Apuntes para una literatura ancilar: volver a Bécquer



Presentamos una nueva entrega de Apuntes para una literatura ancilar, la serie de Mario Bojórquez que ofrece a los lectores una literatura de servicio. Ahora el tema ensayado es la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer, delicado poeta español del siglo XIX y que es una figura fundamental en el devenir de la poesía modernista.

 

 

 

 

Apuntes para una literatura ancilar: volver a Bécquer

La rima asonante, la estrofa imparisílaba y la versificación heterométrica como rasgos del postromanticismo hispánico

 

 

1. Introducción

La obra de Gustavo Adolfo Bécquer, breve, pero de gran altura estilística y de exacerbada hondura anímica, sigue siendo hoy referente inequívoco del devenir poético de la lengua española. Sus audaces composiciones tanto en verso como en prosa han sido objeto de innumerables estudios que indagan en sus procedimientos de estilo así como en las posibles influencias recibidas desde otras lenguas y, sobre todo, aquellas que se generan entre muchos autores de generaciones posteriores a la suya. Su presencia fijada en el llamado postromanticismo, es equivalente en propósitos y búsquedas al parnasianismo y al simbolismo en la Francia de la segunda mitad del siglo XIX.

El antecedente romántico se inicia con la publicación de Lyrical Ballads (1789) editada anónimamente por William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge, donde ya se percibe una renovación del discurso neoclásico. Con osadas composiciones de temáticas, atmósferas y recursos retóricos renovados, el romanticismo logra una suerte de refundación de la poesía universal; este movimiento se difunde en todas las disciplinas del arte como la literatura, la música y la pintura, y aún más, la filosofía del siglo XIX recibirá también su influencia. Los grandes autores decimonónicos acogerán sus obras a este impulso renovador, entre los ingleses podemos recordar a Byron, Shelley y Keats, entre los franceses a Chateaubriand, Musset y Víctor Hugo, entre los alemanes a Goethe, Heine y Holderlin y aún entre los españoles Espronceda, Zorrilla y Campoamor.

Renovadas las formas de expresión y participando de realidades alternas en el ámbito de lo afectivo, no es de extrañar que Charles Baudelaire eleve a la altura de la poesía la práctica de la prosa como en Le Spleen de Paris (Petit Poèmes en Prose) de 1864, mismo año en que Gustavo Adolfo Bécquer publica por entregas sus cartas Desde mi celda, con una prosa vinculada poderosamente al lenguaje de lo poético.

Es en este contexto que florece la vida y la obra del autor sevillano, la organización de sus textos fue realizada por un grupo de amigos que siguiendo sus propias intuiciones, fueron dando a conocer los trabajos según la organización que les pareció pertinente, aderezando aquí y allá correcciones, omitiendo textos, atribuyendo al autor obras que no fueron escritas por él. Debemos reconocer que el propio Gustavo Adolfo Bécquer fue omiso en la publicación y ordenación de su trabajo, muchos de los textos fueron presentados anónimamente, otros bajo pseudónimo, perdió sus manuscritos, en fin. Su vida fue penosa por causa de enfermedades que lo postraron desde muy joven, la vida bohemia contribuyó de algún modo a una cierta proclividad por la melancolía, el desengaño amoroso caló profundamente en su esperanza de vida, murió a los 34 años de edad, cuando su obra apenas alcanzaba alguna madurez; sin embargo, sus breves poemas siguen siendo hoy frecuentados por lectores ávidos de un modo especial de la afectividad, sustentado su discurso en las emociones humanas; es para cualquier lector desprevenido, fuente de emoción intensa, de amor desgarrado, de fantasía sin fin.

 

