Poesía colombiana: Pablo Arciniegas

Pablo Arciniegas (Bogotá, 1989) es periodista y escritor. Es autor de los libros Muy corto prosario (2020), Apocalipsemia (2020), Tucunaré (2022), con el que recibió en Colombia el premio de novela nacional Germán Espinosa sub 35 de la editorial Escarabajo, y Quijada de Burro (2026), editorial Lectores Secretos.

 

 

 

 

 

Del libro​​ Quijada de burro​​ 

 

 

 

Reporteros clase D

 

Hubo un tiempo en que esto se trataba de denunciar​​ 

a los brazos armados que mueven las cercas.

Estudiábamos el olor salado

en las camisas blancas de El Poder,

medíamos el pH de sus manchas en el algodón.

 

Así supimos cómo se repartían los premios.​​ 

Mejor reportaje, crónica, serie televisada.

Mejor lavada de cara al capataz,​​ 

dueño de lo que cubra su sombra

y de lo que haya detrás de esa cruz blanca​​ 

empotrada en el cerro.

 

El manual de redacción dice

que hay que restregar muy bien por debajo de su papada,​​ 

cortar el hilo de saliva que le cuelga del mentón.

 

Él pertenece a esa generación que fabricó

una tendencia a sacarse las muelas con alicates.

 

Pero le sobran recursos, pantallas,​​ 

hordas de borregos estudiados,

directores de emisoras, altos magistrados,​​ 

para negarlo,

para dejar tallado con un láser en la Luna​​ 

que no

que ellos no estaban esa madrugada,​​ 

que se escucharon risas de hienas

y disparos desde los techos del palacio,

esa madrugada que atravesamos la plaza descalzos​​ 

y nos hicieron dormir en el terminal.

 

Ya se han publicado fotos

de los fusiles apuntándoles a sus madres,​​ 

por más ancianas y patéticas que se vean.​​ 

Ya nos han echado la culpa del incendio,

y aquí seguimos,

transmitiendo desde el lugar de las noticias.

 

Desarmar el lenguaje es obligarnos a cerrar la jeta.​​ 

Que nos olvidemos.

Que olvidemos.

¿Qué?

 

 

 

 

 

 

Cafuné

 

Pasas las puntas de tus dedos​​ 

por mi cuero cabelludo

hasta que se me antoja comerme las piñas

que crecen a tres mil metros sobre el nivel del mar.

 

Con los ojos cerrados encontré una quebrada​​ 

donde la corriente no lleva microplásticos

y la naturaleza tiene mal aliento.

 

A esa altura, mi cama es de cilantro,

tus perniles, el lado fresco de mi almohada.

Vas a contarme un sueño

que cambiará el orden de los meses.

 

Yo pienso en las palmeras que nacen chuecas,​​ 

el nido del loro orejiamarillo,

las lombrices que se ahogan​​ 

en los charcos pandos.

 

¿Qué voy a hacer si nunca se me destapan los oídos​​ 

y tengo que escuchar al monte

silbando balaceras?

 

 

 

 

 

 

 

20 de julio

 

(thriller político-terror):

 

Duke es un presidente que transpira​​ 

mientras se amarra los zapatos,

y que cada vez que sanciona una ley,​​ 

la deja untada con una huella dactilar​​ 

de polvo anaranjado de Doritos.

El Día de la Independencia,

se toma un descanso después del desfile militar​​ 

para jugar en el Nintendo Switch.

Pide que no le pasen llamadas,​​ 

a pesar de las alertas

que vienen de un pozo de​​ fracking.

La codicia por explotar hidrocarburos​​ 

perforó una sagrada tumba de los panches,​​ 

la última barrera que protegía a Colombia

de los espíritus que vivieron antes de la luz.

Es hora de que Duke escoja

entre cubrir al cartel de narcoempresarios​​ 

que lo subió a la presidencia

o salvarse a él y al país que nunca pudo​​ 

ni quiso gobernar.

 

 

 

Dir: Mizoguchi Scarbó​​ 

Dur: 35,064 horas.

 

 

 

 

 

 

 

Quijada de burro

 

I

 

El temazcal: útero de arcilla, paredes brillantes como la carne​​ 

de almeja, horno de ladrillos encendido por el magma ardiente​​ 

que eructa el núcleo del planeta.

 

Un amarre de mi pelo crespo es arrojado a este fogón,​​ 

el temazcal tose, contrae sus músculos,

en su interior hace un calor que obliga a blanquear los ojos.​​ 

El aire quema la garganta,

nube piroclástica​​ 

truenos

lluvia de cenizas

ángeles enfurecidos con espadas flamígeras colgando de cables.​​ 

Estas tablas de piedra donde quedaron escritos los

mandamientos son falsas como mis canas,

como esto que estoy sudando,​​ 

que parece amor pero es apego.

 

¿Serías capaz de viajar dieciocho horas por mí?

Si me dices que sí, entiendo que estamos dispuestos​​ 

a revolcarnos entre las moronas de la mantecada

entre la tierra sucia que se me pega a la plantas de los píes​​ 

entre los huesos de palo de las hormigas

 

La naturaleza del deseo es chuparse los dedos hasta más allá​​ 

de la piel, hasta más allá del músculo y la médula

porosa

púrpura

hasta penetrar la ficción.

