Today at Círculo de Poesía: we present a poem by Robert P.T. Coffin (1892-1955). He was a professor of Literature in Wells College and Bowdoin College and was awarded the Pulitzer Prize in 1936 for his book Strange Holiness. His poetry is of formalist leanings.

Spanish version by Sergio Eduardo Cruz.

Presentamos en Círculo de Poesía, presentamos un poema de Robert P.T. Coffin (1892-1955). Fue profesor de literatura en las universidades Wells y Bowdoin y ganó el premio Pulitzer en 1936 por su libro Strange Holiness. Su poesía es de carácter formalista. La traducción es de Sergio Eduardo Cruz.

 

 

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The Secret Heart

Across the years he could recall

His father one way best of all.

In the stillest hour of night

The boy awakened to a light.

Half in dreams, he was his sire

With his great hands full of fire.

The man had struck a match to see

If his son slept peacefully.

He held his palms each side the spark

His love had kindled in the dark.

His two hands were curved apart

In the semblance of a heart.

He wore, it seemed to his small son,

A bare heart on his hidden one,

A heart that gave out such a glow

No son awake could bare to know.

It showed a look upon a face

Too tender for the day to trace.

One instant, it lit all about,

And then the secret heart went out.

But shone long enough for one

To know that hands held up the sun.

 

 

 

El corazón secreto

Él recordaría a través de los años

a su padre de una forma particular.

En la hora más negra del anochecer,

despertaba viendo la luz encendida.

A medio sueño, él era un gigante

con las manos cubiertas de flamas.

El hombre había encendido un fósforo

para ver que su hijo estuviera dormido.

Juntaba en sus palmas la chispa densa

que su amor había invocado en la oscuridad.

Sus dos manos parecían tener la forma

de un corazón entero, lleno de belleza.
Parecía al hijo que su padre vistiera

un corazón que brillara de tal manera

que ni él ni nadie, despierto, pudiera ver.

Le parecía que su rostro, en ese entonces

era demasiado tierno para las trazas del día.

Y, en un instante, después de iluminar todo,

el corazón secreto tuvo que apagarse.

Pero, al menos, brillo por tiempo suficiente

para que él se diera cuenta de las manos

que podían sostener el sol.

 

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