largas y abisales inmersiones que desemboca en ese mismo puerto de la infancia donde una niña, en el espacio atemporal de esta conciencia, juega, como si fuesen guijarros en la arena, con aquellas máscaras de lo villano que desde entonces la llamaban para ser dichas:
… como una niña arrebatada y libre
jugando al escondite con su sombra
y con la sombra de todos
y con la muerte
que se deshace en sonrisas en este falso jardín
en el único día,
el inesperado,
el que cae como una manzana sobre la cabeza.72
La poesía de Blanca Varela significa llegar al puerto donde todo comienza y donde el canto despliega sus alas pero, también, donde todo termina para levantar el vuelo infinito; donde la visitación, el ángel, como lo dice en ese emblemático verso que da título a una de sus antologías, “respira y canta. / Donde todo termina, abre las alas”.73
La poeta murió el 12 de marzo de 2009. Como afirma Fiorella Martínez, “sus cenizas fueron esparcidas en la playa Mendieta, en Paracas, lugar al que acudía con frecuencia en busca de inspiración”, a lo que agrega Vicente de Szyszlo, citado por Ramírez, fue “donde era más feliz”.74
Blanca Varela obtuvo, entre otros, además del Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo, la Medalla de Honor por el Instituto Nacional de Cultura del Perú (2004); el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2006) y, en 2007, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en su XVI edición.
“Blanca Varela, 1926-2009”, https://www.letraslibres.com/mexico/blanca-varela-1926-2009
Varela, Blanca, Ese puerto existe, Prólogo de Octavio Paz. Xalapa, Veracruz (México), Universidad Veracruzana, 1959.
Nadie sabe mis cosas. Reflexiones en torno a la poesía de Blanca Varela, Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2007, https://www.lainsignia.org/2007/noviembre/cul_004.htm
Varela, Blanca, Canto Villano (Poesía reunida, 1949-1994), Nueva ed., México, Fondo de Cultura Económica, 2017, p. 27.
Ídem.
Cruz, Juan, entrevista con Fernando de Szyszlo, “Cuando yo estaba en París todos los monstruos estaban vivos”, periódico El País, España, 28 de noviembre de 2005. https://elpais.com/diario/2005/11/28/cultura/1133132403_850215.html Fecha de consulta: diciembre de 2018.
Periódico El País, 13 de octubre de 2006, entrevista con Blanca Varela, “Octavio Paz marcó mi vida y mi poesía”, https://elpais.com/diario/2006/10/13/andalucia/1160691740_850215.html Fecha de consulta: diciembre de 2018.
Valcárcel, Rosina, “Esto es lo que me ha tocado vivir”, entrevista con Blanca Varela, revista Literalgia. https://www.literalgia.com/entrevista-blanca-varela-esto-es-lo-que-me-ha-tocado-vivir/ Fecha de consulta: diciembre de 2018.
Valcárcel, Rosina, op. cit.
Varela, Blanca. Poesía reunida 1949-2000, “Puerto Supe”, Ese puerto existe, Casa de Cuervos/ Sur Librería Anticuaria, Perú, 2016, p. 27.
Valcárcel, Rosina, op. cit.
Varela, Blanca, op., cit., “Historias de Oriente”, Ese puerto existe, 2016, p. 27.
Ibíd., [Como en un cuadro estrecho], Concierto animal, p 229.
Kristal, Efraín, “Entrevista con Blanca Varela”, Vallejo and Company, http://www.vallejoandcompany.com/entrevista-con-blanca-varela-por-efrain-kristal/ Fecha de consulta: noviembre de 2018.
Varela, Blanca, op., cit., “Primer baile. V”, Ese puerto existe, 2016, p. 32.
Idem., “Divertimento”, p. 23.
Varela, Blanca, op., cit., “Del orden de las cosas”, Luz de día, 206, p. 43.
Fort de Cooper, María Amelia, Entrevista con Blanca Varela, https://www.youtube.com/watch?v=Qrz53dch0RI Fecha de consulta: noviembre de 2018.
Varela, Blanca, op. cit., “Epitafio”, Luz de día, 2016, p. 59.
Idem, “Así sea”, p. 60.
Kristal, Efraín,. op., cit.
Idem.
“Blanca Varela, a doce años de su muerte: lo que pensaba sobre la eternidad, el amor, la poesía y el arte”, fragmento de entrevista de Mario Campos, periódico El Comercio, Perú, 12 de marzo de 2021. https://elcomercio.pe/somos/historias/blanca-varela-lo-que-pensaba-sobre-la-eternidad-el-amor-la-poesia-y-el-arte-entrevistas-con-blanca-varela-somos-literatura-peruana-noticia/?ref=ecr#google_vignette
Varela, Blanca, op. cit., “Reja”, Canto villano, 2016, p. 119.
Dreyfus, Mariela y Silva-Santisteban, Rocío, op. cit.
Barranco, Justo, entrevista con Blanca Varela, “Mi poesía termina en el lector”, periódico La Vanguardia, 19 de agosto de 2001.
Dreyfus, Mariela y Silva-Santisteban, Rocío, op. cit.
Varela, Blanca, op., cit., “Nadie sabe mis cosas”, Valses y otras confesiones, 2016, pp. 90-91.
Ibíd., “Fuente”, Ese puerto existe, 2016, p. 18.
Varela, Blanca, op., cit., 2017, p. 29.
___, op., cit., “Mediodía”, Ese puerto existe, 2016, p. 22.
Idem., “Divertimento”, p. 24.
