100 Pulitzer Poets: Amy Lowell, 1926



100 Pulitzer Poets: Amy Lowell, 1926

Today at Círculo de Poesía: Amy Lowell. Pulitzer Prize for Poetry 1926.  Amy Lowell born in Brookline, Massachusetts in 1874. She write poetry books as A Dome of Many Colored Glass (1912), Sword Blades and Poppy Seed  or  What’s A Clock (1925)[Pulitzer Prize].

Spanish versions by Adalberto García López

Presentamos 3 poemas de Amy Lowell. Premio Pulitzer de Poesía 1926, por su libro What’s A Clock (1925). Nació en 1874 y entre sus libros están: A Dome of Many Colored Glass (1912) y Sword Blades and Poppy Seed. Las presentes versiones al español son de Adalberto García López.

 

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The Blue Scarf

 

Pale, with the blue of high zeniths, shimmered over with silver, brocaded

In smooth, running patterns, a soft stuff, with dark knotted fringes, it lies there,

Warm from a woman’s soft shoulders, and my fingers close on it, caressing.

Where is she, the woman who wore it? The scent of her lingers and drugs me.

A languor, fire-shotted, runs through me, and I crush the scarf down on my face,

And gulp in the warmth and the blueness, and my eyes swim in cool-tinted heavens.

Around me are columns of marble, and a diapered, sun-flickered pavement.

Rose-leaves blow and patter against it. Below the stone steps a lute tinkles.

A jar of green jade throws its shadow half over the floor. A big-bellied

Frog hops through the sunlight, and plops in the gold-bubbled water of a basin,

Sunk in the black and white marble. The west wind has lifted a scarf

On the seat close beside me; the blue of it is a violent outrage of colour.

She draws it more closely about her, and it ripples beneath her slight stirring.

Her kisses are sharp buds of fire; and I burn back against her, a jewel

Hard and white, a stalked, flaming flower; till I break to a handful of cinders,

And open my eyes to the scarf, shining blue in the afternoon sunshine.

 

How loud clocks can tick when a room is empty, and one is alone!

 

 

 

La bufanda azul

 

Pálida, con el azul del alto cenit, brillaba otra vez con plata, brocade

en suaves, vertiginosos patrones, un material delicado, con oscuros bordes anudados, está ahí,

cálida desde los tersos hombros de una mujer y mis dedos se aproximan, acariciándola.

¿Dónde está ella, la mujer que la uso? El aroma de ella me sigue e intoxica.

Una languidez, un fuego disparado, corre a través de mí, y yo aprieto la bufanda debajo de mi rostro,

y trago en la calidez y lo azul, y mis ojos nadan en cielos de tinta fresca.

Alrededor de mí hay columnas de mármol y un pavimento cambiado, con un parpadeante sol.

Las hojas de las rosas vuelan y chocan contra ella. Debajo de los pasos de piedra un laúd tintinea.

Un tarro de jade verde arroja la mitad de su sombra sobre el piso. Una rana

de gran vientre salta a través de la luz del sol, y cae en la burbuja dorada de una cuenca,

hundida en mármol negro y blanco. El viento del oeste ha levantado una bufanda

en el asiento cercano a mí; el azul de la bufanda es un ultraje violento de color.

Ella la dibuja más cerca de ella, y se ondula bajo su ligera agitación.

Sus besos son afilados brotes de fuego; y ardo de regreso con ella, una joya

Dura y blanca, una flor en llamas; hasta que rompa en un puñado de cenizas,

y abra mis ojos hacia la bufanda, brillando azul en la luz de la tarde.

 

¡Qué fuerte los relojes suenan cuando una habitación está vacía y una está sola!

 

 

A Lover

 

If I could catch the green lantern of the firefly

I could see to write you a letter.

 

Una amante

Si pudiera atrapar la linterna verde de la luciérnaga

Podría verme escribiéndote una carta.

 

 

Carrefour

 

O You,

Who came upon me once

Stretched under apple-trees just after bathing,

Why did you not strangle me before speaking

Rather than fill me with the wild white honey of your words

And then leave me to the mercy

Of the forest bees.

 

Intersección

 

Oh Tú,

que viniste a mí una vez

estirada bajo los manzanos tras haberte bañado,

por qué no me ahorcas antes de hablar

en vez de llenarme de la salvaje miel blanca de tus palabras

y después dejarme a merced

de las abejas del bosque.

 

 

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