Lo que se ignora de la Generación Beat



 El poeta mexicano José Vicente Anaya (1947) es uno de los grandes traductores y difusores de la poesía beat. Miembro original del infrarrealismo, Anaya ha reunido sus versiones de la poesía beatnik en Los poetas que cayeron del cielo (Laberinto Ediciones, 2018). Luego de hacer un deslinde sobre algunos lugares comunes o mentiras o verdades a medias en torno a la Beat generation, José Vicente Anaya nos presenta la obra de tres poetas católicos de esta generación poética: Thomas Merton, Mary Nörbert Korte y William Everson.

 

 

 

 

Lo que se ignora de la generación beat

  

 

I. Mentiras o verdades a medias sobre los poetas beats

 

Es muchísimo lo que se ignora; o dicho más suavemente, lo que se sabe es un “conocimiento a medias” sobre la generación de los poetas beats, sin faltar una serie de tergiversaciones. El público que lee en español ha contado con muy pocos autores beats traducidos. De hecho, en editoriales cuyos libros circulan por más de tres o cinco países de habla hispana, sólo se han dado a conocer algunas pocas obras de tres escritores beats (Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William Burroughs); y algunos dos (Gregory Corso y Lawrence Ferlinghetti) en editoriales de corta circulación (regional o local). Hasta hoy en día en español sólo existen dos libros que de manera extensa hablen de esa generación de escritores:

1. El de Bruce Cook, La generación beat, que fue editado en España por Barral Editores en 1974 (296 páginas); el que por supuesto se agotó hace mucho tiempo, y a sus 26 años de haber nacido sigue sin reeditarse. Su autor hace un crónica de sus lecturas y encuentros personales con algunos de los protagonistas beats. Es un rico testimonio que da un buen panorama del contexto, de los planteamientos principales, las actitudes contestatarias en que abrevan (y que reproducen) estos artistas. Pero no habla ni siquiera de la mitad de los miembros de la generación, y menciona sólo a unas tres mujeres. Por otro lado, el traductor (posiblemente por la lejanía continental y cultural que significa España ante los Estados Unidos; y la cultural más todavía en la década de 1970) comete muchos errores cuando se citan poemas; y aún en datos, como el haber traducido el nombre propio de la editorial City Lights como “editorial lucesitas”, etc. No obstante, este ha sido un libro que ayudó a conocer muchos detalles de importancia sobre estos escritores estadounidenses. Por lo antes dicho, podemos pensar que son unas cuantas personas las que en México lo habrán leído en español (recordemos que Barral distribuía sus libros por varios países, ¿cuántos de su corto tiro pudieron llegar a México?), ¿cuántos mexicanos lo habrán leído en inglés? Si nos adelantamos con el dato de que hay un promedio de 70 escritores beats, y que muchos de  ellos hasta hoy en día han publicado entre 25 y 50 títulos (conservadoramente pensamos en ¡1 700 libros!); entonces, ¿quién en México, o en cualquier otro país de habla hispana, ha leído por lo menos la mitad de esa obra? Sin embargo, no han faltado los pedantes, presuntuosos, petulantes que se han autonombrado “expertos” en la generación beat, y que sin rubor alguno se complacen en hacer circular esa mentira a través de sus admiradores despistados (no tiene caso decir aquí los nombres, son tan pocos que todo lector de literatura sabe quiénes son).

