Otomana, de Alejandra Boero, puede leerse como, pero no solamente, una erótica en torno a la vinculación existencial con una ciudad devenida mito en la escritura, Estambul. Veintiún breves poemas- caravanserai * actúan como puntos luminosos de encuentro haciendo centro en una sostenida primera persona que se pronuncia en espejo – “Soy hija de esta fábula”- y se va constituyendo (cuerpo-bazar-telar-atalaya- filtro) en escritura que finalmente revela que ha venido a pronunciar “lo que la lengua no traduce, / lo que ninguna lengua / comprende”.
Amalgamando palabras rigurosas tomadas del turco, la lengua del poema escande y escancia los vestigios y lo inacabado de una cultura perfeccionando y elaborando dicha materia en suspensión. Así la otomana del relato de Boero puede pronunciar una mitología que contraste con “la exterioridad de los maestros “del Tesbih” **.
Una ciudad–cuerpo–femenino opone aquí a la severidad de tales maestros, un fermento vertiginoso: la polisemia de una Lengua otra discurriendo exilio, memoria, apetitos, distancia, extravío. Una poética en la que yace nada menos que el poderío de un imperio. Potestad que mediante la lengua regida por la voz puesta aquí en escena por Alejandra Boero, se va constituyendo, a lo largo de la lectura de Otomana, nada más y nada menos que en Sema***, residuo caligráfico fabuloso donde
“los abalorios resisten,
las parcas también”.
* Caravanserai: antigua posada amurallada donde peregrinos de Oriente descansaban y se alimentaban, cruzándose distintas lenguas y relatos.
** Tesbih: tespih o tesbih en turco es similar a un rosario, se le llama muchas veces rosario musulmán, y lo utilizan para rezar el dikr o invocación repetida de los nombres de Alá (Allah).
*** Sema: Título del primer poema de Otomana, de Alejandra Boero.
Nota: Me gustaría, asimismo, resaltar la armonía estética entre el texto de OTOMANA y su edición, debida al sello editorial Unbudha ediciones artesanales (Col. Pocket. Rafaela, Santa Fe. Argentina. Tercera reedición, 2026).
Alicia Silva Rey
Sema
Mi respiración se aquieta
en las notas del ney.
Giro en compases de noche
y silencio.
Me dejo caer.
Mis pies rotan
y mis manos,
suspendidas,
se afinan.
Niego la gravedad.
Sostengo un cuerpo que,
a la altura del amor,
se abisma en otra música,
se realiza en otro tiempo.
Cálamo
El maestro calígrafo
mira los rollos,
escoge el de piel de cordero,
lo huele.
Allí su pluma,
noventa y nueve veces,
borrará un nombre.
Su arte sabe perderse
en la belleza de las formas.
El maestro calígrafo
confía sus trazos a una caña,
a la insistencia de un nombre,
al lábil vacío
de su mortalidad.
Tesbih
Recuerdo las normas del templo,
la exterioridad de los maestros.
Un tesbih, en mis manos,
sacrifica sus tratados,
sistematiza sus yerros.
Debo huir, me digo
volver donde bulle la gracia.
Salgo a la memoria de las calles,
a las pozas de café,
a las líneas de mi mano.
Regreso las cuentas a mis dedos.
Almuecín
Su voz conmueve,
cinco veces al día,
lo que la lengua no traduce,
lo que ninguna lengua comprende.
Desde el minarete,
la frágil
arquitectura
de un hombre
sostiene
la escansión
del tiempo.
Oud
Yo que vos no iría tras las huellas
de un árbol que se infecta.
El aire que respira este bosque
perfuma mi cuerpo lacerado.
Debo atravesar este sendero
de ramas que crujen,
de cortezas fisuradas,
de naturaleza que exige
una libra de savia
a las comisuras de la herida.
Miro los troncos abiertos.
Supuran.
Conozco el precio de lo bello,
la putrefacción de la vida.
Nazar
Hay mucho de salvaje en nuestros pasos.
Ajusto la postura
y miro
un punto fijo.
El cuerpo se disocia.
Múltiples líneas,
detrás de nuestra lengua,
describen el paisaje.
El pensamiento mágico retorna.
Pende en los ojos del tiempo
el árbol de la vida.
Los abalorios resisten.
Las parcas también.
Narguile
Sobre el carbón del tiempo
enciendo esta zarza.
Un día sueño la puerta.
Otro día, un viento azul.
Sigo nubes de calma,
túneles de fuego,
vendavales.
Mi boca trasiega perjuros
en volutas de humo.
Regreso al umbral
donde todo se enuncia,
donde mi cuerpo,
llamado a la vida,
te redime.
Pierre Loti
Mis palabras nacen exiliadas.
Esta casa, aquí en lo alto,
otea los pliegues de mi historia.
Busco el mar,
vuelvo mi mirada al agua.
Retrocedo.
Sorbo el primer café del día.
Camino.
Entre cipreses y tulipanes,
hay estelas que repiten,
con insistencia de siglos,
todos mis nombres.
Conozco de memoria las distancias,
los cotidianos extravíos.
Por cada orilla de mi lengua
yace un imperio.
Lokum
Mis frutos maduran a destiempo.
Mientras cuezo los jugos del hambre,
un almíbar espeso fragua,
en mis manos,
un íntimo consuelo.
Trato de dominar,
al calor de las hornallas,
una tradición que pervive.
Poso mi lengua en lo dulce.
Conjuro,
entre mis labios,
los sabores de la historia.
Kiz Kulesi
Soy yo esta torre móvil,
atalaya,
faro,
historia en la historia,
casa en el fiel de la escritura,
intérprete,
la sola que dice
muerte,
esa palabra.
Hammam
Con este cuerpo
filtro
la luz en estas cúpulas,
proveo de agua a las cisternas,
traigo
vapores de rosas
y azahar.
Descubro
sobre el frío mármol
el baño ritual,
mi cuerpo,
temible espacio de lo invisible.
Torre Gálata
Soy la expansión del tiempo,
su reposo
en el espejo del agua.
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