A cien años del nacimiento de Blanca Varela. Ensayo de Claudia Posadas

El 10 de agosto de 1926, hace cien años, nació en Lima, Perú, en el Barrio de Santa Beatriz, la poeta Blanca Varela (fallecida en 2009). En el ensayo que aquí leemos, Claudia Posadas analiza, en su totalidad, la trayectoria y el desarrollo de su obra de Blanca Varela. Al final del texto aparece un link a la entrevista que le concedió la poeta peruana a Posadas en el contexto de su designación como Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo en 2001.

 

 

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El puerto​​ que​​ aún​​ existe y​​ donde​​ (el ángel)​​ abre las alas1

A cien años del nacimiento de​​ Blanca Varela

Claudia Posadas2

 

 

 

—¡Pero Octavio, si ese puerto existe!​​ ​​ —dijo la poeta.

—Él sonrió, “siempre atento a las insinuaciones de la poesía en el habla diaria”, como ha referido Adolfo Castañón1​​ respecto de ese momento​​ y dijo: —Ese es el título, Blanca, ya lo tenemos.

Esta fue la réplica​​ de​​ Octavio Paz a la propuesta de su amiga​​ Blanca Varela para titular su primer libro de poesía.​​ Ella quería llamarlo​​ Puerto Supe,​​ evocando​​ aquella​​ localidad marítima de​​ la costa central del​​ Perú donde pasó​​ luminosos​​ veranos con Celia (primera esposa de José María Arguedas) y​​ su hermana​​ Alicia​​ Bustamante, Arguedas​​ mismo​​ y​​ el pintor Fernando​​ de Szyszlo, su cónyuge​​ y​​ padre de sus dos hijos, Lorenzo y Vicente;​​ sin​​ embargo,​​ aceptó la propuesta de Paz y​​ el volumen, que fue editado​​ en México​​ por la Universidad Veracruzana​​ bajo​​ la​​ recomendación​​ del​​ poeta​​ y​​ con su prólogo,​​ se​​ publicó​​ como​​ Ese puerto existe​​ (1959).2

Para​​ la crítica contemporánea​​ dicho​​ volumen​​ es​​ emblemático en cuanto​​ es posible observar, en​​ este​​ contexto,​​ lo que​​ podría ocurrir​​ con la escritura​​ realizada por mujeres​​ que,​​ en primera instancia, hayan sido​​ apuntaladas​​ por​​ figuras masculinas de gran peso en el canon, ya que si bien​​ su obra​​ pudiera​​ ser mayormente conocida, las​​ nociones​​ que se hayan marcado en torno a​​ sus​​ trabajos​​ difícilmente permitirían​​ otras​​ perspectivas​​ críticas. Por ejemplo, este prólogo,​​ aunque​​ señala claves fundamentales para el análisis de esta​​ poesía, también​​ implica “una pauta de interpretación fuerte, un camino marcado para las exegesis posteriores, una ruta muchas veces difícil de desmarcar”,3​​ de acuerdo con​​ las poetas y especialistas peruanas​​ Mariela​​ Dreyfus y Rocío Silva-Santisteban.

Sin embargo,​​ conforme se ha desarrollado la reflexión en torno a esta obra,​​ se ha abierto​​ un escenario para el diálogo​​ y para el señalamiento de rumbos que​​ actualizan, amplían y​​ marcan​​ otras​​ concepciones​​ de lectura de​​ una poesía de suma complejidad, como la de Varela.

Al mismo tiempo, este libro​​ también​​ es​​ relevante​​ porque​​ si acaso​​ no pudo ser​​ titulado​​ “Puerto Supe”,​​ ​​ lo fue​​ el​​ haber nombrado​​ de dicha manera el poema que​​ lo​​ abre,​​ texto que cada vez cobra mayor importancia,​​ ya que​​ en él se observan,​​ aunque latentes,​​ muchos de los cauces​​ y desembocaduras​​ de​​ la obra de esta poeta, pero sobre todo​​ respira​​ la voz interior de esta poesía, una conciencia en diálogo con los extraños velos de la realidad, el misterio de​​ la existencia, el dios​​ indolente​​ y​​ silencioso, la finitud​​ y el ser destruido por el tiempo.​​ 

En el contexto de los primeros 100 años de nacimiento de Blanca Varela es preciso​​ asombrarse​​ por​​ la​​ pureza​​ viva​​ y​​ murmurante​​ del cielo más verdadero​​ de​​ su​​ poesía, que nos​​ habla​​ desde​​ su​​ esplendor​​ centenario.

 

CARTA DE NAVEGACIÓN POR EL PUERTO

 

Blanca Varela es una de​​ las​​ voces​​ hispanoamericanas del​​ Sxx​​ más​​ singulares​​ y privilegiadas​​ ya que cultivó una voz extremadamente​​ profunda y personal​​ que postuló una poética de​​ exactitud​​ y economía verbal​​ cargada de significados en tensión,​​ en el contexto​​ de​​ las grandes manifestaciones de​​ lenguaje, en la primera mitad del siglo XX, de​​ una​​ poesía​​ latinoamericana​​ en plena transfiguración y asimilación vanguardista.​​ Como dice Adolfo Castañón, la estela de una poesía mayormente sobria, producto de​​ la​​ conciencia estética de​​ una​​ posguerra europea, no se reflejaba todavía en el ideario poético latinoamericano:​​ La austeridad, la aridez, la pobreza y la desnudez que marcan la tarea poética de Montale, Ungaretti, Auden o Char tardarán en llegar al continente hispanoamericano.4​​ ​​ De ahí que, en este contexto,​​ destaca la sobriedad poética de Varela,​​ ya que “no abundan los poetas hispanoamericanos que han sabido alcanzar en la desnudez una plenitud, en la severidad seminal,​​ riqueza....5​​ 

Proveniente​​ de una familia​​ de escritores y​​ humanistas, tuvo​​ una​​ formación​​ amplia que​​ la llevó a ser una de​​ las primeras mujeres en ingresar,​​ a la edad de 16 años,​​ a la Universidad de San Marcos en 1943​​ para​​ estudiar​​ letras y educación.​​ Allí​​ conoció a​​ Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson y a​​ quien sería uno de sus principales maestros y amigos,​​ Sebastián Salazar Bondy​​ quien le presentó​​ a​​ de Szyszlo,​​ le proporcionó diversas lecturas y la​​ acercó​​ a​​ Emilio Adolfo​​ Westphalen,​​ a José María Arguedas y a la​​ peña Pancho Fierro, una tertulia de artistas​​ e intelectuales​​ dirigida por​​ las​​ hermanas​​ Bustamante. Con ellas conoció a César Moro y Martín Adán.​​ Es decir,​​ convivió con​​ las más​​ importantes conciencias​​ creadoras​​ de su tiempo​​ y espacio, con quienes conformaría la llamada Generación del 50.​​ 

