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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de poesía No. 253: Hilario Barrero

16 Jul 2012

Presentamos algunos poemas del poeta, narrador, traductor y antólogo español Hilario Barrero (Toledo, 1948). Se doctoró en la Universidad de la Ciudad de Nueva York y ahí mismo se desempeña como profesor. Ha escrito los poemarios Siete sonetos (1976), In tempore belli (Verbum, 1999),  Agua y Humo. (Cuadernos de humo, 2010), Libro de familia (El Brocense 2011

 

 

 

 

 

 

                                 La verde sombra que en la boca tiembla.

                                                            Ricardo Molina

 

SEVENTH AVENUE CORNER BERKELEY STREET

                    

En la gloriosa mañana de domingo

(la avenida con rojos tulipanes

y en las fachadas una luz de Hopper),

un muchacho, apoyado en la esquina

de la casa con un cerezo en flor,

está esperando a alguien

con un ramo de flores amarillas.

Un nuevo amor que nace tan temprano

y en domingo debería gozar

de una luz avanzada y larga vida

y no morir al mismo tiempo que las flores.

 

 

 

 

RETRASO

 

¿Dónde están esos trenes que pasaron

llevando tanta vida en sus vagones,

tanta sangre veloz

de jóvenes nocturnos

que huyendo del suburbio

bajaban perfumados

los fines de semana a la ciudad

en busca de otro amor?

¿Qué silencio escogió

el ruido de sus cuerpos

que vestidos de fiesta

murieron un domingo

cuando de madrugada

volvían a su casa?

 

Mejor hubiera sido haber perdido el tren.

 

 

 

 

 

VIEJOS EN EL CASINO DE CARTAGENA

 

Son unas ruinas que dentro de otras ruinas,

sentados a la puerta del casino en sillones de mimbre,

leen la prensa local.

Visten como si fueran al trabajo:

con corbatas a rayas, trajes de paño oscuro

y camisas rozadas de cuellos deformados.

Ha crecido en sus dedos una piel insensible:

corcho para el deseo.

Huelen a incienso rancio, a colonia a granel,

con la mirada ennegrecida por el humo

observan la vida con trágica sordera.

El café tiene posos y está amargo

y les tiemblan las manos al beber de la taza.

¿Dónde ha ido el ardor de sus ojos,

el fuego de sus cuerpos, la prisa aquella?,

te preguntas al pasar a su lado.

¿Que harás cuando seas como ellos

y pase por tu lado un cuerpo como el tuyo

y nadie se moleste en levantar la vista

y tengas la mirada como la tiene un muerto?

 

 

 

 

 

FGL EN COLUMBIA UNIVERSITY

                                           

                            Un rayo destruyó

la esfera en que te apoyas,

sólo queda la base

por donde juegan niños que no te conocieron

y meditan lagartos prisioneros de plomo.

El campus, a finales de curso,

es un río de cuerpos

que con el torso herido

estudian en el césped luminoso.

Pasan cometas tristes suspendidas de lluvia

y pájaros alegres aprobados de viento.

La luz moja tu cara en luna llena,

pelo liso con un brillo cansado,

tus manos enlazadas reposando en tus muslos,

pantalones bombachos

y dos escarabajos en tus ojos

mirando la retina de la tarde.

Sonríe, Federico, no te muevas.

Aunque se queda inmóvil,

la imagen sale turbia.

Se distingue una mano clarísima y helada

que se posa con fuerza en otra mano en fuego.

La lente invierte la foto de Manhattan

y Harlem se amotina

en la cámara oscura de la noche.

 

 

 

 

SUBJUNTIVO

 

Y tener que explicar de nuevo el subjuntivo,

acechante la tiza de la noche del encerado en luto,

ahora que ellos entregan sus cuerpos a la hoguera

cuando lo que desean es sentir el mordisco

que tatúa con rosas coaguladas sus cuellos ofrecidos

y olvidarse del viejo profesor que les roba

su tiempo inútilmente.

