Poesía colombiana: Carolina Cárdenas

Leemos una muestra de poemas de la poeta colombiana Carolina Cárdenas

 

Fundó la revista literaria​​ Gavia​​ de la Universidad Distrital (2005), la cual dirigió y editó. Becaria (Universidad Central) del Diplomado en Creación Literaria (2006). Becaria (IDARTES) del Taller de Novela Ciudad Bogotá (2015).​​ La danza de las moscas​​ (2025, Visum.e.m, México).​​ Mañana será otro día y otros cuentos​​ (2025, Vocalibus, México).​​ Llenando de colores el silencio​​ (2025, Atenea).​​ Después de la nada​​ (2023, Conunhueno, Chile) (2025, Escarabajo).​​ Caen cenizas sobre la ciudad​​ (2021, Conunhueno, Chile). Finalista en la Convocatoria de poesía Nueve editores con la obra​​ Después de la nada​​ (2021). Premio Internacional de Poesía, Rostros para autores con un rostro con las obras​​ Ninguna tierra me habita Y sin embargo soy. Ganó el Concurso de Cuento Estímulos a la Creación Artística (2006) con el libro​​ Parajes inesperados. Ganó el segundo puesto en el Concurso Nacional de cuento El Túnel (2011) con el texto​​ A la deriva. Finalista en el Concurso Nacional de Cuento La Cueva con el texto​​ Mañana será otro día​​ (2012).​​ Fue columnista en el Periódico​​ El Mañana, en México.​​ Actualmente, columnista de un blog en El Tiempo. También ha sido docente de Escritura Creativa en el área de Cultura y mesa de diversidades en la Municipalidad de Valparaíso, Chile.​​ 

 

 

 

Bogotá, 20 de agosto de 2020

 

El fanático  ​​​​ el exiliado  ​​​​ los campesinos  ​​​​ todas las muertes me transitan en este tiempo soy solo eso afuera el mundo se ha hecho rojo es una mosca monstruosa vuela sobre mi cuerpo de cemento una palpitación se oye en la piel de la ciudad que se une a la mía del abismo-estómago de las calles sale un grito torturador en un árbol brotan nidos muertos que se precipitan a un espacio vacío ningún habitante del mundo podrá decir que no ha padecido locura en medio de una tierra infestado de insectos​​ 

en el silencio-nada un copetón se balancea en una rama de metal que tiene por hojas almanaques de Bristol derretidos por el sol y desvanecidos por la lluvia​​ 

existe una nada que consume lo que va tocando

una nada​​ 

 

 

 

Bogotá, 09 de agosto de 2020

 

Soy ​​ mosca rodeada por miles de moscas  ​​ ​​ ​​​​ algo afuera exuda ​​ podredumbre  ​​ ​​ ​​​​ la ciudad es cuerpo desconocido donde convergen los gritos de la prostituta  ​​​​ el indigente  ​​​​ el obrero y la pobreza  ​​ ​​ ​​ ​​​​ un murmuro me dice que no estoy sola  ​​ ​​ ​​​​ las palomas copulan en los techos  ​​ ​​ ​​​​ afuera somos repetición de tejas y calles averiadas  ​​ ​​ ​​​​ de las semillas de cemento nace musgo  ​​ ​​ ​​​​ el silencio no existe  ​​​​ nunca ha existido  ​​ ​​ ​​​​ un olor a incinerado abarca un paisaje de muertos  ​​ ​​ ​​​​ afuera las cosas desaparecen  ​​ ​​ ​​​​ la inexistencia es lo único que nos precede  ​​ ​​ ​​​​ hasta el silencio ha dejado de ser sonido mientras nos vamos acercando a ser despojos

 

 

 

Bogotá, 26 de agosto de 2020

 

De mi cabeza salen lenguas

Soy solo cuando hablo con las otras  ​​ ​​​​ me moran y alejo de mis vísceras las larvas  ​​ ​​ ​​ ​​​​ hay un paisaje de cemento que llora mi silencio-grito-aullido vive entre mis sueños​​ y los estados de trance en los que soy otras  ​​ ​​ ​​​​ debajo de las sillas de madera y metal salen enormes dientes de león los desamparados  ​​​​ travestis y los que no sueñan se desvelan pensando que sus átomos

se evaporan al ser evocación de exilio

pensamiento

que nadie

piensa y se vuelve​​ 

 ​​ ​​ ​​​​ al no ser pensado

 ​​ ​​ ​​ ​​​​ n

 ​​ ​​ ​​ ​​​​ a​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​​​ d

 ​​ ​​ ​​ ​​​​ a

 

 

 

Bogotá, 06 de agosto de 2020

 

A mí que tengo ideas repetitivas

 

Mi pensamiento es una nebulosa de moscas​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ donde converge la misma idea​​ 

en estado larval

Me sumerjo en el paisaje de un edificio que se repite

entre avenidas de nubes que exhalan olor a cadáver​​ 

y me hacen creer que vivo al interior de una cloaca​​ 

donde brotan rosas y tulipanes como enredaderas

en la que el silencio no existe a menos que sea ruido

 

