Poesía y resistencia: 5 poemas griegos



A propósito del NO a un nuevo “rescate económico”, logrado mediante un referéndum, Grecia y toda Europa viven momentos de gran intensidad política. En este contexto histórico: Cinco poemas de autores griegos de distintas generaciones, que ejemplifican el carácter combativo, esperanzador y crítico del temperamento heleno. La versiones corren a cargo de la traductora Virginia López Recio.

 

 

 

 

 

Takis Sinópulos (1917-1981). Fue uno de los poeta griegos más destacados entre la llamada primera generación de posguerra. El tema de la guerra impregna toda su poesía, lo mismo que su postura crítica contra la dictadura.

 

CRONOLOGÍA DEL POEMA

(y algunos otros detalles)

 

 

Así dijo Fílipos.

Y entonces nos reunimos bastantes. Y cada uno habló de luchar

lo más posible para limpiar este lugar de

oscuridad. Pero la oscuridad es sucia e inamovible.

Así, inicié esta obra un día que encontré por

casualidad a Orsa. Mediados de enero del 54. La

misma noche, amargado, había una luna limpia y la

primera imagen que nació fue para la luna.

 

«Redonda, gira en torno de la tierra»

Escribí algunas cosas confusas y quedaron en mis

papeles durante muchos años.

Los desenterré en el 68.

La segunda imagen fue Cristóforos.

Intentó escaparse, le dieron por detrás con un hierro.

Se arrodilló, hizo por sujetarse,

los ojos se le cerraban, la gente alrededor desapareció.

Los dedos desecados de su mano colgaban de la alambrada,

como cuelgan la ropa en el arrabal, la ropa interior

remendada. Entretanto, encontraron a otros muertos

entre los matorrales. En la calle siguiente Yannis dijo

diez muertos en orden y Yannis, bajando de su casa

nos dijo ochenta muertos en orden, no se desesperen

nos dijo Yannis, se ocupará el alcalde.

La tercera imagen fue el alcalde

desde el cielo

con su paraguas.

 

 

 

 

Miltos Sajturis (1919-2005) fue un poeta expresionista de la Primera Generación de posguerra, muy respetado por los poetas jóvenes. Se convirtió en testigo y apologista del hombre antihéroe que sobrevivió a la guerra. Publicó 14 libros de poesía (1945-1997).

 

 

TRES LÁGRIMAS DE DIOS

 

 

I.

 

En esta casa roban las ventanas

rompen las puertas en mil pedazos

por las puertas tres hombres entran contentos

cinco mujeres salen con lágrimas

por las ventanas vuelan pájaros multicolores

hablan –amigos míos– hablan como hombres

y luego tranquilamente mueren

entonces los marcos se convierten en estos pájaros

y uno a uno abren sus alas

las formas sombrías

de un mundo perdido

 

II.

Desde la montaña, tan cerca de mí

extiendo la mano, arranco

los árboles y sus arbustos

los postes eléctricos

estos doloridos dientes

de una vida desesperadamente solitaria

Sobre ella corren astutas ovejas

¿pero acaso las ovejas han sido alguna vez astutas?

Sin embargo, éstas de aquí han sufrido mucho

y tienen balidos inhumanos

Los hombres aquí se hicieron uno con la piedra

golpean la piedra y desgarran sus entrañas

dudan y ni siquiera saben llorar

Hoy

miren bien esta montaña

miren bien esta lágrima de Dios

porque mañana se secará

 

Mañana no verán ya nada

 

III.

Ante mí, en lo alto de esta montaña,

un hombre blanco corta margaritas,

apila piedras dentro de este saco de Dios,

de vez en cuando se vuelve y me mira triste,

me arroja una flor, sigue su camino

 

En mi pecho brotaron rebaños de margaritas

este hombre soy yo.

 

 

 

 

 

Mijalis Katsarós (1919-1998) sirvió como sargento durante la Guerra de Italia (1940-1941). Fue jefe de prensa del Departamento de Propaganda del Ejército y conductor de programas del Sistema Nacional de Radiodifusión de Atenas. Fue despedido por la dictadura de los coroneles. Se dedicó a la pintura, la escultura y la cerámica. Publicó 11 libros de poesía.

 

 

 

 

[RESISTE]

 

 

Resiste

a quien construye una casa pequeña

y dice: «Aquí estoy bien».

Resiste a quien vuelve de nuevo a la casa

y dice: «Gracias a Dios».

Resiste

el tapiz persa de los edificios,

al hombre de baja talla de la oficina,

a la empresa de importación y exportación,

a la educación estatal,

al impuesto,

incluso a mí que te hablo.

 

Resiste

a quien saluda desde la tribuna horas

interminables en los desfiles,

a esa señora estéril que reparte

estampas de santos, incienso y mirra,

incluso a mí que te hablo.

 

Resiste otra vez a todos los que se llaman grandes,

al presidente del Tribunal de Apelación. Resiste

a la música, a los tambores y a los desfiles de bandas,

a todos los congresos superiores en que parlotean,

toman café congresistas, consejeros,

a todos los que escriben discursos sobre su época

junto a su estufa de invierno,

a las adulaciones, a las bendiciones, a las muchas reverencias

de oficinistas y cobardes ante sus sabios jefes.

Resiste a los servicios de relaciones exteriores y pasaportes,

a las terribles banderas de los estados y a la diplomacia,

a las fábricas de materiales bélicos,

a los que llaman lirismo a las hermosas palabras,

a los cantos de guerra,

a las dulces canciones con trenos,

a los espectadores,

al viento,

a todos los indiferentes y a los sabios,

a los otros que aparentan ser amigos nuestros,

incluso a mí, resiste incluso a mí que te hablo.

