Reseña a La anchura y la llanura, de Diego Reis

Esta reseña de Marcelo Gobbo es una lectura atenta del libro La anchura y la llanura del poeta argentino Diego Rodríguez Reis (1979, Ciudad de Buenos Aires). Rodríguez Reis es narrador, poeta y columnista de literatura en diversos medios escritos, digitales y radiales.  Ha publicado los libros El Charco Eterno (El Camarote Ediciones, 2009), Lo Levemente Ajeno (El Suri Porfiado Ediciones, 2013), Correspondencias Secretas (Ediciones Del Dock, 2015) y La Anchura y la Llanura (Ediciones Patagonia Escrita, 2018). Actualmente vive en Villa La Angostura (Neuquén), donde dirige la revista de cultura “Rescate”.

 

 

 

Sobre La anchura y la llanura, de Diego Reis

por Marcelo Gobbo 

 

Los grandes poetas son metafísicos fracasados.

Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas.

Antonio Machado

 

Tal vez todos los poemas de este libro de Diego Reis que tardó cinco años en llegar a imprenta (obtuvo una mención especial en el Concurso Nacional de Poesía 2013, organizado por la Fundación Acero, con Boccanera, Oteriño y Sylvester como jurados) dialoguen, ignoro si de manera deliberada aunque eso aquí carezca de importancia, con Martin Heidegger.

Tomemos por caso este pasaje de La verdad y el arte: «Si una obra no puede ser sin ser creada, pues necesita esencialmente los creadores, tampoco puede lo creado mismo llegar a ser existente sin la contemplación. Pero si una obra no encuentra de inmediato la contemplación que corresponde a la verdad que acontece en ella, eso de ninguna manera significa que la obra sea obra sin la contemplación».

Promediando el segundo tercio de La anchura y la llanura, Reis enumera las excusas para una Postergación de la poesía: podar un parral, pintar un portón, lavar las tazas de té, reparar los platinos de un auto, visitar lugares, ver una obra de teatro y varias cosas más. El poema cierra con estos versos:

 

los teatros se llenan

las tazas se oxidan

microscópicamente

las hojas

inundan el patio

 

yo pienso planeo trabajo

observo distraigo desespero

yo hago haciendo

haciendo hacer

 

y los días pasan estériles.

 

Contemplar, crear, obrar. Para Reis, la vida sin poesía es la monstruosa eclosión de un caos natural (en Multiplicación de los helechos, por ejemplo, donde esa planta invierte el simbolismo del milagro crístico de los panes, ajena a esa humanidad de la cual puede prescindir) o un infierno de yerma y voraz mundanidad. El veloz o tortuoso paso del tiempo y de las cosas que impiden que la verdadera creación se ponga en marcha atenta contra lo esencial del ser humano, contra algún resto de divinidad que pueda sobrevivir en él. Más aún, en el poema donde se cifra el título de este libro, Diego Reis sostiene que

 

crear

es lo más parecido a creer

 

Ese acto de fe determina la eclesialidad en la poética de Reis, a la vez que discute con el filósofo alemán acerca de la cosa, no desde la nada de Eckhart o del budismo zen, tampoco desde cualquiera de los dogmas oficiales surgidos en Occidente en los últimos dos milenios: es el crear/creer aquello que pone al poeta en contacto con un mundo (una familia, una ciudad, el pueblo) y le da existencia, de tal modo que si en el agustiniano credere Deo, credere Deum, credere in Deum cambiáramos a Dios por poesía daríamos de lleno con el ars poetica del hacedor de estos poemas.

La referencia a lo divino no es arbitraria: ya en el segundo poema del volumen el poeta espera no a Godot sino a alguien que le convide un cigarrillo en medio de esa nada que es la llanura desértica, porque Godot ya está allí, en la forma de un dios cansado que dibuja nubes. Más adelante, reafirma:

 

Dios

es la enorme pausa

necesaria

entre los mundos

 

En Invisible, hay un dios personal que se transforma en comunión con el otro y lo otro y, de inmediato, en Triste así, plasma en cinco estrofas su propia teología. También hay un dios sin martillo en otro poema donde la tristeza se vuelve tiempo.

