Poesía brasileña: Hilda Hilst



En el marco del dossier de poesía brasileña, presentamos dos poemas de Hilda Hilst (1930-2004). Poeta, dramaturga, narradora y cronista nacida en São Paulo. Autora de más de 15 libros de poesía, entre los que destacan: Presságio (1950), Balada de Alzira (1951), Sete cantos do poeta para o anjo (1962) y, Cantares de perda e predileção (1980). Mereció numerosos reconocimientos como el Prêmio PEN Clube de São Paulo, el Prêmio Jabuti o el Prêmio Cassiano Ricardo. En esta ocasión presentamos: Corpo de terra y Corpo de luz. La traducción es de Roberto Amézquita (1985).

 

 

 

 

 

 

Cuerpo de tierra

 

 

I

Llaga de sol, rosácea ardiente
aquellos linos de sangre, el pecho
más profundo, abierto, extenso,
toda la delicadeza del poeta
fluye
exangüe
en un círculo de dolor. Así te recuerdo.

 

II

Duerme el pastor. Y sobre él la piedra.
Y dentro de él, en el corazón, en el vientre
la primera libélula. Duerme
reciente de raíces, el poeta.

 

III

En su cuerpo de tierra, duerme el inocente.
Cantó la soledad, la salamandra
“Y un caballo y un caballero de barro
Carmesí”. Y tenía amor al miedo y a la centella
que lo hizo cantar así.

 

IV

Duerme el profeta. Y si no escucha el viento
oye en mi boca su “Oficio de Tiniebla”.
En aflicción, en amor yo te celebro
y en tu mano flechada está mi grito:
El que esperaste de mi boca abierta.

 

V

Duerme el cantor: “En el día de vuestra ira
recuerda vos, Señor, de la sal y del carbón
en las minas”. Y alguien habrá de silenciar a los verdugos
del tiempo, y habrá de nacer la flor sobre tu sueño
y para tu lamento.

 

VI

Duerme el amigo en su cuerpo de tierra.
Y dentro de él la crisálida amanece:
Oro primero, larva, después ala
has de romper la piedra, pastor y compañero.

 

VII

Pastor, las violetas están sobre los pilares.
Es tiempo de que el poeta abra su canto
tiempo de iniciación, tiempo de esfera
y de una línea-mundo curvo-recta:
Trayectoria de amor y de amplitud.

 

 

 

Cuerpo de luz

 

I

Caminas en dirección al Sur. Lo que te mueve
es alfa, Adonai, Clarísima Morada.
Tu pecho es transparencia en plenitud alada
y no te veo en la distancia y en el tiempo.
Sé que la memoria es límpida cancela
y que viaja a solas, eterna.
Y siendo así, a ti te reconozco.

 

II

Tú no estás conmigo. Ni en tu noche
de antes, de granito. Ni tu voz
es voz entre murallas. Estás ahora más allá:
Arco del infinito.

 

III

Tu sueño no es el sueño vulgar.
Entiendes la vigilia
y aprehendes a través de la opacidad.
También así
reposa el mar.

 

IV

Cerróse para lo efímero de las cosas
lo inconmensurable de la retina.
Así sedimentes la Verdad:
Frente de opalina.

 

V

Poeta, los hombres manipulan la materia.
Artífices del gran sueño se dan las manos
y es mí canto el fruto de esa espera.
Canto como quien talla la piedra. Te celebro
en la más alta metamorfosis de mi época.
No cantaré en vano.

 

VI

Hay un espacio finito donde mi canto vuela.
Y en lo multidimensional, en la estructura
donde la realidad se rehace, tú te demoras.
Pastor, lo que parecía tangible se evapora.
Y sobre nosotros, la grande noche
en una etérea nada, yace.

 

VII

¿Sabías de otro tiempo? El universo
Ahora se parece a un gran pensamiento.
Tú cantaste el espanto, ala de silencio.
Yo canto el espíritu
que penetró en el reino de la materia:
Ala de espanto del conocimiento.

 

 

 

 

Corpo de terra

 

I

Chaga de sol, rosácea ardente
Aqueles linhos de sangue, o peito
Mais profundo, aberto, extenso,
Toda a delicadez do poeta
Flui
Exangue
Num círculo de dor. Assim te lembro.

 

II

Dorme o pastor. E sobre ele a pedra.
E dentro dele, no coração, no ventre
A primeira libélula. Dorme
Recente de raízes, o poeta.

 

III

No seu corpo de terra, dorme o inocente.
Cantou a solidão, a salamandra
“E um cavalo e um cavaleiro de barro
Carmezim”. E teve amor ao medo e à centelha
Que o fez cantar assim.

 

IV

Dorme o profeta. E se não escuta o vento
Ouve na minha boca o seu “Ofício de treva”.
Em aflição, em amor eu te celebro
E na tua mão flechada está o meu grito:
O que esperaste da minha boca aberta.

 

V

Dorme o cantor: “No dia de vossa ira
Lembrai-vos, Senhor, do sal e do carvão
Nas minas”. E alguém há de calar os algozes
Do tempo, e há de nascer a flor sobre o teu sono
E pelo teu lamento.

 

VI

Dorme o amigo no seu corpo de terra.
E dentro dele a crisálida amanhece:
Ouro primeiro, larva, depois asa
Hás de romper a pedra, pastor e companheiro.

 

VII

Pastor, as violetas estão sobre os pilares.
É tempo do poeta abrir seu canto
Tempo de iniciação, tempo de esfera
E de uma linha-mundo curvo-reta:
Trajetória de amor e de amplidão.

 

 

Corpo de luz

 

I

Caminhas em direção ao Sul. O que te move
É alfa, Adonai, Claríssima Morada.
Teu peito é transparência em plenitude alada
E não te vejo na distância e no tempo.
Sei que a memória é límpida cancela
E que viaja a sós, eterna.
E sendo assim, a ti te reconheço.

 

II

Tu não estás comigo. Nem na tua noite
De antes, de granito. Nem a tua voz
É voz entre muralhas. Estás além agora:
Arco do infinito.

 

III

Teu sono não é o sono vulgar.
Estendes a vigília
E apreedes através da opacidade.
Também assim
Repousa o mar.

 

IV

Fechou-se para o efêmero das coisas
O incomensurável da retina.
Assim pousas na Verdade:
Fronte de opalina.

 

V

Poeta, os homens manipulam a matéria.
Artífices do grande sonho dão -se as mãos
e é o meu canto o fruto dessa espera.
Canto como quem risca a pedra. Te celebro
Na mais alta metamorfose da minha época.
Não cantarei em vão.

 

VI

Há um espaço finito onde o meu canto paira.
E no multidimensional, na estrutura
Onde a realidade se refaz, tu te demoras.
Pastor, o que parecia tangível se evapora.
E sobre nós, a grande noite
Num etéreo nada, jaz.

 

VII

Sabias de outro tempo? O universo
Agora se parece a um grande pensamento.
Tu cantaste o espanto, asa de silêncio.
Eu canto o espírito
Que penetrou no reino da matéria:
Asa de espanto do conhecimento.