En 1949,​​ junto con​​ de Szyszlo,​​ emprendió​​ el​​ iniciático​​ viaje a​​ un​​ París​​ de posguerra, donde conocieron a Cortázar, Fuentes​​ y Paz,​​ quien​​ los​​ aproximó​​ a los círculos artísticos de​​ latinoamericanos y españoles radicados en Francia y a figuras como André Bretón,​​ cuyo​​ pensamiento​​ fue​​ primordial​​ para la poeta.​​ También, en una estancia posterior (1953), Varela conoció a Sartre y a Simone de Beauvoir.​​ Sobre esta efervescencia​​ artística​​ con la que​​ extraordinariamente​​ coincidieron, de Szyszlo​​ ha dicho: “Lo cierto es que cuando yo estaba en París todos los monstruos estaban vivos: Picasso, Matisse, Gide, Camus, Sartre, y a William Faulkner me lo encontraba por la calle, Giacometti....6

Justo en esta​​ estancia​​ parisina​​ es que Varela, en medio de una cultura extraña,​​ acaso en​​ remembranza​​ de lo vivido en Pancho Fierro, que era un espacio de​​ revaloración​​ de lo​​ nacional,​​ afirmó su identidad​​ peruana​​ y​​ comenzó a escribir poesía,​​ pero no una poesía​​ ajena a su​​ origen, sino “poemas que recuperaban los paisajes de Perú, donde quedó mi infancia para siempre,7​​ infancia que, para la autora,​​ tiene un significado amplio: “cuando me refiero a mi infancia, me refiero al Perú, a la sociedad peruana”.8

Es precisamente este​​ espíritu que guía la escritura de​​ Puerto Supe,​​ que es​​ una contemplación​​ marina,​​ imagen​​ que​​ siempre​​ le fuera muy cercana​​ a la autora​​ y que forma parte del imaginario de​​ muchos​​ de sus poemas.​​ El​​ texto​​ es​​ imprescindible porque​​ en​​ él aflora esta evocación del paisaje​​ natal​​ a manera de​​ una​​ carta de​​ navegación​​ para su poesía​​ entera,​​ como lo señala​​ Varela: “lo escribí recién llegada a París. Lo considero como un poema inicial. Es un poema en el cual me enfrento con un país, con una sociedad, con una situación. Yo era una chica peruana que había llegado​​ (…), buscando conocer cosas. Sentí muy fuerte la indiferencia, es decir, mi identidad se hizo muy insistente.9

Pero​​ ante todo​​ es fundamental​​ porque​​ como se dijo,​​ en él se​​ delinean​​ los rasgos de su estética,​​ de su​​ manera particular de transgredir la imagen poética y, lo más​​ emblemático,​​ se perfila​​ un tema o referencia que desarrollará a lo largo de su obra​​ que es​​ la​​ presencia,​​ la​​ percepción,​​ de​​ una sombra, acaso​​ de​​ una​​ manifestación​​ de​​ una/otra realidad,​​ la noche honda,​​ pero siempre dentro del plano de lo visible y tangible,​​ como​​ una​​ forma​​ sutil​​ de cuestionar​​ el mundo fenoménico​​ y como una indagación​​ en busca del​​ significado​​ de la existencia​​ finita​​ y acaso de un dios.​​ 

Es, en el caso de este poema,​​ el​​ observar el perdido y ya no tan inocente paisaje de la infancia, desde​​ una​​ conciencia que interpela:

 

 

Esta mi infancia en esta costa,

bajo el cielo tan alto,

cielo como ninguno, cielo, sombra veloz,

nubes de espanto,

 

(…)

 

Aquí en la costa escalo un negro pozo,

voy de la noche hacia la noche honda,

voy hacia el viento que recorre ciego

pupilas luminosas y vacías,

o​​ habito el interior de un fruto muerto,

 

(…)

 

En esta costa soy el que​​ despierta

entre el follaje de alas pardas,

el que ocupa esta rama vacía,

el que no quiere ver la noche…10

 

 

 

OTRO​​ CIELO, FALSO JARDÍN

 

Varela posee una voz escéptica,​​ irónica​​ y​​ lúcida; no da por sentado ningún orden​​ lo cual, probablemente, tiene que ver con ese temperamento inquisitivo e inconforme que, ha expresado, tiene desde niña. De​​ esta forma,​​ su poesía es​​ un​​ constante​​ cuestionamiento​​ e indagación​​ de​​ lo real​​ y sus fugaces batallas​​ y​​ de​​ la existencia​​ misma​​ a partir de​​ una​​ extrañeza​​ que la poeta​​ despliega​​ ante​​ lo​​ que nos rodea y​​ lo​​ organiza.​​ Como lo ha expresado:​​ Qué demonios hay detrás de toda esa especie de juego increíble que es la vida, el estar aquí, el pelear por cosas que sabes que son​​ fugaces; sin embargo, hay que denunciar esto, hay que decirlo mientras uno viva. Yo siempre he dicho una cosa que es una especie de contradicción, la eternidad es hoy. Entonces hoy en que estoy todavía viva tengo​​ que decir que todo esto no me convence, que tengo que estar buscándole sentido a las cosas todavía.11

Un sentido,​​ un misterio, una trama​​ o una oscuridad que observa, que​​ arde,​​ que​​ palpita, que acecha, en la plenitud del día​​ y que​​ es mencionada​​ prácticamente desde su primer libro, en​​ uno de sus poemas más enigmáticos:

 

 

El​​ cielo​​ cabalgaba espléndido, arrebolado.

Una mano prolija instalaba pájaros bajo la lluvia fina, pasajera.

Todo sucedía así.

A pesar de la música,​​ de la aparente normalidad, una​​ piedra rodaba; un signo, una invisible​​ 

señal ardía sobre la ignorancia del mundo...12

 

 

Varela habla​​ justo​​ desde esa extrañeza, desde cierto malestar y​​ desconcierto​​ del escenario del​​ paisaje​​ de este lado del espejo,​​ a partir de​​ su percepción de una-otra realidad,​​ de​​ un orden otro que incluso, podría​​ implicar​​ un tiempo paralelo:​​ 

 

 

Ella frente al espejo

parece joven y retoca sus labios y mejillas

como si fueran ajenas

mientras su imagen desde otro mundo

sencillamente le sonríe13

 

 

Al respecto, hay una declaración​​ altamente​​ significativa​​ que la poeta​​ expresó​​ en entrevista con el crítico​​ y académico​​ Efraín Kristal (que en paz descanse, y quien realizó ésta,​​ una de las mejores entrevistas con Varela)​​ en torno a​​ un poema germinal incluido, evidentemente, en​​ Ese puerto existe, donde ya​​ encontramos​​ esta órbita circundante:​​ Hay un poema muy antiguo,​​ ‘No hay cielo sino varios​​ y eso viene de alguna lectura que hice sobre los tiempos paralelos, que varias cosas van sucediendo al mismo tiempo, que hay varios tiempos, que no hay uno solo. No sé cómo se le llamaría a eso, quizá ciencia ficción”.14​​ 

 

 

Hay un lugar lejos de toda la ciudad. No hay un cielo sino varios,

superpuestos, espejeantes, horribles.