2. Breve anotación biográfica

Apuntamos aquí algunos datos biográficos de nuestro autor con el interés de llamar la atención sobre ciertos aspectos de su vida personal que de algún modo afectaron al desarrollo de su trabajo creativo y posterior fijación y organización de sus textos. Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida, conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, nace en Sevilla el 17 de febrero de 1836 y muere en Madrid el 22 de diciembre de 1870. Hijo de José Domínguez Bécquer y de Joaquina Bastida Vargas; el padre, pintor notable, adopta como primero el apellido flamenco Bécquer y sus dos hijos, Gustavo Adolfo y Valeriano, también; el padre muere en 1841 y la madre, poco después, en 1847, dejando en la orfandad a los hermanos que se refugian al cuidado del tío, también pintor, Joaquín Domínguez Bécquer. Gustavo Adolfo desarrolla cualidades en la pintura y en la música; sin embargo abandona los estudios para dedicarse, a partir de 1848, a leer con avidez en la biblioteca de su madrina, Manuela Monahay, las novelas y los poemas del momento. Chautebriand, Stäel, Sand y Balzac, Byron, Musset, Hugo y Espronceda, serán algunos de sus autores preferidos, aquellos que despiertan en el joven poeta la vocación por la literatura. Se traslada a Madrid en 1854 buscando un destino literario que poco a poco combina con ejercicios periodísticos, esta última actividad le dará alguna estabilidad económica, aparecen colaboraciones suyas en La Aurora, El Porvenir, La España Musical y Literaria, Álbum de Señoritas, El Correo de la Moda y La Crónica, muchas de estas publicaciones son animadas por sus colegas sevillanos que comparten el mismo interés por las letras. En 1857 aparece el primer tomo de Historia de los templos de España, en parte patrocinado por la corona y en colaboración directa con su hermano, el pintor Valeriano Bécquer, el poeta en esta época enferma gravemente y nunca podrá recuperar del todo la salud. En los años 1859 y 1860 publica teatro bajo el pseudónimo de Adolfo García, aparecen sus primeras rimas, la futura Rima xiii aparece el 17 de diciembre de 1859 en la revista El Nene; el 24 de octubre de 1860 aparece la Rima XV en el Álbum de Señoritas. En diciembre de 1860 inicia la publicación de las Cartas literarias en el periódico El Contemporáneo y continuará editándolas hasta abril del año siguiente. Sigue divulgando algunas rimas en diversas revistas y periódicos, una de ellas, la Rima XVI, se acompaña del siguiente epígrafe: “Es muy triste morir muy joven y no contar con una sola lágrima de mujer.” Aparece su prólogo anónimo a La Soledad de A. Ferrán. El 19 de mayo de 1861 se casa con Casta Esteban Navarro, de quien posteriormente se separa y con quien tiene tres hijos, aunque se pone en duda la paternidad del más pequeño,  ya que Bécquer se separa de su esposa apenas nace el niño, y en general existe un sentimiento de rechazo hacia su esposa por parte de toda la gente que rodea a Gustavo Adolfo, él mismo, gravemente enfermo, se retira a Toledo, alejándose de toda relación con su mujer, incluso, los abuelos maternos no consideran al tercer nieto en el testamento. En los siguientes años continúa colaborando en diversas revistas, es nombrado fiscal de novelas y, a partir de mayo de 1864, en una estancia, por su enfermedad, en el monasterio de Veruela, En El Contemporáneo la edición anónima de las cartas Desde mi celda. En el año de 1868 se separa de su esposa, sobreviene una revolución contra Isabel II y por estos disturbios se pierde el manuscrito de sus poemas al ser saqueada la residencia de don Luis González Bravo a quien lo había entregado para su publicación. Después de renunciar al cargo de fiscal de novelas, pasa a residir en Toledo y, durante 1869, en un cuaderno de notas, va recordando las composiciones que se perdieron en el manuscrito de sus poesías, titulando a este último cuaderno, Libro de los gorriones, con la anotación “Colección de proyectos, argumentos, ideas y planes de cosas diferentes que se concluirán o no según sople el viento. De Gustavo Adolfo Claudio D. Bécquer. 1868. Madrid.” De regreso en Madrid, en septiembre de 1870, fallece su hermano Valeriano Bécquer con quien había trabajado en múltiples proyectos y por quien sentía un gran afecto. A la desaparición del hermano, su esposa Casta regresa al hogar; sin embargo, rápidamente cae enfermo. Antes del fin destruye en el fuego una serie de documentos que considera comprometedores y muere en Madrid el 22 de diciembre de 1870, en su casa de la calle Claudio Coello, número 25. En abril de 1871 y al cuidado de su amigo Ramón Rodríguez Correa, aparece su libro póstumo Rimas, el cual recupera los textos del manuscrito Los gorriones, pero no sigue el orden dispuesto en él y altera algunas disposiciones del tipo de estrofa, así como ligeras pero constantes variaciones y correcciones impensadas.

