Mal de oficio de Oswaldo Flores Cumarín (poesía venezolana).

Oswaldo Flores Cumarín (Caracas, 1985). Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Actualmente estudia la maestría de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Realiza practicas interdisciplinarias con el juego del garrote y pertenece al colectivo poético musical Los 4 grados del fuego. Ganador del XIII Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca, mención Poesía con el libro Mal de oficio (Fundarte, 2022).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota del editor: Los siguientes poemas de Oswaldo Flores Cumarín, los he tomado de su libro Mal de oficio, libro ganador del Premio Stefania Mosca mención poesía del año 2022. Una de las cosas que me gusta de este libro y que espero desarrollar en una futura reseña —que sirva esta breve nota para ​​ comprometerme— es que un poeta puede encontrarse en cualquier oficio, porque todo está mediado por el lenguaje. En el libro, aunque no en esta muestra, se observa cómo el poeta desarrolla la pregunta del poeta como padre—de su propia lengua— y realiza un camino por un sinnúmero de oficios para ello, esta es una de las ideas que espero desarrollar. Deseo sinceramente que lean el trabajo de Flores Cumarín y disfruten la selección que he preparado con entusiasmo para ustedes.

 

Zorian Ramírez Espinoza.

Caracas, octubre del 2026.

 

 

 

 

 

 

 

Chofer

 

 

 

I

 

Uno se sienta

y nada ocurre

 

No crece flor

ni hay dios que trepe la oración

 

Dos se sientan

y hay una misa que ocupa al mundo

 

El poema, tan callado como un ángel de yeso,

espera una altura que lo quiebre

para romperse sobre sí mismo en algo cierto:

 

una piedra, que rompa el espejo de las aguas

un disparo, que parta en relámpagos el día

un golpe, que pueble la huella de sangre

un dolor, que recuerde la víscera del mundo

 

II

 

Y se ha muerto esperando. Ha muerto

 

Pienso [El poema es un toro de lidia en una sabana de flores]

 

El poema más poderoso se olvida

en la estación

pero es aún más terrible en vilo

 

Escribo [El poema es un toro de lidia esperando la estocada de los

[pájaros]

 

 

 

 

 

 

 

 

Inmolado

 

 

 

Oración

 

Alma de todo que es el ritmo,

cuerpo de todo que es la música

huella de todo que es el cuerpo mil veces sobre todo

 

 

Esto es la caverna

vientre del primer fuego en el abdomen

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ brasa de los tiempos de mi augurio

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ nada atizada y crepuscular

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ en su crepitar de criatura

 

Zarza de donde vengo, cuídame

señor, cuídame

 

 

Oráculo

 

La llama se ha visto ajena, y yo no ardo

 

Arde tú,

otro que va por fuera,

que las sequías de mí son de fuego

 

Y yo no ardo:

 

la brisa pinta lo seco en mi espalda, y yo no ardo

la brasa hembra pilla mis pieles, y yo no ardo

el dolor de los hermanos me arroja, y aún no ardo

 

el fuego del campo no es más

pero arde,

muy lejos

 

Sacrificio

 

 

No basta para encenderme esta hoguera de vivos

 

el humo es un grito inmolado en otro luto

que miro lejos para encontrar

y ya no hallo

 

solo el silencio va quedando

en su sentencia

como una llama sola arrojada fuera del fuego

 

 

 

 

 

 

Suicida

 

 

Afina la puntería del canto contra las bestias

dijo un hombre

 

También dijo:

tú escucha y pon atención,

en el oído hay un puente para el arrojo

Esto es un gesto desentendido de fe

 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Y también dijo:

 ​​ ​​​​ inventa una palabra o una montonera donde

quedes, y vivas como el mar repitiéndose a sí

mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Espectador

 

 

 

Yo soy el pájaro

si digo: viento, mira la puerta abierta de la jaula

 

Yo soy la mesa pobre

sobre las migajas

y no el invento de codos modos sobre la mesa

 

Y soy quien dice «basta el cielo para llevar hambre por la rendija de los ojos

y miro la puerta desde la jaula, pájaro inverso del

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ [viento que soy, y digo,

soy yo quien sopla a la ventana»

 

El paraje mira como una puerta desde la sombra

el oprobio de estar sentado a fin de punto impronunciable

y su ventana también es el ojo que yo soy mientras me mira y yo lo miro

 