2. El otro libro es Los poetas que  cayeron del cielo. La generación beat comentada y en su propia voz, publicado en México por Juan Pablos Editor y el Instituto de Cultura de Baja California en 1998 (328 páginas y 33 fotografías). Este trabajo surgió después de 25 años de lecturas, relecturas, traducciones y revisiones de lo traducido con algunos escritores bilingües que viven en los Estados Unidos, como Víctor Zamudio Taylor y Lisbeth Haas. Debido a que soy el autor de esta obra, no la caracterizaré, mejor permito que sea otra voz la que aquí hable, que es la del poeta José Ángel Leyva: “Para realizar este libro, José Vicente Anaya ha seguido a pie juntillas el consejo de Norman Mailer de que para conocer el modo como los beats (golpeados) hicieron su lenguaje, es necesario conocer su ambiente, la época, la realidad social que vivieron, y viven, pero sobre todo conocer la imagen que tienen de sí mismos. Con delicada precisión, Anaya erige, o planta, el árbol genealógico de un grupo de rebeldes estadounidenses que hicieron del arte, la literatura, y en particular de la poesía, su refugio espiritual dentro de una civilización machacada por la enajenación, el consumismo y el culto a la violencia. El autor no sólo nos cuenta la epopeya y el drama de esta generación sino que da voz a los autores-personajes que hicieron del jazz, la carretera, el sexo, la palabra, la belleza su esencia de libertad; nos revela un estilo de vida en apariencia desordenado y desaliñado, esperpéntico y a la vez armonioso. Como afirma Gregory Corso en su momento: ‘Lo que debe convertirse en obra de arte es el poeta, no el poema. El poeta debe ser bello y perfecto. El poeta es sus poemas’. Es este pues un riguroso trabajo de investigación y de complicidad asumida, por parte del autor, con la materia de su estudio, con estos locos únicos y a la vez semejantes a los de la antigüedad, el presente y el futuro, ‘locos por vivir, locos por hablar, locos por salvarse'” Aquí habría que agregar que Los poetas que cayeron del cielo… está a punto de agotarse (a pesar de su mala distribución…).

Ahora vamos a ver ciertos aspectos con detalles pertinentes sobre algo de lo antes apuntado. A continuación enlisto algunas mentiras, verdades a medias o imprecisiones que se han divulgado sobre la generación beat:

“La primera novela sobre la generación beat es En el camino de Jack Kerouac”. Como muchos lectores saben, esta es una obra determinante en la producción de su mismo autor y en el contexto beat, sobre todo porque retrata la intensa vida cotidiana de varios protagonistas como el mismo Kerouac, Neal Cassady, Gregory Corso, Allen Ginsberg y William Burroughs. Esta obra apareció publicada en 1957. Pero no es la primera novela que habla de dicha generación, ya que cinco años antes se había publicado Go [infinitivo e imperativo del verbo ir, que al español estaría mejor traducido como Vamos], novela de John Clellon Holmes, la que hasta ahora no parece haber sido publicada (ni ninguna otra obra de éste) en traducción a nuestro idioma. En Go hay anécdotas y vida cotidiana de los miembros de la generación beat (también llamada la “bohemia de Nueva York ” o “el Renacimiento de San Francisco”).

Este es un fragmento de Go:

 

David Stofsky [seudónimo de Allen Ginsberg] llegaba sorpresivamente inundado de noticias. Él era uno de esos jóvenes que parecían siempre andar corriendo por toda la ciudad, entre uno y otro departamento, de uno a otro amigo. Se quedaba en el lugar sólo unos cuantos minutos para dar saludos y hacer plática, y luego salir disparado. Aunque él era un desocupado, ocupaba todo el día acordando extrañas citas por todas partes; de tal modo que mucha gente lo tomaba como un mensajero extraoficial para toda clase de recados. Sus fuentes eran abundantes y tenía un candor contagioso, por lo cual muchos de los amigos desconfiaban de él poniendo en duda sus verdaderos motivos. Cuando llegaba a un departamento lleno de gente saludaba a todos los presentes, uno por uno, dando apretones de mano con tan exagerada solemnidad que era una mofa, luego se dirigía a algún desconocido y, con los ojos chispeantes detrás de sus gruesos lentes con armasón de carey, le decía: ‘Tú eres Tal persona, ¿verdad? Sí, te conozco muy bien. Yo soy David Stofsky’. terminaba su frase con una sonrisa que mostraba a la vez ansiedad y candidez, de tal modo que nadie se sentía molesto al escucharlo.

