Poesía norteamericana: Alan Shapiro



Leemos un texto del poeta norteamericano Alan Shapiro perteneciente a The courtesy. Algunos de sus libros son ife Pig (2016), Reel to Reel (2014), Night of the Republic (2012) y Old War (2008), que mereció el Ambassador Book Award. La traducción es de Eduardo Andrade Montiel.

 

 

 

 

En la víspera del levantamiento de Varsovia

 

Al final del servicio de Pascua, una copa de vino es colocada
a un costado por el profeta Elías. El mensajero de Dios, es él
designado para anunciar la era del mesías.
Elías ven en estado de gracia
Por tus buenas nuevas hemos esperado tanto
Ay de mí, ay de mí, ¿cuándo vendrá aquí?
Shh! A su debido tiempo vendrá aquí.
Decía mi tío, “De Elías es este vino.”
Hasta entonces fingía escuchar, ojos abiertos
llenos de piedad, mientras debajo de la mesa
pateaba a mi hermano por haberme pateado.
Las amargas hierbas y el pan ácimo 
que según mi tío estaban destinados a hacerme sentir
el ladrillo y el mortero, y la celeridad
entre las paredes de agua que el viento retenía—
para mí sólo significó una eterna
espera mientras él oraba, antes de comer.
Pero cuando el vino fue servido, la puerta se quedó abierta,
la espera parecía casi sagrada: un adorador,
la llama de la vela se torció con la repentina corriente.
Y por un instante creí que contemplaría
para iluminarme y beber en Su Luz
el Mar Rojo en el vaso
que nunca se partió.
Prontamente mi tío cerró la puerta cuando nosotros
nos enfriamos, y las llamas se enderezaron. “¿Dónde estaba Elías?”
Nadie en la habitación siquiera lo preguntó.
Y ahora pienso, sabiendo lo que sé,
que si alguna vez alguien hubiera venido a nosotros,
tan sólo habría venido a echar un vistazo
y no a beber; para mirar sobre el cristal,
mirando dentro del vino, de la misma manera que a través
de la noche entera, la pequeña llama se mantenía igual que Dios,
alguien que hubiera sabido que las innumerables
puertas que han sido abiertas, se han cerrado;
personas sin nombre que miraron hasta convertirse
en el brillo del vino que miraban.

 

 

 

 

 

On the Eve of Warsaw Uprising

 

At the end of the Passover service, a cup of wine is set

aside for the prophet Elijah. The messenger of God, he is

appointed to herald the era of the messiah.

Elijah come in glorious state

For thy glad tidings long we wait.

Ah me, ah me, when cometh he?

Hush! In good time cometh he.

My uncle said, “This is Elijah’s wine.”

Till then I mimicked listening, wide-eyed

with piety, while underneath the table

I kicked my brother back for kicking me.

The bitter herbs and the unleavened bread

that my uncle said were meant to make me feel

the brick and mortar, and the hurrying

between the walls of water that wind held back—

to me meant only an eternity

of waiting while he prayed, before a meal.

But when that wine was poured, the door left open,

waiting seemed almost holy: a worshipper,

the candle flame bowed in the sudden draft.

And for a moment I thought I’d behold

to brighten and drink up into His Light

the Red Sea in the glass

that never parted.

For soon my uncle closed the door when we

grew cold, and the flames straightened. “Where was Elijah?”

Nobody in the room had ever asked.

And now I think, knowing what I know,

if anyone had ever come to us,

he could have come only to keep watch

and not to drink; to look upon the glass,

seeing within the wine, as from across

the whole of night, the small flame still as God;

someone who would have known the numberless

doors that have been openend, to be closed;

the nomerless who watched till they became

the shimmer in the wine he looked upon.