 

3. Versificación heterométrica

El fundamento métrico de la obra de Gustavo Adolfo Bécquer se sustenta en la preeminente utilización de los versos cultos de formulación silábica impar, alternando especialmente el endecasílabo, el heptasílabo y el pentasílabo como pie quebrado o aún como hemistiquio de un decasílabo propio. Esto, desde luego, no impide el uso de otros metros pares como el hexasílabo u octosílabo en algunas composiciones. La combinación principal es la de la silva, con heptasílabos y pentasílabos, que a veces aparecen al lado de endecasílabos formando una estrofa propia:

Mien/tras/ la/ cien/cia a/ des/cu/brir/ no al/can/ce  (11)

las/ fuen/tes/ de/ la/ vi/da, (7)

y en el mar o en el cielo haya un abismo (11)

que al cálculo resista, (7)

mientras la humanidad siempre avanzando (11)

no sepa a dó camina, (7)

mientras haya un misterio para el hombre, (11)

¡habrá poesía! (5)

 

Aquí vemos una combinación de endecasílabos y pentasílabos agudos, donde queda clarísimo la función de pie quebrado:

Si al/ me/cer/ las/ a/zu/les/ cam/pa/ni/llas (11)

de/ tu/ bal/cón (5)

crees que suspirando pasa el viento (11)

murmurador, (5)

sabe que oculto entre las verdes hojas (11)

suspiro yo. (5)

 

De nuevo una combinación de heptasílabos, endecasílabo y pentasílabo:

Yo/ sé/ cuál/ el/ ob/je/to (7)

de tus suspiros es;  (7)

yo conozco la causa de tu dulce  (11)

secreta languidez.  (7)

¿Te ríes?… Algún día  (7)

sabrás, niña, por qué.  (7)

Tú acaso lo sospechas,  (7)

y/ yo/ lo/ sé. (5)

 

La combinación de octasílabos y pentasílabos:

Cuan/do en/ la/ no/che/ te en/vuel/ven (8)

las alas de tul del sueño (8)

y tus tendidas pestañas (8)

semejan arcos de ébano, (8)

por escuchar los latidos (8)

 de tu corazón inquieto (8)

y reclinar tu dormida (8)

cabeza sobre mi pecho, (8)

die/ra, al/ma/ mí/a, (5)

cuanto posea: (5)

¡la luz, el aire (5)

y el pensamiento! (5)

 

Otra forma de combinar los mismos metros:

So/bre/ la/ fal/da/ te/ní/a (8)

el/ li/bro a/bier/to; (5)

en mi mejilla tocaban (8)

sus rizos negros; (5)

no veíamos letras (8)

ninguno creo; (5)

mas guardábamos ambos (8)

hondo silencio. (5)

¿Cuánto duró? Ni aun entonces (8)

pude saberlo. (5)

Sólo sé que no se oía (8)

más que el aliento, (5)

que apresurado escapaba (8)

del labio seco. (5)

Sólo sé que nos volvimos (8)

los dos a un tiempo, (5)

y nuestros ojos se hallaron (8)

¡y sonó un beso! (5)

 

En verso regular isosilábico tenemos un romancillo hexasilábico y una octava real endecasílaba:

Ce/rra/ron/ sus/ o/jos (6)

que aun tenía abiertos (6)

taparon su cara (6)

con un blanco lienzo (6)

y unos sollozando (6)

y otros en silencio (6)

de la triste alcoba (6)

todos se salieron. (6)

 

y

 

Besa el aura que gime blandamente (11)

las leves ondas que jugando riza;  (11)

el sol besa a la nube en occidente (11)

y de púrpura y oro la matiza; (11)

la llama en derredor del tronco ardiente (11)

por besar a otra llama se desliza; (11)

y hasta el sauce, inclinándose a su peso, (11)

al río que le besa, vuelve un beso. (11)

 

En su notación silábica, Gustavo Adolfo Bécquer, recurre a todas licencias de verso conocidas, desde la elisión (No sepa a dó camina), la diéresis (sobre una vïoleta), palabra final de verso en hemistiquio (Yo soy el símbolo [esdrújula] de la pasión [aguda], el primer hemistiquio daría un pentasílabo de seis sílabas fonéticas y el segundo de cuatro sílabas fonéticas) y desde luego, hiatos y sinalefas.

