Se presenta Álamo, colección de poesía mexicana, en Bellas Artes



El próximo martes 27 de septiembre, a las 19 horas, se presenta en la Sala M. Ponce de Bellas Artes, la colección Álamo de poesía mexicana, organizada por Rogelio Guedea. Presentan Porfirio Romo Lizárraga, Mario Bojórquez y Alí Calderón.

Rogelio Guedea, en Lectorum, ha construido la colección Álamo de Poesía. Se trata de una serie de diez títulos, diez antologías, a decir de Guedea, de “los autores mexicanos vivos más importantes del siglo XX”. Antologías de Eduardo Lizalde, Jaime Labastida, Gabriel Zaid, Marco Antonio Campos, Héctor Carreto, Dana Gelinas, Mario Bojórquez, María Rivera, Heriberto Yépez y Alí Calderón. La colección “tiene como propósito mostrar varias generaciones de poetas…para ver así la evolución que ha tenido la poesía mexicana a través de estos autores”.

Guedea fue coordinador de los dos tomos de la Historia crítica de la poesía mexicana (FCE, 2015) y del libro de ensayos sobre historia literaria Reloj de pulso. Crónica de la poesía mexicana de los siglos XIX y XX (UNAM, 2011).

 

 

Eduardo Lizalde

Eduardo Lizalde es el poeta esencial del siglo XX mexicano. Es autor de una poesía abiertamente descarnada, terrenal, amarga pero también irónica, tierna pero igualmente desafiante, que recorre las nervaduras, más íntimas del hombre y las expone como se exponen a la intemperie las vísceras aún tibias de un animal herido. Pertenece a esa generación de poetas existenciales (Dante, Blake, Girondo, Vallejo, Sabines) que entendieron que cada palabra era, en estricto sentido, una saeta mortal, y así había que utilizarla en la factura de cada poema. Por eso escribe: ” para nombrar un ciervo/ hay que tener mejores músculos que el ciervo “. El amor (pero sobre todo el erotismo), el tiempo, Dios, a reflexión sobre el oficio poético, el sentido del mundo, fueron los principales temas que absorbieron al poeta, y a cada uno de ellos los labró con cincel y luz refulgente. Entre, pues, el lector y disfrute una de las obras más fascinantes de nuestro canon poético nacional. (Guedea)

 

Gabriel Zaid

La de Gabriel Zaid es una de las obras más sólidas de la tradición poética mexicana. En su poesía converge pureza de estilo, claridad en su menaje, gusto por las formas métricas populares (la canción, el soneto, etcétera) y una inclinación por darle a la naturaleza (pájaros, árboles, el sol, la lluvia, el mar) un lugar protagónico. Entrar en su obra es ingresar en un pequeño jardín de nítida luz al mediodía. Su poesía es una claridad furiosa. Aunque el conjunto de su obra poética es breve, esta brevedad es un acierto de concisión y transparencia del lenguaje, en donde el silencio también tiene voz. El silencio, en más de una ocasión, dice lo que su palabra calla. Con esta selección de su poesía pretendemos acercar al mayor número de lectores a una de las figuras clave de nuestra lírica nacional. (Guedea)

 

Jaime Labastida

Aunque parezca lo contrario, la tradición poética mexicana no es rica en la práctica del poema de raíz filosófica y reflexión metafísica. El referente más visible de esta arquitectura del pensamiento poético la seguimos encontrando en “Muerte sin fin”, de José Gorostiza. Sin embargo, esta vertiente de nuestra lírica nacional tiene otros referentes esenciales, entre ellos Jaime Labastida, cuya poesía es paradigma en cuanto a la exploración (desde la poesía) de los temas esenciales de la filosofía: la muerte, el paso del tiempo la vida en sus múltiples facetas, el dolor, la fragilidad del ser humano, la naturaleza, etcétera. En “Álgebra del polvo” se ha hecho una selección de la poesía que combina emoción y pensamiento en la obra de Labastida, a fin de mostrar su perfil más íntimo y humano, buscando se reafirme con ello como lo que es: uno de los poetas fundamentales de nuestra tradición. (Guedea)

 

Marco Antonio Campos

En muy pocas obras de nuestra tradición poética nacional se puede ver una relación tan estrecha entre poesía y vida como en la obra de Marco Antonio Campos. Si no se antepone este vínculo, la poesía de Campos simplemente no se entendería y, por extensión, no existiría. La suya es una poesía propia de la pulsión romántica: íntima, crepuscular, testimonial, solidaria y siempre honesta, pero sin que esta dimensión tan personal pierda jamás su dimensión universal. La mejor metáfora para definir una poesía a través de la cual transcurren muchos nombres y países, muchas circunstancias pasadas y por venir, sería asumiendo que la historia individual del poeta es, a un mismo tiempo, la historia de nuestra propia circunstancia, de tal modo que la vida del poeta es espejo en el que nos miramos y ventana a través de la cual tomamos conciencia de la realidad. Por eso, cuando Campos escribe: “Oh Dios, vi tanto”, nosotros, que a través de su entrañable poesía vemos tanto, nos sentimos también agradecidos. (Guedea)

 