 

 

 

 

 

 

II

 

Un burro

un jumento hermoso

platero de crin negra y tupida como el mostacho​​ 

de un dictador tropical

un​​ burro​​ que​​ sabía​​ fumar

mascota de los turistas que adivinaban en su mirada tierna​​ 

la adicción a la nicotina

entonces le ponían un cigarro en el hocico le daban candela​​ 

y de la dicha se ponía a rebuznar

vivió​​ treinta​​ y​​ cinco​​ años​​ lo​​ máximo​​ que​​ puede​​ vivir​​ su​​ especie

 

Un​​ juglar

que​​ juró​​ por​​ la​​ verruga​​ de​​ Rafael​​ Orozco​​ la​​ ventana​​ marroncita​​ 

y la lenguasopa de Otto Serge que iba a colgar una hamaca​​ 

grande desde el cerro La Aguadora hasta los cayos de piedra​​ 

de la virgen de Guadalupe para que Andrés Landero y sus​​ 

primos​​ que​​ se​​ multiplicaban​​ como​​ iguanas​​ meciéndose​​ en​​ ella​​ 

canten las intimidades

canten taba la tortuga debajoel agua debajoel agua c

anten​​ la​​ poesía​​ del​​ miserable​​ caserío​​ donde​​ cada​​ cuadra​​ 

es un país con su propia banda criminal:

norteña corridos tumbados las célebres coplas del viejito​​ 

​​ Octavio Mesa el Clan del Golfo bailando la propia nubecita​​ 

​​ los testaferros tomando ron Tres Esquinas blanco en La​​ 

​​ campana​​ que​​ era​​ tremenda​​ cantina​​ donde​​ alguna​​ vez​​ debutó​​ 

​​ Diomedes y estallaba todo el día el picó​​ sound system

 

Una quijada de burro​​ 

como​​ la​​ que​​ agarró​​ Sansón​​ 

para matar mil hombres

y​​ un​​ juglar

juntos​​ para​​ escurrir​​ la​​ palabra​​ como​​ si​​ fuera​​ un​​ sudario​​ 

amarillento casi traslúcido y lleno de agujeros

juntos​​ para​​ chupar​​ la​​ palabra​​ de​​ la​​ teta​​ del​​ estado​​ 

sin sintaxis

sin inútiles búsquedas en el lenguaje​​ 

puro ritmo

asma:

 

 

A ih A ih A ih A ih A

Hi hon Hi hon Hi hon

 

 

 

 

 

 

III

 

Septiembre, 2017,

Totó la momposina iba a reventar el orquideorama del jardín​​ 

botánico de Medellín,

tenía setenta y siete años y todavía ardía en el escenario​​ 

como el Sol artificial que los chinos sueñan fabricar.

 

Cerré los ojos tan pronto cantó​​ Los sabores del porro.

En el chispazo de los platillos de la papayera adiviné el​​ 

número de pasos que me hacían falta para llegar a mi​​ 

primera casa.

La música del caribe:

esa jam session entre un negro, un conquistador y un indígena​​ 

jamás sucedió.

Lo que grabaron en los estudios de Discos Fuentes fueron​​ 

las psicofonías de la ciénaga y las sombras de los abanicos.

 

Totó la momposina no necesitaba micrófono,​​ 

brincó de la tarima y se hundió en su público.

Los que bailamos con ella entendimos que después de pasar​​ 

más de ocho horas sentados frente a una pantalla,

las caderas​​ 

el culo

y el yo, se transformaban en un mamotreto de carpetas​​ 

legajadoras,

en una prisión.

 

Este es el remedio:

métete a la cumbia.

Olvídate por un ratico de querer publicar novelas, de querer​​ 

influir, de querer crear imágenes, de querer que te inviten a​​ 

leer en voz alta para agitar las masas.

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Tírate a la pista,​​ 

muéstrame ese tatuaje nuevo​​ 

la raja de tu cesárea.

Enséñame la belleza de la anatomía reptiliana​​ 

tu mente de colmena

la emisora que captan tus pestañas:

 

cuando volaba muy alto la tierra me parecía una cumbia gigantesca con​​ 

mil velas encendidas amaneciendo que preparen un sancocho que maten​​ 

cuatro gallinas que siga la cumbia para bailar con elsa no te asombres si​​ 

te digo lo que fuiste una ingrata con mi pobre corazón los negros en cuero

cumbia al rin-tin-tin golpe con golpe yo pago beso con beso devuelvo​​ 

la brisa tropical a orilla de la mar le da un rico sabor a tu boquita

décimo quinto festival en guararé al sonar del traqui traqui que sabroso​​ 

amanecer con ese ambiente prendido me dan ganas de beber a la rigola yo​​ 

no vuelvo más úrsula cien años soledad macondo te llevo amasada en mi​​ 

cerebro como cuero de tambor un caballito cerrero que no corra por dinero​​ 

quiero sentarme contigo en la yerbita

 ​​ ​​ ​​​​ en la yerbita

 ​​​​ en la yerbita

 

 

 

 

 

 

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