Mónica Licea (Guadalajara, 1990) es poeta y tanatóloga. Licenciada en Cine Digital por la Universidad de Medios Audiovisuales (CAAV). Autora de Visión de la ira (Sombrario Ediciones) y Hermano (Revarena Ediciones). Egresada de la maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) Buenos Aires, Argentina.
El dolor es el mamífero
más grande
del mundo
su peso
se encuentra al descubierto
Animal
ad-herido
a la memoria
Consuelo
Así es la vida. No hay nada que hacer. Lo bueno que no sufrió. ¿Otra vez estás triste? No llores. ¿Todavía te duele? Yo entiendo. ¿Cómo estás? Está descansando. ¿Todavía te duele? Le tocó estar en el lugar equivocado. ¿Cómo estás? Ya es un ángel. Está en un lugar mejor. No llores. ¿Cómo estás? Déjalo ir. ¿Ya los perdonaste? ¿Todavía te duele? Déjalo ir. Ya. Déjalo. ¿Duele?
Crematorio
Escucho el latido seco de tu ceniza
digo tu nombre en voz baja
hierve la sangre detrás de los ojos
ya no estaremos juntos
humo
cierro los ojos
ya no estaremos
aprieto la mandíbula
me parece escucharte
ya no
en el silencio que deja el fuego
tras apagarse
en su secreta claridad
ya
Sus rostros hierven
ponen las manos en puño y las elevan al cielo
gritan. Sus manos
abandonadas por la luz
Con la esperanza entre los dientes
se preguntan:
¿es la rabia
un dios encadenado
a nuestro dolor?
esta es la madre dentro de la ira
este es el padre, estos los hijos
esta es la ira
Se habita la infancia con espanto
Rosabetty Muñoz
A los diez años mataste a nuestro hámster. Mi mamá te había dicho que limpiaras su jaula, y como te daba asco, te pareció buena idea echar perfume dentro de la burbuja de plástico en la que vivía. Se ahogó el pobre, todo perfumado, listo para su funeral. Recuerdo que lo llevamos solemnemente encima de una toallita a una maceta, pusimos cuatro cerillos simulando a las personas que hacen guardia junto al féretro. Entrelazamos nuestras manos en señal de respeto. Dijiste algo como descansa, Gus, no quise matarte. Cerramos los ojos y lloramos mientras lo enterrábamos con una cucharita de plástico.
No moriste perfumado ni te cargaron en una sábana blanca. Nadie dijo unas palabras ni pidió perdón.
Digo avanza
porque el mundo todavía se parece al sol
y las mariposas se alzan en los cementerios.