Héctor Carreto
Ironía y antisolemnidad (incluso irreverencia) son palabras que definen la propuesta poética de fondo de la obra de Héctor Carreto, un poeta que, como ningún otro en la tradición lírica nacional, ha sido capaz de actualizar y resignificar toda la sabiduría grecolatina para poder entender las convulsiones de nuestro tiempo presente. En la poesía de Carreto desfilan, enardecidas y expuestas como entrañas, las pasiones y los vicios que han subyugado al ser humano: la envidia, los celos, la avaricia, la muerte, Dios, el dolor, la traición, la injusticia, la soledad, la terrible vanidad, los insaciables deseos de alcanzar la gloria, el paso del tiempo: “Aunque mi abuela haya comprado el reloj del oro más fino/,el tiempo seguirá comiéndose a la vieja con el mismo apetito”. Todo esto lo mira Héctor Carreto con la ceja en ristre, impermeable siempre a toda adulación y lambisconería, pero sujeto, en cambio, al divertimento y a ese sentido lúdico con que todos deberíamos ver la vida. Por eso, la espontaneidad, la frescura y la agudeza de pensamiento y estilo de la poesía de Carreto no dejará indemne a ningún lector. (Guedea)
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Dana Gelinas
En el panorama de la poesía mexicana escrita por mujeres, Dana Gelinas sobresale por su capacidad para reflexionar -de una manera punzante y sin concesiones- sobre la vida y sus alrededores. Sus armas más potentes son, aunque parezca paradójico, la ironía y la ternura, con la cuales hace una critica feroz de todo aquello que le rodea, dándole su justa dimensión humana a lo sin razón, solemos sacralizar. (Guedea)
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Mario Bojórquez
Una de las obras más fascinantes de la poesía mexicana actual es, sin duda, la de Mario Bojórquez. Desde sus primeros poemas, la poética de Bojórquez se erigió canto de altísima liricidad. No es un poeta de ideas o reflexiones, sino de emociones que permean nuestras fibras más íntimas, y nos sobrecogen. También de emociones que piensan y reflexionan sobre aquellos vicios que nos destruyen: “todos tenemos una partícula de odio…”. Bojórquez es el poeta del fuego arrasador. Exacto su oído en el sentido del ritmo (es, de su generación, quien más ha tenido conciencia de su importancia), su poesía es alabanza de la mujer y labranza del amor, y como todo poeta de barro no es ajeno a las tribulaciones de la muerte, del olvido y, por supuesto, del tiempo: “yo soy el próximo tren, el que aún no llega: Soy el tren del futuro, ningún tiempo me alcanza”. También para Bojórquez el lenguaje es una patria total a la vez ajena y familiar, por eso cada uno de sus versos es una hazaña de los sentidos y un vértigo para los afectos. Su poesía es el lugar de los estremecimientos. (Guedea)
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María Rivera
En su poema Respuesta, la poeta María Rivera, una de las voces más potentes de la poesía mexicana contemporánea, nos da su declaración de principios y, por extensión, los ámbitos que abarcará su poesía. Escribe: “Es triste, lo sé. / Pero no tengo corazón para las cosas / felices de este mundo”. En efecto, la poesía de Rivera está manchada de sangre, de entrañas calientes, del puro dolor del mundo. Su gran tema es una herida abierta. Con una fuerza expresiva que sólo se da en los poetas de verdad, Rivera nos adentra en un mundo interior que no hace sino reflejar la tragedia consuetudinaria de la vida de todos. El poema a su madre es el poema de todas nuestras madres. Su poema a Dios es el poema de nuestro Dios. Su poema a los muertos que ha dejado la violencia de nuestro país es el poema de todos nuestros muertos. La poesía de María Rivera es, a un tiempo, la realidad que nos habita y la tragedia que habitamos. (Guedea)
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Heriberto Yépez
Si alguien en nuestro país ha puesto en jaque todos los paradigmas culturales y literarios a través de una pensamiento crítico y punzante, que le ha creado más de un linchamiento mediático, ése ha sido Heriberto Yépez. Es verdad que es en el ensayo y la novela donde se ha hecho más visible su propuesta literaria, sin embargo esta selección de su poesía es la constancia de que también en este género es imprescindible para nuestra tradición. La poesía de Yépez cuenta, piensa y metaforiza (todo a un mismo tiempo) nuestra (s) crisis del mundo contemporáneo, en especial del mexicano. Dos fronteras lo subyugan: qué lugar ocupa en el mundo y qué lugar ocupa el mundo en él. Por eso escribe:”Estoy atorado / entre este y el otro lado.” En todo, pues, lo que signifique una fisura, un cuestionar lo establecido, un darle un nuevo orden a las cosas, un límite entre esto o aquello ahí estará la poesía vital, irónica y perspicaz de Heriberto Yépez haciendo de las suyas. (Guedea)
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Alí Calderón
Desde sus primeros poemas, Alí Calderón mostró un especial interés por recuperar dicciones poéticas muy alejadas de su tiempo. Pero no sólo dicciones, sino también identidades, presencias y nuevas formas que pudiera atisbar en el porvenir. Este ejercicio de religarse con el pasado y de aventurarse al futuro no lo ha abandonado hasta el día de hoy, pero pasó de ser una mera voluntad evocativa a convertirse en prácticamente una manera de reconstruir su propia actualidad, sólo para reconfirmarse (y reconfirmarnos) que, aunque el lenguaje está en constante transformación, la esencia del hombre permanece intacta. Esta “correspondencia” de tiempos le dan a su poesía un aire de tradición y novedad a su mismo tiempo. Por ello lo que se ha dicho sobre la obra de Edmond Jabés es lo que se puede decir sobre la poesía Alí Calderón: que la suya es el lugar en donde el pasado, el presente y el futuro convergen y se disuelven el uno en el otro, confundiéndose para convertirse en un perpetuo aquí. (Guedea)
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