Poesía y traducción: prefacio a Anábasis de St.-John Perse por T.S. Eliot



Hacia 1930, T.S. Eliot presenta su traducción de Ánabasis, publicado por St.–John Perse sólo 6 años antes. El poema será traducido posteriormente por Eliot una segunda vez, considerando revisiones a la primera edición y buscando construir más eficazmente ese “lógica imaginativa” que ya intuía en su primer intento por transvasar los versos de Perse al inglés. Perse, quien obtuviese en 1960 el Premio Nobel de Literatura, logró consolidar en Anábasis un ícono de la exploración tierra adentro sustentada en la fractura de espacios y tiempos, haciendo de la Conquista toda intrusión en tierras indómitas, toda exploración hacia lo incognoscible. Aquí, en versión de Gustavo Osorio de Ita, recuperamos el prefacio que Eliot preparase para esta obra poética, considerada una de las cumbres de la poesía francófona del siglo XX, en donde también se puede intuir una suerte de poética, traductología e incluso una guía de lectura al poema de Perse.

 

 

 

 

PREFACIO A ANÁBASIS DE ST.-JOHN PERSE POR T.S. ELIOT

 

No me encuentro, en manera alguna, convencido de que un poema como Anábasis requiera del todo de un prefacio. Resultaría mejor leer un poema como este cinco veces y olvidarnos de toda explicación. Sin embargo, cuando un poema es presentado en la forma de una traducción, la gente que nunca ha oído de éste se encuentra naturalmente inclinada a demandar cierto testimonio. Así que aquí presento el mío.

Anábasis es actualmente ampliamente conocido, no sólo en Francia, sino también en otros países de Europa. Una de las mejores introducciones al poema es aquella de Hugo von Hofmannsthal, la cual conforma el prefacio a la traducción alemana. Existe otra propuesta por Valéry Larbaud, aquella que presenta la traducción al ruso. Y contamos también con una nota informativa, redactada por Lucien Fabre, en la Nouvelles Littéraires.

En cuanto a mí, una vez habiendo sida atraída mi atención al poema a través de un amigo en cuyo gusto confío, no hubo necesidad de un prefacio. No necesité que se me fuera señalado, tras una primera lectura, que la palabra anabásis no sostiene una referencia particular con Jenofonte ni con la Marcha de los Diez Mil, ninguna referencia particular con respecto a la Asia Menor; y que ningún mapa de sus migraciones podría ser dibujado. El Señor Perse ha ocupado la palabra Anábasis en el mismo sentido literal en el que el mismo Jenofonte la usaba. El poema es una serie de imágenes de migración, de conquistas de vastos espacios sobre los despojos asiáticos, de la destrucción y fundación de ciudades y civilizaciones de todas las razas y épocas del antiguo Oriente.

Podría, pienso, recuperar dos nociones del Sr. Fabre que quizás resulten útiles al lector de esta traducción. La primera es que cualquier obscuridad del poema, en las primeras lecturas, se debe a la supresión de los “vínculos en la cadena”, de toda materia explicatoria o de conexión, y no a la incoherencia o al amor por los criptogramas. La justificación de tal abreviación en el método radica en que la secuencia de imágenes coincida y se concentre en una sola e intensa impresión de las civilizaciones barbáricas. El lector tiene que permitir que las imágenes caigan en su memoria sucesivamente sin preguntarse a cada momento sobre su raciocinación singular; así, al final, se producirá un efecto total.

Tal selección de una secuencia de imágenes e ideas no es en absoluto caótica. Existe una lógica de la imaginación tanto como una lógica de los conceptos. La gente que no aprecia la poesía siempre encuentra difícil distinguir entre el orden y el caos en el acomodo de las imágenes; e incluso aquella gente capaz de apreciar la poesía no puede depender en las primeras impresiones. Yo no me encontré del todo convencido del orden imaginativo del Sr. Perse sino hasta habiendo leído el poema unas cinco o seis veces. Y si, tal y como sugiero, tal acomodo de imágenes requiere tanto “trabajo mental fundamental” como el acomodo de un argumento, es de esperarse que el lector de un poema deba tomarse por lo menos tanta molestia como un abogado que da lectura a una importante veredicto en un caso complejo.

Me refiero a este poema como un poema. Sería conveniente si la poesía fuese siempre en verso, ­ya fuese éste acentuado, aliterativo o cuantitativo; pero esto no resulta cierto. La poesía puede ocurrir, tomando en cuenta un límite definido en un lado, en cualquier punto a lo largo de la línea cuyos límites formales son “el verso” y “la prosa”. A mi parecer, el escritor, al usar, tal y como lo hace el Sr. Perse, ciertos métodos exclusivamente poéticos, algunas veces es capaz de escribir poesía en lo que comúnmente se da en llamar prosa. Algún otro escritor puede, revirtiendo el proceso, escribir una gran prosa en verso. Existen dos sumamente simples mas insuperables dificultades en cualquier definición de “prosa” y de “poesía”. La primera es que contamos con tres términos cuando necesitamos cuatro: tenemos “verso” y “poesía” por una parte, y sólo “prosa” por otra. La otra dificultad es subsecuente de la primera: que las palabras implican una valoración en un contexto cuando no en el otro. “Poesía” introduce una distinción entre el buen verso y el mal verso; pero no tenemos una palabra para separar la mala prosa de la buena. De hecho, mucha de la mala prosa es prosa poética; y sólo una muy pequeña cantidad de los malos versos resultan malos por ser prosaicos.

Con todo, Anábasis es poesía. Sus secuencias, la lógica de su imaginario, pertenecen a la poesía y no a la prosa; y, en consecuencia –a lo menos las dos cuestiones se encuentran íntimamente ligadas– su declamación, el sistema de acentuaciones y pausas, el cual se exhibe parcialmente a través de la puntuación y del espaciado, son aquellos de la poesía y no de la prosa.

La segunda indicación del Sr. Fabre es una que pienso a bien tomar prestada para el lector de la traducción: una sinopsis tentativa del movimiento del poema. Es un esquema que quizás pueda concederle al lector un poco de orientación en su primera lectura; cuando ya no la requiera podrá olvidarlo. Las diez divisiones del poema se presentan de la siguiente manera:

  1. Llegada del Conquistador al lugar de la ciudad que está por comenzar a edificar.
  2. Trazado de los planos de la ciudad.
  3. Consulta de los augurios.
  4. Fundación de la ciudad.
  5. Apremio por llevar más allá las exploraciones y las conquistas.
  6. Esquemas para la fundación y la conquista.
  7. Decisiones para salir adelante.
  8. Marcha a través del desierto.
  9. Llegada al umbral de un nuevo y gran país.
  10. Aclamación, festividades, reposo. Y aún así la urgencia por una nueva partida, esta vez en compañía del marinero.

Y pienso esto es todo cuanto tengo que decir en torno al Anábasis de Perse. Creo que esta es una pieza de tanta importancia como el último trabajo de James Joyce, tan notable como Anna Livia Plurabelle. Y vaya que esta es una alta estimación.

Tengo un par de palabras más que decir, una sobre el autor, la otra sobre la traducción. El autor de este poema es, incluso en el sentido más práctico, toda una autoridad en torno al Lejano Oriente; él ha vivido ahí, así como también en los trópicos. En cuanto a la traducción, no hubiese sido tan satisfactoria como de hecho lo es, si el autor no hubiese colaborado conmigo a tal punto de tornarse co-traductor de la misma. Él posee, puedo dar testimonio al respecto, un sensible e íntimo conocimiento de la lengua inglesa, comparable con aquel de la suya propia.

1930