Discurso de aceptación de la Medalla Vicente Huidobro a la Trayectoria en Lengua Española 2025, Fundación Iberoamericana para las Artes y Festival Primavera Poética.
Salón Dorado del Teatro Municipal de la Ciudad de Lima, Perú,
25 de septiembre de 2025.
Buenas noches, quiero agradecer su amable presencia esta noche en el magnífico Salón Dorado del Teatro Municipal de Lima y la amistad y afecto de mis queridos poetas Harold Alva y Mario Meléndez, que han propiciado este hermoso encuentro de la poesía iberoamericana. He preparado para leer unas líneas sobre Poética y agradecer con ellas la honrosa distinción que se hace a mi obra:
Notas sobre la Poética
La escritura es un acto solitario, se escribe desde la oquedad del ánimo. Nos llega desde alguna parte de la atención descuidada un sonido, una relación aparentemente sutil entre dos objetos, el destello insoportable de una visión. Nunca sabremos, propiamente, de dónde viene ese impulso que nos hace volver los ojos sobre la caligrafía nerviosa o firme que revela un misterio de nuestra personalidad. Según los propósitos de esa escritura que ejercitamos, puede, incluso, ser el acto más profundamente personal e íntimo. En ocasiones conocemos la primera palabra de nuestro texto pero muchas veces no sabemos cuál será la última. Escribir es un acto tan privado que nos causa cierto rubor hacerlo en presencia de personas desconocidas.
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Publicar nuestros escritos es ya una forma de socializar aquella soledad, se publica y se comparte con los otros la intimidad de nuestros pensamientos, lo secreto se vuelve colectivo, se construye un sentido plural de lo que había sido apenas un balbuceo, un ronco rugido que emergía de la más sorda garganta de nuestra afectividad. Al publicar un texto, desaparecemos. No somos más los poseedores de una verdad única, somos acaso una voz desdibujada por la firmeza de lo real, somos, para entonces, la respiración acallada que husmea en el corazón del otro. El desprevenido lector, no percibe que alguien acecha tras la página impresa. La escritura se vuelve, en ese momento, un puente para llegar a la otra orilla de nuestro sueño. Se cumple así el tornaviaje de aquel impulso solitario, de aquella meditación entrecortada que se convirtió en línea, en música para los ojos de otra persona que también construye, junto con nosotros, su propia versión de los sucesos.
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El lector que imaginamos, el atrevido lector que ha osado penetrar en estas líneas, debe saber, al menos, el riesgo que corre al pasar los ojos por las palabras que aquí se reúnen: encontrará en estas letras la posible pulsión de alguien que escribe desde una porción del español contemporáneo, descubrirá ciertas zonas de sus propios pensamientos reflejadas en diversas gradaciones anímicas, comprenderá, de algún modo, que el misterio de la poesía sigue produciendo el encantamiento que el alma humana necesita, iniciará un diálogo con todos los fantasmas que lo habitan y se reconciliará con ese otro que somos frente al espejo de nuestra fragilidad. Escribir es un acto solitario. Leer es una comunión, un compartir el alto sueño de ser hombre.
Muchas gracias. Concluyo esta intervención breve con una oración, porque siempre es bueno, en todo momento es bueno, orar:
Lava tu cuerpo a la orilla del agua
Que se lleve tu angustia corriendo hacia otros mares
Talla la costra acumulada en tus pliegues
Sin miedo a que se lleve también tu propia piel
Lava tus manos de toda su impiedad
Que nunca más señale ese dedo la infamia
Que nueva y limpia, que inocente
Pueda estrechar sin duda las manos de otros hombres
Lava tu cara y tu cabeza en el agua corriente
Que se borren los gestos miserables
Pensamientos funestos
Lava tu alma corrige tu escritura