¿Qué significará el amanecer para quien no conoce sino la

 noche y el sueño que sucede al sueño?​​ 15

 

 

El​​ cuestionamiento​​ lleva a la voz poética​​ a​​ dudar de lo real, desde una conciencia de impostura de​​ esa vasta bóveda del día, palpitante de​​ gorjeos, pero​​ testigo​​ de la​​ misteriosa​​ instalación del​​ falso jardín​​ (como​​ ya​​ lo​​ dice​​ desde​​ uno de sus primeros poemas16), del falso​​ escenario, del falso cielo:

 

 

Miro hacia arriba y ya está la máquina​​ funcionando.

Un gran ideal o una pequeña​​ intuición​​ van pendiente abajo.

Su única misión es conseguir llenar el cielo natural o el falso.17

 

 

CUÁL ES CUAL…

 

Cabe​​ señalar​​ que esta​​ percepción de una​​ índole otra”, es​​ un​​ tópico​​ que comparte con​​ la argentina Olga Orozco (1920-1999),​​ aunque​​ en​​ Varela​​ “lo​​ invisible​​ no es​​ la​​ certeza​​ de​​ una​​ supra​​ realidad,​​ como sí lo es en Orozco,​​ además​​ de que​​ el tema es​​ desarrollado​​ desde estéticas​​ contrapuestas. Si bien,​​ tomando en cuenta​​ lo señalado​​ por​​ la​​ crítica hegemónica,​​ podría decirse​​ que​​ las autoras​​ caminan​​ por​​ cierta​​ vena surrealista, en Varela​​ ésta​​ se desarrolla​​ a manera de​​ atisbo​​ inquietante,​​ de​​ sutileza incómoda​​ dentro de la realidad,​​ mientras​​ que​​ en​​ Orozco, ésta​​ se​​ desboca​​ en​​ el​​ discurso del inconsciente. En ambas se trata de​​ un eco​​ y acaso​​ de un espíritu de época.​​ De cualquier forma,​​ Varela no es surrealista como tal,​​ sino​​ que comparte con esta​​ estética​​ cierta conexión​​ a​​ partir​​ del vislumbre​​ de​​ lo otro”, que en la autora, como se dijo, implica un cuestionamiento del mundo que nos circunda: “Paz dice que no​​ soy​​ surrealista en la​​ práctica​​ sino en el​​ estilo. Hay una cosa​​ de rebelión, de crítica de la realidad”.18

Por otro lado, destaca que​​ la poesía de​​ Varela​​ nunca​​ transgrede lo real​​ mientras que​​ la de​​ Orozco sí;​​ es decir,​​ como​​ Olga,​​ Blanca​​ jamás​​ entabla un diálogo con “quienes rondan la niebla” (aludiendo a uno de los poemas​​ más​​ inquietantes​​ de Orozco).​​ Ella sólo enuncia​​ una​​ posibilidad,​​ insertada​​ dentro de​​ lo​​ fenoménico: una​​ sombra, una​​ mutación​​ de la atmósfera,​​ un sueño,​​ un recuerdo:

 

 

Cae una hoja

y​​ es como la​​ señal esperada para que vuelvas de la muerte

y cruces con resplandor

mi memoria…​​ 19

 

 

Algo mínimo, pero tangible, como​​ una abeja,​​ el​​ sol, /​​ el aguijón del alba,​​ /el mar que besa las montañas​​ /​​ la​​ claridad​​ total…​​ 20​​ Acaso​​ la voz poética​​ percibe, desde lejos,​​ estas​​ realidades; acaso percibe, desde este lado,​​ al​​ ángel​​ y​​ al​​ fantasma,​​ por​​ cierto,​​ presencias constantes en su obra, pero siempre como destellos: “Soy realista.​​ Me atrevo a mirar y parece que no necesito dioses,​​ aunque me encantaría que existieran.​​ A veces​​ los evoco,​​ llamo, toco piedras como un hechicero cualquiera. Creo​​ que he golpeado esas puertas y nadie me ha respondido. Me conformo con la realidad, la acepto,​​ aunque​​ creo siempre​​ en ese​​ fulgor​​ instantáneo”.21​​ 

Blanca Varela es una poeta que se mueve entre​​ ámbitos​​ de la percepción, aunque nunca​​ se​​ despega​​ de lo real.​​ 

Es una poeta liminar que​​ ubica sus reflexiones​​ dentro del claroscuro:​​ Siempre he tenido la sensación de que pasamos de una zona tenebrosa a una especie de iluminación y que, cuando creemos haber hallado un camino, encontramos que en esa luz que aparentemente nos guía hay una profunda​​ oscuridad. Camino y vivo entre esos contrastes porque siempre estoy tratando de encontrar en dónde poner los pies”.22​​ 

Limen​​ existencial​​ que por supuesto,​​ es intrínseco​​ a su concepción del arte mismo: “Yo creo que el arte es otra dimensión de la vida. Creo que es una forma de vivir, también. El arte no es soñar, exactamente, sino de vivir en ese lindero que tiene que ver con el sueño y con la imaginación.23

Aunque,​​ afín​​ a​​ su temperamento inconforme,​​ siempre​​ cuestionando​​ dichos límenes:​​ si el ángel es la sombra y viceversa, si este cielo es el falso o el verdadero,​​ si este día, esta realidad,​​ es la noche y por tanto es el sueño​​ o no,​​ es decir,​​ cuál es cual:

 

 

Cuál es la luz

Cuál la sombra24

 

 

Fantasma​​ A MEDIODÍA

 

En cuanto a su estética,​​ el canon​​ hegemónico​​ ha​​ reiterado​​ la sobriedad de esta palabra. Este aspecto,​​ de acuerdo con​​ Dreyfus y Santiesteban,​​ conforma uno de los ejes​​ de estudio​​ señalados por​​ Paz​​ el cual​​ es necesario​​ matizar,​​ ya que​​ “este rigor poético”​​ como dicen​​ las​​ especialistas​​ y poetas,​​ “no necesariamente se​​ traduce en una contención lírica puesto que Varela a su vez es​​ autora de poemas largos y frondosos25​​ escritos, por cierto, prácticamente​​ desde​​ Ese puerto existe.​​ 

Estamos más​​ que​​ ante​​ “una​​ poesía​​ de la​​ brevedad”,​​ ante​​ una​​ poética de​​ contención​​ que apela, en sus silencios​​ y​​ en la selecta trama de sus​​ versos​​ y fuerzas, a la psique del otro en​​ cuya lectura​​ se​​ cumplirá el poema.​​ Ha dicho​​ Varela: “Para mí la poesía, si no es para la conciencia del otro, no me interesa. Muy modestamente es lo que he tratado de hacer. Cada vez afinando más. Porque en lo que no se dice es donde está encerrado todo lo que se querría decir. Tiene más carga emocional el silencio que las palabras mismas.​​ (…)​​ La poesía no termina en mí, sino en el lector”.26

