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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de poesía No. 136: Lucila Nogueira

21 Ene 2010

Lucila Nogueira

Lucila Nogueira (Río de Janeiro, 1950) es poeta, ensayista y traductora. Es Miembro de las Academias Pernambucana de Letras y Brasileña de Filología. Entre los veinte libros de poesía que ha publicado, podemos mencionar Almenara (1979), Pecho abierto (1983) o Ainadamar (1996).

 

 

Poesía em Havana

 

 

Poemas del Ainadamar

 

II

Descubiertos no fuimos: inventados

Antinomia que me quito el sueño

Siempreviva en al piedra funeraria

Contemplo las cenizas de lo que ya fue fuego

 

Tu epopeya finaliza en el quijote

Que deseo unir armas y letras

Tu epopeya es el túmulo de Lorca

Y el cadáver de Goya sin cabeza.

 

 

 

III

Palos de la frontera. Ve, colon

A diseminar la caída musulmana

Y a granada andaluz, canta conmigo

Nostalgia por el indio americano

 

Viene de lejos ente banzo de quilombo

De América y de África gigantes

Palos de la frontera. Ve colon

Quitar del paraíso la libertad.

 

 

 

IV

El oro americano para las guerras

El oro americano para las deudas

Tantos años de luchas y guerrillas

Y cañones y yugos y caudillos

 

Esta virgen de plata es insolente

Su brillo es un ultraje al pueblo indio

Tan puro y tan ingenuo en la selva

Asesinado en el colonialismo.

 

 

 

VI

Tus paredes de oro, Moctezuma

Cortes las derritió y te hizo esclavo

Pero colon volvió encadenado

Pizarro se vio al fin ejecutado

 

La inocencia de Adán, dijo caminha

No fue mayor que la de los colonizados

Fue en amazonas donde Lope de Aguirre

Soñó estar viviendo en Eldorado.

 

 

 

VII

Y la indenpencia vino simultánea

De México a la Provincia de La Plata

Caracas, Santiago, Buenos Aires:

Un destino común de la lengua y patria

 

Por las aguas del río Magdalena

Bolívar anda en naves de Zapata

Andaluz, Andalucia, Andalucila

Desde Amazonas a los Andes y La Plata.

 

 

 

VII

América, pasaron tres siglos

De la Iglesia de Colón la retomada

Las Casas, de Victoria, José Martí

Caneca, Tiradentes: Libertad.

 

América, tu nombre es Ayacucho

Europa, ¿Dónde esta Nueva Granada?

Ciento sesenta años pasaron

Tal vez por esto esté emocionada.

 

 

 

IX

Esta vez no iré a Santiago

De Iberia, Cuba inversa lorquiana

Y el nombre de mi padre en la maleta

Me hizo sentirme en casa en tierra  extraña

 

Esta vez no iré a Santiago

Román, el de Padrón, Reyno d´Hespaña

En lengua portuguesa tuvo origen

Mi destino en la lengua castellana.

 

 

 

XXXI

Y ahora voy a hablar de mi destino

Perdido en la canción de Andalucía

Y ahora voy a decir que mi delirio

Es la propia verdad de la poesía

 

Imagen de mi pueblo torturado

Sin defensa en un suelo de nostalgia

América, América, América

Escribo la historia de tu agonía.

 

 

 

XXXII

Es tanto el dolor que el silencio es crimen

La angustia es desde el hambre a la metafísica

América, América, América.

 

Grito tu nombre hasta romper los tímpanos

 

Somos blancos y negros, somos indios

En la sucesión de las vanas carnicerías

Atlántico, Atlántico, Atlántico.

 

Tú no separas mi poesía.

 

 

 

XXXIV

Escribo desde las patas del destino

Desde el arcaico animal de mi futuro

Escribo desde la Tierra de Utopía

Soy el rostro del Alma Americana

 

Soy el rostro de la América herida

Vengo de la catedral subterránea

Mitad sueño y soy mitad bronce

En el espejo que responde sin preguntas.