 

Entonces, podremos acceder seguros a la Libertad.

 

 

 

 

 

Manolis Anagnostakis (1925-2005). La obra de Anagnostakis, aunque no muy extensa, es de las más reconocidas e influyentes de entre los poetas que pertenecieron a la llamada Primera Generación de la Posguerra.

 

 

 

 

HABLO…

 

 

Hablo de los últimos toques de trompeta de los soldados vencidos

De los últimos harapos de nuestras ropas de fiesta

De nuestros hijos que venden cigarrillos a los transeúntes

Hablo de las flores que se han marchitado en las tumbas y que la lluvia pudre

De las casas que se quedan abiertas sin ventanas como cráneos desdentados

De las chicas que mendigan mostrando en sus pechos las heridas

Hablo de las madres descalzas que se arrastran por las ruinas

De las ciudades llameantes, de los cadáveres apilados en las calles

De los poetas proxenetas que tiemblan por las noches en los umbrales

Hablo de las noches eternas cuando la luz se reduce al amanecer

De los camiones cargados y de los andares en baldosas húmedas

De los patios de las cárceles y de las lágrimas de los condenados a muerte.

 

Pero ante todo hablo de los pescadores

Que dejaron sus redes y siguieron Sus pasos

Y cuando Él se cansó ellos no reposaron

Y cuando Él los traicionó ellos no negaron

Y cuando Él fue glorificado ellos volvieron los ojos

Y sus compañeros les escupían y les crucificaban

Y ellos, serenos, toman el camino que no tiene límite

Sin que su mirada se oscurezca o se rinda

 

De pie y solos en medio de la terrible soledad de la multitud.

 

 

 

 

 

Katerina Gógu (1940-1993) nació en Atenas. Fue poeta y actriz con una sólida carrera fílmica. Su poesía se distingue por ser poco convencional y contestataria. Se suicidó a la edad de 53 años debido a una fuerte depresión. A su muerte se dijo que “Katerina Gógu hizo poesía en un momento en que otros hicieron relaciones públicas”.

 

 

 

 

 

[MIS AMIGOS SON]

 

Mis amigos son pájaros negros

que se mecen en las azoteas de casas a punto de derrumbarse:

Exarjia, Patisia, Mataxurguío, Mets.

Hacen lo que deben.

Vendedores a domicilio de recetarios y enciclopedias,

hacen calles y unen desiertos.

Intérpretes del cabaret de la calle Zenón,

profesionales revolucionarios,

en el pasado los acorralaban hasta corregirlos.

Ahora toman pastillas

y alcohol para dormir

pero tienen sueños y no duermen.

Mis amigos son tensas alambradas

en las azoteas de casas antiguas:

Exarjia, Victoria, Kukaki, Gizi.

En ellas ustedes han puesto millones de pinzas de hierro,

sus culpabilidades, decisiones de asambleas,

vestidos prestados,

señales de punta de cigarrillo, extrañas migrañas,

silencios amenazantes, vaginitis.

Se enamoran de homosexuales,

monedas que corren, retraso

el teléfono el teléfono el teléfono,

cristales rotos, la ambulancia, nadie.

Hacen lo que se debe.

Mis amigos viajan continuamente

porque no les dejaron ni un sitio.

Todos mis amigos pintan con color negro

porque el rojo se lo destrozaron ustedes,

escriben en lengua codificada

porque la de ustedes solo sirve para halagar.

Mis amigos son pájaros negros y alambradas

en sus manos. En su garganta.

Mis amigos.

 

 

 

 

 

Dimitris Angelís (Atenas, 1973) es poeta, filósofo. Es también ensayista, doctor en Filosofía y director de la revista literaria Frear (Nueva Responsabilidad). Su libro “Aniversario” ha sido premiado por la Academia de Atenas (Premio Porfyras).

 

 

 

TRES POEMAS SOBRE LA CRISIS

 

 

1.

 

Comienzo del nuevo día, horcas puntiagudas

los dos primeros palos del sol.

 

Abre el cuaderno, poeta: ¡Escribe!

 

Cuidado con los nuevos lanceros, emigrante: ¡Tienes hermanos!

 

Araña el muro de musgos, niño recién despertado: ¡Vive!

 

Porque cada mañana tiene su niño, su poeta y su emigrante.

Y cada noche su muro ineluctable, su libro amargo, su brusco capitán de armas.

 

Igual que tú vistes la ferocidad de tu belleza para galopar

yo me quedo apartado y te admiro como caballo

de la estepa más mía.

 

 

 

2.

 

Mi ciudad hoy es una niña inmadura,

asustada, con un vestidito sucio,

se sienta en los escalones de su edificio,

tiende la mano a los transeúntes,

recoge dientes partidos,

echa pastillas en la acera, grita

pío pío a las palomas para que se acerquen,

y cuando no la miran

les saca la lengua.

 

Mi ciudad hoy es una niña inmadura,

bandera de una terquedad roja su vestidito sucio;

abraza sus rodillas desolladas, arruga los labios,

decapita mariposas, quema contenedores de basura;

con los botines de su saqueo prepara

un nuevo collar,

viene su madre, le tira de la oreja,

se niega a su madre

se niega a crecer,

nunca habla.

 

Cada tarde toca música

contando con una cuchara los rombos

de la tela metálica.

 

 

 

3.

 

La luna corría por las venas de los árboles,

dándoles un aspecto de muerte

plateada.

 

El adivino, contando en su mundo inhóspito otras sombras,

las llamaba ciervos.

 

El vendedor ambulante ofrecía sus recuerdos de los patíbulos

de las viejas baronías.

 

Todos los compraban.

 

Y el asesinato tenía una belleza brutal

como en Macbeth.