Poesía peruana: Carmen Ollé



Poesía peruana: Carmen Ollé

Presentamos algunos textos de la poeta peruana Carmen Ollé (Lima, 1947). Publicó los libros de poesía Noches de adrenalina (Cuadernos del hipocampo, Lima, 1981) y Todo orgullo humea la noche (Lluvia, Lima, 1988) y la plaqueta Sueltos de la Selva Profunda, Logroño, España, 2004). Además publicó los libros de narrativa ¿Por qué hacen tanto ruido? (Flora Tristán, Lima, 1992), Las dos caras del deseo (PEISA, Lima, 1994), Pista falsa (El Santo Oficio, Barranco, 1994), Una muchacha bajo su paraguas (El Santo Oficio, 2002) y Retrato de mujer sin familia ante una copa (PEISA, 2007) y el libro de prosas Monólogos de Lima (PEISA, 2015). Halo de la luna (relato) (2017) Parte de su obra poética se encuentra reunida en la edición bilingüe A pesar de todo la noche… / Après tout, la nuit… (Les Arêtes, Arlés, Francia, 2016).

 

 

 

 

de Noches de adrenalina (1981)

 

Tener 30 años no cambia nada salvo aproximarse al ataque
cardíaco o al vaciado uterino. Dolencias al margen
nuestros intestinos fluyen y cambian del ser a la nada.

He vuelto a despertar en Lima a ser una mujer que va
midiendo su talle en las vitrinas como muchas preocupada
por el vaivén de su culo transparente.
Lima es una ciudad como yo una utopía de mujer.
Son millas las que me separan de Lima reducidas a sólo
24 horas de avión como una vida se reduce a una sola
crema o a una sola visión del paraíso.
¿Por qué describo este placer agrio al amanecer?
Tengo 30 años (la edad del stress).
Mi vagina se llena de hongos como consecuencia del
primer parto.
Este verano se repleta de espaldas tostadas en el
Mediterráneo.
El color del mar es tan verde como mi lírica
verde de bella subdesarrollada.

¿Por qué el psicoanálisis olvida el problema de ser o no ser
gorda / pequeña / imberbe / velluda / transparente
raquítica / ojerosa…?

Del botín que es la cultura me pregunto por el destino
¿Por qué Genet y no Sarrazine?
o Cohn Bendit / Dutschke / Ulrike
y no las pequeñas militantes que iluminaban mis aburridas
clases en la U
ELSA MARGARITA SIRA

Marx aromaba en sus carteras como retamas frescas
qué bellas están ahora calladas y marchitas.

No conozco la teoría del reflejo. Fui masoquista
a solas gozadora del llanto en el espejo del WC
antes de que La muerte de la Familia nos diera el alcance

La desnudez de los senos, la obscenidad del
sexo, tienen la virtud de operar aquello con
lo que de niña no has podido más que soñar,
sin poder hacer nada

Bataille

Margarita Elsa Sira se perdían en la avenida Venezuela
y colocaban carteles en la noche sobre paredes musgosas.
De día interrumpían las clases de metafísica con rabia
y aplaudíamos esos cabellos sudorosos y negros sobre
la espalda.

El que más se lava es el que más apesta como los buenos
olores son testimonio de una mala conciencia
como el grito es la figura de la timidez.

HOTELES de Lima
en ellos la ciudad se pulveriza mediante el silencio
inventor de palabras y como la lluvia que ahora cae
sobre Menorca son sólo INSTANTES!
Losas empotradas en paredes metálicas sin luz
estudiantes = habitaciones inmundas
lavabos + amasijo de pelos & residuos de grasa
llegan hasta mí para impugnar esta limpieza
que me somete maniáticamente.

Despierto y me levanto de un catre viejo
estoy inclinada en el WC, el culo suspendido
he venido del brazo de mi compañero de clase por un solo
motivo
buscando a Sira a Elsa a Margarita.

La militancia no es una casa vieja del Rímac
pobre o hedionda
y aquí sin espejos ni tazas de mayólica aguantas
las ganas de orinar
o revientas.
La impotencia es silenciosa y corta
el flujo-
La lluvia cae sobre el espacio abierto del jardín
y estás dentro.

Bajo el cobertor
en brazos de la mística
el infeliz muere en la esquina rosada
gritan los pájaros fruteros violados

Dónde está el peso mayor del estar allí
en el estar o en el allí?
En el allí –que sería preferible llamar
un aquí- debo buscar primeramente mi ser?
Bachelard

Pues aquí estás tú, HOTELES de madrugada bañador
caminando en el azul metálico de una calle desierta
regresas y ventoseas en tu lecho
y otra vez aquí / allí = viento / molotov / pezuña del poli
Margarita Elsa Sira esta frase se cansa de evocarlas.