 

4. Estrofas parisílabas e imparisílabas

Las divergencias entre los modelos estróficos conservados en el Libro de los gorriones, las publicaciones originales de muchos de los poemas y la final fijación estrófica en la edición príncipe y las ediciones posteriores, producen confusión, al respecto de la extensión exacta de algunos versos; por ejemplo, el pentasílabo en la famosa Rima xi tiene al menos tres formas de lectura, aparece como hemistiquio en una posibilidad de lectura, como pie quebrado en otra y una más como verso independiente, aquí colocamos como ejemplo la primera estrofa:

Rima XI

—Yo soy ardiente, yo soy morena, 


yo soy el símbolo de la pasión, 


de ansia de goces mi alma está llena. 


¿A mí me buscas? 
                                     

—No es a ti, no.

*****

—Yo soy ardiente, yo soy morena, 


yo soy el símbolo de la pasión, 


de ansia de goces mi alma está llena. 


¿A mí me buscas? —No es a ti, no.

*****

—Yo soy ardiente,

yo soy morena, 


yo soy el símbolo

de la pasión, 


de ansia de goces

mi alma está llena. 


¿A mí me buscas? 
                                     

—No es a ti, no.

 

Existen al menos estas tres maneras en las que se presenta la misma estrofa en los diversos instrumentos de análisis con los que contamos. Sus estrofas son, por lo general, creaciones propias, es decir, no se ajustan a los modelos previstos en la preceptiva; sin embargo, a veces acude a formas tradicionales como la quintilla, en la Rima lX:

Mi vida es un erïal,

flor que toco se deshoja;

que en mi camino fatal

alguien va sembrando el mal

para que yo lo recoja.

 

En otras ocasiones, no existe estrofa sino que se dan estructuras que se completan por el discurso; por ejemplo, hay una declaración o serie de declaraciones que incluyen finalmente una pregunta como en la Rima XXVIII:

Cuando entre la sombra oscura

perdida una voz murmura

turbando su triste calma,

si en el fondo de mi alma

la oigo dulce resonar,

 

dime: ¿es que el viento en sus giros

se queja, o que tus suspiros

me hablan de amor al pasar?

 

5. Rimas asonantes y consonantes

Decimos que la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer se presenta esencialmente mediante el recurso de la rima asonantada en todas sus combinaciones vocálicas, este es un rasgo que será posteriormente adoptado por diversos poetas de un modo acusado. La rima asonante confiere cierta levedad que hace fluir el sonido de un modo inefable, revela sin violencia lo que no puede decirse, es menos un llamamiento o exordio que una verdad revelada por la intuición, un son que nos recuerda más una melodía inasible que una rotunda armonía, hay levedad, pues, en este recurso que aparece en casi todas las composiciones poéticas de Gustavo Adolfo Bécquer. Las rimas asonantes en este autor continúan la tradición del romance antiguo, que fija en los versos pares su ejecución, dejando los versos impares libres en el modelo xaxaxaxa…, aunque también cambia el sentido usando las impares para la rima en el modelo axaxaxax…, dejando libres los pares; de todas estas formas de rimar hay una especialmente notable, la número III, cuya rima es interestrófica, cambiando de rima cada dos estrofas, acercándose con mucha intención a lo que será años después el llamado verso libre, el modelo que sigue es: xxxa/xxxa/xxxb/xxxb/xxxc/xxxc…, la estrofa octava incluye un quinto verso que rima asonante, en la estrofa final asonanta los versos pares con el propósito de cerrar concluyentemente la rima y la composición, siguiendo el modelo xhxh, marco dos en cursiva y la rima final:

 

Rima III

 

Sacudimiento extraño

que agita las ideas,

como huracán que empuja

las olas en tropel.

 

Murmullo que en el alma

se eleva y va creciendo

como volcán que sordo

anuncia que va a arder.

 

Deformes silüetas

de seres imposibles;

paisajes que aparecen

como al través de un tul.

 

Colores que fundiéndose

remedan en el aire

los átomos del iris

que nadan en la luz.

 

Ideas sin palabras,

palabras sin sentido;

cadencias que no tienen

ni ritmo ni compás.

 

Memorias y deseos

de cosas que no existen;

accesos de alegría,

impulsos de llorar.

