Molly Peacock: La ecuación del poema en prosa



Proponemos la lectura de un texto de la poeta, biógrafa y ensayista norteamericana-canadiense Molly Peacock (Buffalo, 1947) en torno al poema en prosa y su relación con el poema lírico. ha publicado  libros como The Second Blush y Cornucopia: New and Selected Poems. Su poemario más reciente es The Analyst (2017). La versión es de Jesús Moreno Cadena.

 

 

 

 

 

La ecuación del poema en prosa 

 

Poesía = Inocencia; Prosa = Experiencia. Tuve la certeza de esas ecuaciones. Aunque yo comencé a escribir en ambos géneros tan pronto como comencé mi existencia binacional hace más de veinte años, poesía y prosa permanecieron separadas como la moneda de Estados Unidos y la de Canadá, una con la cabeza de un presidente, la otra con el rostro de una reina. ¿El poema en prosa? Eso habría sido como Andrew Jackson con un conjunto de triple hilo de perlas en el billete de $20 USD. O la Reina Elizabeth II con un par de cejas peludas en el billete de $20 CAD.

Yo llevaba una cartera con un divisor de billetes. No, no comprendí el poema en prosa.

La poesía lírica vino desde un lugar profundamente interior, un dominio preverbal. La prosa era una herramienta de la conciencia. Dentro de su lógica de la vigilia, la frase articula ideas y argumentos. Pero la lógica del sueño articula impulsos. “¿Cómo debo contar esto?” es la pregunta de la narrativa. Nunca pensé sobre cómo contar un poema lírico. Únicamente pensé cómo hacer uno.

La poesía busca nombrar; la prosa busca explicar. Los poemas favorecen a los sustantivos; la prosa a los verbos. Los poemas tienen una gama de técnicas porque combinan dos tipos de música (verso y frase) pero se transfieren a un punto inmóvil (como si la música se volviera una pintura). La prosa tiene un tipo de música, que parece avanzar hacia adelante con sencillez relativa (frases integradas en oraciones integradas en cláusulas, c’est tout!).

Y quizá lo más importante para mí, los poemas se derivan de la Inocencia, o del desconocimiento. La prosa se deriva de la Experiencia, o del conocimiento. Es extraño comparar la ciudad de Nueva York con la inocencia, pero lo hice, ya que allí comencé mi vida poética. Canadá, donde me casé y empecé lo que pensé que era mi madurez, lo equiparé con la experiencia.

Las historias, entendí mientras esperaba en las filas aduaneras para declarar bienes y recibos de seguros de dos contadores diferentes para calcular los impuestos de dos gobiernos firmemente distanciados, no se componen en versos.

La separación de la iglesia y el estado, ¿no es fundamental? En Canadá no nos molestamos con eso. En Canadá muchos poetas también escriben prosa, o debería decir que los escritores de ficción como Anne Michaels, Michael Ondaatje, Susan Goyette, Margaret Atwood, Steven Heighton, y Jane Urquhart también escriben poesía. En Canadá, cruzando una frontera literaria que primero parecía gruesa e impermeable, intenté con la prosa y escribí una memoria. La motivación fue la misma de mis poemas. (“Por qué no decir lo que sucedió,” Elizabeth Hardwick aconsejó a Robert Lowell.) El salto a las memorias fue probablemente uno, pero contrario a las ideas habituales de búsqueda interior, este fue un salto hacia afuera, dentro de una discusión con la prosa. Comencé a estar fascinada por los ritmos de la Experiencia, lo que, en términos gramaticales, significa que me comencé a interesar por la oración. La memoria me llevó a considerar una forma de vida en el tiempo. Esto, a la vez, me llevó a la biografía.

La biografía, con su compromiso hacia la erudición y la verdad dicha, parece una parte tan importante del dominio prosaico de la Experiencia que casi podría ser el anti-poema. Hay muy pocos poetas biógrafos, pero yo comencé a serlo cuando escribí acerca de la artista de collage del siglo XVIII Mary Delany en mi libro The Paper Garden. En esa época, las dualidades en mi vida (dos culturas (una en la que coexisten dos idiomas), dos géneros, un sistema parlamentario, un sistema bipartidista, incluso dos sistemas de salud y un montón de equipos de huellas oculares y huellas digitales en la base de datos de máquinas Easy Entry Nexus) parecían naturales. La sinapsis y sus chispas.