La poesía de Varela es un ejercicio de​​ profunda​​ significación​​ que se construye​​ con los menos elementos​​ y referencias​​ posibles, aún en sus textos de mayor extensión. En ocasiones​​ es muy clara y precisa, aún dentro de la “densidad​​ conceptual”27​​ que​​ la caracteriza; pero​​ también​​ llega a​​ lo críptico, por lo que hay que dar un​​ gran​​ salto de razón para desplegarla. Como refiere Dreyfus y Santiesteban,​​ Blanca Varela parece decirnos​​ en cada texto​​ que,​​ aludiendo al título de uno de sus poemas28,​​ “nadie sabe mis cosas”,​​ es decir, que sólo la subjetividad de la voz​​ poética,​​ “llena de mí, ascendente y profunda”,29​​ pudiera​​ estar al corriente​​ de​​ sus asuntos​​ poéticos. Pero​​ precisamente​​ esta​​ elocuencia​​ silenciosa”​​ es lo que le ha valido su​​ acta de permanencia​​ en el contexto​​ literario​​ tan complejo y vasto que le tocó vivir.​​ De acuerdo con​​ Castañón,​​ estos poemas​​ son​​ ejercicios materiales​​ para que la palabra no se​​ disipe ni se la lleve el viento de la historia literaria ni se haga humo después de la vanguardia”.30

Por otro lado,​​ Varela es una poeta de imágenes​​ que​​ transgrede​​ la​​ composición​​ convencional” de esta figura​​ a partir de su estética y preocupaciones. En su​​ trabajo​​ utiliza campos semánticos​​ y​​ referencias en torno al paisaje que podrían ahondar en cierta lírica (la luz​​ del cielo, los pájaros, el viento, el mar, el jardín, la noche, los astros).​​ Sin embargo,​​ como​​ podemos​​ observar en una de sus​​ construcciones​​ más recurrentes, es decir, cuando la voz poética se sitúa​​ bajo el cielo abierto de la existencia​​ (“Ni una hora de paz en este inmenso día. / La luz crudelísima devora su ración”31; bajo el “cielo colosal e inflexible”32​​ ),​​ la realidad se​​ transfigura​​ e irrumpe​​ el misterio, el límite entre lo que​​ es y lo que no,​​ esa “realidad otra”, esa sombra,​​ nuestras catástrofes de materia​​ mortal. Y es​​ justo​​ ese elemento,​​ ese fantasma​​ de​​ hora sexta​​ (en términos de las horas canónicas),​​ lo que le da​​ la vuelta de tuerca​​ a la imagen:

 

 

El agua de tu rostro

en​​ un rincón del jardín,

el​​ más oscuro del verano,

canta​​ como la luna.

 

Fantasma.

Terrible a mediodía.

A la altura de los lirios

la muerte sonríe…33

 

 

MÁSCARAS​​ DEL ÁNGEL

 

Conforme​​ avanza su trayectoria,​​ sus reflexiones​​ se profundizan​​ y consolidan.​​ Desde​​ el​​ poema​​ que abre su primer libro hasta su último título publicado,​​ El​​ falso teclado,34​​ podemos observar​​ el devenir​​ de​​ eso otro​​ que circunda su creación, que​​ esencialmente​​ es​​ el diálogo​​ in crescendo​​ del ser consciente​​ de su finitud​​ con el misterio​​ de luz​​ y de​​ umbra​​ por el cual, ante el cual​​ y bajo el cual respira. Como dice la poeta Carmen Ollé,​​ referida​​ por Castañón: “Su poesía nos invita a​​ leer-nos​​ del otro lado del espejo y a celebrar bajo el firmamento de la palabra la danza nupcial con nuestra última sombra”.35

Se trata del​​ diálogo descarnado​​ de la rosa matérica, la “rosa de grasa / que envejece/ en su cielo de carne”36, frente​​ a la realidad y su​​ naturaleza​​ de tiempo,​​ como se dijo,​​ donde​​ identificamos​​ diversos​​ interlocutores o​​ transfiguraciones”, como​​ Varela​​ los ha llamado:​​ el fantasma, el ángel, la sombra, una oscuridad, la muerte, un dios​​ al que increpa​​ y​​ que​​ no​​ responde, la conciencia, un yo profundo,​​ un amor inmensurable,​​ provenientes​​ de ese​​ ya​​ mencionado​​ “otro lado​​ del espejo​​ que la poeta​​ busca nombrar​​ y​​ aprehender,​​ de manera más cabal​​ e incluso mimética,​​ en​​ Luz de día,37​​ tal​​ como​​ se observa en​​ un​​ poema​​ emblemático​​ de​​ dicho​​ libro,​​ scara de algún dios”:

 

 

Tal vez ese silencio dice algo,

es​​ una inmensa letra que nos nombra y contiene

en​​ su aire​​ profundo.

Tal vez la muerte detrás de esa sonrisa

sea​​ amor, un gigantesco amor​​ en cuyo centro ardemos.

 

Tal​​ vez el otro lado existe

y​​ es también la mirada

y​​ todo esto es lo otro

y​​ aquello esto

y​​ somos una forma que cambia con la luz

hasta​​ ser sólo luz, sólo sombra.38

 

 

Se trata de​​ las formas​​ que adquieren​​ la luz y la sombra de uno y otro lado al espejearse​​ mutuamente,​​ una figuración simbólica​​ mínima, aunque​​ aprehensible,​​ que en​​ la poesía de​​ Varela predomina en su avatar angélico: “No hay ninguna premeditación en eso. Sucede que eliges porque te inclinas a ciertas cosas; son las corrientes naturales del alma, por decirlo de alguna manera. Además, creo en los ángeles.​​ (…)​​ Creo que uno tiene encuentros con ángeles o que algunos seres humanos tienen la posibilidad de convertirse en ángeles en un determinado momento de su vida.​​ El ángel como alguien que​​ desciende,​​ te toca y se puede ir.​​ Conservar el ser angélico es muy​​ difícil,​​ pero creo que es importante que exista la idea de esos​​ ángeles,​​ aunque sea como modelo de pequeñas transfiguraciones”.39

 Son, pues,​​ visitaciones, vislumbres,​​ mínimos​​ fulgores​​ poéticos​​ que​​ podrían dar​​ noticia del misterio que indaga esta poesía:

 

 

deje al demonio encerrado

en un cajón

en su pequeño lecho de crespón

 

afuera el ángel vuela

toca la puerta

espera

 

(….)

 

échame de mi cuerpo

son alas dice

sin sol ni estrellas40

 

 

RUMBO AL​​ LIBRO DE BARRO

 

En​​ Valses y otras confesiones​​ (1972),41​​ Varela comienza a prescindir de la puntuación y a​​ desarrollar​​ un​​ versículo y​​ una narrativa que, en poemas​​ como​​ “Valses”,​​ conjunta con su​​ estética de contención​​ y​​ con​​ su​​ voz críptica.42​​ Asimismo, contrapone su​​ memoria y paisaje​​ anímico​​ y​​ de infancia​​ con el​​ mundo​​ moderno. A la par,​​ como una desembocadura natural de su​​ cuestionamiento de la realidad,​​ desarrolla​​ en pleno su crítica​​ al​​ ethos​​ civilizatorio y humano en​​ ese​​ magistral​​ poema​​ que es un​​ diálogo fuera del tiempo​​ con Simone Weil:43

 

 

En la mayor parte del mundo

la mitad de los niños se van a la cama hambrientos.