 

En Go también se habla de Jack Kerouac con el seudónimo de Gene Pasternak, y en boca de éste aparece publicada la primera vez que se define a su generación, cuando Clellon Holmes le hace decir:

 

Es una especie de sigilo, es como si fuéramos una generación furtiva. Tú sabes, con un conocimiento interior no hay necesidad de hacer ostentación con ese nivel, el del ‘público’. Es como una especie de fracaso —es decir, de haber llegado a lo último, a nosotros mismos, porque todos sabemos realmente dónde estamos—, de un cansancio con todas las formas y convencionalismos del mundo… Es algo más o menos así. Supongo que entonces podrás decir que somos una generación golpeada [beat].

 

“La generación beat está compuesta por tres escritores: Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William Burroughs”. Esta mentira o verdad parcial ya la habíamos comentado al principio. De paso conviene señalar que innumerables veces Burroughs (igualmente otros y otras) negó ser miembro de dicha generación, pero esta relatividad tiene varios detalles sobre los que habremos de discernir en otro momento. Habrá quienes crean que hablar de un promedio (o más) de 70 escritores beats es una invención exagerada, y entonces surgen las preguntas: ¿quiénes son?, ¿dónde están?, ¿realmente existen? Empecemos por decir sus nombres (posteriormente hablaremos de la mayoría de ellos y publicaremos muestras de sus poemas). A los tres antes señalados agregamos: 4) Gregory Corso, 5) Lawrence Ferlinghetti, 6) Leonore Kandel, 7) Denise Levertov, 8) Margaret Randall, 9) Diane Wakoski, 10) Gary Snyder, 11) Michael McClure, 12) Neal Cassady, 13) Robert Creeley, 14) John Clellon Holmes, 15) Ruth Weiss, 16) Marge Piercy, 17) Diane di Prima, 18) Philip Whalen, 19) Peter Orlovsky, 20) Lew Welch, 21) RobertDuncan, 22) Charles Olson, 23) Jerome Rothenberg, 24) LeRoi Jones (Imamu Amiri Baraka), 25) Philip Lamantia, 26) Frank O`Hara, 27) William Everson, 28) John Tytell, 29) David Meltzer, 30) John Wieners, 31) Ray Bremser, 32) Ted Joans, 33) Alan Ansen, 34) Thomas Merton, 35) Lucien Carr, 36) Herbert Huncke, 37) Al Hansen, 38) Paul Blackburn, 39) Louis Zukofsky, 40) Jack Spicer.

“No hay mujeres escritoras en la generación beat”. Lo cierto es que en su mismo país de origen las mujeres de esta generación, por varias razones incluyendo la misma misoginia, han sido excluidas o ignoradas; y menos aun son conocidas en México, donde contamos con las excepciones de dispersos libros aparecidos de Denise Levertov y Marge Piercy. En la lista anterior hemos mencionado a siete mujeres beats, con nombres de otras vamos a continuar la anterior numeración: 41) Elise Cowen, 42) Janine Pommy Vega, 43) Joanne Kyger, 44) Ane Waldman, 45) Mary Norbet Körte, 46) Carolyn Cassady, 47) Helen Adam, 48) Jane Bowles, 49) Madeline Gleason, 50) Josephine Miles, 51) Joan Vollmer Adams, 52) Vickie Russell, 53) Helen Hinkle, 54) LuAnne Henderson, 55) Anne Murphy, 56) Edie Parker, 57) Stella Samas, 58) Joan Haverty, 59) Eileen Kaufman, 60) Mary Fabilli, 61) Barbara Guest, 62) Joyce Johnson, 63) Hertie Jones, 64) Billie Holiday, 65) Joanna McClure, 66) Elise John, 67) Aya Tarlow, 68) Brenda Frazer, 69) Jan Kerouac, 70) Natalie Jackson, 71) Bonnie Bremser (y todavía hay más…).