Varela, Blanca, op., cit., “En lo más negro del verano”, Luz de día, 2016, p. 55.
El falso teclado (2000), que reúne sus últimos trece poemas, dedicados al poeta José Ángel Valente. Fue incluido, en primer lugar, en la antología Donde todo termina abre las alas (Poesía reunida, 1949-2000). Prólogo de Adolfo Castañón y Epílogo de Antonio Gamoneda. Barcelona, Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores, 2001. Posteriormente fue publicado como libro independiente en 2016 por la Casa de La Literatura Peruana en edición no venal e incluido, en el mismo año, en la compilación Poesía reunida, 1949-2000.
Cf. Carmen Ollé, Poetas peruanas: Lima, Perú. “¿Es lacerante la ironía?”. Márgenes. Encuentro y debate. Año VI. No. 12, noviembre de 1994, pp. 11-16, en op. cit, 2017, p. 30.
Varela, Blanca, op., cit., “Canto villano”, Canto villano, 2016, p. 131.
___, Luz de día. Lima, Ediciones de La Rama Florida, 1963.
___, op., cit., “Máscara de algún dios”, Luz de día, 2016, p. 70-71.
Kristal, Efraín, op., cit.
Varela, Blanca, op. cit., “Visitación”, El falso teclado, p. 246.
___, Valses y otras falsas confesiones, Instituto Nacional de Cultura, Lima 1972.
___, op., cit., “Valses”, Valses y otras confesiones, 2016, pp. 81-86.
Idem, “Conversación con Simone Weil”, p. 110-111.
Idem, “Secreto de familia”, p. 105.
Varela, Blanca, Canto villano, Ediciones Arybalo, Lima, 1978.
Kristal, Efraín, op. cit.
Fort de Cooper, María Amelia, op. cit.
Varela, Blanca, op., cit., “A la realidad”, Canto villano, 2016, p. 121.
Idem, “Noche”, p. 123.
Idem, “Persona”, p. 137.
Idem, “Camino a Babel” (IV), p. 149.
Varela, Blanca, Ejercicios materiales, Jaime Campodónico editor, Lima,1993.
___, op., cit., “Último poema de junio”, Ejercicios materiales, 2016, p. 156.
Idem, “Escena final”, p. 179.
Idem, “Ejercicios materiales”, p. 168.
Idem, “Ideas elevadas”, p. 171.
Varela, Blanca, El libro de barro, Ediciones del Tapir, Madrid, 1993.
___, Concierto animal, Valencia-Lima, Pre-Textos/PEISA, 1999.
Dreyfus y Silva-Santisteban, op. cit.
Valcárcel, Rosina, op. cit.
Varela, Blanca, op. cit., [Mirando a los dioses borrarse], El libro de barro, 2016, p. 191.
Kristal, Efraín, op. cit
Se trata del vuelo 251 de la aerolínea Faucett, empresa que ya no opera en la actualidad, que iba de Lima a Tacna, con escala en Arequipa, donde ocurrió el accidente. El avión era un Boeing 737-222 que se estrelló en terreno el 29 de febrero de 1996. Las 123 personas a bordo, de las cuales 117 eran pasajeros, fallecieron. https://es.wikipedia.org/wiki/Vuelo_251_de_Faucett_Per%C3%BA; https://www.youtube.com/watch?v=MIEIZRqJvJE
Varela, Blanca, op. cit., [Esta mañana soy otra], Concierto animal, 2016, p. 225.
“A 100 años del nacimiento de Blanca Varela: publican la primera biografía de la poeta peruana”, reportaje de Fiorella Ramírez Menacho, Revista Cosas, Perú, 7 de enero de 2026.
Eterna Cadencia Editora, Argentina, 2021, edición digital EPUB para Kindle, sin página, julio de 2021, poema 8, Capítulo II, “Abuelas”.
Ibíd., “La lección”, Ese puerto existe, p. 19.
Ibíd., “Canto a Ithaca”, Luz de día, p. 47.
Ibíd., “El falso teclado”, El falso teclado, p. 252.
Krystal, Efraín, op. cit.
Presentimiento de la Luz. Vida y obra de Blanca Varela, Casa de la Literatura Peruana, 2017, p. 53.
Varela, Blanca, op. cit., “Divertimento”, Ese puerto existe, 2016, p. 23.
Ibíd., “Así sea”, Luz de día, p. 60.
Fiorella Ramírez Menacho, op. cit.
Este ensayo fue escrito con apoyo del Sistema Nacional de Creadores de Arte, Secretaría de Cultura de México a través del SACPC, y actualizado para conmemorar los Cien años del Natalicio de la autora.
Claudia Posadas, México. Ha publicado, entre otros, Liber Scivias (2010), Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2009, reeditado por la UNAM (2016), y las antologías de las poetas chilenas Carmen Berenguer. Plaza tomada. Poesía, 1983-2020 (UANL, 2021) y Stella Díaz Varín (Colección Vindictas Poetas Latinoamericanas, Material de Lectura de la UNAM, 2023), ambas selección y prólogo suyo. Ensayos, poemas y entrevistas suyas con y sobre autores hispanoamericanos de primer orden han sido incluidos en antologías y publicaciones de Latinoamérica y España. Ha sido becaria de varios programas de la Secretaría de Cultura a través del Fondo Nacional para la cultura y las Artes, hoy SACPC, entre ellos el de Residencias Artísticas para Chile (2008), y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, en 2011 y 2016.
Entrevista de Claudia Posadas a Blanca Varela