Vuelo entre sus piernas arboladas

al puro hogar sin centro y en círculo

profano todo eso sin sombra donde entra lo curtido

y ahí anochezco

ahogado a plena puerta

de lo otro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Narcísimo

 

 

 

Hay que ser tan oscuro

para ser mendigo, dice la sombra

 

 

conocer el tizne-rubor de la esquina

vestirse de un vaho príncipe

de un púrpura a solas

y pillar el rubor de los árboles

hasta ser su lazarillo

 

 

Hay que oficiar una misa en silencio

arrojar humo blanco para morir cada vez que se pueda

y saber que en tu lugar hay otro

 

Hay que llenar de huellas cada bolsillo, dice la sombra

de manos que ni torsos

de pies oscuros, casi charcos

 

 

Hay que dejar  al tiempo anidar   en cada hebra de cabello

hasta el ancho del mundo, dice la sombra

y saber mirar en lo profundo

de cada charco

para dar con la huella que te engendró

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sísifo

 

 

 

Ningún ojo abre como el cerro

Nada desprende el encéfalo de tanto ser visto

 

—ni el mes inclemente en la espalda de este animal herido—

Como un trapo viejo al viento

se orea este mes de moscas

esta piedra que maquina el milagro que nos existe

 

Pero la mosca,

hecha para morir

anida su prole en la carroña

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poética

 

El poeta recomienda: ‘Inclinaos, inclinaos más aún’. No siempre sale indemne de su

página, pero al igual que el indigente, sabe sacar partido de la eternidad de una aceituna

René Char

 

 

Acto I

 

El poeta (mendigo de algo) demora el bocado, por ansiedad o por locura. No solamente es el mordisco lo que le sacia. Su extraño alimento está lejos. He ahí la demora. Quizás no exista esa mínima contentura verde de la que disfrutan los mendigos

 

Acto II

 

Inclinarse es perder lo cardinal. La relación de orden con las cosas se trastoca en el mapa blanco de las hojas

 

Acto III

 

Una sed: El poema es eso que quiere beber del agua que no ha caído

 

Acto IV

 

Desear es lo más cercano a lo perpetuo

 

Acto final

 

El hambre al momento del hambre parece, si no es, eterna. Pero el mendigo sabe de finitudes, su propia vida cuelga de un hilo. Sabe más finita a la aceituna. Ella por nada siente hambre, pero es motivo de una eternidad que escarba. La aceituna dibujada sobre un papel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Enamorado

 

 

A Gonzalo C.

 

lo que en su pecho vuelve al mundo

Eugenio Montejo

 

 

se infla el pecho

se infla

hay algo aquí que vuelve al

mundo

lo tomo de las cosas que

transpiran

de las que arrebolan bajo la

llovizna

y temen trashumar

—cambiar el sol por una hoja o la lumbre por un cristal frío—

 

del pájaro, su canto

se inca y traduce desde la pluma

 

de mí, la niebla

una sombra que pronuncia el

nombre más delgado

y robustez abominable en el

pecho

 

 

alguien aquí se ahoga

si por cada sílaba hay un canto a

donde vuelvo, un silencio en la mueca donde

existo

 

algo aquí vuelve al mundo

se infla en el pecho

y ya no es nombre

 

 

 

 

 

 

 

 

PADRE

 

no importa lo que corras

siempre llueve

 

 

 

 

 

 

 

 

REO

 