“Los poetas beats se obsesionaron por las filosofías y religiones del Oriente”. En realidad son pocos los beats que se involucraron a fondo en las cosmogonías orientales. Una práctica totalmente budista sólo la tuvieron Gary Snyder, quien fue iniciado en un monasterio Zen del Japón; y Philip Whalen, el que hasta la fecha es monje de una secta budista. Aunque Ginsberg anduvo en búsqueda de gurús en la India y otros países, su hinduísmo estuvo salpicado también de su cultura y religión judía. Jack Kerouac, por su lado, salpicó su catolicismo con dispersiones de budismo e hinduísmo, pero su fe católica fue siempre la principal. Otros escritores han sido francamente ateos (o radicalmente contrarios a lo religioso, como Ray Bremser y William Burroughs), protestantes o exploraron creencias esotéricas como el hermetismo. Y es casi desconocida la fuerte carga católica en varios de los poetas beats, como Philip Lamantia que cumple apegadamente con la liturgia (llegó a declarar sus asistencias a las misas, confesarse, comulgar, etc.) o incluso la vida monacal y el ejercicio del sacerdocio, como fueron los casos de Mary Norbet Körte, William Everson y Thomas Merton.

“Los beats fueron homosexuales”. Algunos lo fueron, y el haberlo declarado (como lo hicieron Ginsberg, Burroughs, Orlovsky, Welch, etc.) en público o en sus obras, fue de tal importancia que contribuyó a una de las luchas por la libertad, reivindicando el derecho de cada individuo a su preferencia sexual, lo que también alentó las muchas organizaciones en defensa de los derechos de los homosexuales y fortaleció la llamada liberación gay. Sin embargo, la mayoría de los miembros de la generación beat (hombres y mujeres) fueron heterosexuales y en sus poemas celebraron el amor por el sexo opuesto.

“Los beats fueron una caterva de drogadictos”. Esta es la imagen con la que se quedan quienes sólo conocen tres libros de los beats: Almuerzo desnudo de Burroughs, Aullido y otros poemas de Ginsberg y la ya mencionada novela En el camino de Kerouac (ciertamente los más famosos de la generación), esos lectores que, además, se han quedado sólo con la superficialidad del “reventón drogo” y que no reparan en que Almuerzo desnudo es un relato que termina como comienza: con la salida o cura de la drogadicción, con la búsqueda desesperada por abandonar el “infierno” de la adicción; tampoco descubren la búsqueda de estados mentales “superiores”, “luminosos”, que caracteriza a Ginsberg y quien no deja de señalar cómo muchísimas de “las mejores mentes” de su generación se quedaron entrampadas en la maquinaria de la “Realidad Absoluta” o en el simple infierno del “Moloch” que forman los gobiernos insensibles; tampoco descubren las búsquedas de otra realidad “más humana” y lúdica en Kerouac. Y por último, no existen sólo tres (o si se quiere veinte) libros de los beats, quedan (según las cuentas aproximadas que antes hicimos) ¡como unos 1 630!. Por lo demás, hay una buena cantidad de poetas beats que han declarado nunca haber tenido necesidad de experimentar con drogas, entre ellos el lúcido y prolífico Jerome Rothenberg.

En fin, hasta aquí hemos abordado sólo algunas cosas de las mentiras o verdades a medias sobre esta vanguardia literaria, pero todavía hay varias aclaraciones y demostraciones que habría que hacer, y eso vendrá en las próximas colaboraciones.

 

 

II. El poeta abad del monasterio trapense de Gethsemani

 

Cuando la poeta católica beat Mary Norbert Körte abandonó el convento de Santa Rosa, en San Francisco, pasó a vivir a la ciudad de Berkeley, donde además de su intensa labor poética formaba parte del activismo contestatario (manifestaciones contra la guerra en Vietnam, por la defensa ecológica, contra las leyes discriminatorias, etc.) junto con otros y otras poetas beats, profesores y estudiantes de la localidad. En este tiempo, cuando su amiga la poeta Denise Levertov se enteró de amenazas a la ex monja, se comunicó con Thomas Merton, abad del monasterio trapense de Ghetsemani, en Kentucky, para pedirle el favor de estar atento en caso de cualquier ayuda y protección para Mary, y éste respondió con prontitud diciendo que estaba dispuesto a ayudar en todo lo posible. Esta anécdota es sólo una de tantas que ligaron a este poeta y monje con sus hermanos beatniks. Por otro lado, el suceso es testimonio de las coincidencias entre poetas de religión católica, Thomas y Mary, en el mismo contexto de la generación beat.