 

 

 

Movimientos de cuerdas en los remolcadores

 

Movimiento de cuerdas en los remolcadores

Hora europea de un calidoscópio de brumas

Dedos como submarinos entre sargazos

No es tan lejos

De Babilonia a Jerusalén

 

Ciudad- muelle de Saint-Nazaire

El atracar y partir de los navíos

Movimiento lento en agua quieta

Horizonte indefinido en el Loire

Balcón entre los andamios y las grúas

Éxtasis inesperado de las embarcaciones

 

Yo aquí soy solamente una extranjera

Y llevo la marca de la casualidad

Yo soy la transeúnte forastera

Y así como llegué debo partir

 

Yo soy aquí sólo la pasajera

Y por mas que me entregue

Permanecí ajena

Por más que te quiera

Yo soy farouche

Y esta ciudad es sólo mi trayecto

Foso muralla puente y centinela

Así como llegué debo volver

 

Nadie me saludará

Desde cualquier ventana

Aunque yo fuera

Muelle platónico de mí

Dimensión metafísica del sueño

Muelle metáfora del cuerpo pasaporte

Somos nosotros los barcos de esta noche

Muelle invisible de la resurrección

 

 

 

 

Navidad en Montparnasse

 

La enorme luna oval se derrama en nuestra cabeza

Mañana oscura en una voluntad oscura

No sé por qué motivo entramos sin motivo

Es esa tela gigante de Salvador Dalí

Yo y usted vacíos en ese tren que nos paraliza

En relieve los cigarros retorcidos

 

Por favor haga alguna cosa

Congele nuestra imagen con el control remoto

Es una pena que este film termine

 

Pero usted duerme en silencio en el vagón de al lado

Y una copa de vino no mancha de sangre el valle del Loire

Vidrio empañado paisaje corredizo e impreciso

Ésta es la hora en la que yo podría quedarme

No tengo e-mail y no respondo cartas

Y un tren completamente inmóvil distancia

 

Las canciones de navidad en Montparnasse

 

 

 

La visión de doña Juana

 

Cuarenta y siete años de clausura

Costáronte ese amor que dedicaste

Aun veo tu bulto taciturno

Caminando en las noches de Granada

 

Semidesnuda en torres de castilla

Hoguera junto al puente levantado

Nadie supo entender tu pesadumbre

Tu cuerpo envejeció desconocido

 

Doña Juana, la loca fue por celos

La puso la pasión en ese estado

Te veo en Flandes, la tijera en alto,

De la rival las trenzas cercenadas

 

Don Felipe el hermoso y el liviano

Insulto, indiferencia, bofetada

Pero el amor del rey no devolvieron

Las moriscas con baños perfumados

 

Velo negro en el rostro melancólico

Enajenada en languidez de enferma

En la cartuja final de Miraflores

Mira al amado muerto como estatua

 

Te arrancaron tus hijos y tu reino

Tus padres muertos son volver a verte

Aún veo tu bulto taciturno

Caminando en las noches de Granada

 

 

 

 El puñal en la cintura

 

Gitana, si, el puñal en la cintura

Todo abandono al ímpetu más súbito

Leopardo o león, fulguro en el peligro

Águila que descansa en las alturas

 

El mundo es una carta de baraja

La sé pasar como atravieso el fuego

Y al enemigo cruel convierto en piedra

Con mi simple mirar de salamandra

 

La luz del sol encaro desde niña

En una rotación salvaje y ávida

Soy nómade y pagana y desafío

A los perros domésticos y urbanos

 

Gitana, sí, garras de terciopelo

Cargo la suerte en mi carromato

Y yo sé tu secreto y tu futuro

Bailarina andaluza en velo de llamas

 

 

 

Calle de Lima

 

A la memoria de mi abuela Lucilla

 

 

I

Estos días de lluvia traen siempre

Las tardes de lectura en el altillo

Recuerdan viajes en la mecedora

Comiendo un merengue iluminado

 

Las Habas Mágicas, Gato con Botas,

Piel de Asno, la Cenincienta,

La Bella Durmiente, la Mora Desleal

Y yo era Alicia atravesando espejos

 

Los ojos muy verdes en el silencio

La abuela duerme, la mucama muda

La escalera el corredor la travesía

Por los mares de la infancia absoluta

 

Union, Cabugá, Cervasio Pires,

Ruido de las galochas en el agua

La  capa, el paraguas y mas triste

En la escuela el recreo emparedado

 

Estos días de lluvia traen siempre

La tortuga nadando en inundado

Patio de una niña dividida

Pasando Botafogo y San Amaro

 

La calle Caimurano, el organillo

Parado en Voluntarios de la Patria

Y yo iba a visitar en Real Grandeza

A mi abuela portuguesa y sus canarios

 

En el tranvía anuncios coloridos

Phymatosan, Juvenia, Gato Preto

Todo era aroma de lanza-perfume

Y lo oscuro del túnel mi secreto

 

El caño en la azotea, el chorro de agua

Su perenne canción, la Serpentina

Gigante que arroja cuando llueve

Un sol en mi escenario de chiquilla.