 

¿Renuncia el ángel a sus plumas, al iris,

a​​ la gravedad y la gracia?

 

(…)

 

Los sabios, en quienes depositamos nuestra confianza,

nos traicionan.

 

​​ (…)

 

—los niños se van a la cama hambrientos.

—los viejos se van a la muerte hambrientos.

El verbo no alimenta. Las cifras no sacian.

 

​​ (…)

 

—el hombre es un extraño animal.

 

 

Por otro lado,​​ el​​ cuestionamiento a lo real, al ser​​ y​​ “al otro/ al que apaga la luz, al carnicero”,44​​ (ese dios que​​ continua sin responder)​​ acendra su​​ escepticismo, quizá​​ preparándose para la​​ dureza​​ de su​​ siguiente libro,​​ Canto Villano​​ (1978),45​​ que​​ significa​​ el recrudecimiento de su discurso, probablemente​​ evocando​​ sus lecturas​​ malditas:​​ “Me interesa esa actitud maldita de quien está al filo, al borde de un abismo que impreca y dice cosas terribles. Hay tal vez una reminiscencia de eso, ligera, seguramente, en mi poesía”.46

El poema​​ se convierte​​ en​​ un canto “villano”, es decir,​​ proveniente​​ de la​​ villanía​​ (como se le conocía al pueblo llano en la edad media). Al respecto, dice la autora:​​ “Es el canto que se hacía fuera de los muros​​ de la ciudad. Es el canto popular, el canto de la villanía, pues. No era el canto culto, que era en latín. Era el canto del pueblo. Yo me quiero identificar con ese​​ ser que no tienen nombre y que canta”.47

 Su poesía​​ se​​ establece​​ como​​ el canto abierto, sin disfraces, del pueblo-especie humana-materia,​​ cansado​​ ya​​ de no encontrar​​ un​​ sentido,​​ frente a una realidad​​ que se mira​​ con​​ absoluto​​ descreimiento:​​ te rendimos dios/ el gran homenaje/ el mayor asombro/ el bostezo”;48​​ “vieja artífice​​ [refiriéndose a la noche]​​ /​​ ve lo que has hecho de la mentira​​ /otro día,49. Un canto​​ de villanía​​ entonado​​ frente al ser​​ mismo,​​ un​​ ser​​ al que se le ha atribuido demasiada importancia y​​ que​​ en el fondo, sólo es “el querido animal / (…) cuyos huesos son un recuerdo / (…) jamás tuvo sombra ni lugar”,50​​ y frente a​​ nuestra​​ verdad​​ última​​ y primera, vista desde su desnudez y su nada:

 

 

fatigados​​ comediantes

se​​ retiraron hasta la muerte

y​​ las carpas del circo se abatieron ante el viento

implacable​​ de la realidad cotidiana

y​​ si me preguntan diré que he olvidado todo

que​​ jamás estuve allí…51

 

 

Estos versos pertenecen a uno de los poemas más complejos de​​ esta poesía, “Camino a Babel”,​​ que​​ podría​​ indicar​​ una especie de​​ ascendencia​​ de la materia​​ a eso otro​​ circundante, aunque,​​ recelosa​​ como​​ lo​​ es​​ esta​​ voz​​ tanto de lo​​ existente​​ visible​​ como de​​ una​​ ascesis,​​ la​​ poeta​​ devuelve​​ a la forma a su condición mortal.​​ 

En ese orden el poema, más que a Babel, abre camino a​​ Ejercicios materiales​​ (1993)52​​ donde​​ la voz​​ insiste en poner en vilo​​ nuestra percepción de lo real​​ (noche, día,​​ realidad,​​ sueño:​​ cual es cual):​​ ver: cerrar los ojos/ abrir los ojos: dormir53​​ y posiblemente ya​​ no tiene respuestas por lo que​​ deviene en un reconocimiento (que no aceptación: “soy un animal que no se resigna a morir”54) de la materia​​ perecible​​ y por tanto​​ en​​ una​​ confrontación​​ directa​​ con​​ ese​​ orden otro que​​ ya​​ es​​ nombrado​​ como​​ un dios.​​ Se trata pues, de “ejercicios materiales” de lo matérico para sobrevivir​​ a la conciencia de sí.​​ Baste​​ citar​​ unos fragmentos del poema homónimo al título del libro:

 

 

…enfrentarse al matarife

entregar​​ dos orejas

un​​ cuello

cuatro​​ o cinco centímetros de piel

moderadamente​​ usada

un​​ atadillo de nervios

algunas​​ onzas de grasa

una​​ pizca de sangre

(…)

 

el​​ divino con parsimonia de verdugo

limpia​​ su espada en el lomo del ángel más

próximo

como​​ toda voz interior

la​​ belleza final es cruenta y onerosa…55

 

 

Y baste citar​​ la voz maldita​​ en plenitud de sus poderes de palabra y de​​ materia​​ consciente​​ del engaño y la nada,​​ que​​ abierta y sin miramientos, mucho menos temor, enfrenta a ese dios​​ que​​ porfía en su silencio:

 

 

tenemos la lengua dura de​​ los devoradores de dios

de ese dios que crece cada noche

con nuestros pelos y uñas

de ese dios aplastable

perecible

digerible…56

 

 

 

ABUELA DE SILENCIO

 

Y​​ así llegamos a​​ El libro de barro​​ (1993)57​​ que​​ al lado de​​ Concierto animal​​ (1999)58​​ y​​ El falso teclado,​​ conforman el último bloque de su producción poética el cual, de acuerdo con​​ las poetas​​ Santiesteban y Dreyfus​​ asume, aunque por supuesto con sus vertientes,​​ la​​ temática y estética​​ vareliana:​​ nos​​ muestran a una escritora en pleno dominio de sus recursos,​​ (…)​​ ​​ en los que podrían considerarse los motivos​​ centrales de su poética a partir de​​ Ejercicios materiales: el cuerpo, como espacio para la​​ gestación (cuerpo materno) y el deterioro; la conciencia respecto a la contingencia del ser​​ y la consecuente imprecación a la divinidad (o a su ausencia); la muerte, incesantemente​​ descrita, enfrentada y hasta engalanada con una actitud despiadadamente lúcida y​​ serenamente resignada a un tiempo.59

El libro de barro​​ es su​​ volumen​​ más unitario,​​ de acuerdo con la autora​​ y en lo​​ personal,​​ es​​ el más complejo​​ y​​ hermoso,​​ a donde​​ la voz​​ llega a un refinamiento cabal de su ética y estética, a tal grado que, sin prescindir de su discurso,​​ da un vuelco a​​ su​​ poiesis:​​ “Este poemario es distinto a todos los anteriores. Mi poesía estaba haciéndose de una retórica inconsciente.60

El libro implica una observación-aceptación​​ de los mecanismos de tiempo de​​ ese todo​​ existente que, como ciega maquinaria,​​ sólo​​ degrada​​ a los seres​​ para​​ develar​​ la materia-limo​​ ancestral​​ que​​ genera​​ por​​ igual a​​ hombres y​​ dioses.​​ Esto puede observarse en su esplendor​​ en​​ un versículo​​ que asume la brevedad,​​ la​​ belleza y​​ la​​ concisión de​​ esta​​ obra:

 

 

Mirando a los dioses​​ borrarse​​ en el​​ muro​​ y a los hombres sangrar​​ en el libro de barro. Sal en los labios y​​ en los​​ ojos la memoria desollada​​ aproximándose​​ a la ausencia​​ ejemplar.​​ 61

 

Es decir, hay una concepción de la palabra poética como​​ si​​ fuese​​ el libro​​ atávico​​ de piedra que guarda la memoria de la especie, memoria​​ que se disuelve​​ en el tiempo hasta desaparecer, como el barro es​​ deshecho​​ por el agua. Varela habla sobre el origen de este pensamiento:​​ Está asociado con esas tabletas de barro de Mesopotamia. Me fascina pensar que toda la memoria puede caer al suelo, romperse y desaparecer.​​ Además,​​ el barro es el adobe primigenio, ancestral del hombre”.62

En​​ Concierto, la presencia del dolor frente a la pérdida de​​ su hijo menor,​​ Lorenzo​​ de Szyszlo,​​ en un accidente aéreo en 1996,​​ considerado​​ el peor​​ en la historia de la aviación peruana,63​​ marcan​​ la escritura​​ del libro.​​ El trayecto del ser frente a​​ una​​ realidad puesta en vilo​​ y​​ sobre lo​​ que no​​ tuvo​​ respuestas​​ se va cerrando hasta​​ el vaciamiento:

 

 

Felizmente​​ no tengo nada en la cabeza

sino unas pocas ideas​​ equivocadas​​ por cierto

y​​ una memoria sin tiempo ni lugar

nada para poner

nada para dejar

sino huesos, cáscaras vacías

un montoncito de cenizas y

con suerte algo de polvo…64

 

 

Este sumo infortunio​​ implicó​​ un punto de​​ no retorno​​ en la conciencia y en la vida misma de la poeta,​​ quien nunca pudo salir avante. En ese tiempo publicó el que sería, como se dijo,​​ su último libro,​​ El falso teclado. A partir de allí, conforme lo dice la periodista Fiorella Ramírez,​​ en su reportaje en torno a la biografía de Varela realizada por Daniella Paredes,​​ se retiró del mundo: dejó de caminar, de escribir, de leer, de hablar. Fue un proceso largo y lento en el que su salud se deterioró”, a lo que agrega Vicente de Szyszlo, el hijo de Blanca que le sobrevive, referido por la periodista: “era una constante de ir a Emergencias. Existía degradándose, esa fue la mayor tragedia”.65

Un punto de no retorno que la llevó, en vida, al silencio,​​ acaso​​ porque ya se había dicho todo​​ y​​ ya no habría más que​​ agregar​​ ante​​ la​​ inexplicable​​ ausencia​​ y su​​ contundencia más cruel. Ya lo dijo la poeta argentina Tamara Kamenzsain, en su último libro en vida,​​ Chicas en​​ tiempos​​ suspendidos, en un impactante poema:

 

 

Los abuelos de la nada se llamaba un grupo de rock
como diciendo hay nada atrás de las generaciones…


(…)

 

…Blanca Varela perdió a su hijo en un accidente de avión
y según dijo su nieta cuando fue a recibir
el Premio Reina Sofía en nombre de la abuela
desde que le pasó lo que le pasó Blanca
“ha perdido el don de la palabra sumiéndose en un silencio deliberado que con los años ha​​ llegado a convertirse en una condición fisiológica”.


La abuela de la nada parece haberle cedido la palabra a su nieta

para que sólo diga

que no queda nada por decir.
66

 

 

 

MESTER DE VILLANÍA PARA EL ABRIR DE ALAS

 

En​​ El falso…​​ estamos ante la desembocadura​​ de​​ la poética de la autora.​​ En cuanto a su estética, la extrema brevedad​​ con que está escrito​​ el verso​​ nos recuerda​​ cierta factura del​​ primer​​ libro,​​ aunque, en este​​ volumen,​​ observamos​​ que ha asimilado con maestría sus recursos:​​ la no puntuación y​​ el​​ silencio como​​ conciencia​​ y​​ respiración y​​ la​​ absoluta​​ significación​​ contenida​​ en​​ mínimos​​ vocablos.

En cuanto​​ a la trayectoria, en este volumen se llega​​ a la aceptación plena de la finitud​​ como​​ única actitud​​ ante ese misterio,​​ ante​​ esa trama​​ más​​ allá​​ o, en términos de Varela, ante​​ “la fábrica” que nos arroja​​ a la intemperie​​ (desnudo y bello/ te arrojará la fábrica entre nosotros67),​​ “la máquina de sueños” (esa fuente que nos devora y devuelve, máquina de sueños, la misma imagen sin párpados, sin reposo68), la “vieja artífice”;​​ ante​​ ese dios, “el matarife”, “el carnicero”,​​ “el divino verdugo”​​ que​​ por cierto nunca​​ respondió.​​ La voz poética se entrega y canta, sin resistencia, a ese​​ extraño, oscuro​​ fulgor​​ del otro lado del espejo​​ que la ha acompañado​​ desde​​ su poesía:

 

 

para eso estamos

para morir

sobre la mesa silenciosa

que suena69

 

 

La poesía de Blanca Varela​​ es​​ el​​ canto​​ hondo,​​ lúcido y descarnado de la villanía humana frente​​ a​​ su​​ materia​​ transitoria​​ y​​ frente​​ a​​ una realidad​​ inaprensible.​​ Como ha dicho la autora al​​ señalar​​ la concepción bajo la​​ que​​ escribió su​​ Canto villano​​ la cual,​​ por cierto,​​ define​​ su poética:​​ “Es el libro del inconsciente, de lo que tú dices cuando no hay nadie, de los gestos que haces frente al espejo. Esas​​ cosas terribles del monstruo que puedes ser”.70​​ Su poesía​​ es un canto sin​​ concesiones,​​ un​​ canto villano​​ que en​​ esta voz​​ de​​ conciencia contenida​​ se convierte en arte, en​​ oficio:​​ en​​ mester de villanía.​​ 

Por tanto, se trata​​ de​​ una poesía de factura​​ honda​​ que​​ continúa​​ interpelándonos,​​ un puerto permanente que​​ sigue​​ irradiando la luz de aquel​​ Puerto Supe, puerto​​ germinal​​ que​​ nombra no sólo a un poema sino​​ a​​ toda​​ una poética por lo que es significativo que la Fundación Casa de Cuervos, animada por​​ el​​ destacado arquitecto​​ Vicente de Szyszlo, haya​​ publicado​​ en 2014 una edición​​ de​​ ese​​ primer libro de la autora​​ ya​​ titulado como​​ Puerto Supe, “que fue como ella lo llamó originalmente”, dijo.71

 ​​ Una poesía que​​ se​​ irradia​​ más allá de ese punto de partida que Paz​​ estableciera,​​ en​​ los​​ múltiples​​ matices de la luz de ese puerto existente de nuestro mar hispanoamericano.