 

Actividad nerviosa

que no halla en qué emplearse;

sin riendas que le guíen,

caballo volador.

 

Locura que el espíritu

exalta y desfallece,

embriaguez divina

del genio creador…

Tal es la inspiración.

 

Gigante voz que el caos

ordena en el cerebro

y entre las sombras hace

la luz aparecer.

 

Brillante rienda de oro

que poderosa enfrena

de la exaltada mente

el volador corcel.

 

Hilo de luz que en haces

los pensamientos ata;

sol que las nubes rompe

y toca en el zenít.

 

Inteligente mano

que en un collar de perlas

consigue las indóciles

palabras reunir.

 

Armonioso ritmo

que con cadencia y número

las fugitivas notas

encierra en el compás.

 

Cincel que el bloque muerde

la estatua modelando,

y la belleza plástica

añade a la ideal.

 

Atmósfera en que giran

con orden las ideas,

cual átomos que agrupa

recóndita atracción.

 

Raudal en cuyas ondas

su sed la fiebre apaga,

oasis que al espíritu

devuelve su vigor…

Tal es nuestra razón.

 

Con ambas siempre en lucha

y de ambas vencedor,

tan sólo al genio es dado

a un yugo atar las dos.

 

En el plano de la consonancia, existen varias composiciones que atienden el modelo, son las menos, desde luego, y cumplen a cabalidad su forma a partir del último acento tónico (ojos-ada):

 

Rima XX

 

Sabe, si alguna vez tus labios rojos

quema invisible atmósfera abrasada,

que al alma que hablar puede con los ojos,

también puede besar con la mirada.

 

Hay una Rima, la XV, que hace mixtura de asonantes con consonantes, lo cual es una curiosidad estilística; inicia con dos conjuntos de pareados consonantes (bruma-espuma y sonoro-oro, decasílabos y pentasílabos) y concluye con una combinación de decasílabo y pentasílabo en asonante (luz-tú). Un detalle curioso: la sonoridad de los hemistiquios pentasílabicos es de carácter adónico.

 

Cendal flotante de leve bruma, (10)

rizada cinta de blanca espuma, (10)

rumor sonoro (5)

de arpa de oro, (5)

beso del aura, onda de luz, (10)

eso eres tú. (5)

 

6. Conclusión

La obra de Gustavo Adolfo Bécquer es de la mayor importancia para las letras en lengua española, su influencia es reconocible en las generaciones españolas del 98 y del 27, en la movilidad métrica de Antonio Machado y en el tratamiento delicado de Juan Ramón Jiménez, en la composición de metros de arte menor en Miguel Hernández y en el uso de la asonancia en Rafael Alberti, sus temas y sus atmósferas, así como su actitud devocional, los reconocemos en los modernistas americanos Rubén Darío y Amado Nervo. El uso de la asonancia en verso libre de Jaime Sabines podría tener también ese origen.

Hemos esbozado aquí algunos de los elementos característicos de su poesía, su obra aunque breve, exige todavía la relectura de los nuevos estudiosos de la literatura. Existe el prejuicio de que el siglo XIX es una antigualla insoportable, aquí hemos demostrado que los recursos y la vocación universal de esa época buscó construir el discurso de la modernidad con los elementos precarios de la novedad y de la profunda convicción de que el hombre es más que fuerza laboral bruta. Gustavo Adolfo Bécquer sigue siendo un poeta de obligada lectura.

 

 

Bibliografía

Bécquer, Gustavo Adolfo, Rimas, Madrid, Biblioteca Clásica Castalia, 2000, 242 pp.

—— Desde mi celda, Madrid, Biblioteca Clásica Castalia, 2001, 216 pp.

Beristáin, Helena, Diccionario de retórica y poética, México, Porrúa, 2000, 520 pp.

Guillón-Barret, Yvonne, Versificación castellana, México, Compañía General de Ediciones, 1976, 234 pp.

Lausberg, Henrich, Elementos de retórica literaria, Madrid, Gredos, 1983, 278 pp.

Marchese, Angelo, Dizionario di retorica e di stilistica, Milán, Arnoldo Mondadori Editore, 1978, 360 pp.

Montes de Oca, Francisco, Teoría y técnica de la literatura, México, Porrúa, 2003, 222 pp.