 

 

 

 

 

Mina y el Conde Drácula

 

La noche es larga, la droga amarga
Mikel Erentxun

 

Doce de la noche y son ya tres vasos de vodka.
El africano que sirve los tragos me detiene junto al baño
Y me da un beso en los labios,
Mi voluntad maca cero kilómetros,
Me dejo y no protesto.
A esa hora cualquier beso tiene el sabor
De lo no habido en el tiempo
Me imagino estar sentada en el desierto.
Estar sentada únicamente,
La gente del bar bebe sin piedad.
Una mujer de treinta años saluda a mi vecino de mesa.

Cierta vez me puse a llorar en un rincón de la sala
Cuando tenía quince años, había perdido a Dios
Y perseguía a un sacristán,
Mi platonismo era sincero…
Ahora detesto que no me salgan las cosas
Como quiero.

A mi lado, Mina es el placer, lo intento otra vez y otra vez,
Ella sucumbe porque no espera nada de la vida
Y yo le enseño a ser sutil
A arrancar a cien por hora en su viejo automóvil.
Ama tus caderas en las que yazgo al fin como
En una cálida bahía bajo el sol, le digo,
Y yo que detestaba el sol también las amo.
Ahora la voluptuosidad es algo nuevo para ella,
La culebra avanza toda la noche silbando mi nombre…
Y el veneno de los celos la hace más bella.
Desde que sabe qué es esto, esto la atrae para bien
O par mal, como el vodka,
Sus ojos de ternera ya no languidecen
Rabian de celo y hambre como los de un jaguar
Y corre en su viejo automóvil a cien por hora arrollando
A los espantapájaros que golpean el capó como si fuéramos
La peste, ella y yo, bendita peste en la que ella
Mi Señor, admite…
No pienses en Brooke Shields, le susurro al oído.
Doce de la noche en el bar,
Ni en Madonna
Cuando ríes pareces una adolescente en su uniforme azul,
Y boina azul y blusa blanca almidonada…
Sólo eso imposta, ¿sabes? Sólo eso.

 

 

 

 

Teléfono silencioso

 

Sombras desde el amanecer
el corazón late en vano
copas de vino desde el alba hasta
la luna llena
pérfido músculo

vacío       embriaguez
muro       hiedras púrpuras
pútridas   hiedras
un efebo  una aparición
sin piel     sin límites

 

 

 

 

Vibración

 

Tarde
Mina y yo bajamos por la avenida Aviación
La noche de brujas
Los carteles iluminados de pollerías y bares
Insinúan que esta noche se llena
De hambre
De macabros huesos
En la Taberna de los monjes
Sobre una gran pantalla
Madonna escupe su risa provocativa
Las dos nos hemos sentado a la ventana
Una grada más alta que la realidad
Como si la inocencia necesitara tres centímetros de altura
Nadie ve que sonreímos por algunas tonterías
Como dos niñas con helados de fresa
O de vainilla
Nadie ve que rozamos nuestras yemas
Como si fuera la primera vez
Tengo el rostro estragado por el licor
Y pronto el barquero me arrastrará
Como a un alma en pena
Entonces me será difícil recordar
Y sostener la visión de sus labios
Que soplan un mechón de mis
Cabellos.

 

 

 

 

de Poemas parisinos (Inédito, 1981?)

 

 

 

 

 

 

Otoño (los dos se llaman otoño?)

 

Es otoño en mi gabinete
las luces ocres envuelven los geranios
los sepias cubren el asfalto cagado por los perros
¿qué órgano podría dejar de funcionarme bien?
Frágiles
alcachofas de cemento en Creteil
algunos se han suicidado este verano

Una bomba de 60 vv fabrica la penumbra
música de Maurice Jarre (París 78/80)
buhardillas
porcelanas (no de Limoges)
abrigos (no de Astrakán)
copitas para Martinis secos
cojines fauna y flora estampada

Seguimos el rumbo de una pipa que atraviesa
una plaza y termina en un café
solitario
una pipa argelina que vuelve apagada
en el bolsillo
alguien arrastra un piano
por el corredor

Lo que pongo: palabras sucias
envejecidas
un pensamiento
un pozo de sombras
nada es cierto
sino que respiro
como un cazador persigo una idea
le disparo
esta es aquella presa
disecada
entre líneas
un insecticida de 65 pesetas
debido a que lo he incluido
en mi página
existo

Sí, hoy he vivido, leído a Sade
a saltos
a Faulkner por los pelos
en mi bolso de la biblioteca
pernocta sin abrir
mañana será miércoles
y vendrá el lechero