 Una trayectoria​​ de​​ largas y​​ abisales​​ inmersiones​​ que​​ desemboca en ese mismo puerto de la infancia donde una niña, en el espacio atemporal de esta conciencia, juega, como si fuesen guijarros en la arena, con aquellas​​ máscaras de lo villano​​ que desde entonces la llamaban​​ para ser​​ dichas:

 

 

… como una niña arrebatada y libre

jugando al escondite con su sombra

y con la sombra de todos

y con la muerte

que se deshace en​​ sonrisas​​ en este falso​​ jardín

en el​​ único​​ día,

el inesperado,

el que cae como una manzana sobre la cabeza.72

 

 

La poesía de Blanca Varela​​ significa​​ llegar al puerto donde todo​​ comienza​​ y​​ donde​​ el​​ canto​​ despliega​​ sus​​ alas pero,​​ también,​​ donde todo termina​​ para levantar el vuelo​​ infinito;​​ donde​​ la visitación,​​ el ángel,​​ como lo dice en​​ ese emblemático verso que da título a una de sus antologías,​​ respira y canta. / Donde todo termina, abre las alas”.73

La poeta​​ murió el 12 de marzo de 2009.​​ Como afirma​​ Fiorella Martínez, “sus cenizas fueron esparcidas en la playa Mendieta, en Paracas, lugar al que acudía con frecuencia en busca de inspiración”, a lo que agrega Vicente de Szyszlo, citado por Ramírez, fue​​ “donde era más feliz”.74

Blanca Varela obtuvo,​​ entre otros,​​ además del​​ Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo, la Medalla de Honor por el Instituto Nacional de Cultura del Perú (2004); el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2006) y, en 2007, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en su XVI edición.

 

 

 

1

​​ “Blanca Varela, 1926-2009”,​​ https://www.letraslibres.com/mexico/blanca-varela-1926-2009

2

​​ Varela, Blanca,​​ Ese puerto existe, Prólogo de Octavio Paz. Xalapa, Veracruz (México), Universidad Veracruzana, 1959.

3

​​ Nadie sabe mis cosas. Reflexiones en torno a la poesía de Blanca Varela, Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2007,​​ https://www.lainsignia.org/2007/noviembre/cul_004.htm​​ 

 

4

​​ Varela, Blanca,​​ Canto​​ Villano​​ (Poesía reunida, 1949-1994),​​ Nueva ed., México, Fondo de Cultura Económica,​​ 2017,​​ p. 27.

5

​​ Ídem.

6

​​ Cruz, Juan, entrevista con Fernando de Szyszlo, “Cuando yo estaba en París todos los monstruos estaban vivos”, periódico​​ El País, España, 28​​ de​​ noviembre de 2005. ​​ https://elpais.com/diario/2005/11/28/cultura/1133132403_850215.html​​ Fecha de consulta: diciembre de 2018.

7

​​ Periódico​​ El País, 13 de octubre de 2006, entrevista con Blanca Varela, “Octavio Paz​​ marcó mi vida y mi poesía”,​​ https://elpais.com/diario/2006/10/13/andalucia/1160691740_850215.html​​ Fecha de consulta: diciembre de 2018.

8

​​ Valcárcel, Rosina, “Esto es lo que me ha tocado vivir”,​​ entrevista con Blanca Varela,​​ revista​​ Literalgia.​​ https://www.literalgia.com/entrevista-blanca-varela-esto-es-lo-que-me-ha-tocado-vivir/​​ Fecha de consulta: diciembre de 2018.

9

​​ Valcárcel, Rosina,​​ op. cit.

10

​​ Varela, Blanca.​​ Poesía reunida 1949-2000, “Puerto Supe”,​​ Ese puerto existe, Casa de Cuervos/ Sur Librería Anticuaria, Perú, 2016, p. 27.

11

​​ Valcárcel, Rosina,​​ op. cit.

12

​​ Varela, Blanca,​​ op., cit.,​​ “Historias de Oriente”,​​ Ese puerto existe,​​ 2016, p. 27.

13

​​ Ibíd.,​​ [Como en un cuadro estrecho],​​ Concierto animal, p​​ 229.

14

​​ Kristal, Efraín,​​ Entrevista con Blanca Varela,​​ Vallejo and Company,​​ http://www.vallejoandcompany.com/entrevista-con-blanca-varela-por-efrain-kristal/​​ Fecha de consulta: noviembre de 2018.

15

​​ Varela, Blanca,​​ op., cit., “Primer baile. V”,​​ Ese puerto existe, 2016, p. 32.

16

​​ Idem., “Divertimento”, p. 23.

17

​​ Varela, Blanca,​​ op., cit.,​​ “Del orden de las cosas”,​​ Luz de día,​​ 206,​​ p. 43.

18

​​ Fort de Cooper, María Amelia,​​ Entrevista con Blanca Varela,​​ https://www.youtube.com/watch?v=Qrz53dch0RI​​ Fecha de consulta: noviembre de 2018.

19

​​ Varela, Blanca, op.​​ cit.,​​ “Epitafio”,​​ Luz de día,​​ 2016,​​ p. 59.

20

​​ Idem,​​ Así sea, p. 60.

21

​​ Kristal, Efraín,.​​ op., cit.

22

​​ Idem.

23

​​ Blanca Varela, a doce años de su muerte: lo que pensaba sobre la eternidad, el amor, la poesía y el arte”,​​ fragmento de​​ entrevista​​ de​​ Mario Campos, periódico​​ El Comercio, Perú, 12 de marzo de 2021.​​ https://elcomercio.pe/somos/historias/blanca-varela-lo-que-pensaba-sobre-la-eternidad-el-amor-la-poesia-y-el-arte-entrevistas-con-blanca-varela-somos-literatura-peruana-noticia/?ref=ecr#google_vignette

24

​​ Varela, Blanca, op. cit.,​​ “Reja”,​​ Canto villano,​​ 2016,​​ p. 119.

25

​​ Dreyfus, Mariela y Silva-Santisteban, Rocío,​​ op. cit.

26

​​ Barranco, Justo, entrevista con Blanca Varela, “Mi poesía termina en el lector”,​​ periódico​​ La Vanguardia, 19 de agosto de 2001.

27

​​ Dreyfus, Mariela y Silva-Santisteban, Rocío,​​ op. cit.

28

​​ Varela, Blanca,​​ op.,​​ cit., “Nadie sabe mis cosas”,​​ Valses y otras confesiones,​​ 2016,​​ pp. 90-91.

29

​​ Ibíd.,​​ “Fuente”,​​ Ese puerto existe,​​ 2016,​​ p. 18.

30

​​ Varela, Blanca,​​ op., cit.,​​ 2017,​​ p. 29.

31

​​ ___,​​ op., cit.,​​ “Mediodía”,​​ Ese puerto existe,​​ 2016,​​ p. 22.

32

​​ Idem.,​​ “Divertimento”, p. 24.

33

​​ Varela, Blanca,​​ op., cit.,​​ “En lo más negro del verano”,​​ Luz de día,​​ 2016,​​ p. 55.