Thomas Merton no sólo fue el incansable poeta, abad, maestro y consejero del monasterio de Gethsemani, sino también un prolífico ensayista que abordó tanto la historia como la teología e innumerables temas polémicos de nuestro tiempo.

Este vate nació en Prades, Francia, el 31 de enero de 1915. Su infancia y adolescencia la pasó en una vida nómada siguiendo las circunstancias del trabajo actoral que ejercían su padre, un neozelanés, y su madre, una estadounidense. Empezó sus estudios universitarios en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, y los continuó en la de Columbia, Estados Unidos. Al terminar su carrera universitaria vivió una conversión religiosa, habiendo tenido una formación agnóstica abrazó la fe católica. En este tiempo se dedicó a dar clases y prestó sus servicios en una casa de asistencia social en el barrio de Harlem, Nueva York.

A los 26 años años de edad Thomas Merton decidió su ingreso a un monasterio trapense, orden religiosa conocida por su austera disciplina, frugalidad en el comer, la observancia vegetariana y el estricto voto de silencio. El verdadero nombre de esta orden es Cistercienses de la Estricta Observancia que en 1664 se estableció en el monasterio de La Trappe, en las cercanías a Seez, Francia; es por el nombre de ese monasterio que la orden ha sido conocida como La Trapa y los monjes son llamados trapenses. En la actualidad hay 70 monasterios trapenses en diferentes partes del mundo.

Más de una veintena de libros componen la obra de Thomas Merton, entre los títulos que se pueden conseguir en español están: El Zen de los pájaros del deseo, en el que expone su encuentro y conocimiento del budismo; Acción y contemplación, una serie de reflexiones sobre la vida monástica contemporánea, en el que Merton propone que los monjes estén al tanto de los pensadores más determinantes y polémicos que influyeron en siglo XX (Freud, Marx, Sartre, Heiddeger, etc.) para explicarse a sí mismos en su vida religiosa; El hombre nuevo, un pequeño tratado de teología moderna que a semejanza del anterior propone una observancia cristiana que toma en cuenta los cambios históricos y existenciales en la vida humana; Ishi, título que toma del nombre de una etnia que vivió al norte de California, palabra que repetía el último miembro de ese pueblo al ser encontrado en completo estado moribundo por haber pasado sus últimos años huyendo del acoso de los estadounidenses, el libro aborda otros temas sobre los indios del continente americano, y es una defensa de las culturas sometidas por la conquista europea. La montaña de los siete círculos es la atractiva autobiografía de Merton. Otros títulos: Sabiduría del desierto, La torre de babel, La vida silenciosa, Pensamientos en la soledad, La señal de Jonás, etc. En inglés, la editorial New Directions ha hecho circular su principal selección de poemas.

Thomas Merton falleció al electrocutarse por accidente en 1968, cuando se encontraba en la ciudad de Bangkok, Thailandia, donde estaba participando en un encuentro de monjes budistas y cristianos.

 

 

 

POEMAS DE THOMAS MERTON

 

 

Canción

De la Pastoral de Crossportion

 

Ha subido el fondo del mar; y

en mi cuarto silencioso, los peces

y las sirenas hicieron sus guaridas,

 

lo cual es mucho, mucho infierno para

salir del denso mar hacia un liviano

aire cambiante y ligero o el

 

no-cuarto duerme en algún otro lugar;

pero los peces tañen violines de coral

donde las aguas miran más la música:

 

El fondo de mi cuarto es el mar,

rodeado de un telón mudo donde

la sirena sonámbula duerme bajo una

medialuz rizada que muestra el camino,

 

ahí tocan orquestas perdidas y

muchas luces mortecinas bajan

al oscuro júbilo de mi acuádromo.