Mientras copian los signos del lenguaje,

emotion, doubt, volition, fear, joy…,

y usando el subjuntivo de mi lengua de humo

mi deseo es que tengan un amor como el nuestro,

pero sé que no escuchan la frase

que les pongo para ilustrar su duda

ansiosos como están de usar indicativo.

Este será  su más feliz verano

el que recordarán mañana

cuando la soledad y la rutina

les hayan destrozado su belleza,

la rosa sin perfume, los cuerpos asaltados,

ajadas las espinas de sus labios.

Pero hoy tienen prisa, como la tuve yo,

por salir a la noche, por disfrutar la vida,

por conocer el rostro de la muerte.

 

 

 

 

  TESOROS OCULTOS

 

Entre tanto desorden de matices,
óleos mediocres de la escuela de El Greco,
bargueños, platos, libros, vasijas, pergaminos,
y un frío de gusanos como el que vive dentro de un panteón
junto al joven portero que esperaba impaciente
a que fueran las dos para cerrar la sala,
una barra de pan recién cocida
se enfriaba tierna de claridad
como si Zurbarán acabara de entrar al refectorio
y fuera a bendecir a la Pintura.

 

 

 

 

AREA WI-FI

 

(“Gran Café”, Instituto esquina Munuza, Gijón)

Predominan mujeres maquilladas un poco con rutina,
viejecitas que tiemblan, solteras resignadas, todas muy elegantes
Un viejo calvo, solitario, de cuerpo delicado
hojea lentamente la prensa matutina, ya pasada.
Es un café como el salón de un barco, un poco a la deriva,
con espejos oscuros, sofás de terciopelo,
viejas fotografías de la playa y cuadros art decó,
mentidero cubierto, soportal provinciano.
Entre el frágil murmullo de las conversaciones,
las miradas perdidas, los suaves movimientos de la gente
y el ruido de las copas y de las cucharillas
un joven sucio, rapado y mal vestido, de cuerpo deslumbrante,
conecta con la virtualidad, ensimismado frente al ordenador
de espaldas al mundo real que le rodea en un café del siglo XIX.
Gente que a través de los grandes ventanales
ve pasar la vida cada tarde como la vieron ayer y la verán mañana.
Historias repetidas que esperan resignadas que deje de llover.

 

 

 

CEMENTERIO EN LUARCA

Las cruces en lo alto sostienen
la plenitud azul del mediodía
y la muerte escondida se enfrenta
victoriosa con el mar.
Matrimonios unidos de por vida
(o eso dicen las lápidas borrosas)
vinculados ahora por la muerte
esperan lo imposible:
que el mar se seque y que vuelva el amor.
Cuando vivías, un cementerio marino
me traía el recuerdo de pinos y palomas,
ahora me acerca a ti, madre,
esperando en un mar de secano
que los chillidos de las gaviotas que no oyes
te despierten y te traigan ese amor
que hace tiempo abandonó tu vida.

 

 

 

 

DUST

 

Nació y la llamaron Rose,
los mejores colegios, el baile fin de curso
donde por vez primera su traje se manchó…
fue hippie, preppie y yuppie
se entregó con pasión a muchos cuerpos
sin distinción de sexo, drogadicta,
agitadora, demócrata y atea,
luego republicana, madre y ejecutiva,
atacada de cáncer, radiaciones,
una peluca rubia, evangelista, divorciada,
emprendedora de negocios,
periodista, portavoz, vegetariana,
en ocasiones líder y por fin abuela
se retiró a una isla a escribir sus memorias
y a dibujar iconos de santos ortodoxos.
Un puñado de polvo,
guardado en una arqueta de metal
olvidada en un sótano oscuro,
es todo lo que queda de su muerte.
De ella queda la espina de su vida.

 

 

 

 

  “EARLY SUNDAY MORNING”

                                                     Para Edward Hopper

 

Única criatura, la claridad

extiende sus raíces en la línea  

horizonte de la calle vacía,

bautizando al color por su apellido:

azules infantiles, verdes lluviosos,

ocres enamorados, húmedos blancos

que son frontera con la sábana tibia,

el olor a café, la primera caricia,

y el roce de la muerte que, temprana,

teje precipitada la túnica del barro.

