Octavio Paz, a 30 años del Premio Nobel



El 11 de octubre de 1990 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura a Octavio Paz. Audomaro Hidalgo, en el siguiente texto, celebra ese acontecimiento que marcó a la literatura mexicana y, por supuesto, a la poesía que se escribe en español. 

 

 

 

 

 

 

De Mixcoac a Estocolmo, Octavio Paz: 30 años del Premio Nobel

 

Se dice que Saturno vuelve cada treinta años a la posición en la que se encontraba al momento de nuestro nacimiento. El retorno de esta energía, porque se trata de una energía y no de un planeta, significa el cuestionamiento de las estructuras personales, psíquicas y sociales que hemos creado. No solo las interroga sino que las transforma o las destruye para levantar nuevas bases y recomenzar con mayor templanza vital y madurez espiritual. El retorno saturnino es un periodo de indagación interior, de pausa reflexiva. Escribo estas líneas hoy que se cumplen treinta años del anuncio del Premio Nobel de Literatura a Octavio Paz. Escribo este texto porque siento la necesidad de volver a reflexionar sobre lo que para mí, en tanto que poeta mexicano, representa esta figura tan compleja y contradictoria, y porque desde hace tiempo quería decirlo: no hay un día de mi vida en que no piense en Octavio Paz. Es la frontera que se debe atravesar. Yo escribo desde hacia para por desde sobre contra Octavio Paz.

Así como sus grandes viajes y mudanzas riman con sus retornos jupiterianos, la vida de Paz coincide con el transcurrir del siglo XX. A través de su obra podemos ver y sentir la modernidad. Dicho de otro modo: porque él se propuso ser un poeta moderno es que apreciamos mejor en su trayectoria los cambios y vicisitudes de una época. Creo que no necesitamos demasiada perspectiva histórica para comprender y juzgar su obra. Pero su herencia va más allá de lo estrictamente literario. Paz nos enseñó, en primer lugar, que el trabajo de un escritor, quiero decir el de un poeta que de verdad se entrega, exige un enorme esfuerzo, voluntad, tenacidad, valentía, arrojo (iba a escribir sacrificio pero me abstuve, esta palabra tiene aún resonancias funestas en el alma de los mexicanos), disciplina, conciencia y paciencia. En segundo, que ser un poeta mexicano significa saber que pertenecemos a dos tradiciones imposibles de ignorar: la indígena y la española. Por último, su legado también es una lección de moral y de aprendizaje humano. Octavio Paz nos sirve para escribir y nos sirve para vivir.  

Estoy plenamente convencido de que T.S. Eliot y Octavio Paz son los dos poetas más importantes del siglo XX. Forman parte de un grupo muy reducido de poetas que influyeron en muchas lenguas. En el ámbito de las letras hispanoamericanas, pocos escritores tienen el poder de encantamiento que posee la prosa de Octavio Paz. Gracias a la pluma de Paz, el idioma castellano alcanza uno de sus mayores momentos de esplendor y de realización. Supo unir la clara exposición de las ideas con el centelleo de la imagen poética. Salvo en Corriente alterna y El mono gramático, en donde encontramos una escritura más nerviosa que estática, en el caso del primero; y una escritura en conflicto consigo misma en el segundo, la de Octavio Paz es una prosa clasicista de principio a fin, bien estructurada, organizada, concentrada, que casi nunca deja cabo suelto y que cuando cita, es para apuntalar o rectificar una idea propia o para discutir y examinar un argumento ajeno. Esto no impidió que incluso en sus mayores momentos de argumentación, el poeta cediera sitio al desarrollo de una intuición poética imprevista que abría otros senderos en su disertación. Párrafos de alta poesía hay en sus ensayos más sistemáticos como El arco y la lira, El laberinto de la soledad,Conjunciones y disyunciones o el Sor Juana. Esta es una diferencia capital entre Octavio Paz y los poetas franceses. 

En general, el estudio francés sobre la poesía y lo poético es demasiado textual, fijo obsesivamente en el objeto que estudia, cerrado, temeroso de poseer alas. Paz siempre busca comprender más allá del tema en sí mismo, insertarlo en otros contextos para encontrar significaciones más profundas, muchas veces complejas y otras insospechadas. La visión de Octavio Paz es la de un pájaro que mira lejos y penetra más hondo en la realidad y en la condición humana. No me sorprende que cuando algún escritor francés lo cita (por ejemplo, Maulpoix) acude al teórico, no al poeta. Porque es cierto, hubo una veta teórica en Paz, que él mismo pronto identificó, asumió y desarrolló. Se me dirá que en Paz el ensayista y el poeta son una y la misma persona. Lo que quiero señalar es que la imagen que se ha construido en Francia sobre Paz tiende a ser más la de un poeta estrictamente del pensamiento, en resonancia con cierta parte de la poesía francesa, aquella que representan Mallarmé, Valéry, Bonnefoy y todos los demás. Así han hecho de Octavio Paz no un poeta mexicano en francés sino un escritor parisino de élite. Si se examinan antologías como D´un mot à l´autre se verificará lo que digo. Por cierto, en la edición de Liberté sur Parole fueron suprimidos muchos poemas que integran la edición que nosotros conocemos de Libertad bajo palabra. Por último, los editores de Paz La Pléaide reunieron en el primer volumen toda su poesía y sus tres libros sobre el fenómeno poético. Poesía y poética: la presentación de un poeta crítico poco leído por los franceses, cuya ignorancia literaria, fuera de la tradición francesa, es vasta y es pasmosa. Me pregunto cómo organizarán, si es que lo hacen, el resto de la obra paciana en esa colección.

De Mixcoac a Estocolmo, la trayectoria intelectual de Octavio Paz es un enorme y dilatado esfuerzo de comprensión de la cultura moderna. Poesía e historia, filosofía, antropología, lingüística, artes visuales, política y moral, el oriente (budismo, hinduismo, taoísmo, tantrismo), artículos, glosas, hacen de su pensamiento no una obra sino toda una literatura. Son muchos y muy sólidos los fundamentos de la poética de Paz. Incluso en sus momentos de mayor experimentación, siempre mantuvo un pie en la tradición y otro en la aventura. Paz fue un poeta más del tiempo que del espacio. Lo concibió como creación incesante y no como angustiosa medida. Vio en el cambio permanente una manera de negarse y así continuarse para evitar la cristalización. La flexibilidad del viento y no la fijeza de la piedra. Fue un escritor-tlatoani que detentó la voz, la ocupó toda y la utilizó. Es necesario disputarle la ocupación de la palabra. A lo largo de toda su obra hay regadas muchas ideas como preciosas joyas espirituales. Esas ideas y observaciones pueden ser la base de nuevas creaciones. Hoy comenzamos a vivir plenamente en el siglo XXI, el nuestro, y a entrever su dirección. Nos toca a nosotros pensar por cuenta propia y a soñar con los ojos abiertos.   

Le Havre, 11 de octubre de 2020