el clavo echa su sombra

sobre la tierra

pero es el mediodía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FORENSE

el hueso es

del dolor

el hijo más dócil

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oswaldo Flores Cumarín. Caracas, 1985. Poeta, docente y licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela. ​​ Actualmente cursa la maestría de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Impartió talleres de aproximación a la escritura poética para la Fundación Casa de las Letras Andrés Bello, entre los años 2012 y 2016. Fue miembro de talleres de lectura con los poetas Rafael Castillo Zapata (Celarg), Luis Alberto Crespo y Ximena Benítez (Monte Ávila Editores). Poemas suyos han sido publicados en distintos portales web como digo.palabra.txt, Letralia y la revista Ciudad de la Hoz. Integró en 2019 el colectivo poético musical Los Cuatro grados del fuego, y el espacio poético alternativo La casa del Guachimán, en La Pastora, Caracas. Con su libro Mal de oficio, Flores Cumarín fue merecedor del Premio Nacional de Literatura Estefania Mosca 2022.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota del editor: Los siguientes poemas de Oswaldo Flores Cumarín, los he tomado de su libro Mal de oficio, libro ganador del Premio Stefania Mosca mención poesía del año 2022. Una de las cosas que me gusta de este libro y que espero desarrollar en una futura reseña —que sirva esta breve nota para ​​ comprometerme— es que un poeta puede encontrarse en cualquier oficio, porque todo está mediado por el lenguaje. En el libro, aunque no en esta muestra, se observa cómo el poeta desarrolla la pregunta del poeta como padre—de su propia lengua— y realiza un camino por un sinnúmero de oficios para ello, esta es una de las ideas que espero desarrollar. Deseo sinceramente que lean el trabajo de Flores Cumarín y disfruten la selección que he preparado con entusiasmo para ustedes.

 

Zorian Ramírez Espinoza.

Caracas, octubre del 2026.

 

 

 

 

 

 

 

Chofer

 

 

 

I

 

Uno se sienta

y nada ocurre

 

No crece flor

ni hay dios que trepe la oración

 

Dos se sientan

y hay una misa que ocupa al mundo

 

El poema, tan callado como un ángel de yeso,

espera una altura que lo quiebre

para romperse sobre sí mismo en algo cierto:

 

una piedra, que rompa el espejo de las aguas

un disparo, que parta en relámpagos el día

un golpe, que pueble la huella de sangre

un dolor, que recuerde la víscera del mundo

 

II

 

Y se ha muerto esperando. Ha muerto

 

Pienso [El poema es un toro de lidia en una sabana de flores]

 

El poema más poderoso se olvida

en la estación

pero es aún más terrible en vilo

 

Escribo [El poema es un toro de lidia esperando la estocada de los

[pájaros]

 

 

 

 

 

 

 

 

Inmolado

 

 

 

Oración

 

Alma de todo que es el ritmo,

cuerpo de todo que es la música

huella de todo que es el cuerpo mil veces sobre todo

 

 

Esto es la caverna

vientre del primer fuego en el abdomen

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ brasa de los tiempos de mi augurio

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ nada atizada y crepuscular

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ en su crepitar de criatura

 

Zarza de donde vengo, cuídame

señor, cuídame

 

 

Oráculo

 

La llama se ha visto ajena, y yo no ardo

 

Arde tú,

otro que va por fuera,

que las sequías de mí son de fuego

 

Y yo no ardo:

 

la brisa pinta lo seco en mi espalda, y yo no ardo

la brasa hembra pilla mis pieles, y yo no ardo

el dolor de los hermanos me arroja, y aún no ardo

 

el fuego del campo no es más

pero arde,

muy lejos

 

Sacrificio

 

 

No basta para encenderme esta hoguera de vivos

 

el humo es un grito inmolado en otro luto

que miro lejos para encontrar

y ya no hallo

 

solo el silencio va quedando

en su sentencia

como una llama sola arrojada fuera del fuego

 

 

 

 

 

 

Suicida

 

 

Afina la puntería del canto contra las bestias

dijo un hombre

 

También dijo:

tú escucha y pon atención,

en el oído hay un puente para el arrojo

Esto es un gesto desentendido de fe

 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Y también dijo:

 ​​ ​​​​ inventa una palabra o una montonera donde

quedes, y vivas como el mar repitiéndose a sí

mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Espectador

 

 

 

Yo soy el pájaro

si digo: viento, mira la puerta abierta de la jaula

 

Yo soy la mesa pobre

sobre las migajas

y no el invento de codos modos sobre la mesa

 

Y soy quien dice «basta el cielo para llevar hambre por la rendija de los ojos

y miro la puerta desde la jaula, pájaro inverso del

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ [viento que soy, y digo,

soy yo quien sopla a la ventana»

 

El paraje mira como una puerta desde la sombra

el oprobio de estar sentado a fin de punto impronunciable

y su ventana también es el ojo que yo soy mientras me mira y yo lo miro

 

Vuelo entre sus piernas arboladas

al puro hogar sin centro y en círculo

profano todo eso sin sombra donde entra lo curtido

y ahí anochezco

ahogado a plena puerta

de lo otro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Narcísimo

 

