Nueva poesía europea: Franca Mancinelli



Versopolis es un programa europeo de literatura que cuenta con el apoyo de Europa Creativa, el propósito que tiene es el de promover la poesía escrita por los jóvenes poetas europeos a través de una serie de festivales con distintas sedes en Europa como los que dirigen nuestros amigos y colaboradores Ales Steger y Mite Stefoski, directores de los festivales Days of Poetry and Wine, en Eslovenia, y el Struga Poetry Evenings, en Macedonia, respectivamente; en Círculo de Poesía creemos en la literatura que están escribiendo estos jóvenes poetas y hemos decidido presentar a cada uno de los poetas que han sido seleccionados en este programa. En esta ocasión presentamos, en versión de Alfredo Soto Guillén, a la poeta Franca Mancinelli. Nació en Fano, Italia, en 1981. Sus dos primeros libros de poesía, Mala kruna (Manni, 2007) y Pasta madre (Nino Aragno, 2013), fueron galardonados con varios premios en Italia. En 2018 fueron reimpresos como  A un’ora di sonno da qui, por Italic Pequod. Su trabajo fue presentado en varias antologías, incluyendo  Nuovi poeti italiani 6 (Einaudi, 2012) y Tredicesimo quaderno italiano di poesia contemporanea (Marcos y Marcos, 2017), editado por Franco Buffoni. Una colección de sus poemas en prosa, Libretto di transito, fue publicada por Amos Edizioni en 2018 y traducida al inglés en el mismo año por John Taylor, como  The Little Book of Passage. (The Bitter Oleander Press, Fayetteville, Nueva York 2018). Su escritura ha sido traducida también al español, árabe, francés y esloveno. Como crítica, ella contribuye en Poesia (Crocetti), Nuovi argomenti online y a otras revistas literarias. Es editora de la revista literaria SmerillianaArgo-annuario di poesia y del blog Interno poesia

 

 

 

 

No es sólo empacar una maleta. Es producirse, vestirse bien. Entrar en la talla exacta de la pena. Mirar sólo un destino. Llevando zapatos que no tocaron jamás la tierra, dormiremos en el núcleo de la mirada, como los bebés.

 

 

Non è solo preparare una valigia. È confezionarsi, vestirsi bene. Entrare nella taglia esatta della pena. Gesti a una destinazione sola. Calzando scarpe che non hanno mai premuto la terra, dormiremo nel centro dello sguardo, come neonati.

 

 

 

Viajo sin saber qué cosa me lleva a ti. Sé que atraviesas los confines de las hojas, de los campos cultivados. Es tu modo de venir a encontrarme: como agua en el camino derramada. Mirando por la ventana, te leí en el rostro hasta que fue la luz.

 

 

Viaggio senza sapere cosa mi porta a te. So che stai andando oltre i confini del foglio, dei campi coltivati. È il tuo modo di venirmi incontro: come un’acqua in cammino, diramando. Guardando dal finestrino, ti ho letto nel viso finché c’era luce. 

 

 

 

La tarde, con un cigarrillo entre los dientes, mirando el cielo oscurecerse como tierra lavada que mi padre riega. Cuando está ahí abajo, escondido de las plantas de los jitomates, en la esquina más lejana del jardín, puedo sentir del pozo el agua derramarse y ascender entre los gránulos, a las raíces donde está esperando. Aquí, donde el flujo se pierde, de la flor pequeña crecen las malas hierbas, planta de tóxico fruto. Más no puedo desenterrarlas, no puedo reparar la afrenta.

 

 

La sera, con una sigaretta tra le dita, guardando il cielo scurirsi come terra bagnata, mio padre annaffia. Quando è laggiù, nascosto dalle piante dei pomodori, nell’angolo più lontano del giardino, posso sentire dal pozzo l’acqua versarsi e scendere tra i granuli, fino alle radici dove è attesa. Qui, dove il flusso si perde, crescono erbe dure dal piccolo fiore, piante dal frutto velenoso. Ma non riesco a zapparle via, non riesco a riparare la falda. 

