Poesía argentina: Alejandra Boero

Diego Roel construye un dossier de poesía argentina contemporánea. Leemos aquí algunos textos de Alejandra Boero (1968). Nació en Rafaela, ciudad desde donde escribe y edita «Gilgamesh: poesía y poéticas». En 2025 público, en Unbudha editorial, Desarmadero, Otomana y Saudade.

 

 

 

 

 

 

Otomana, de Alejandra Boero, puede leerse como,​​ pero no solamente, una erótica en torno a la vinculación existencial con una ciudad devenida mito en la escritura, Estambul. Veintiún breves poemas- caravanserai * actúan como puntos luminosos de encuentro haciendo centro en una sostenida primera persona que se pronuncia en espejo – “Soy hija de esta fábula”- y se va constituyendo (cuerpo-bazar-telar-atalaya-​​ filtro) en escritura que finalmente revela que ha venido a pronunciar “lo que la lengua no traduce, / lo que ninguna lengua / comprende”.

Amalgamando palabras rigurosas tomadas del turco, la lengua del poema escande y escancia los vestigios y lo inacabado de una cultura perfeccionando y elaborando dicha materia en suspensión. Así la otomana del relato de Boero puede pronunciar una mitología que contraste con “la exterioridad de los maestros “del Tesbih” **.

Una ciudad–cuerpo–femenino opone aquí a la severidad de tales maestros, un fermento vertiginoso: la polisemia de una​​ Lengua otra​​ discurriendo exilio, memoria, apetitos, distancia, extravío. Una poética en la que yace nada menos que el poderío de un imperio. Potestad que mediante la lengua regida por la voz puesta aquí en escena por Alejandra Boero, se va constituyendo, a lo largo de la lectura de​​ Otomana, nada más y nada menos que en Sema***, residuo caligráfico fabuloso donde

 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ “los abalorios resisten,

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ las parcas también”.

 

 

 

* Caravanserai: antigua posada amurallada donde peregrinos de Oriente descansaban y se alimentaban, cruzándose distintas lenguas y relatos.

** Tesbih: tespih o tesbih en turco es similar a un rosario, se le llama muchas veces rosario musulmán, y lo utilizan para rezar el​​ dikr​​ o invocación repetida de los nombres de Alá (Allah).

*** Sema: Título del primer poema de​​ Otomana, de Alejandra Boero.

 

Nota: Me gustaría, asimismo, resaltar la armonía estética entre el texto de​​ OTOMANA​​ y su edición, debida al sello editorial​​ Unbudha ediciones artesanales​​ (Col. Pocket. Rafaela, Santa Fe. Argentina. Tercera reedición, 2026).

 

Alicia​​ Silva Rey

 

 

 

 

 

 

 

 

Sema

 

 

Mi respiración se aquieta

en las notas del ney.

 

Giro en compases de noche

y silencio.

 

Me dejo caer.

 

Mis pies rotan

y mis manos,

suspendidas,

se afinan.

 

Niego la gravedad.

 

Sostengo un cuerpo que,

a la altura del amor,

se abisma en otra música,

se realiza en otro tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Cálamo

 

 

El maestro calígrafo​​ 

mira los rollos,​​ 

escoge el de piel de cordero,​​ 

lo huele.​​ 

Allí su pluma,​​ 

noventa y nueve veces,​​ 

borrará un nombre.​​ 

 

Su arte sabe perderse​​ 

en la belleza de las formas.​​ 

 

El maestro calígrafo​​ 

confía sus trazos a una caña,​​ 

a la insistencia de un nombre,​​ 

al lábil vacío​​ 

de su mortalidad.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tesbih

 

 

Recuerdo las normas del templo,​​ 

la exterioridad de los maestros.​​ 

Un tesbih, en mis manos,​​ 

sacrifica sus tratados,​​ 

sistematiza sus yerros.​​ 

 

Debo huir, me digo

volver donde bulle la gracia.​​ 

 

Salgo a la memoria de las calles,​​ 

a las pozas de café,​​ 

a las líneas de mi mano.​​ 

 

Regreso las cuentas a mis dedos.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

Almuecín

 

Su voz conmueve,​​ 

cinco veces al día,​​ 

lo que la lengua no traduce,​​ 

lo que ninguna lengua comprende.​​ 

 