 

 

Hay que ser tan oscuro

para ser mendigo, dice la sombra

 

 

conocer el tizne-rubor de la esquina

vestirse de un vaho príncipe

de un púrpura a solas

y pillar el rubor de los árboles

hasta ser su lazarillo

 

 

Hay que oficiar una misa en silencio

arrojar humo blanco para morir cada vez que se pueda

y saber que en tu lugar hay otro

 

Hay que llenar de huellas cada bolsillo, dice la sombra

de manos que ni torsos

de pies oscuros, casi charcos

 

 

Hay que dejar  al tiempo anidar   en cada hebra de cabello

hasta el ancho del mundo, dice la sombra

y saber mirar en lo profundo

de cada charco

para dar con la huella que te engendró

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sísifo

 

 

 

Ningún ojo abre como el cerro

Nada desprende el encéfalo de tanto ser visto

 

—ni el mes inclemente en la espalda de este animal herido—

Como un trapo viejo al viento

se orea este mes de moscas

esta piedra que maquina el milagro que nos existe

 

Pero la mosca,

hecha para morir

anida su prole en la carroña

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poética

 

El poeta recomienda: ‘Inclinaos, inclinaos más aún’. No siempre sale indemne de su

página, pero al igual que el indigente, sabe sacar partido de la eternidad de una aceituna

René Char

 

 

Acto I

 

El poeta (mendigo de algo) demora el bocado, por ansiedad o por locura. No solamente es el mordisco lo que le sacia. Su extraño alimento está lejos. He ahí la demora. Quizás no exista esa mínima contentura verde de la que disfrutan los mendigos

 

Acto II

 

Inclinarse es perder lo cardinal. La relación de orden con las cosas se trastoca en el mapa blanco de las hojas

 

Acto III

 

Una sed: El poema es eso que quiere beber del agua que no ha caído

 

Acto IV

 

Desear es lo más cercano a lo perpetuo

 

Acto final

 

El hambre al momento del hambre parece, si no es, eterna. Pero el mendigo sabe de finitudes, su propia vida cuelga de un hilo. Sabe más finita a la aceituna. Ella por nada siente hambre, pero es motivo de una eternidad que escarba. La aceituna dibujada sobre un papel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Enamorado

 

 

A Gonzalo C.

 

lo que en su pecho vuelve al mundo

Eugenio Montejo

 

 

se infla el pecho

se infla

hay algo aquí que vuelve al

mundo

lo tomo de las cosas que

transpiran

de las que arrebolan bajo la

llovizna

y temen trashumar

—cambiar el sol por una hoja o la lumbre por un cristal frío—

 

del pájaro, su canto

se inca y traduce desde la pluma

 

de mí, la niebla

una sombra que pronuncia el

nombre más delgado

y robustez abominable en el

pecho

 

 

alguien aquí se ahoga

si por cada sílaba hay un canto a

donde vuelvo, un silencio en la mueca donde

existo

 

algo aquí vuelve al mundo

se infla en el pecho

y ya no es nombre

 

 

 

 

 

 

 

 

PADRE

 

 

 

no importa lo que corras

siempre llueve

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REO

 

 

 

el clavo echa su sombra

sobre la tierra

pero es el mediodía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FORENSE

 

 

 

el hueso es

del dolor

el hijo más dócil

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oswaldo Flores Cumarín. Caracas, 1985. Poeta, docente y licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela. ​​ Actualmente cursa la maestría de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Impartió talleres de aproximación a la escritura poética para la Fundación Casa de las Letras Andrés Bello, entre los años 2012 y 2016. Fue miembro de talleres de lectura con los poetas Rafael Castillo Zapata (Celarg), Luis Alberto Crespo y Ximena Benítez (Monte Ávila Editores). Poemas suyos han sido publicados en distintos portales web como digo.palabra.txt, Letralia y la revista Ciudad de la Hoz. Integró en 2019 el colectivo poético musical Los Cuatro grados del fuego, y el espacio poético alternativo La casa del Guachimán, en La Pastora, Caracas. Con su libro Mal de oficio, Flores Cumarín fue merecedor del Premio Nacional de Literatura Estefania Mosca 2022.


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