CUATRO CANCIONES PARA TAMERLÁN Y MIHYAR
Espejo de la ley
"Trae ante mí
el cuerpo de una doncella virgen,
el cuerpo de una mujer preñada.
Y extermínalos en mi presencia.
No dejes niño ni viejo... Ésta es mi ley".
Invasión
Arden los pájaros.
Y el pavimento de las calles,
las mujeres, los caballos
se parten como hogazas
en manos de Tamerlán.
Ellos (Ensueño)
Vinieron.
Entraron, desnudos, en la casa.
Cavaron una fosa,
enterraron a los niños.
Y partieron.
Torrente
Acabó Mihyar su canto, lloró, rezó,
absolvió y condenó,
bendijo el rostro de la locura.
Disolvió en su voz
la herida de los siglos,
anheló que su voz
fuera como un torrente.
Y torrente fue.
Nota
Timur el Cojo o Tamerlán, el último gran conquistador mongol por tierras del Islam. En el último tercio del siglo XIV había creado un Imperio que se extendía desde el norte de la India hasta Anatolia y Siria A su muerte, dejó establecida en Irán y Transoxiana una dinastía, los Timuríes, que gobernó hasta principios del siglo XVI.
MUDANZAS DEL AMANTE (III)
“Liber, libera Phallos..."
Acre, un hilo de la aurora
en los ojos nos despierta.
Amarra bien el nudo de los párpados.
En nuestros cuerpos alza la luz
colinas y estandartes
y la llama se propaga de almohada en almohada.
Amarra bien el nudo de los párpados.
El día anuncia la noche: despierta.
Hacia ti zarpa la nave de mi cuerpo,
exploro la tierra oscura en el mapa del sexo, avanzo.
Recubro mis vados con emblemas y talismanes,
los sahúmo con mis desvaríos selváticos,
con fuego y tatuajes.
Sueño que soy la ola y tú la playa:
tu espalda es medio continente, bajo tus senos
están mis cuatro puntos cardinales.
En torno a ti me hago árbol,
de ti a mí vuelo como águila de mil alas.
Oigo el delirio de tus contornos,
oigo el sollozo de la cintura,
la salutación de las caderas.
El presente me derrota,
entro en el desierto de la angustia
gritando tu nombre,
desciendo a los estratos inferiores
y en el mundo más angosto, ante mis ojos,
hay una sola escudilla de fuego y llanto.
Contemplo la ciudad de las maravillas
y mis facultades se embriagan.
Así habla el cuerpo, nuestro señor.
¡Ah, mujer escrita con el cálamo del amante!
Conduce hacia donde quieras tus miembros,
detente y habla:
de mi cuerpo hendido salen mis tesoros.
Aparta mis estrellas fijas
y échate debajo y encima de mi nube,
en las cuencas fluviales,
en las cumbres de las montañas.
Cuando en torno a mí se congregan
los días del año,
los convierto en lechos y casas. Entro en cada lecho,
en cada casa, en un mismo instante
uno el sol con la luna
y la hora del amor se alza.
Me sumerjo en un río que de ti brota
y en otra tierra desemboca.
Oigo palabras
que se tornan huertos, piedras,
olas, olas,
celestiales flores del espino.
Así habla el cuerpo, nuestro señor.
Más alta, más alta, más alta.
Haz del rostro mío
que asciende de todos los rostros
un sol que no salga por Oriente
ni se ponga en Occidente.
No duermas ni despiertes...
Subo hacia ti bajando hacia ti,
reúno las orillas y confines de mi pena,
te asalto con mi corazón
y a la tentación digo que me circunde
sobre todas tus células.
Harás tu cama
o alfombrarás la tierra.
Plantaremos los árboles del cuerpo,
con nuestras voces nos cubriremos
mientras llega el tiempo de la epifanía.
Venida la mudanza,
salió de su país el cuerpo:
dolor de las articulaciones, latido de los miembros,
geometría de los músculos, esplendor de la acción,
contracción, encogimiento, dilatación,
lugares donde se desploma y se levanta el cuerpo,
sus llanuras y senderos, sus curvas,
la tierra de las caderas llena de estrellas
y sus mitades con volcanes de ascuas blancas,
cataratas de pasión y deseo.
Después, buscaremos la sombra del pabellón del estanque
donde hace su ronda el astro del sexo.
La mudanza concluye
cuando tus pechos se tornan día y noche.
Así habla el cuerpo, nuestro señor.
Nota:
Líber es el nombre latino de Baco, dios del vino, hijo de Júpiter y Semele. Al igual que Lieo, otro nombre del dios, significa “liberador”. El sentido de este verso, escrito por Adonis en latín –aunque con grafía árabe–, podría ser: “Vino, libera el falo”.