El fondo de mi mar es mi cuarto.

 

 

 

 

 

Sabiduría

 

La estudié y ella nada me enseñó.

Pronto olvidé todo lo aprendido; después,

fui agobiado por el conocimiento—

el insoportable conocimiento de la nada.

 

¡Qué dulce sería mi vida si yo fuera sabio!

La sabiduría se encuentra, como se sabe,

cuando no es vista ni enseñada.

Sólo entonces se entiende el sufrimiento.

 

 

 

 

 

Canción para Nuestra Señora del Cobre

 

Las niñas blancas yerguen sus cabezas

como árboles. Las niñas negras van

reverberando como flamingos por la calle.

 

Las niñas blancas cantan como agua sutil,

las niñas negras hablan como el yeso aquietado.

 

Las niñas blancas abren sus brazos como nubes,

las niñas negras cierran sus pestañas como alas:

Los ángeles cual campanas reverencian la Tierra.

Los ángeles miran hacia arriba como juguetes,

 

porque las estrellas del Paraíso forman un gran aro

y todas las partes del mosaico terrestre se elevan,

y van como pájaros volando.

 

 

 

 

III. Mary Nörbert Korte, la monja contestataria

 

Sor Mary Norbert Körte descubrió que en la calles de Haight Ashbury, en la ciudad de San Francisco, California, había gente que no tenía qué comer y decidió llevarles alimentos que sacaba de la despensa de su convento. Esto sucedió en la segunda mitad de la década de 1960. En ese entonces sor Mary se relacionó con una organización cristiana misericordiosa originada en la Inglaterra medieval, que se llamaba de los Diggers (Escarbadores o Buscadores), y que hacía labor de ayuda al prójimo. Cuando en el convento de Santa Rosa descubrieron a sor Mary sustrayendo mercancías, ella fue castigada. El castigo se repitió varias veces pero la monja seguía convencida del sentido cristiano de su labor de ayuda y seguía actuando en consecuencia.

Entre la gente que comenzó a tratar en Haight Ashbury estaban muchas y muchos de los poetas beats, que comenzarían a ser conocidos por reportajes que crearon escándalos en revistas como Life, Times y Evergreen. Sus primeras amigas fueron las poetas Leonore Kandel, Diane di Prima y Denise Levertov. Para ese entonces Mary Norbert Körte ya escribía poemas y había estudiado un posgrado en latín clásico, y es indudable que esta vocación literaria fue fundamental para su acercamiento con la generación de los nuevos poetas, pero además coincidían en la búsqueda y práctica de una conciencia contestataria. Así las cosas, la monja comenzó a participar en las manifestaciones contra la guerra de Vietnam, contra la contaminación del medio ambiente, por justicia a los grupos minoritarios, etc.

En Berkeley (ciudad gemela de San Francisco) se celebró la Conferencia Poética de 1965, en la cual participó sor Mary, y donde se encontró con muchos otros poetas como Allen Ginsberg, Robert Duncan, Jack Spicer, Gary Snyder, Lew Welch, David Meltzer y Charles Olson. El 1968 se publica el primer libro de Mary Norbert Körte, titulado Hymn to the Gentle Sun (Himno al amable Sol), y esto marca, además, su salida del convento. Actualmente vive en un pueblo al norte del Estado de California y, además de su mucha poesía, es grande su labor en defensa de la ecología.