Dando razón de luz al carbón de la sombra,

el sol va señalando a la fachada

su destino de noche aún distante.

Dormidas las persianas, amarillo

despierto de septiembre, un visillo

entretiene su frágil esqueleto

en el lento columpio de la brisa,

mientras Mrs. McLaughlin siente un escalofrío,

protegida por Gato (y una buena ginebra)

y comienza a leer la última edición

del New York Times, cuando tan sólo son

las siete menos cuarto, en la recién

creada mañana del domingo.

 

 

 

 

BOCA DE LOBO

 

¿En qué infierno proclama su dolor

la sombra más oscura?

Y si lo siente, ¿qué hondura exige,

a qué pozo hay que llegar para saciar

la sed de amargo vino negro

que hiere y emborracha con certero

navajazo las vísceras del sol?

Y si la sombra se enamora,

¿qué azabache ha de elegir

para adornar sus pechos y su sexo?

¿en qué boca de lobo morirá degollada?

(dentelladas nupciales de la bestia que en celo

excomulga a la albura con su pezuña atea)

¿de qué profunda mina sacará los metales

para hacerse las arras?

¿qué príncipe de luto riguroso,

en el tablero medieval del tiempo,

acuchilla a la dama con su espada de ónix

ganando la partida a la Edad Media?

Coronada de endrino,

con collares del más serio carbón,

¿no eres tú sombra mía la luz de lo más  negro?

Al doblar tu esqueleto

y descubrir tus ojos en la testuz del alba,

¿no es acaso lo que llamamos muerte?

 

 

 

VISITANTE

 

Diciembre herido se congela entre

algodones sucios de una nieve extranjera,

mientras el viejo Bill se muere en Brooklyn.

Perros de soledad ladran a su mirada                

de cartón mordiendo envenenados

los cristales vidriados de su vida.

Renegando ser viejo, Bill, tirita

y el zumo de manzana le condecora

su pecho lleno de óxido y metralla.

Un visitante misterioso entra,

se detiene en la ribera de la cama

fulminando la decadente escena

con su hermosa presencia.

Trae consigo la fuerza de la calle,

el ruido del vivir, la juventud,

la agresiva insolencia de su sexo,

el gozo más urgente del amor

y entre el azul lejía de su blusa

dos volcanes de lava se desbordan.

Bill le mira por un instante, tiembla,

(la toma de París,  la muerte de su hija

calcinada, el divorcio de Peggy…) 

maldice ser un muerto, estar amortajado

y lucha inútilmente por romper

las cadenas de oxígeno y de sangre

que encarcelan sus huesos de carbón.

Desaparece el cuerpo y huele a azufre,

infierno y carne achicharrada

en la habitación 308

del Kings Highway Hospital en Brooklyn,

donde Billy se abrasa lentamente

rodeado de tubos y de cables

en la fría mañana de diciembre.

 

 

 

 

 

FINAL

 

Carbonizados,

algunos morirán consumidos de fuego,

 

cegados por las algas de la noche,

otros verán en la profundidad del mar,

 

los elegidos, ceniza numerada,

arderán para siempre 

porque el amor borró sus nombres,

 

tú y yo que hemos sido agua,

viento y fuego enamorado

seremos un olvido.

Solo uno.

 

 

 

Biografía.

Hilario Barrero (Toledo, 1948) es poeta, narrador, traductor y antólogo. Vive en Nueva York desde 1978. Es doctor por la Universidad de la ciudad de Nueva York. Ha enseñado español en la Universidad de Princeton y en la actualidad es Profesor titular en BMCC de la Universidad de la ciudad de Nueva York. Ha escrito los poemarios  Siete sonetos (1976), In tempore belli (Verbum, 1999),  Agua y Humo. (Cuadernos de humo, 2010), Libro de familia (El Brocense 2011). Ha traducido De otra manera, Jane Kenyon (Pre-textos, 2007), Delicias y sombras, Ted Kooser (Pre-textos, 2009), El amante de Italia, Henry James (Grand Tour, 2009), Lengua de madera (La isla de Siltolá, 2011).

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  • Hilario Barrero

    !Muchas gracias!

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