34

​​ El falso teclado​​ (2000),​​ que​​ reúne sus últimos trece poemas, dedicados al poeta José Ángel Valente. Fue​​ incluido, en primer lugar,​​ en la antología​​ Donde todo termina abre las alas​​ (Poesía reunida, 1949-2000). Prólogo de Adolfo Castañón y Epílogo de Antonio Gamoneda. Barcelona, Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores, 2001. Posteriormente fue​​ publicado​​ como libro independiente​​ en​​ 2016 por la Casa de La Literatura Peruana en edición no venal​​ e incluido, en el mismo año, en la compilación​​ Poesía reunida, 1949-2000.

35

​​ Cf. Carmen Ollé, Poetas peruanas: Lima, Perú. “¿Es lacerante la ironía?”.​​ Márgenes. Encuentro y debate. Año VI. No. 12,​​ noviembre​​ de 1994, pp. 11-16, en​​ op. cit, 2017, p.​​ 30.

36

​​ Varela, Blanca,​​ op., cit., “Canto villano”,​​ Canto villano,​​ 2016,​​ p. 131.

37

​​ ___,​​ Luz de día. Lima, Ediciones de La Rama Florida, 1963.

38

​​ ___,​​ op., cit.,​​ “Máscara de algún dios”,​​ Luz de día,​​ 2016,​​ p. 70-71.

39

​​ Kristal, Efraín,​​ op., cit.

40

​​ Varela, Blanca,​​ op. cit., “Visitación,​​ El falso teclado, p. 246.

41

​​ ___,​​ Valses y otras falsas confesiones, Instituto Nacional de Cultura, Lima 1972.

42

​​ ___,​​ op., cit.,​​ “Valses”,​​ Valses y otras confesiones,​​ 2016,​​ pp. 81-86.

43

​​ Idem,​​ Conversación con Simone Weil”, p. 110-111.​​ 

44

​​ Idem,​​ “Secreto de familia”, p. 105.

45

​​ Varela, Blanca,​​ Canto villano, Ediciones Arybalo, Lima, 1978.

46

​​ Kristal,​​ Efraín, op. cit.

47

​​ Fort de Cooper, María Amelia,​​ op. cit.

48

​​ Varela, Blanca,​​ op., cit.,​​ “A la realidad”, Canto villano,​​ 2016,​​ p.​​ 121.

49

​​ Idem,​​ “Noche”,​​ p. 123.

50

​​ Idem,​​ “Persona”, p. 137.

51

​​ Idem,​​ Camino a Babel” (IV),​​ p. 149.

52

​​ Varela, Blanca,​​ Ejercicios materiales, Jaime Campodónico editor, Lima,1993.

53

​​ ___,​​ op., cit.,​​ Último poema de junio”,​​ Ejercicios materiales,​​ 2016,​​ p. 156.

54

​​ Idem,​​ “Escena final”, p. 179.

55

Idem,​​ “Ejercicios materiales”, p. 168.

56

Idem,​​ “Ideas elevadas”, p. 171.

57

​​ Varela,​​ Blanca,​​ El libro de barro, Ediciones del Tapir, Madrid, 1993.​​ 

58

​​ ___,​​ Concierto animal,​​ Valencia-Lima, Pre-Textos/PEISA, 1999.

59

​​ Dreyfus y Silva-Santisteban,​​ op. cit.

60

​​ Valcárcel, Rosina,​​ op. cit.

61

​​ Varela, Blanca,​​ op.​​ cit.,​​ [Mirando a los dioses borrarse],​​ El libro de barro,​​ 2016,​​ p. 191.​​ 

62

​​ Kristal, Efraín, op. cit

63

​​ Se trata​​ del​​ vuelo 251 de​​ la aerolínea​​ Faucett,​​ empresa​​ que ya no opera en la​​ actualidad, que​​ iba de​​ Lima a Tacna, con escala en Arequipa, donde ocurrió el accidente.​​ El avión era un Boeing 737-222​​ que​​ se estrelló​​ en terreno​​ el 29 de febrero de 1996. Las 123 personas a bordo, de las cuales 117 eran pasajeros,​​ fallecieron.​​ ​​ https://es.wikipedia.org/wiki/Vuelo_251_de_Faucett_Per%C3%BA;​​ https://www.youtube.com/watch?v=MIEIZRqJvJE

 

64

​​ Varela, Blanca,​​ op. cit., [Esta mañana soy otra],​​ Concierto​​ animal,​​ 2016,​​ p. 225.

65

​​ “A 100 años del nacimiento de Blanca Varela: publican la primera biografía de la poeta peruana”, reportaje de​​ Fiorella Ramírez Menacho,​​ Revista Cosas, Perú, 7 de enero de​​ 2026.

https://cosas.pe/cultura/100-anos-del-nacimiento-de-blanca-varela-publican-la-primera-biografia-de-la-poeta-peruana

 

66

​​ Eterna Cadencia Editora, Argentina, 2021, edición digital EPUB​​ para Kindle,​​ sin página,​​ julio de 2021,​​ poema 8,​​ Capítulo II, “Abuelas”.

67

​​ Ibíd., “La lección”,​​ Ese puerto existe, p. 19.

68

​​ Ibíd., “Canto a Ithaca”,​​ Luz de día, p. 47.

69

​​ Ibíd.,​​ “El falso teclado”,​​ El falso teclado, p. 252.

70

​​ Krystal, Efraín,​​ op. cit.

71

​​ Presentimiento de la Luz. Vida y obra de Blanca Varela, Casa de la Literatura Peruana, 2017, p. 53.

72

​​ Varela, Blanca,​​ op. cit.,​​ “Divertimento”,​​ Ese puerto existe,​​ 2016,​​ p. 23.

73

​​ Ibíd.,​​ “Así sea”,​​ Luz de día, p. 60.

74

​​ Fiorella Ramírez Menacho,​​ op. cit.

1

​​ Este ensayo fue escrito con apoyo del Sistema Nacional de Creadores de Arte, Secretaría de Cultura de México a través del SACPC, y actualizado​​ para conmemorar los​​ Cien​​ años del Natalicio de la autora.

 

2

​​ Claudia Posadas, México.​​ Ha publicado, entre otros,​​ Liber Scivias​​ (2010), Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2009, reeditado por la UNAM (2016), y las antologías de las poetas chilenas​​ Carmen Berenguer. Plaza tomada. Poesía, 1983-2020​​ (UANL, 2021) y​​ Stella Díaz Varín​​ (Colección Vindictas Poetas Latinoamericanas, Material de Lectura de la UNAM, 2023), ambas selección y prólogo suyo. Ensayos, poemas y entrevistas suyas con y sobre autores hispanoamericanos de primer orden han sido incluidos en antologías y publicaciones de Latinoamérica y España. Ha sido becaria de varios programas de la Secretaría de Cultura a través del Fondo Nacional para la cultura y las Artes, hoy SACPC, entre ellos el de Residencias Artísticas para Chile (2008), y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, en 2011 y 2016.​​ 

 

 

 

 

Entrevista de Claudia Posadas a Blanca Varela 

 

 

 

 

 

 

 

 

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