Desde el minarete,​​ 

la frágil​​ 

arquitectura​​ 

de un hombre​​ 

sostiene​​ 

la escansión

del tiempo.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oud

 

Yo que vos no iría tras las huellas​​ 

de un árbol que se infecta.​​ 

 

El aire que respira este bosque​​ 

perfuma mi cuerpo lacerado.​​ 

 

Debo atravesar este sendero​​ 

de ramas que crujen,​​ 

de cortezas fisuradas,​​ 

de naturaleza que exige​​ 

una libra de savia​​ 

a las comisuras de la herida.​​ 

 

Miro los troncos abiertos.​​ 

Supuran.​​ 

 

Conozco el precio de lo bello,​​ 

la putrefacción de la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

Nazar

 

Hay mucho de salvaje en nuestros pasos.​​ 

 

Ajusto la postura​​ 

y miro​​ 

un punto fijo.​​ 

 

El cuerpo se disocia.​​ 

 

Múltiples líneas,​​ 

detrás de nuestra lengua,​​ 

describen el paisaje.​​ 

 

El pensamiento mágico retorna.​​ 

 

Pende en los ojos del tiempo​​ 

el árbol de la vida.​​ 

 

Los abalorios resisten.​​ 

Las parcas también.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

Narguile

 

Sobre el carbón del tiempo​​ 

enciendo esta zarza.​​ 

 

Un día sueño la puerta.​​ 

Otro día, un viento azul.​​ 

Sigo nubes de calma,​​ 

túneles de fuego,​​ 

vendavales.​​ 

 

Mi boca trasiega perjuros​​ 

en volutas de humo.​​ 

 

Regreso al umbral​​ 

donde todo se enuncia,​​ 

donde mi cuerpo,​​ 

llamado a la vida,​​ 

te redime.​​ 

 

 

 

 

 

 

Pierre Loti

 

Mis palabras nacen exiliadas.​​ 

 

Esta casa, aquí en lo alto,​​ 

otea los pliegues de mi historia.​​ 

 

Busco el mar,​​ 

vuelvo mi mirada al agua.​​ 

Retrocedo.​​ 

Sorbo el primer café del día.​​ 

Camino.​​ 

Entre cipreses y tulipanes,​​ 

hay estelas que repiten,​​ 

con insistencia de siglos,​​ 

todos mis nombres.​​ 

 

Conozco de memoria las distancias,​​ 

los cotidianos extravíos.​​ 

 

Por cada orilla de mi lengua​​ 

yace un imperio.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

Lokum

 

Mis frutos maduran a destiempo.​​ 

 

Mientras cuezo los jugos del hambre,​​ 

un almíbar espeso fragua,​​ 

en mis manos,​​ 

un íntimo consuelo.

 

Trato de dominar,​​ 

al calor de las hornallas,​​ 

una tradición que pervive.​​ 

 

Poso mi lengua en lo dulce.​​ 

Conjuro,​​ 

entre mis labios,​​ 

los sabores de la historia.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

Kiz Kulesi

 

Soy yo esta torre móvil,​​ 

atalaya,​​ 

faro,​​ 

historia en la historia,​​ 

casa en el fiel de la escritura,​​ 

intérprete,​​ 

la sola que dice​​ 

muerte,​​ 

esa palabra.​​ 

 

 

 

 

 

 

Hammam

 

Con este cuerpo​​ 

filtro​​ 

la luz en estas cúpulas,​​ 

proveo de agua a las cisternas,​​ 

traigo

vapores de rosas​​ 

y azahar.​​ 

Descubro​​ 

sobre el frío mármol​​ 

el baño ritual,​​ 

mi cuerpo,​​ 

temible espacio de lo invisible.

 

 

 

 

 

 

 

Torre Gálata

 

​​ Soy la expansión del tiempo,

​​ su reposo​​ 

​​ en el espejo del agua.​​ 

 

 

 

 

 

 

Otros autores 

Valeria Pariso / Inés Aráoz / Lucas Margarit / César Cantoni / Gustavo Caso Rosendi / Diego Muzzio / Andrés Neuman / José Ignacio Hernández / 

María Bakun / Lorena Strack / Daniela Bastías / Eliana Tomassini

 

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