Pathé Dieye (Senegal) también conocido como Patherson, es un escritor y poeta de slam senegalés. Es autor de la novela J’ai écrit un roman, je ne sais pas de quoi ça parle…, L’Harmattan (diciembre de 2020), y de dos poemarios: L’irrésistible attrait de l’ordinaire, Al Fàruq Editions (febrero de 2024), y Accoucher de soi, Hello Editions (octubre de 2024). Cuenta con más de cinco años de experiencia como investigador y formador en prevención y gestión de conflictos en África Occidental y en la cuenca del lago Chad. La humanidad ocupa un lugar central en su obra literaria y, en sus investigaciones, también explora los retos éticos relacionados con los usos de la inteligencia artificial. Sobre este tema, escribe una crónica titulada: Territoires Inconquis.
Somos los vagabundos, los fracasados,
los inadaptados, los inesperados, los parias.
Llevamos los harapos de los decepcionantes
y apestamos a basura.
¿Es ese el precio de la libertad?
nuestra libertad
la pagamos sin regatear
el arte es nuestro único paraíso.
¿Qué pueden vuestros infiernos contra nuestras alegrías?
La sonrisa-trofeo de una lectora, de un lector
debates a páginas arrancadas de los apasionados
vinos de contradicciones con ideas rotas
cafés-arenas donde se cruza la sinrazón
brindamos por los inútiles necesarios
aquellos que no salvan a nadie
pero reparan a todo el mundo
aquellos que no saben ni detener la guerra
ni morir en lugar de los inocentes
pero tienen sus ráfagas de esperanza.
Somos los errantes que pierden el rumbo
cuando el caos mezcla la confusión
porque aún sabemos amar…
Siempre habrá
ese color
esa música
ese olor
ese lugar
que nos transporta
hacia nuestros ausentes
como para mantenerlos con vida
son reliquias
objetos -rituales
para soportar la sentencia
o no capitular ante lo evidente
así se convierten en
presencia,
arrebatamiento del instante,
compañeros invisibles,
pero que sentimos en nuestro interior,
a nuestro lado,
a nuestro alrededor,
poblando nuestros vacíos
nos aferramos a ellos,
cicatrices de un último abrazo,
trofeo sobre la muerte,
cánticos de amor
nos habitan
como nosotros los habitamos
se marchan llevándose una parte de nosotros
esperamos en el muelle
con una parte de ellos
así aman los mortales
una red lanzada sobre la inmensidad de la vida
para abandonarla
y así poblarla mejor.
Darfur, el nombre de estas tierras donde el suplicio ya no conmueve
los barriles de sangre abrevan el suelo
el mundo se embriaga de indiferencia, pide otra copa
un simulacro de empatía paga la ronda
fingimos estar conmocionados, incluso la taquicardia se ajusta la corbata.
El-Fasher claudica bajo el peso de las voces inesperadas
Klephtes1, truhanes, quebrados,
confunden los gritos con alabanzas a sus crímenes.
El Fasher no tiene más que atrocidades que desgranar en el rosario del
silencio,
escribimos pálidas fotocopias de respiraciones a lápiz
sin mayúsculas
dar señales de vida es casi una falta de pudor
reclamarla, un sacrilegio en esta fosa común a cielo abierto
sembramos lágrimas que regamos con la carcajada
de aquellos quienes matan como fuman un cigarrillo.
Esperanza a media asta
vida impedida
llueve muerte
los que aún sudan
buscan saldar lo que les queda por vivir
con un vaso de agua
un puñado de arroz
una plegaria
Darfur es un enfermo a dieta
robo por la mañana, violación al mediodía, masacre por la noche
la matanza-terapia lleva sangre en su posología
El Fasher sufre la herida del abandono.
Ya no se oye la alarma de emergencia
la mirada esquiva devuelve al mundo
a la putrefacción del absceso de la deshumanización
el pus fermenta y se sirve
en las copas de la adiaforia
a todos se les servirá.
Los corazones desahuciaron al amor
por un alquiler impagado
se profana la vida
como se juega a las cartas
en la capilla de lo innoble
el arúspice sella la unión
de los enamorados del desamor.
Nota de la traductora: 1 Klephtes: Término de origen griego que traduce literalmente como "ladrones" o "bandidos". Históricamente utilizado para referirse a grupos de proscritos que operaban al margen de la ley.
Siempre se escribe desde un vacío
en un desierto, en corvalescencia1
desde una vaguedad donde se vocea
la carencia.
Siempre se escribe en un lugar despoblado
un casi no-lugar
antaño pintado por esos seres amados
desde donde vagamos, para intentar, con poesía,
aliviar la carga de nuestros «no saciados».
Siempre se escribe desde una distancia
la que resuena entre
este mundo, estribillo de su terror,
y aquel que se vislumbra en un sueño
durante una siesta.
Siempre se escribe
desde el eco de la celebración de un fracaso
el de la vida que se pavonea
de su malestar. Y que se desata
para salvarse del circunflejo de caer en arrobamiento.
Siempre se escribe ante una pérdida
el duelo, irónicamente imposible, frente al tiempo
que nos pone entre paréntesis
para recordarnos mejor que mañana
que seremos unas comillas banales.
Nota de la traductora: ¹ Corvalescencia: Neologismo que fusiona el término francés cœur (corazón) y convalescence (convalecencia).



