Paula Bernal Samudio en La poesía te quiere vivo (Poesía colombiana)

Leemos, en el marco del dossier La poesía te quiere vivo, de nueva poesía colombiana, serie preparada por Alejo Morales, algunos textos de Paula Bernal Samudio (Bogotá, 1996). Es bailarina de danza contemporánea, Licenciada en ciencias sociales de la UPN, educadora popular artística, fanzinera y collagista. Dirige Deskalabro Editorial.

 

 

Paula Bernal Samudio​​ (Bogotá,​​ 1996). Es​​ bailarina de danza contemporánea,​​ Licenciada en ciencias sociales de la UPN, educadora popular artística, fanzinera y collagista.​​ Dirige​​ Deskalabro Editorial.​​ Publicó poemas en​​ la plaquette​​ Campo de Batalla​​ (2021) y el fanzine​​ Dios es un niñe que juega a la pelota cuando se aburre de los dados​​ (2022).​​ Ha sido antologada en​​ Veinte Voces Emergentes. Poesía Colombiana del Siglo XXI (Exilio Ediciones),​​ Cero en Vano​​ (Antología del Taller Distrital de Poesía 2023),​​ Letras del Sur Para la Memoria la Paz y la Reconciliación​​ (2022).​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La fotografía en B&N es sinónimo de ausencia

 

 ​​​​ Entre el dolor y la nada,​​ 
 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ prefiero el dolor

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 
 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ William Faulkner.​​ 

 

Hemos ido tras las cáscaras​​ 

con la ilusión de hacer de ellas​​ 

un desayuno

Alimentarnos del crujido​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ de algo que no es digerible

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ para esta especie

 

Nos encanta

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ No

Es más bien inevitable

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ no conocer otro camino

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Cómo

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ no perdernos

entre tantos desperdicios

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ La sal de los que parten

a menudo desciende por el rostro

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ y en los ojos

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ miles de zoológicos​​ 

aguardan la extinción​​ 

de las jaulas

 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ El presente es un animal extraño

 

Los días​​ 

esa larva que muda

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ la metamorfosis que nos abandona.

 

 

 

 

 

 

 

 

Descenso

 

Estás al borde de un peligroso descenso de células

En el filo del puente observas las libélulas que son​​ 

un recuerdo de la prehistoria​​ 

 

Ves​​ 

cómo las calles se llenan de caracoles suicidas​​ 

que atraviesan los caminos​​ 

aun con la cal esparcida por los suelos

 

Quieren cruzar al otro extremo

sin importar el riesgo,

la deshidratación.

 

Cae la noche,

la luna es irresistible.​​ 

La tierra respira​​ 

cuando duerme​​ 

esa especie tecnológica.

 

Pero aquí, en el sur, las madres​​ 

cada día se preguntan​​  

qué hacer para el almuerzo de mañana

qué hacer para no morir de inanición​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ para que no muera el corazón hambriento

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ para no morir​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ lejos

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ de lo que alguna vez nos conmovió​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Cómo desprogramar, acaso, la sensibilidad de la carne

 

En este hemisferio

los creyentes se aferran a la madrugada

con la fe de que dios los ayudará

 

Ves a tu madre frente al fuego de las velas​​ 

pidiendo

que no se apague

la luz en tu plexo solar.​​ 

 

Mientras en el bosque el árbol susurra:

nadie se salva del envejecimiento.

Parpadeas.

Ya estás en la orilla del abismo.

 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Caminas despacio tratando de mantener el equilibrio ​​ 

quieres evitar el crujir de las voces rompiéndose contra tus plantas​​ 

el eco de los deseos escondidos debajo de los epitafios  ​​​​ 

el canto de los pesares sepultados en la hierba

 

Escuchas el murmullo

del temor humano

un vidrio rompiéndose en la garganta

un ombligo llorando el destierro​​ 

la herida de los padres desbordándose​​ 

en un río amazónico de sangre

que corre por tus venas.

 

Sin embargo, tú te empeñas en continuar

caminando​​ 

con los pies descalzos

​​ sobre esta tierra.​​ 

 

Lo sé,​​ 

no hay otra forma​​ 

de sostener la memoria.

 

 

 

 

 

 

 

 

Solarpunk

 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ A la Huerta Popular el Círculo de Xué

​​ 

​​ Porque en nuestro mundo

siempre hay algo oculto,​​ 

pequeño y blanco,

pequeño y, como tú dirías,​​ 

puro

 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Louise Glück.​​ 

 

 

Luz de noviembre. Olor a lluvia. Día de huerta.​​ 

Mis vecinos traen las herramientas y el machete rasga el viento

que disipa la soledad de la mañana.​​ 

 

Nos preparamos para deshierbar y cuidar de la vegetación.​​ 

Así el dolor se aplaca por unos instantes,

luego vuelve, siempre vuelve,​​ 

pero ahora es el momento de la siembra.

 

Carlos, mi amigo, dice que cosechemos prontoalivio y cidrón para cuidarnos​​ 

 ​​ ​​​​ de la atmósfera contaminada

en esta ciudad filosa y fría

como un arma que roza la piel

de 7.9 millones de animales indefensos, devoradores del futuro.

 

Las abejas continúan con su trabajo a pesar del ruido de los autos. ​​ 

Entonces sé que aún no es el sueño eléctrico,​​ 

que aún no es el turno de las máquinas

que ignoran la muerte o acaso el peligro de tener un cuerpo​​ 

completo, hecho de barro.

Un cuerpo que transita por las calles y deja su huella como un grafiti.

Un cuerpo que transita por entre los humedales y barrios,

por la Plaza de las Hierbas que le mostró su abuela,

y se da cuenta con su olfato que​​ 

es mentira, que todo sea siempre gris. ​​ 

 

Como un árbol​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ de agua​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ deshojándose​​ 

transcurre el tiempo en la huerta

desnudo y verde. Antes de despertar aquí pensaba​​ 

que lo había perdido todo, que me había convertido en una sombra vaga​​ 

acostumbrada a quedarse dormida en el transporte público. Pero, bajo la​​ 

 ​​ ​​​​ hierba húmeda​​ 

pronto, solo fui una raíz de sangre

 

confundiéndose

 

en un espacio minúsculo

 

donde ahora se estira la lavanda.

 

Pensaba que lo había perdido todo

y después, los colibríes y sus corazones como bombas

y el aleteo desenfrenado con que logran suspenderse en el aire.

En esa esclavitud constante y sin remedio

en que no pueden detenerse

y sobreviven y al mismo tiempo se someten

a cumplir una hermosa condena.

 

(Pequeña bestia atemorizada

que escarba con desespero la tierra,

¿Cuál es esa,​​ 

tu maldición?)

 

Ahora, en la huerta

el presente parece tan quieto,​​ 

pero en realidad,

las aves, los gusanos, los tubérculos,

los árboles y el secreto​​ 

que protegen bajo su corteza.

 

 

 

 

 

 

 

 

***

 

 

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