 

 

 

 

POEMAS  DE  MARY  NORBERT  KÖRTE

 

La monja cocinera Eddie Mae soñó que sor Mary

huía con Allen Ginsburg

 

Los largos pasillos oscuros están bien fuertes

para haber permanecido después del

terremoto de 1906 cuando la sobrevivencia fue

calculada por el sonido que hacían las cuentas

del rosario de la madre superiora

ella soñó eso

la cocinera soñaba a las demás monjas

soñaba imposibles sueños de visiones plateadas

y sonidos océanicos en la

noche quejumbrosa

Soñar fue su misión a la que ella no podía

renunciar. La noche era un lugar para ver

todas las libertades amontonadas en lontananza,

como ver a un dulce dragón que parecía

una cruz moviendo su cola en círculo

 

Ella huía en los sueños de las demás

haciendo llamados como lumbre explosiva

corriendo corriendo por la escritura de

los bardos y leones amantes y pájaros

corriendo con sus brazos muy metidos en

la brillantez         aleteando         lo oscuro

 

 

 

(La monja cocinera del convento de Santa Rosa, realmente soñó que sor Mary Norbert Körte abandonaba el convento para irse con unos poetas, antes de que esto sucediera, cuando ella formó parte de la Conferencia Poética de Berkeley).

 

 

 

 

 

No hay nada como un excatólico

(Buho Moteado y Cadena le vieron un escapulario a Erni Pardini)

 

Los escapularios puestos sobre el corazón

contienen reliquias de los mártires.

Los mártires vivieron y murieron

con heroica virtud.

La heroica virtud es una condición a la

que somos constantemente llamados

por el abuso de la tecnología.

La tecnología debe ser puesta en su lugar:

el de la vida única que está entre los otros

que comparten este planeta.

este planeta sobrevivirá sólo si todos

reconocen su misión en común.

 

La misión en común es el mutuo respeto.

 

 

 

 

 

Cohetes prendidos que tira por la ventana

mientras el exmarido se va en su automóvil

 

Le tomó 50 años calcular cómo

emprenderla hasta la carretera,

lograrlo y salir a las lomas y

a las montañas a lo largo de Eel;

eso lo tomó de su abuela

Hermana Madre

Madre Coraje mujeres

ella fue a la escuela con un mito vívido y rezó

para acomodar todos los grandes sucesos

que en la medianoche le acalambraban—

limpiando las mesas durante 50 años

llegó a tiempo de los ruidos cuando

se ponía el Sol y era el tiempo de 2

mujeres caminando entre manzanos otoñales

que platicaban acerca de la tanta quietud

la tanta quietud

del bosque Redwood y de

cómo a veces la quietud es el río congelado

su rapidez detenida entre rocas y carrizos

las furtivas madrigueras de las aves

que cantan bajo un frágil Sol de invierno,

quietud que canta quietud

 

 

 

 

 

MÁS POEMAS DE CATÓLICOS BEATS

 

 

 

DE WILLIAM EVERSON:

 

 

 

Tú, Dios

 

Una tierra oscura con sombras de muerte,

sin orden, donde la luz es oscuridad.

El Libro de Job

 

Ningún día pasado,

Ninguna noche,

Sin medida en el canto de la roca.

 

Ni esos imaginados soles negros

Rugiendo bajo tierra,

Rostizando raíces de árboles.

 

Si pido la muerte, Dios, es en ti.

 

Si tomo la vida, está fuera de ti.

Si pierdo, si pierdo,

Es dentro de ti.

Dios de muerte,

Gran Dios de no-vida,

La existencia es mía,

pero tú

Barrenas la nadería.

Arrasada fuera de ninguna parte.

 

Siempre tú no eres todavía.

 

En lo profundo de mi entraña,

Opreso en el olvido,

Hecho añicos en el corazón del aniquilamiento,

Atrapado entre…,

Asfixiado,

Con terror ante el vacío,

Devorado.

 

Inmutable silencio

Enorme sobre la meseta nevada,

Enorme sobre la lava en el risco,

El viento trabaja a la nube.

 

Mi cerebro

Se quema en tu taladrar.

Mi sangre se atomiza.

Rechino cada nervio.

 

¡Dios!

 

¡Absórbeme!

 

José Vicente Anaya

(texto y traducciones)