Berta Lucía Estrada Estrada (Colombia-1955) es escritora, ensayista, poeta, dramaturga, antologadora, traductora, crítica literaria y de arte. Ha publicado diez y siete libros (de los cuales seis son obras de teatro escritas al alimón -cinco con Floriano Martins y una con Ángela Gentile- y dos novelas cortas escritas también con Floriano Martins. Ha recibido seis premios de poesía; tres con obra publicada. Algunos de sus artículos y poemas han sido difundidos en revistas como Altazor (Chile), Triplov (Portugal), Agulha Revista de Cultura, Revista Acróbata (Brasil), Nueva York Poetry, La Otra (México), AErea (Chile y España) y Aleph (Colombia). Es una colaboradora asidua de las publicaciones de la Universidade Estadual do Oeste do Paraná – UNIOESTE; y participa en el programa de radio Pegando la Hebra, dirigido por María Vicenta Porcar Pedro (Valencia-España) como colaboradora del espacio Palabra de Poeta y además presenta el espacio de Poliedros. Ha sido traducida al francés, portugués, rumano, griego e inglés. Fue una de las invitadas al 36º Festival Internacional de Poesía de Medellín (2026).
SENTIDOS
La memoria
es un espejo oculto que habita en cada cicatriz que deja el tiempo
cada recuerdo es un remiendo de días inhóspitos
cuya imagen fragmentada nos quema la retina
La voz
eco distorsionado por otras voces
rompe los tímpanos
aturde ensordece
El tacto
desaparece tras las huellas que ya nadie sigue
El olor
se extravía en campos santos
sobrevolados por manadas de buitres
El gusto
es sólo el recuerdo de las horas vacías
que cabalgaban en la crin de una yegua
que buscaba el abismo
RÍOS DE AZUFRE
Navegamos por ríos de azufre
Le damos la espalda a Caronte
Mientras los bolsillos se rompen
por el peso de los óbolos
Cambiamos la muerte por el olvido
Poco importa si los pies cansados
Arrastran pesadillas
o si las manos ya no tejen ni destejen mortajas
nos perdemos en laberintos que impiden el paso de la hoz
VIAJE AL FONDO DE LA NOCHE
Hay viajes al fondo de la noche
al otro lado del arco iris
o al centro de la Tierra
-y como todo viaje son largos e interminables; sin embargo, son uno solo-
El verdadero, el único
es el que hacemos con las palabras
Con ellas mordemos las piedras
escalamos los acantilados
les cortamos la cola a los cocodrilos
y seguimos las huellas de Omar Káhyyam
en un bazar de Samarkanda
para luego huir en la crin de un caballo
que corre detrás del viento del desierto
que le sirve de eco a Sherezada
Cuando los siglos llegan al crepúsculo
y Helena es raptada por Paris
o cuando Romeo y Julieta se unen en un único abrazo
e Isolda sueña con Tristán
Nosotros, sus legatarios,
nos dormimos en una hamaca que pende de la línea del horizonte
o saltamos en el paracaídas de Huidobro
Del poemario Estelas de sal.
¿Acaso sé por qué muero?
¿Lo sabe alguien acaso?
Se lamentaba un contrabajo
invisible como el viento
En la ausencia de los hombres
-bajo un sol de plomo-
los fusiles se callan
La maleza invade las murallas
El polvo enceguece las ventanas de las casas
La calle
vestida de guerra
dirige una tragedia griega
mientras hace arder los escombros de un circo romano
Las voces de sarcófagos
-eco que retumba en los riscos-
de niños envejecidos por la guerra
de muertos profanados en sus tumbas
suplicio de un pueblo
que no sabe mirarse al espejo
En vez de lámparas de aceite
-en cada esquina del barrio-
hay una larga fila de cirios y ataúdes



