Poesía colombiana: Luisa Masiel

Edinson Aladino y Martha Cecilia Ortiz Quijano construyen la serie "Otros lugares, otras voces: Muestra de poesía colombiana". Leemos aquí algunos textos de Luisa Masiel (Pereira, 2000). Fue ganadora del concurso de cuento y poesía de la universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Sus poemas fueron publicados en Luz al vórtice de las palabras: Cartografía poética de mujeres colombianas (Editorial Escarabajo, 2022).

 

 

 

 

 

 

Luisa Masiel​​ (Pereira,​​ 2000).​​ Ha vivido​​ siempre​​ en Cartagena del Chairá, Caquetá, un territorio situado al lado del río Caguán, que significa “mirador”. Cartagena del Chairá es un municipio muy reciente, fundado en 1963. Ganadora del concurso de cuento y poesía de la universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. ​​ Sus poemas fueron publicados en​​ Luz al vórtice de las palabras:​​ Cartografía poética de mujeres colombianas,​​ Editorial Escarabajo, 2022.

 

 

 

***

 

 

 

En​​ la garganta se encuentra la obediencia

 

Tantos años dejándome​​ 

tumbar de tos por el viento de las

heladas, aprendiendo la diferencia

entre la rula, el machete y la peinilla

y hasta ahora me vengo a acordar de​​ 

los ombligos de los perros.

 

Ahora, cuando no hay forma en

que yo vuelva y tan lejos tengo que irme,​​ 

olvidaré mi aliento de serpiente. Olvidaré a Anselmo,

que quedó penando en la tigrera.

 

Dejaré a Anselmo, a mi aliento de serpiente​​ 

y a los ombligos de los perros,​​ 

allá donde Dios no puso​​ 

ni una puntilla, pero me enseñó​​ 

que en la garganta se

encuentra la obediencia​​ 

y que saber sobre la rula,​​ 

el machete y la peinilla​​ 

sirve únicamente

cuando no te sacan de​​ 

esta tierra.

 

 

 

 

 

 

Conocí la arena en un callejón

 

A mi lado está mi madre y sus

manos de ordeño.

Pido ayuda adentro del monte

desde adentro del viento,

me convierto en un espanto más

al que le corren las bestias

y los viajeros,

corren en este arenal​​ 

y solo un incrédulo​​ 

se atreve a venir

cuando lloro a mi madre,​​ 

a mi madre tirada en el suelo.

 

Yo como sé que los muertos no se dejan

solos porque se desaparecen,

me quedo en el monte,

me vuelvo vieja imaginando​​ 

mi vida​​ 

sin​​ 

Nely,​​ 

mi madre.​​ 

 

A los tres conocí la arena

en una suela de caucho.​​ 

A los tres una suela de caucho

me enseñó que, en la unión de la fuerza,​​ 

la cumbamba y la arena​​ 

se siente la muerte​​ 

del animal doméstico.

 

 

 

 

 

 

 

Dolores canacué y porqué abrazar a las cloacas

 

Nadie deja su casa​​ 

en la orilla de una cañada

si va a trastear​​ 

su vida en una​​ 

maleta.

 

Yo soy como Dolores Canacué,

prefiero abrazar a las cloacas

en el borde del viejo carro verde que​​ 

mi padre dejó y preguntarte​​ 

cuántos años más

necesitas para emprender esta guerra

contra mí.

 

Cada día es un​​ 

pequeño trasteo y el​​ 

“no me digas que vas a volver”

me sigue como Dolores,

Dolores Canacué.

 

Hay culpas más dañinas​​ 

que el pico de los loros.​​ 

Esta culpa que es un

loro aprendió a decir​​ 

Dolores Canacué.

 

A ese loro, que lleva forrada​​ 

mi culpa, la culpa que llevo​​ 

por Dolores Canacué, lo alimento

con comida de sal

para que se arranque las plumas​​ 

y muera de frío

en el borde verde​​ 

de una cañada.

 

 

 

 

 

 

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