Soy estruendo en una estancia donde el grito es lo único​​ 

posible

para romper con la mirada fija  ​​ ​​​​ la misma cavilación​​ 

y la palabra que como una ola vuelve

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ a la orilla del tiempo

 

 

 

Bogotá, 06 de agosto de 2020

A mi insomnio​​ 

 

Aparece ante mí

noche de canto de grillos bajo la cama

la sombra de una cucaracha gigantesca camina por las paredes

como pesadilla viva de las horas

Afuera las ramas de un árbol son golpeadas por un grito-ventarrón​​ 

 ​​ ​​ ​​​​ a su vez  ​​ ​​​​ sacude la ventana

recordándome que pendulo como signo de la muerte​​ 

y soy arrastrada por el silencio desgarrador de las horas

 ​​ ​​ ​​​​ ese que acelera el corazón y lo atraviesa

y nos pregunta con la caída de la noche

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ si el nuevo día tendrá​​ 

un sentido  ​​​​ 

o se desvanecerá como los anteriores​​ 

 

 

 

Bogotá, 24 de agosto de 2020

A mi temor de nunca despertar y en el sueño volverme nada

 

Las noches presagio de nunca más volver a despertar

 ​​ ​​ ​​​​ por la ventana un columpio aparece  ​​ ​​​​ trae sobre él a una criatura​​ 

Me observa a través de ojos que han visto el primer día de la humanidad​​ 

La veo burlarse de mí  ​​ ​​​​ sabe del temor al grito de la oscuridad

 ​​ ​​ ​​​​ a encontrarme con un abismo en el sueño

 ​​ ​​ ​​​​ que no me deje regresar

Afuera hay una perra con sarna  ​​​​ presiente a través del aullido

que existen diversas formas de morir

 ​​ ​​ ​​​​ una de ellas es el sueño

como respuesta a la muerte leve que padecemos cada día

En la profundidad del asfalto crecen palomas, copetones y unos pájaros azules

 ​​​​ 

 

 

Peces de aguas muertas

A los indigentes

 

Los olvidados apenas respiran entre cloacas

y el sol hincha y marchita sus rostros

hasta no reconocerse.

Entonces un día olvidan sus nombres

y su más preciado recuerdo. ​​ 

Son muertos que desconocen sus pasos.

Cuerpos pegados que náufragos​​ 

intentan salvarse.  ​​​​ 

Nadie los oye, son un grito que desaparece​​ 

entre​​ las​​ grietas, la noche y los ríos.

Son peces de aguas muertas​​ 

que se esconden en su caída.​​ 

 

 

 

Única verdad

A los hambrientos

Son tantos y tantos,

sus vidas se dispersan por el mundo como única verdad.

Solo nos queda inventar y rezarle al dios de los pobres.

Arrodillarnos y pedir por aquellos nacidos en tiempos inciertos,

rogarle que desaparezcan los gritos de madrugada,

y decirle que ignoramos cómo los días de esos hombres sean otros.​​ 

 

Que desconocemos de dónde nacen los gemidos,

cómo acallar tanto corazón roto

y que solemos aturdirnos cuando en la mañana​​ 

nos volvemos a encontrar con el mismo golpe en el pecho,

con la repetición de destinos imposibles.​​ 

Y esas insistentes luchas de ellos por ser otros

cuando se han acostado siendo los mismos. ​​ 

 

 

 

Los invisibles

Al pueblo

Nadie nos dijo que las puertas están cerradas

y no existimos.

Que ni los gritos nos salvan. ​​ 

Entonces no somos un nombre sino un número

por nadie recordado. ​​ 

 

Que nuestras casas están incendiadas,

nuestras luchas son ilegitimas,

y nos tendemos sobre una mentira.​​ 

 

Sabemos que solo el azar es una respuesta,

un camino​​ para​​ escapar del hambre,

de lo imposible de ser.​​ 

Aunque no nos falte el pan en la mesa

seguiremos siendo parias, los intocables.

La inscripción a la pobreza​​ 

la llevamos en el rostro, en la palabra

y en el nombre.​​ 

Pobreza va más allá de tener o saber,

es la manera como nombramos el mundo,

la insistencia de ser grito desgarrado,​​ 

la lejanía a la gracia y la cercanía al sacrificio.​​ 

 

 

 

Ángeles caídos​​ 

A las prostitutas

Apenas si las miran.

A nadie les importan sus derrotas,

que se laceren en la madrugada

mientras vomitan su nombre frente al espejo.​​ 

Que abran las piernas

y un golpe las penetre

y un grito las ahogue. ​​ 

A nadie le importa​​ 

que estos ángeles caídos​​ 

sean golpeados hasta sangrar,

que sus plumas sean arrancadas​​ 

hasta silenciar lo que murmuraron con los ojos cerrados.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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