Y hasta se le anima a Zeus, cuya divinidad abre un poema en clave casi girondiana:

 

Zeus crónida

cronión dodoneo pelásgico

señor del universo

 

En La anchura y la llanura, Reis ha exorcizado cierta solemnidad que pesaba en algunos momentos de su poemario previo y da gala de un humor asordinado, digno de una deadpan comedy, y de un dominio infrecuente de las figuras retóricas más temidas o despreciadas por los académicos. Le ha perdido todo temor a los neologismos (desdormirme, autodeconstructor, entre otros), a los juegos de palabras (La esfinge / literal / es / finge) y a la aliteración (palos pathos de los puertos), trabajando a menudo con todo ello a la vez, con desparpajo e inteligencia:

 

tarde entonces

triste

trascendente

torpemente

 

tardece

 

(Tardecer)

 

difuminar descoser deshojar

 

vertedero

de obras y silencios

de querer quedarme quieto

de querer quieto

de quedarme

 

(Defoliación del domingo)

 

O, como expone en Instrucciones 2: Para arreglar un desperfecto:

 

aliterar

 

vela velamen

soliviantar

bienvenida buenaventura

 

algo así

abstraer

 

después

hacer otra cosa.

 

Esa otra cosa siempre tendrá algo de reflexión (en sus distintas variantes), donde pregunta y reflejo intentarán dar con el sentido del In-der-Welt-sein y el Dasein heideggeriano o, caso contrario, discutirlo.

 

Qué circuito

del pensamiento o del sentir

qué intuición o mecanismo

habrá activado

creado

vertido

me pregunto

esta lágrima

 

se pregunta en Unidad de llanto. A continuación, tres poemas hurgarán en unas fotos amarillas para reanudar el diálogo con el filósofo alemán como si se trataran de microrespuestas a Ser y tiempo.

Pero no hay que olvidar que La anchura y la llanura es un libro de poesía y, como tal, su labor principal consiste en esculpir el lenguaje, volver el granito de la lengua en danza. Y si bien el ritmo y el tono de los textos varía de uno a otro, es sorprendente cómo se materializa una auténtica especificidad reisiana en el conjunto. Que parezca tan homogéneo un libro que reúne poemas que con anterioridad aparecieron en distintas publicaciones testifica que su autor ha logrado una voz distintiva, capaz de emparentar textos en apariencia disímiles a fuerza de su propio tono.

El espacio geográfico al que alude el título, ese territorio cuya extensión es proporcional a su inabarcabilidad, es enunciado doblemente: es tan externo como interno, y en ese devenir de un mirar para renunciar al vacío y de tal modo construir una poética donde lo humano reafirme su contigüidad con ese paisaje, Reis recurre a esa otra vastedad de la vista, la lectura, para conjurar plumas que le permitan atravesar tanto el espacio como el tiempo (Borges, Melville, Tolstoi, Faulkner, Perec y Rimbaud son los más evidentes, pero también hay ecos de mitos griegos y de las canciones de Spinetta y hasta, me atrevería a decir, de la poesía de su pareja, Cecilia Fresco, en especial en los poemas donde el amor se asoma como un haz de luz entre las nubes de polvo). Además, ese espacio serviría de puente entre la existencia como tal y su perdurabilidad, o, mejor, se prestaría cual mapa para un ser-ahí que se animara a anidar en un vacío abierto a la plenitud.

La distancia recorrida entre este libro de poesía y su anterior, Lo levemente ajeno, resulta evidente: el medio centenar de poemas que componen La anchura y la llanura es muestra de un autor que maduró su arte leyendo, releyendo y (re)leyéndose sin dejar de preguntarse «dónde está / qué es / por qué creo (en) la poesía», y que, en ese transcurrir, incorporó todo aquello que el mundo (literario, fáctico) le proporcionó, sin desdeñar de nada, volviendo lo ajeno en propio con un amor sin exhibicionismo y un humor reflexivo que, en un último acto de esperanza, se encomiendan al misterio que en estructuras / en sonidos / en palabras hacen converger al poeta y a aquello que lo animó en un mismo cielo.

En La anchura y la llanura, Diego Reis carga toda su humanidad al hombro y atraviesa en locuaz contemplación esa ancha llanura de la poesía para retribuir con creces a quien lo acompañe en el viaje. Lo suyo no es un fracaso sino un éxito rotundo.

 

La anchura y la llanura / Diego Rodríguez Reis. – 1a ed. – Bariloche : Ediciones Patagonia Escrita, 2018. 88 p. (Colección Todos cantan; 2)
ISBN 978-987-46151-7-6

 

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