Pero algo también viajó a través de una sinapsis en mi vida, y aún lo hace: las corrientes de una amistad de toda la vida en poesía. Sorprendentemente, Phillis Levin y yo hemos intercambiado poemas y hablado acerca de la naturaleza de la poesía por treinta y ocho años. (Nos conocimos como estudiantes de posgrado en los seminarios de escritura de la Universidad Johns Hopkins.) Phillis dictó una brillante conferencia acerca de los pronombres en el programa de la Spalding University Brief Residency MFA. Después propuso un ejercicio basado en el poema sensual de Herbert Lomas, “Something, Nothing and Everything.”

 

Escriba un poema que repita un pronombre en una serie de lugares e intervalos diferentes. No defina el sustantivo /nombre/ significado de ese pronombre. Usted mismo tampoco debe saber el sustantivo/ nombre/ significado: esto puede ser un misterio para usted también; o tal vez puede estar en términos íntimos con su naturaleza, aunque no pueda/ no le complazca nombrarlo.

 

Hice el ejercicio y me encontré escribiendo líneas mal definidas sobre un niño que sentía que él sabía cosas para las que no tenía palabras. (Su padre le había dicho que un pensamiento no existía hasta que fuera puesto en palabras.) Entonces se acumularon tantos pronombres que cedí y nombré a este compañero C. (Él era una suave y pequeña c, pero su padre era una mayúscula.) Después me di cuenta de que había escrito una parte de una pequeña biografía en versos que estaban más basados en oraciones de lo que creía que un poema podría estar.

Para entonces, después de décadas de encrucijadas, la frontera entre Canadá y los Estados Unidos se volvió para mí una membrana viva más que una línea. Ahora hay siempre dos pasaportes en mi bolso, así como fichas del metro de Toronto y una tarjeta de metro de Nueva York. Nunca dejé de escribir poemas líricos, pero ahora casi siempre estoy envuelta en un proyecto de investigación también. Podría hacer todo el alfabeto, pensé banalmente después de redactar la historia de esa suave y pequeña c.

La aliteración ha sido tratada injustamente en la poesía contemporánea, pero me preguntaba si realmente le presté atención a las raíces de esta técnica anglosajona, si un vocabulario particular podría brindar energía a estos poemas variados. La aliteración texturizó sus superficies. Así como la textura se construyó, la narrativa se relajó. Pronto estaba escribiendo pequeños momentos biográficos que había inventado por completo (para el alivio imaginativo desde el pesado trabajo de la investigación biográfica). Con una facilidad similar para equilibrar las dualidades cotidianas de mi vida, mezclé los versos dentro de las oraciones.

El género mezclado buscaba tanto nombrar como explicar. Favorecía a los sustantivos (y, debido a la aliteración) cabalgaba sobre los lomos de los verbos. A veces abandonaba la lógica de la vigilia por la lógica del sueño. Sus raíces eran internas y reconocía sus fuentes preverbales, pero esto se narró. Apuntaba a un punto fijo, pero, crucialmente, abandonaba la doble música del verso más la oración por la flecha individual de la oración. A ese respecto, el género mezclado había emigrado a la prosa. Pero la poesía era absolutamente la fuente, la tierra natal.

Eventualmente este proyecto creció a veintiséis segmentos con un título: Alphabetique: 26 Characteristic Fictions.

“Q del Alphabetique” de Kara Kosaka

Superando los años que había pasado con los collages florales de Mary Delany, deseé un componente visual para el Alphabetique. En un movimiento imaginativo mi casa editorial canadiense, McClelland & Stewart, respondió a mi sugerencia de colaborar con una artista de collage encontrando a una para trabajar conmigo: Kara Kosaka. El collage en sí es un género mezclado, y Kosaka lo practica con magnificencia. Su trabajo aquí es una respuesta ilustrada para “The poet” y “Q’s Quest.” Las imágenes que se producen normalmente en la poesía se producen como el material de los collages. La recombinación del trabajo escrito y las imágenes realza la noción de poema en prosa. Los collages de Kosaka también regresan el trabajo prosaico a su fuente poética: el nominativo. Porque los sustantivos evocan los objetos en los collages, traen de vuelta a la escritura hacia el momento de su nacimiento imaginativo.

Poemas = ¿Inocencia? Prosa = ¿Experiencia? Viajar de ida y regreso entre dos países de manera literal, física, virtual y figurativa me hizo entender que la Inocencia nunca se pierde. Nosotros no vivimos en una línea de tiempo unidireccional. Los eventos de nuestras vidas circulan dentro y fuera de formas tan inesperadas que repetidamente nos encontramos en estados de desconocimiento, estados de Inocencia, el ejemplo más fácil de esto ocurre cuando pensamos que las cosas eran de una manera, y resultan ser de otra. Luego, la Experiencia se reafirma a sí misma, tenemos que revisar nuestra historia. “The poet” y “Q’s Quest” en la edición de diciembre de 2014 son exactamente sobre eso.