 

 

 

II

Visiones obstinadas me seguían

Desde la puerta del altillo al sueño

Las ropas colgadas en la pared

Me miraban como espíritus en la sombra

 

Y la humedad corría de las paredes

A los colores helados del piso

Solo no era sombrío e indiferente

El carrusel de vidrio sobre el acuario

 

Yo tenía un delantal azul y blanco

Y colgaba del brazo la merienda

Dos lazos de organdí entre los cabellos

Y estrellas escondidas en mi cuarto

 

Un cristal donde veía el arco-iris

Vara de juntar manga-rosa y espada

El imán que atraía los alfileres

Los discos portugueses de saudade

 

Rosales y bambús en el cantero

Mi abuela como yo tan delicada

Y el día en que alguien dijo en el desván

Que iba a arrojarme al Capibaribe

 

Letreros luminosos sobre el río

Yo sentada en el ómnibus “Cidade”

Y al volver de la escuela al mediodía

Obreros apostando en la calzada

 

Numero ciento dos, calle de Lima:

Casa tan pequeñita y tan gigante

En donde fue creciendo aquella niña

Hada de Peter Pan tocando el sueño.

 

 

 

III

Nadie sabía que yo era poeta

Ni aun la noche con su mar de penas

Nadie en lo cotidiano sospechaba

La sensibilidad alucinada

 

Mundo que yo miraba y no me veía

Humanidad: foto congelada

Que asustaba el pasaje a la alegría

En esa niña abstracta y solitaria

 

Versos adolescentes, yo los amo

Colegio San José, calle de Lima

Parque Trece de Mayo, ya no juega

La pobre niña rica en la calzada

 

La vida atravesé como atontada

Mirando atrás, llevándome caídas,

Hada feérica en fulgor de fiebre

Amarrada al nocturno de las farsas

 

Festín feroz, me hirió la fiera fría

Y el cuerpo que era etéreo se hizo carne

Carne desmesurada, carne viva

Perpleja e indefensa carne alada

 

Carne desesperada, estremecida

Rebelde de pasión y fragmentada

Carne diosa del sueño y de la magia

La razón se confiesa tu esclava

 

Polvo de Pirlimpimpím, Tierra del Nunca

Estos días de lluvia me recuerdan

Yo que soy luz volcánica entristezco

Mar de melancolía en plena pena.

 

 

 

Poema II de “Reflectores”

 

Hice de cuenta que no percibía el veneno de tantas ofensas

Escapé totalmente muda con un micrófono en la mano

Ahora todos esperan oírme hablar sobre el desastre

Pero ahora me siento libre de cualquier programación

Luche para no contaminarme de tanta banalidad

                                                         Eso es poesía

Y descubrir el triunfo existente en cada humillación

                                                             Eso es poesía?

Ahora todos esperan oírme hablar sobre el desastre

Escape totalmente muda con un micrófono en la mano

 

 

 

Poema XX de “Reflectores”

 

Para Sergio

 

Camino entre las butacas de patio

Desde mi nacimiento que estoy high

Eres mi personaje predilecto

En fin, no vale la pena dramatizar

 

La ciudad cambió y quien devuelva

Los fines de tarde en la mesa del Mustang

 

Las citas en el bar de la Libro 7

El strogonoff de la cantina Star

 

Cierre este libro y no abra los e-mails

Todo mi error fue pensar demasiado

 

Baile tecno house o heavy metal

Bolero, pagode, frevo y forró,

 

Los pájaros están cantando fuerte

En la súbita claridad de la mañana

 

Cercada de neón y rayos láser

Es la hora de acabar el show

 

Camino entre las butacas de patio

El último que salga que apague el reflector.

 

 

Datos vitales

Lucila Nogueira (Río de Janeiro, 1950) es poeta, ensayista, cuentista, crítica y traductora. Profesora de Post-grado en Letras y Lingüística de Universidad Federal de Pernambuco. Miembro de las Academias Pernambucana de Letras y Brasileña de Filología entre más de 10 asociaciones e instituciones artísticas. Ha publicado 20 libros de poesía, entre los cuales se encuentran: Almenara (1979), Pecho abierto (1983), Ainadamar (1996), entre otros. Ha sido merecedora del Premio de Poesía Manuel Bandeira.

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