 

 

 

Visto y calzo forzudamente cada día, como si tuviese siempre otro número, otra talla. En la oscuridad sigo creciendo, como una planta que bebe lo negro de la tierra. Para vestirse hace falta perder las ramas alargadas en el sueño, las hojas más tiernas abiertas. Puedes oírlas caer de repente como tocadas por un invierno imprevisto. En el mismo instante pierdes la cola y las alas que tenías. En algún lugar del cuerpo lo sientes. No sangras, es una privación a la que te han habituado. No queda más que vestirte. Deslizarte como un rayo, hasta que caiga la luz.

 

 

Indosso e calzo ogni mattina forzando, come avessi sempre un altro numero, un’altra taglia. Cresco ancora nel buio, come una pianta che beve dal nero della terra. Per vestirsi bisogna perdere i rami allungati nel sonno, le foglie più tenere aperte. Puoi sentirle cadere a un tratto come per un inverno improvviso. Nello stesso istante perdi anche la coda e le ali che avevi. Da qualche parte del corpo lo senti. Non sanguini, è una privazione a cui ti hanno abituato. Non resta che cercare il tuo abito. Scivolare come un raggio, fino al calare della luce.

 

 

 

Las frases inconclusas quedan en ruinas. Hay un país entero al borde del colapso que en ti sostienes. Conoces el dolor de las baldosas, de cada ladrillo. Un ruido sordo en la claridad del pecho. Hace falta el constante amor de alguien, un trabajar tranquilo que resuene en lo profundo del bosque. Que desempaques la maleta y te olvides de partir.

 

 

Le frasi non compiute restano ruderi. C’è un intero paese in pericolo di crollo che stai sostenendo in te. Sai il dolore di ogni tegola, di ogni mattone. Un tonfo sordo nella radura del petto. Ci vorrebbe l’amore costante di qualcuno, un lavorare quieto che risuona nelle profondità del bosco. Tu che disfi la valigia, ti scordi di partire.  

 

 

 

En la mañana, temprano sostenemos un cántaro en la cabeza. Más allá de la casa cada calle es insegura, se abre un pequeño claro de hojas. Incluso cuando llegamos a la fuente, el regreso es difícil entre las zarzas y las encrucijadas. Pero lo que importa es que el cántaro se ponga también mañana sobre nuestra cabeza. Es por eso que con los ojos fijamos el horizonte, mantenemos nuestra firme postura.

 

 

La mattina alzandoci reggiamo una brocca sulla nuca. Oltre la casa ogni strada è insicura, si apre una piccola radura di foglie. Anche quando arriviamo alla sorgente, il ritorno è difficile tra gli incroci e i rovi. Ma ciò che conta è che la brocca posi di nuovo sulla nuca la mattina dopo. Per questo con gli occhi fissiamo l’orizzonte, teniamo la nostra postura.

 

 

 

La anciana que vive en el edificio vecino sale a veces al balcón. Barre, extiende la ropa sobre el tendedero, la recoge, riega dos macetas. Cuando se vaya, dejará un espacio limpio, que ha tomado la forma de su vida. Esa precisión instintiva me guía para cortas secuencias: sacudo el polvo, cambio de lugar a las cosas. Y como si urgiera en una niebla, otro espacio, en la mente, se abre.

 

 

L’anziana che abita nel palazzo vicino esce ogni tanto in balcone. Spazza, stende i panni sul filo, li raccoglie, annaffia due vasi. Quando partirà, lascerà uno spazio pulito, che ha preso la forma della sua vita. Quella precisione istintiva mi guida per brevi sequenze: sposto la polvere, cambio posto alle cose. E come riemergendo da una nebbia, si spalanca un altro spazio nella mente. 

 

 

 

Me pones a salvo como sosteniendo la más frágil parte de ti. Resistes en el tumulto. Y aquí estás en la puerta, atravesado por ráfagas de luz. No tienes ya cara, estás fuera de todo contorno, sólo la clara luz. Me gustaría levantarte con las manos, contenerte mientras naces, pero te derrumbas: eres la corriente que no se puede tocar.

 

 

Mi porti in salvo come sollevando la parte più fragile di te. Resisti nel tumulto. Ed eccoti al varco, attraversato da scariche di luce chiara. Non hai più viso, sei fuori da ogni contorno. Soltanto luce chiara. Vorrei raccoglierti con le mani, contenerti mentre nasci, ma ti sprigioni: sei la corrente prima che non si può toccare.